viernes, 10 de agosto de 2007

ANALISIS: Celendín y el turismo


LA CIUDAD DE CELENDÍN ANTE EL RETO TURISTICO

Por Tito Zegarra Marín

En la macro región norte, que incluye a los departamentos de Cajamarca, Amazonas, Lambayeque y La Libertad, se está promoviendo el Circuito Turístico Nororiental (CTN), cuyo recorrido concatena provincias y localidades de atracción turística de Cajamarca, Celendín, Balzas, Leymebamba, Luya, Chachapoyas, Bagua, Jaén, Chiclayo, Pacasmayo, San Pablo y de nuevo Cajamarca o viceversa; a través del cual se conoce y disfruta de la belleza natural, ecológica, arqueológica y costumbrista.
Sin duda es un circuito ambicioso, atractivo y expectante, y para Celendín una gran oportunidad y tal vez una gran suerte formar parte de él. Sin embargo la ruta que involucra a nuestra provincia aún es poco transitada o frecuentada, de abril a diciembre solo alrededor de 60 visitantes por mes pasan por Celendín, no obstante y lo debo afirmar con conocimiento de causa, que sí existen condiciones necesarias para darle empuje y viabilidad turística a nuestro espacio dentro del CTN.
En efecto, en el ámbito provincial tenemos valiosos recursos naturales, arqueológicos y costumbristas de uso actual y potencial. Allí están el valle y aguas termo medicinales de Llanguat, el sitio arqueológico la Chocta en Oxamarca, el valle José Gálvez – Sucre – Jorge Chávez, la festividad taurina de la Virgen del Carmen en Celendín y la noche de fuegos artificiales de San Isidro en Sucre, la majestuosa catarata “El Cornelio” en Jerez, Huasmín, el sitio arqueológico Las Portadas en Chumuch, las cavernas de Múyoc en Miguel Iglesias; el sitio arqueológico “La Lechuga, en Sucre; las formaciones rocosas de Huangashanga en Huasmín, y la hoya del Marañón y el puente Chacanto entre el Utco y Balzas.
Pero en el ámbito local, nuestra propia ciudad, o esta nuestra urbe, regia y tradicional, dotada de una halo turístico envidiable, atraviesa lamentablemente por un proceso de pérdida de tan especial característica no obstante las eximias condiciones físicas naturales sobre la que se asienta. Nuestra ciudad, ya no es la villa hermosa y acogedora de hace 4 décadas, de calles armoniosamente empedradas, de colorido tejado hecho en el lugar, de vistosas puertas y balcones de madera, de esmerado orden y limpieza. Hoy, la modernidad con sus ventajas y desventajas ha trastocado dicha realidad, y las autoridades y familias dueñas de viviendas no hemos sido capaces (y aún no lo somos) para hacer algo por preservar nuestra identidad arquitectónica y prestancia como ciudad.
Aún así, creo firmemente que debemos persistir en presentar a nuestra ciudad como importante destino (producto) turístico, no solo por contar con la extraordinaria bondad de su plano y el inigualable diseño físico de sus calles, sino, porque es posible hacer algo para detener acciones que la deforman y quitan identidad, y para rescatar o reconstruir parte de aquello que en su momento le dieron luz y pulcritud. Los puntos que, a manera de crítica franca, señalo a continuación tienen que ver con lo último.
· Las nuevas edificaciones de ladrillo y cemento (casas vivienda o comerciales) parecen ajenas a todo diseño arquitectónico y al buen sentido común, muchas de ellas se muestran como simples mamotretos que deslucen la identidad tradicional.
· La “plaza de armas” o nuestro parque principal denota excesivo sembrado de cemento, mármol y rejas metálicas. En torno a la pileta hay una suerte de “cachos” o puntas sin sentido e inexplicables, amén de algunos árboles, no oriundos, vetustos y antiestéticos; con aleros del techado del entorno de calamina, oxidados, corroídos y disonantes.
· Las veredas y asfaltado de las principales avenidas y calles, además de encontrarse deterioradas, son hechos añicos y deformadas por cualquier parroquiano que quiera dar acceso a cocheras u otros servicios.
· El hermoso mirador o colina de San Isidro que arteramente fue descuartizado ha dejado un vergonzoso “boquerón” que debe ser rellenado o rehabilitado, como condición indispensable para cualquier proyecto. (debo rendir homenaje al escritor y maestro Alfonso Peláez, cuya voz solitaria se opuso a esta afrenta)
· En el frontis de la iglesia “La Purísima”, cuya culminación aún suena a “eternidad”, se sigue construyendo casuchas y cocheras, desproporcionadas y desagradables, que desencajan con una buena presentación eclesial y urbana.
· El mercado de abastos local, de tanta importancia y en el propio corazón de la ciudad, que por mezquindades políticas no se lo concluye, se presenta como caótico, desordenado y generador de tanta basura que daña la imagen de la urbe celendina.
· El parque del barrio La Alameda, casi ya no es tal, solo se visualiza un cercado de madera propio de corrales de ovinos, plantaciones y estructuras físicas casi destruidas por el tiempo y abandono, dando una imagen antiestética y de dejadez. Al respecto, sería bueno que la pampa La Breña se lo convierta en un bello y atractivo parque ecológico, buscando otra área para el hospital.
· Los servicios de movilidad, hotelería, restaurantes, recreos y otros, aún están lejos de corresponder a exigencias del desafío de una gran corriente turística, tampoco contribuyen a dotarle de prestancia y elegancia al rostro físico de la ciudad.
Ciertamente los puntos señalados no son todos, pero tratan de tocar esa faz a la que debemos cubrirla de belleza que hoy se la extraña. Tener el privilegio de contar con importantes recursos no basta. Hay que hacer algo, pero hacerlo ya, que solo así seremos actores y beneficiarios del CTN y no una ciudad únicamente de paso. El asfaltado de la carretera Cajamarca - Celendín – Balzas, que debe concluirse, asoma como el gran desafío para la provincia y en especial para la ciudad celendina.

* Publicado en la revista celendina Milenium en julio 2006, lamentablemente de circulación bastante restringida.

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