martes, 5 de junio de 2007

CANTACLARO: Lluvia de felipillos

Por Constante Vigil
Celendin
En mi experiencia de maestro rural he asistido a algunos congresos sindicales del SUTEP y he sentido repulsión por la manera denigrante como los colegas de “Patria Roja”, enquistados por más de treinta años ya en la dirigencia nacional y afines, tratan a los que no comulgan en su misma hostia: o los tildan de “pucallactas”, o, peor, los llaman “infantiles".
Esta manera poco ética de rebajar a los demás la he vislumbrado en el texto que para Cajamarcaopina ha escrito el Sr. Fernando Silva Martos, miembro del Consejo Consultivo Regional de Cajamarca, quien de esta manera se suma a la cola de felipillos que encabeza el huachafo Marcos Valdez Cadenillas, el autodenominado “past” Presidente de la Cámara de Comercio de Cajamarca, quien llama peregrinamente “ecologistas” a los que no están de acuerdo con la explotación minera a la manera de la Newmont, alias Yanacocha, alias Minas Conga. Estamos fritos si este señor, a quien hemos elegido como miembro del Consejo Consultivo, carece de una visión equitativa y toma partido por el grupo a quien promueve Valdez.
Sostiene Silva Martos que Cajamarca tiene mayores recursos que otras regiones del Perú y que el hecho que el departamento siga figurando en los mapas de extrema pobreza se debe a que la sociedad civil no desempeña el rol protagónico que debería tener para canalizar estas ingentes riquezas, de tal manera que determinen el progreso de la región.
Se pregunta extrañado acerca de cuántos niños no tienen una adecuada atención médica adecuada o cuántos no pueden estudiar por falta de recursos y cuántas familias carecen de servicios básicos y qué viven en el mismo status del siglo XVIII. la respuesta a sus lacerantes preguntas se deja leer entre líneas: la explotación minera será la panacea que cure los males endémicos que padece la colectividad cajamarquina.
Silva Martos indica que no es el Estado el llamado a cubrir las necesidades de trabajo de la población, sino el sector empresarial, que en su opinión cubriría en 80 % la actual insuficiencia de trabajo. ¿Sabrá este señor que la histórica desigualdad de la distribución de la riqueza en el Perú fue generada desde hace más de un siglo por los gobiernos de turno, que propiciaron el centralismo y privilegiaron siempre al sempiterno grupo de poder en desmedro de las mayorías? ¿Sabrá que en cualquier parte del país, incluso en Lima, existen muchos sectores en donde la gente vive en condiciones infrahumanas, con más atraso aún que en el siglo XVIII?
En el autoanálisis que sugiere pregunta cuántas veces hemos hecho plantones ante los organismos del Estado para exigir medidas que mejoren la calidad de vida de los excluidos ¿Cómo? ¿No dice que no es el Estado el que cubre estas necesidades? En todo caso, siguiendo su receta, hoy más que nunca debemos hacer plantones ante los grupos empresariales para que no sigan aplicando las políticas discriminatoria de la distribución de la riqueza que ha impuesto al Perú profundo el Estado centralista y oligárquico.
¿Se ha dado cuenta Silva Martos que en el Perú el grupo de poder persiste en todas las esferas de nuestra sociedad? Basta darse una vuelta por cualquier nivel y comprobar que los que nos representan en todas las escalas lucen apellidos añejos y rimbombantes, que nuestras representantes en los certámenes de belleza mundial, por citar un caso, no se apellidan ni Mamani, ni Callotopa, sino más bien ostentan apellidos extranjeros que dan la impresión que el Perú es un país de gringos, que en la Marina, por ejemplo, no hay ningún oficial que se apellide Huamán y Quispe ni nada por el estilo.
Critica la postura “chauvinista” de los sectores religiosos por preocuparse de problemas ambientalistas antes de preocuparse por los seres que mueren por contaminación social. ¿Sabrá este señor lo que es realmente el “chauvinismo”? ¿O se referirá al creciente rechazo del pueblo peruano a que las compañías extranjeras se lleven todos nuestros recursos dejándonos migajas y un territorio, un país, devastado? ¿Tendrá las mismas preocupaciones de preguntarse cuantos niños sufren de contaminación por los relaves mineros o por consumir alimentos contaminados por los residuos de la explotación?
Para que Silva Martos vea que no nos anima la irracionalidad, sino todo lo contrario (además de la ética social y el amor a la justicia,) en lo que sí estamos de acuerdo con él es en fortalecer el triángulo entre Gobiernos locales, empresarios y sociedad civil. Y de la misma manera que él lo propone: un triángulo equilátero; es decir, con partes iguales. Si no ocurre de esta manera, estaremos consumiendo más de lo mismo y nada cambiará. Y nosotros seguiremos luchando y otros vendiéndose.

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