martes, 1 de mayo de 2007

ENSAYO: Reflexiones de un celendinista

Hace exactamente un año que nos dejó nuestro mentor intelectual, el Dr. Manuel Pita Díaz, pero su ejemplo y su huella de amor por Celendín es la herencia más valiosa que hemos podido recibir. Entre sus papeles nos ha dejado una obra póstuma, “Celendín, mi tierra”, un estudio elaborado con amor y fe sobre lo que debe significar Celendín para un buen shilico. Este trabajo lo vamos a publicar. En sucesivas entregas iremos desplegando sus reflexiones para información de cuantos estén interesados en conocer el claro pensamiento de un filósofo de la vida y de un celendinista convicto y confeso.
El Dr. Manuel Pita Díaz, abogado, revolucionario en su hora, promotor cultural, peruanista y, sobre todo, celendinista, fue catedrático en la Universidad Nacional de Lambayeque, director regional del Instituto Nacional de Cultura de Lambayeque y asesor de la Alcaldía de Lima Metropolitana durante la gestión de Alfonso Barrantes Lingán. Es autor del Proyecto “Perunión Metropolitano”, un operativo integracionista municipal, y promotor de "Anfictionia", la Asociación Magisterial Bolivariana para la Psicointegración y muchos otros proyectos que apuntaban a la superación del pueblo peruano.

Celendín y la hora actual

Por Manuel Pita Díaz
Celendín, la ciudad y sus comarcas provinciales, más allá de las remembranzas pintureras y añorantes que suele hacerse en ocasiones celebratorias, reclaman de sus autoridades y representantes sociales la inmediata convocatoria de juntas o asambleas, técnicamente asesoradas, para analizar la situación de la vida provincial. Hoy más que nunca es inaplazable tener una concepción global y particular de la realidad celendina.
Asambleas como las que estamos sugiriendo deberían albergar a todos los alcaldes distritales, a técnicos y especialistas, conocedores de todos los recursos activos y potenciales de cada lugar. En ellas, en forma programada y coordinada, se perfilaría el plan pragmático de desarrollo celendino. Lo calificamos de “pragmático” porque deberá promover y auspiciar iniciativas y acciones productivas inmediatas, compatibles con los recursos naturales y humanos disponibles.
Las políticas municipales generalmente se fundan en planteamientos y ejecuciones basados en presupuestos con fondos arbitrales y estatales pero sin trabazón con un plan de desarrollo básico, técnicamente estructurado. Es decir, se prosigue con el tradicional y vegetativo desarrollo que nos ha marcado desde el comienzo de nuestra historia: una u otra obra gestionada ente el gobierno central.
Un ejemplo, Celendín, tras larga y enmarañada historia, recién ha culminado la obra más importante, que normalmente debe significar el aumento de su producción agopecuaria: la irrigación. En el ámbito urbano capitalino han venido ejecutándose obras de pavimentación y alcantarillado, así como otras obras sanitarias de innegable importancia, pero los ritmos de cambio en los modos y formas de vida rural y urbana han sido lentos. Esto debe corregirse en la hora actual. Autoridades, profesionales, técnicos y sobre todo la juventud de los centros superiores de estudio deben reaccionar. Ahora y no mañana..., ni poco a poco, ni ya veremos. Expresiones negativas que deberían eliminarse del cerebro de todo hombre libre en el momento histórico que vivimos.
Celendín exhibe características telúrico-ambientales y una idiosincracia andina que ha marcado su pasado y configurará su futuro. Ciudad capital acunada en un bellísimo cuenco serrano, rodeada de multicolores cerros y lomas de suave y ondulado perfil, con un trazado urbanístico en planicie cuadriculada, rectilínea y con proyección expansiva. Casas amplias, con balcones volados y expendio comercial múltiple (cosa parecida tienen las capitales de sus distritos). Una población alfabeta de templado mestizaje, castiza fabla, temperamento desenvuelto proclive al coloquio sabroso y a la pícara chanza. El celendino tiene siempre ambiciones de altura. Soñador de aventuras y de fortuna en lejanos horizontes, individualista, calculador, ahorrativo, perseverante, un tanto desconfiado pero leal y honorable, querencioso hasta el sacrificio por su tierra y familia, devoto ferviente de sus patronos comarcales y, sobre todo, de la Patrona Provincial, la Santísima Virgen del Carmen. Todo esto nos hace diferentes.
Sin embargo, teniendo los recursos naturales y humanos descritos, nuestra provincia está irracionalmente retrasada, prácticamente aislada de las otras del departamento y de la Región Nororiental del Marañón. La carretera que la une con la costa y con Amazonas, además de estar en el tramo Cajamarca-Celendín-Amazonas, en pésimo estado, no le alcanza un flujo de carga y pasajeros con sensible impacto para su economía y progreso.
Para contrarrestar este desfase es necesaria la formación de la Comisión Permanente de Coordinación Municipal celendina, que convoque a técnicos y especialistas locales y foráneos para estructurar el Plan de Desarrollo Provincial del que se desprenderán perfiles de proyectos productivos, cuya argumentada fundamentación deberá motivar el apoyo estatal, empresarial y de organismos internacionales. Además, por supuesto, del apoyo de todo buen celendino. TODO siempre tuvo un comienzo.
Lima, junio de 1995

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