viernes, 30 de marzo de 2007

ESTAMPA: Mesapata

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Mi padre era un extraordinario artífice de cometas. De él debo haber heredado, aparte de otros sentimientos muy hondos, la fascinación que tengo por el viento y las cometas.
Las hacía tan grandes y sólidas que, cuando se elevaban en el éter, generaban tal potencia, que mis exiguas fuerzas infantiles eran insuficientes para mantenerlas siquiera un instante. Entonces, él tenía que hacerlo por mí. Estoy seguro que, en el fondo, mi padre seguía siendo un niño, o volvía a serlo cuando tenía una cometa en las manos, desafiando al viento.
Era sastre y conocía de hilos. Para las cometas siempre elegía el mejor: el “Cadena” del diez; casi irrompible. Cuando estábamos sumergidos en el éxtasis de volar, soltábamos uno, dos y hasta tres carretes de hilo. La inmensa cometa se veía tan lejana, tan pequeña, tan sola, como si fuera apenas una pincelada de color en el inmenso piélago azul.
Aquella tarde de agosto, íbamos con mi hermano menor. Mientras yo subía a duras penas la empinada cuesta, cometa a la bandolera, mi pequeño hermano iba feliz, montado a horcajadas sobre los hombros de papá; a la manera típica y ancestral de los shilicos… ¡El santo piñuño!
A poco de llegar a lo alto de la colina y, gracias a una racha de vientos favorables, nuestra cometa se elevó rápidamente, tanto, que era la más alta de todas. Las de mis amigos, pequeñas y mal hechas, apenas se alzaban unos palmos del suelo. Quizás por ello, picado de soberbia, los miraba por sobre el hombro.
Nuestra cometa se encontraba en el cenit. De pronto, presa de un viento aleve, arrancó y se fue, rápida y moribunda, como una gaviota herida, dando bandazos y doblegándose espasmódica, como si se le corroyeran las entrañas: tan presto, que no pude seguir con la mirada anegada en llanto, la tumba anónima que escogió.
Bajábamos tristes. Mi hermano y yo presas de un llanto incontenible y convulso, mientras nuestro padre, sereno y cariñoso, nos calmaba:
-Ya no lloren, hijos. Mañana haremos otra más grande y volveremos, ya verán, ya no lloren.
Cerca al pueblo, ya un poco calmados por la seguridad que trasuntaban sus palabras, con una leve esperanza rondándome el alma, tímidamente le pregunté:
-Papá, ¿hasta dónde se iría? ¿No podríamos ir a buscarla?
-No, hijito, imposible. Por lo menos se ha ido hasta Mesapata.
El nombre de ese lugar quedó resonando en mi cerebro, tanto, que en mis pesadillas infantiles lo imaginaba triste y desolado, como un inmenso cementerio de cometas; pleno de carrizos rotos, jirones de papel descolorido, zumbadores moribundos emitiendo roncos estertores, y, en los rincones, divagando en las volutas de los remolinos, las cartas que enviábamos a las cometas, con el mensaje alevemente borrado por el tiempo.

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Pasaron muchos años desde entonces, y ese nombre quedó grabado a fuego en mi corazón: ¡Mesapata!... yo no sé lo que significa y ni siquiera conocía el lugar, pese a que en mi adolescencia, muerto ya mi padre, era, como dice la gente, un “pat’e perro”, es decir, un andariego empedernido y conocía como la palma de mi mano la bellísima comarca natal. Pero nunca encontré a nadie que me mostrara el lugar.
Hace poco, en una pausa de mi eterno volver, anduve caminando por los alrededores del pueblo, fotografiando a pinceladas la hermosa campiña. A la vuelta de un recodo, dime con unos campesinos que construían su casa de barro. Sus siluetas semidesnudas, sudorosas y cetrinas, destacaban en el cielo sobre los ocres nuevos de las paredes.. Haciendo un alto en su faena, el más audaz me gritó:
-¡Hey, maestro, tómenos una foto para el recuerdo!
Desde que vivo exilado en la capital, las tareas de los hombres del campo, tan vigorosas y genuinas, me apasionan; por eso les imprimí una placa con mucho aprecio. Deseándoles suerte, proseguí mi camino, rumbo a San José de Pilco y Malcat, caseríos de honda significación en mi añorada y romántica juventud. El paisaje era impresionante. En la lejanía destacaban, bajo el turquesa del cielo, los grises y violetas de los cerros. Más abajo, en la verde llanura, entre el tenue sopor de la tarde y bostezos difusos, dormitaba Celendín.
Al voltear otro quengo del camino, sobre el desvaído azul de la puerta, había un viejo letrero que en toscos caracteres decía: “Gobernación de Mesapata”. Por fin conocía el mítico lugar donde fueron a parar las cometas de mi niñez, junto con mis sueños e ilusiones. Ahora, en el incontenible avance urbano, es apenas un tramo alejado de la calle que, serpenteando, escala la cuesta a San José.
Fascinado por la circunstancia, me dirigí hacia esa puerta. En el vano, Una linda campesina, de ojos azules y mejillas capulí, me observaba con ruborosa curiosidad.
-¿Te tomo una fotografía para el recuerdo?- le dije a guisa de saludo.
-¡No!- me contestó entre tímida y alarmada, y, en un revuelo de encajes y bayeta, desapareció.
Me quedé perplejo, meditando, ¿sería ella otra de las etéreas y gráciles cometas que se escaparon, como en mi niñez?
Cuando regresaba al pueblo, caía la tarde y el viento, juguetón, me acariciaba el rostro, alborotaba mis canos cabellos y susurraba un nombre:
-¡Mesapata!

Lima, 1992.
Copyright © Jorge A. Chávez Silva.


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Foto: Antonio Chávez Pereyra (atrás, a la derecha), padre del autor de esta formidable estampa.
Quengo: curva del camino, zigzag.

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CELENDIN: Vista global

Una tan bella ciudad merecería mejores hijos

Al fondo se puede ver nuestra bella y lesionada colina tutelar, San Isidro...
(Foto, cortesía de nuestro amigo Juan Cristóbal Camacho Sánchez)


Celendín es, objetivamente, una de las más bellas ciudades de Cajamarca y de los Andes peruanos, pero los celendinos no la hemos sabido cuidar. Esta foto nos habla dramáticamente de nuestra falta de cuidado para con nuestro lar, para con nuestra querida patria inicial.
La vista ha sido tomada desde la fila de Jelig y ella engloba a todo Celendín y sus actuales características (para verla ampliada, pulse en la foto). Al fondo se puede ver nuestra bella y lesionada colina tutelar, San Isidro, mutilada monstruosamente por los irresponsables saqueadores de arena y, sobre todo, por la incuria de las autoridades que han permitido este crimen contra la fisonomía del pueblo, contra nuestra identidad.
Ya se ve el Coliseo, pero todavía no está el remedo del Cristo de Rio de Janeiro que, para colmo de nuestros males, el deshonesto alcalde Mauro Arteaga hizo construir en San Isidro delante de la capilla tradicional. Hay celendinos que parecen enemigos de Celendín.

jueves, 29 de marzo de 2007

VIDA: ¿Y la belleza celendina? Muy bien, gracias...

La circunstancia del “renacimiento” celendino de Ciro Alegría parece haber influido en su visión integral del norte, habida cuenta que en sus novelas aparecemos los celendinos como el aliño que sazona la vida de sus personajes. El escritor parece conocernos bien y siempre nos describe como empedernidos comerciantes errantes y alaba la fama de las beldades celendinas.
Así leemos en “El mundo es ancho y ajeno” en donde habla de una celendina casada con uno de los personajes de la novela, de apellido García: “La señora García, que era muy fisgona, se había asomado a la puerta de la trastienda. El bandido comprendió inmediatamente la razón de la belleza de la señorita del corredor. Esa mujer marchita, de hermosura en ruinas, hacía presumir una espléndida juventud. Lo extraño resultaba su casamiento con Zenobio. El no sabía que éste la enamoró en Celendín, donde hay mujeres muy hermosas, engañándola con que era hacendado y tenía mucho dinero”.

Adolescentes campesinas celendinas, vestidas de domingo y con mochila. Foto Charro.

Aunque nos hace flaco favor en cuanto al sentimiento de las celendinas, es claro en reconocer la belleza proverbial de nuestras paisanas y nada más certero que el ojo avizor del genial escritor. Para corroborarlo basta darse una vuelta por el Cumbe un domingo cualquiera y admirar la belleza de nuestras campesinas que llegan a la ciudad. Ellas son, lejos, muy diferentes a las de otros lugares, inclusive de Cajamarca,
Aparecen rozagantes y chaposas, con su carga y su sombrero a cuestas, camino de la Alameda a vender el cubano en que trabajaron durante la semana. El sol del amanecer arranca destellos azules de sus ojos y reverberancias broncíneas de sus rostros atezados, tal como las describe nuestro colaborador “Charro”: “una linda campesina de ojos azules y mejillas capulí”.
Hasta el sombrero que lucen se nos antoja más fino y elegante cuando corona tanta belleza. La manufactura celendina difiere mucho del basto sombrero que se elabora en otros lugares del departamento, aunque los puristas debamos lamentar la pérdida de la costumbre de la cinta con que se adornaban antaño.
Si en busca de nuevas sensaciones nos acercamos por Huacapampa, comprobaremos que nuestro optimismo se queda corto cuando vemos a las huacampinas ordeñando sus vacas en los verdes prados de la campiña. Parece la imagen de algún valle del Pirineo por lo sonrosado y clásico de sus rostros, y la esbeltez del talle. Ciertamente como lo afirma el pintor Alfredo Rocha, son las huacampinas las que han contribuido mayormente a la fama de la belleza celendina.
Por ello afirmamos complacidos que la belleza celendina existe, como en todo reino encantado y gracias a Dios goza de buena salud.

miércoles, 28 de marzo de 2007

LETRAS: Coplas de Juan Sin Sol

Guillermo Oblitas Pimentel, “Juan sin Sol”, es un poeta popular de mucha enjundia y salero; sabe usar como nadie esa habla tan popular y genuina que constituye uno de los signos de identificación de la tierra y que fatalmente se va perdiendo, de a pocos, pero irremisiblemente. Mucho más en esta hora de cambios profundos en Celendín. Próximamente, nos obsequiará con un poemario en el que, no dudamos, paladearemos el sabor que aún trasunta nuestro pueblo. El acontecimiento será en el local de la Av. Brasil 1580, sede de la Asociación Celendina de Lima. CPM II, como siempre, apoyando los valores celendinos, estará presente en la gran velada.



La Shaushinada

Con sus mocos como vela,
el Shato seguía jugando,
sin hacer caso a la abuela
que se mataba llamando:
métete al agua, mapioso,
apúrate, das das,
pobre de ti, so mafioso,
si te agarro ya verás.

Y pescándolo de sus mechas,
tras breve shaushinada,
lo mangachó al pachalango
de cabeza a la tacshana.
Pululeando en el pozo
como un pishgo mojado,
apareció el mocoso,
sobre del agua flotando.

Que te defiendan tus yanasos,
decía la abuela al Shato,
dándole de varianazos
en su sopino calato,
y el agua que estaba helada,
su cungash le hacía doler,
y un ulto creyendo que era carnada
de su pishguito le fue a morder.

Niñito de Pumarume,
San Panchito de Chuclalás,
sácame, amito, taitito,
ya no aguanto más,
gritaba de rato en rato
el inconsolable Shato.
Y la abuela enojada
en la orilla de la tacshana,
shactaba que shactaba,
sus fondos con una penca.

De pronto un grito lastimero
lanza la pobrecilla
agarrándose el trasero:
¡el millashcuro, el millashcuro!
me ha picado en la rabadilla,
bajando de aquel pajuro,
y el Shato muy apenado
hizo una pucha enseguida
y le aplicó en la mordida.

Ay. mamita querida,
decía el Shato gimiendo,
ya casi no hay herida,
pero, el sitio sigue gediendo
y el millashcuro feliz,
desde su capullo,
se agarraba la nariz,
pensando en el guashatullo.

ESTAMPA: La Yapita

Por Jorge A. Chavez Silva, Charro
Los huauqueños son tipos muy especiales. Tienen arraigado el concepto de familia, el amor por su pueblo y sobre todo, el sentido de la economía. La fama de “judios” con que somos conocidos los celendinos, se la debemos mayormente a esos paisanos. La rivalidad con sus vecinos de Huacapampa y Celendín está empedrada de sátiras y burlas sobre la “prodigalidad” proverbial de su gente son lanzadas a diestra y siniestra y celebradas mutuamente.
Encontrábase en Celendín uno de los hijos de la Quintilla, de compras un domingo. Al ingresar a la tienda de don Celestino Aliaga, en la calle del Comercio, se quedó pasmado observando la cantidad y diversidad de artículos que allí se ofertaban. El propietario del establecimiento se ufanaba que en su tienda se vendía desde una aguja hasta un automóvil.
Pero la especialidad de la casa eran indudablemente los relojes: los tenía de todas marcas y modelos, desde un burdo despertador de campanillas, hasta algunas miniaturas, verdaderos prodigios de la sofisticada tecnología suiza.
Don Nazario, que así se llamaba el huauqueño, señalando un reloj circular de campanillas, preguntó:
-¿Cuánto cueshta eshe reloj?
-Diez soles- respondió don Celestino con amabilidad.
El vejete miró y remiró el reloj, preguntándose por qué diablos costaba tan carazo y luego se decidió por otro:
-¿Y éshte?
-Doce soles.
-¿Y aquél?
-Quince soles.
-¿Y eshe verdeshito?
-Dieciocho soles.
El huauqueño se convenció pues, que el primero por el que preguntó era el más barato y aún así le parecía caro… ¡Más caro que un gallo…, qué barbaridad!
-¿Nada menosh? -insistió.
-Diez soles por este reloj está regalado, jué, está baratazo- arguyó don Celestino.
Siguió luego un largo tira y afloja, de oferta y contraoferta. Tras mucho regateo, al fin dijo de propietario:
-Ya, ya… En ocho llévalo.
-Sheish shincuenta ya pué -suplicaba el huauqueño.
-¿No, no! Con ocho soles estoy perdiendo.
Y siguió otro tira y jala más.
Al fin decidido, dijo el vejete:
-Está bien, ocho sholes le voy a pagar…, ¡pero me dashte de yapita este chiquitito que eshtá aquí!
Su índice señalaba un precioso y diminuto reloj “Silvana”, último modelo, para damas.

jueves, 15 de marzo de 2007

ESTAMPA: Duelo de Vírgenes

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Desde que Martín Morales, “El padre de la Confraternidad Cajamarquina”, tuvo la feliz idea de organizar los campeonatos de fulbito entre todas las provincias de Cajamarca en Lima, los duelos entre Celendín y Cajabamba adquirieron caracteres de clásico. Cada vez que se enfrentan hay un lleno de bandera y la contienda es reñidísima y enconada de principio a fin. El resultado siempre es incierto y mientras el juez no de el pitazo final, ninguno se puede dar por ganador. Tal es el pundonor que ponen los jugadores en la cancha.

"Te juro, Camuchita..."

Ambas provincias tienen muchos campeonatos ganados en su palmarés, por ello cualquier resultado es difícil de pronosticar; algunas veces triunfamos los celendinos y en otras nos toca morder el polvo de la derrota. Ya lo dijo un ilustre antepasado: “Usos son de la guerra el vencer o ser vencidos”.


* * *

Cuando aún se jugaba en la cancha del Vivero de Breña, se disputaba la final del torneo de aquel año entre ambas provincias. Cualquiera tenía méritos para alzarse con el triunfo. En los minutos previos a la contienda todo era nerviosismo en ambos bandos. Los espectadores y parciales esperaban tensos el inicio del partido.
Uno de los más asiduos concurrentes a estos eventos era César Emilio Chávez, el popular “Foca”, insigne caricaturista y renombrado bohemio, dueño, además, de una conversación muy sui géneris, entretenida y muy sazonada de ajos y cebollas.
El Foca es muy devoto de la Virgen del Carmen de Celendín, a quien profesa especial veneración, mucho más desde aquella vez que lo salvó de morir y lo sacó libre del trance, aunque con una bola menos. Su devoción la manifiesta de una manera muy peculiar. Justo en la víspera de su operación, se dirigió a Ella, implorando:
-Si me salvas de ésta, Camuchita, te juro que nunca voy a faltar a tu fiesta… ¡Vas a ver!
La verdad es que el Foca es buen católico, cumple con su penitencia sacrificadamente. Cada año regresa a Celendín, a la fiesta de la Virgen Del Carmen y de paso, prosigue con su bohemia, tirándose una sola tranquita… de ocho días.
-Depón tu beligerancia alcohólica, depón, Foquita- le rogaba don Aníbal Circuncisión cuando lo encontraba al séptimo día de bohemia, de color grosella y brillando como pollo a la brasa.
Pero volvamos al Vivero, en donde dejamos a los equipos en la cancha, listos para enfrentarse.
Estaba al borde del campo, cuando se acerca César con una botella y diciéndome ¡Salud!, me pregunta:
-Y, hermano, ¿Contra quién nos toca?
-Contra Cajabamba, Foquita-, le contesté preocupado.
-¿Y qué tal juegan esos cojudos?- se interesó.
-Bien, por eso jugamos la final contra ellos, además, les basta con un empate para campeonar- agregué.
-¿Y quién es su Virgen de esos cojudos?- indagó terminando su vaso.
-No sé -le respondí extrañado-, creo que es la Virgen del Rosario, ¿por qué, Foquita?
-Pucta, cojudo- afirmó rotundo y convencido-. ¡La Virgen del Carmen le saca su m…!
Naturalmente que aquella vez ganamos el partido.

miércoles, 14 de marzo de 2007

CANTACLARO: Los "apaccados" y Troya

Por Constante Vigil
Celendín

Cuando los amigos de APACC, convertidos en halconovoceros de la Newmont Minning (alias Yanacocha, alias Minas Conga), desarrollaban su periplo en busca de clientelaje a favor de la minera y nos vendían el paraíso en que se iba a convertir Celendín cuando ésta empezase a operar, uno de los participantes, que a nuestro juicio pecaba de ingenuo, les preguntó sobre los motivos que los animaban a tantas molestias.
Los "apaccados", un poco incómodos, trataron de evadir la pregunta, pero ante la insistencia del curioso participante, explicaron, no sin sonrojarse, que tenían una vocación "altruista" por el progreso de Celendín.
Hoy, que en Celendín hay una nueva autoridad edilicia, y ya no está más la permeabilidad de Mauro Arteaga, y frente al descrédito provocado por los continuos atropellos y perjuicios de Yanacocha, la Newmont ha optado por retirarse de la escena, o, al menos, por ponerse a buen recaudo hasta que la borrasca amaine.
Con ella también se han ido sus gonfaloneros, al punto que algunos los extrañan. Hasta hay un suelto que aparece en Internet (Shiliko’s) que clama por la presencia de Minas Conga y APACC.
La historia está llena de lecciones de las que debemos aprender. Recuérdese el fingido retiro de los griegos, dejando un gran caballo de madera frente a las puertas de la dorada Troya.
¿Es posible que los gringos se retiren aduciendo que la existencia de mineral no compensa las inversiones que harían? Seamos sensatos y tengamos por seguro que los "amigos" gringos, como el ave rapaz que figura en su escudo, no sueltan la presa engarfiada así no más por así.
Si nos atenemos al informe de la propia APACC (CODE 2005) las reservas de Conga son de unos 8,7 millones de onzas de oro y 2226 millones de libras de cobre.
Esto es lo que la minera admite, mas ¿cuántas son estas cifras? Nosotros, de nuestro lado, tenemos la seguridad de que no han declarado ni el 20 % de la riqueza real. De otro modo, ¿cómo explicar la cuantiosa inversión que ya han hecho bajo de rubro de “exploración”?
Los celendinos no debemos pecar de ingenuos y caer en la trampa de la minera bajando los brazos, celebrando triunfos que no se han dado, o, lo que sería peor, reclamando que la minera vuelva y nos imponga sus condiciones.
Mantengámonos vigilantes, porque lo más seguro es que la fiera sólo haya retrocedido para tomar impulso, para darnos el zarpazo letal. Su triunfo sería devastador y apocalíptico para el Celendín del futuro, el que queremos dejar a nuestros hijos.
Que Dios nos coja confesados y que la Virgen del Carmen nos ampare con su manto.

martes, 13 de marzo de 2007

Marcha atrás de Coronel

Parece que la sangre no llegó al río y ante la anunciada jornada de protesta provincial celendina por el asfaltado de la carretera, el inefable Jesús Coronel dio marcha atrás sobre la cesión del dinero a Jaén y San Ignacio, y finalmente se firmó el convenio con los ingenieros de la UNI y se dará por fin comienzo a la segunda etapa de la vía La Encañada - Cruz Conga.

La carretera Cajamarca - Celendín, que debe continuar al oriente para desenclavar a nuestro pueblo
La cruzada celendina no empezó como estaba previsto por la decisión de Coronel, el presidente regional, de mantener el contrato con los ganadores de la buena pro y por el anuncio de que las obras empezarán el próximo 29 de marzo.
En la fecha indicada sólo se congregaron las autoridades para dar a conocer el hecho al pueblo y todo hace suponer que en breve estaremos más cerca de un logro cuya importancia es vital para el desarrollo de la zona.
Ello no debe significar que tengamos que bajar los brazos y esperar que las cosas nos caigan del cielo, o acogernos a las buenas intenciones del Papá gobierno, que como bien sabemos ha sido siempre un padrastro para Celendín.
Por el contrario, hoy más que nunca tenemos que mantenernos vigilantes para que la obra sea realizada con todas las garantías del caso y que luego sea continuada hasta llegar a las orillas del río Marañón. Celendín debe ser de nuevo un paso hacia el Oriente, es nuestro destino.
Para conseguir estos resultados es necesario el concurso de todas las fuerzas vivas de Celendín, de las asociaciones de residentes en otras ciudades de la República, que extrañamente en estas y otras jornadas ciudadanas recientes han guardado silencio, como si los problemas de nuestro pueblo fueran algo remoto que no les compitiera.
Sólo cuando los celendinos comprendamos que todos los hijos de esta tierra tenemos la obligación moral y material de velar por los intereses de la provincia estaremos en capacidad de exigir obras que redunden en beneficio de un Celendín como destino turístico.
CPM invita a todas las asociaciones, a los medios de información que se refieran a Celendín, a los municipios distritales de la provincia, a las organizaciones gremiales, políticas y, en fin, a todos los que vibran cuando escuchan el nombre de nuestra tierra amada, a manifestarse como propulsoras de la unión, porque, al final, los resultados concretos que se obtengan serán el corolario de un esfuerzo que debe realizarse por encima de intereses mezquinos, personales o de grupo.
Antes que todo Celendín, es nuestra divisa.

jueves, 8 de marzo de 2007

CANTACLARO: ¡Domingo Cívico de Protesta!

Por Constante Vigil
Celendín
Nuestro pueblo fue siempre, en el pasado, paciente y hasta pródigo con los que malévolamente quisieron aprovecharse de él. Y siempre hemos pagado el precio. Ahora, la odisea, la pesadilla que fue la construcción del canal de irrigación renace como un Fénix de las cenizas. Esta vez se trata del asfaltado de la carretera Cajamarca - Celendín - Balzas. Y si los celendinos no hacemos nada, vamos a tener que esperar otro medio siglo para que se concrete.
Durante el gobierno regional de Felipe Pita se iniciaron las obras de asfaltado, las que concluyeron en su primera etapa (Cajamarca - La Encañada), pero ahora, cuando existe un presupuesto para continuar con la segunda (La Encañada - Cruz Conga), o tal vez por esto mismo, porque hay dinero, resurgen los corruptos fantasmas del pasado.
Ahora, el gobierno regional presidido por el inefable Jesús Coronel, licitó la obra de asfaltado, recayendo la buena pro en los ingenieros de la UNI, a quienes se adelantó la suma de 9 300 000, 00 (nueve millones trescientos mil nuevos soles), pero en una de las reuniones de los consejeros gubernamentales, el representante de Jaén, reclamó que se le hubiera confiado la obra a una empresa que incumplió en trabajos anteriores y que además no cuenta con maquinarias, ni insumos para realizarla..., ¡por lo que solicitó que el monto del presupuesto sea entregado para una obra prioritaria en la zona de Jaén - San Ignacio, a lo que gentilmente cedió Coronel!
Entonces, Celendín no es prioritario para este individuo, al punto que una obra aprobada, licitada, ya iniciada, puede ser abolida de un plumazo. Nos preguntamos extrañados: ¿qué sórdidas componendas se están fraguando en el seno del gobierno regional? ¿El volteretazo de Coronel no constituye una sospechosa manipulación, y hasta, tal vez, una malversación de fondos? ¿No es cierto que cada una de las provincias de Cajamarca tienen sus respectivos problemas y que a cada una se le asignan fondos para palien la situación? ¿Por qué eternamente Celendín tiene que ser sacrificado?
El representante de Celendín, Manuel Rabanal, ha puesto el grito en el cielo y ha convocado para este domingo a una JORNADA DE PROTESTA en defensa de los derechos de nuestra provincia. Nosotros, el equipo de CPM, estamos plenamente de acuerdo con él y respaldamos de todo corazón la iniciativa. Es la hora de defendernos y luchar. Es hora de levantar nuestra voz, de participar juntos, todos los sectores -cívicos, políticos, comunales, etc.-, en esta cruzada que, creemos, va a sentar las bases de una unión sagrada de los ciudadanos para las jornadas de lucha que van a venir.
La jornada del domingo es decisiva para todos los celendinos, de la ciudad y de los distritos, y debe haber una participación másiva en la protesta. ¡Todos a participar en los actos a que se nos convoque! Del éxito que tenga la jornada dependerá muchas cosas en el futuro. Tenemos que hacer entender a los que quieren hacerle daño a nuestra tierra que somos un pueblo aguerrido que pelea por sus intereses e integridad hasta las últimas consecuencias. Tenemos que recordarles que el tiempo en que se ponía la otra mejilla terminó. ¡Todos a protestar en la jornada del domingo! ¡La sagrada causa del pueblo celendino lo requiere así!

sábado, 3 de marzo de 2007

ESTAMPA: Jarabe de granada

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
En los tiempos encantados hubo shilicos insignes que debieron su celebridad a una circunstancia muy especial: eran golosos con la fruta del paraíso, o, mejor dicho, dicho en shiliqués, les gustaba la puga un poco más que a los otros cristianos.
A esa fauna que, fatalmente, está en vías de extinción, pertenecieron paisanos de la categoría del Potro Saúl, el Torocuro con lentes, don Circuncisión, Goyo Pachón, el autoproclamado “Torazo” Nelo, además de otros “repasaores” cuyo nombre me reservo para no entorpecer las investigaciones (¡Ampay, Sapo...!). Pero entre toda esta pléyade de protomachos y sementales que han contribuido con su esfuerzo "sobrehumana" a la explosión demográfica de Celendín, el que brilló nítidamente y con luz propia, fue don Zoilo “Güicho”, prueba fehaciente de ello es la numerosa prole que dejó.
Aquí viene a colación el siguiente cuento:
Una pareja va de paseo por el campo y al llegar a una granja, la esposa mira estupefacta como el gallo, en menos de lo que canta un idem, les bajaba el ala a varias gallinas. La mujer pregunta al granjero:
-Señor, ¿cuántas veces “hace” el gallo con las gallinas?
-Hum- contesta el granjero sacando la cuenta- unas sesenta veces.
-¿Ves?- dice la mujer a su marido con tono acusador.
El atribulado marido pregunta defensivamente al granjero:
-Señor, pero ¿las sesenta veces con la misma gallina?
-Ah, no-responde el granjero haciendo aspaviento- ¡con sesenta gallinas!
El esposo mira triunfalmente de reojo a su mujer y dice:
-¿Ves?
***************
Era don Zoilito el prototipo del shilico: alto, buenmozo y ojón. ¿Cuántas hijas de Eva cayeron rendidas a sus pies bajo el influjo de su mirada azul? Irreprochablemente vestido de oscuro, la frente amplia y tersa y el frondoso bigote destacando en el azul del escrupuloso rasurado del mentón. Tenía el gesto bonachón para los clientes que acudían en su tienda de la plaza de armas en busca de un buen aguardiente y para sus ocasionales adversarios en las eternas partidas de póquer, disputados en uno de los rincones de la tienda.
Siempre llevaba una botellita a la mano, pero nadie sabía a ciencia cierta qué líquido guardaba. Algunos decían que era bálsamo, otros que era cañazo, y aún otros que era vino, pero en lo que concordaban todos que uno de los ingredientes de la pócima era el jarabe de granada del zarco Dolores, justamente el bálsamo que aseguraba la potencia y fertilidad.

¡...Lo alforjó!

Don Zoilo era el orto, el gran maestre de esa orden que en Celendín se conoce como la de los pishgueadores, pisadores o torazos. El General Pititush, reconociendo la valía de don Zoilo en materia amatoria, le dijo una vez a su nieto Oscar:
-Oye, globo, tú debes ser un pisadorazo como tu abuelo. A él le decían el pisaporgusto, viejito.
Si propusiéramos escribir un libro de sus aventuras galantes, haríamos uno más gordo que el de Petete, desgraciadamente carecemos de datos, porque don Zoilo era la misma encarnación de la modestia y discreción. Jamás divulgó el número de amantes y de hijos que tuvo, aunque toda la población los señalara a cabalidad. Estoy plenamente convencido que daba chico y partido al autor de las famosas “Memorias”, el tan mentado Giácomo Casanova, alias “Chevalier de Seingalt”, a quien, presumo, se le fue la mano en el recuento de sus aventuras galantes, atribuyéndose lances en los cuales nunca tuvo protagonismo.
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Uno de los tipos más populares de la santa tierra es el policía municipal. Él tiene que ver con todos: con el carnicero del camal, con el que vende papas, con el comerciante formal e informal y hasta con la viejecita que vende maní en la esquina de la plaza de armas. Tiene entre sus atribuciones, aparte de cobrar las sisas y alcabalas, el privilegio de envenenar a los perros canallas que filosofan en las calles y una función ya desaparecida, que persistía hasta hace unas décadas como rezago de los tiempos de la colonia: la de lector de bandos.
Los bandos se verificaban los domingos con acompañamiento de la banda municipal y se leían en cada esquina en medio de una turba de nigüentos y curiosos que asistían a estos eventos justamente para despotricar de la autoridad edilicia. Los lectores tenían que tener potente y estentórea voz porque en esas épocas no existían los altoparlantes de hoy.
En la pequeña historia de nuestro pueblo discurrieron tipos especiales en esa profesión, empezando por el Honorio, ciego de nación, quien hacía la pantomima de desenrollar el bando para posar en ellos los ojos vacuos. Estuvo después el “Shingo peinao”, un tipo de mala entraña, traslúcida en su gesto hosco y agresivo. Hoy tenemos a nuestro querido “Trompeta” que en sus horas libres oficia de árbitro en la liga de los deportistas tardíos.
El más famoso de los policías municipales fue el “Cholo Julio” o Julio “dedo”, apodo que le cayó como anillo al dedo porque poseía seis en una de sus manos. Era un tipo que tenía que ver con toda la población. Para todos tenía un bocinazo sonoro, que era una crítica certera y compendiada.
Al “Chocho”, que era reacio al baño, le decía en los días de calor:
-¡Con este solazo, hoy te bañas!
A cualquier pobre de solemnidad, que las veía peliagudas para conseguir el pan cotidiano, le endilgaba la frase:
-Antonio Chávez… ¡nació para gozar!
A Paco Tavera, uno de los niños seráficos que tuvo el privilegio de nacer en cuna de oro y gozar de las prebendas que de esa condición se derivan, le resumía un concepto indiscutible:
-Francisco Tavera… ¡Sólo gozó!
La llegada de una nueva mucama o sirvienta a la casa de don Zoilo era motivo de pícaros y sabrosos comentarios entre los chismosos de la población, que el cholo Julio, con esa potente y estentórea voz que se oía a varias cuadras a la redonda, sintetizaba en un bocinazo infalible, dado al pasar bajo su balcón:
-¡Don Zoilo Güicho..., lo alforjó!
De este modo todos se enteraban que la pobre susodicha había pagado pato.

jueves, 1 de marzo de 2007

FELICIANA: Continuando la pelea

Hace un año, en marzo de 2006, surgió el portal Celendín Pueblo Mágico con la voluntad de servir no sólo de ayuda memoria a un pueblo singular, para que su acerbo cultural no se pierda, sino, también, para que su gente, y en particular su juventud, se informe y debata, para que se arme convenientemente, en ideas y en valores, para que en los cruciales combates que le plantea el presente sean dignos y estén a la altura de su pasado.
Desde que criticamos a la minera Yanacocha, fuerzas extrañas han censurado este sitio de opinión y debate y, actualmente, el grueso de los internautas peruanos, los abonados a la Telefónica del Perú (la transnacional española), no lo pueden ver. Nos dicen que hay síntomas de que esta situación está cambiando, pero nosotros, el equipo que hace CPM, nos hemos vuelto cautos. Ver para creer. Naturalmente, si nuestros enemigos dejan de mordernos los talones y la censura cesa, nos congratularemos...
En todo caso, como la experiencia ha enseñado al equipo de CPM a desconfíar de la voluntad de los poderosos, hemos decidido continuar la pelea abriendo otros frentes. Hemos decidido abrir este nuevo sitio, Celendín Pueblo Mágico II para continuar la lucha del "viejo" CPM, que, por supuesto, no dejará de vivir, pero que vivirá a otro ritmo. En el CPM original concentraremos los materiales más sólidos e importantes de nuestros archivos, los estudios históricos, arqueológicos, sociológicos, económicos, así como las biografías de nuestros personajes ilustres, de nuestros artistas, de nuestros literatos, sin olvidarnos de nuestro creciente archivo fotográfico; mientras que en CPM II vamos a seguir dando nuestra batalla de todos los días, cívica, política, ecológica, para fortalecer en todos los celendinos el amor por la tierra, así como nuestra identidad, nuestra conciencia y nuestra voluntad de hacernos respetar y de hacer respetar nuestros intereses y derechos.
Un tercer portal concebido por nuestro equipo, Espina de Maram, lo dedicaremos exclusivamente a la obra de nuestros escritores (cuentos, poemas, fragmentos de novela), ilustrados por los artistas de la tierra; en tanto que en un cuarto, en Celendín Resistente, de caracter ecologista, vamos a publicar los materiales informativos que nos permitirán poner al día, a nuestros lectores, en todo lo que sea la defensa del medio ambiente en la región de Cajamarca y en el Perú, una batalla que nos parece esencial en los tiempos actuales, donde pese a la degradación del clima planetario, las empresas depredadoras, mineras y otras, continúan cebándose, con la complicidad de ciertos políticos, con la naturaleza y con la vida.
Querido lector, después de los ataques que hemos sufrido a comienzos de año, quedas pues invitado a visitar indistintamente ya no uno sino cuatro sitios CPM, que más que retroalimentarse se complementarán y fortalecerán mutuamente para servir mejor la causa de Celendín, pueblo escogido por el cielo para grandes empresas y que ahora debe asumir nuevamente, como en el pasado, su destino singular.