sábado, 21 de abril de 2007

CANTACLARO: Bárbaros atilas

Por Constante Vigil
Celendín
La destrucción de Celendín no sólo es obra de los ignaros que construyen su casa a la diabla, sin respetar la personalidad de un pueblo único como el nuestro. Lo son, y de manera capital, aquellos que contribuyeron con su pasividad a que monumentos históricos que encarnaban el espíritu de la población, desaparecieran bajo los golpes implacables de la demolición.

Antiguo local del Colegio Javier Prado, hoy Coronel Cortegana, destruido por ignorantes.

Entre los más graves desastres que le pudo ocurrir a Celendín citaremos a la desaparición del antiguo Colegio Nacional “Javier Prado” y del local de la Escuela de Mujeres Nº 82, por obra y gracia de la megalomanía y afanes vitalicios del chino rata Kenya Fujimorí, personaje siniestro de nuestra historia, apátrida por antonomasia y saqueador del tesoro nacional.
Ambos locales, donados con amor por dos personajes epónimos de nuestra ciudad como fueron el insigne cura Joseph Cabello y el filántropo Augusto G. Gil encarnaron el afán intelectual de los celendinos de entonces. ¿Cuántos jóvenes preclaros de toda la provincia y del resto del departamento se forjaron en el crisol de sus aulas? ¿Cuántos seguramente recuerdan con nostalgia su paso por esos claustros que resonaban de sabias enseñanzas?
Aquellos que asistieron impasibles a su destrucción se mancharon con la ignominia de un presidente sin historia y sin identificación con la peruanidad. Para decirlo sin ambages, nos referimos al alcalde de entonces: Adolfo Aliaga Apaéstegui, ex alumno del “Javier Prado”, quien, de acuerdo al convenio suscrito con el japonés, hizo tabla rasa de ambos locales y tuvo luego el desparpajo de vender los despojos al mejor postor.
Se consumó un crimen de lesa cultura despojando a un pueblo de su personalidad educativa. Todo a cambio de dos horrorosos locales que atentando contra la “modernidad educativa” que se pretendía, no son ni funcionales, ni alentadores a la educación de nuestros jóvenes. Sus tétricos muros lucen ennegrecidos dándole un deprimente aspecto a la perspectiva de ambas calles.
Lo racional y mejor para el pueblo era que se conservaran tal como fueron, sirviendo acaso de museos que muestren al mundo la grandeza e industria de los celendinos de todas las épocas y en su lugar expropiar algunas de las propiedades de la Beneficencia para fines educativos, lo que hubiera sido mejor en lugar de enriquecer a los directores de turno que lucraron con la venta de los últimos bienes de dicha entidad.
Culpables son también, en cierta medida, las demás autoridades de entonces, los docentes que laboraban en esos claustros, que no resistieron, y la población de malos y pasivos celendinos que no supieron aquilatar el tesoro que tenían entre manos, que no tuvieron la entereza de oponerse a la consumación de tamaño desastre.
Estamos seguros que la historia los juzgará como se merecen. Mientras tanto las almas benditas de grandes hombres como Artemio Tavera Sorogastúa, Arístides Merino Merino, Aureliano Rabanal Pereyra, Alfonso Peláez Bazán, Víctor A. Camacho Marín, David Sánchez Infante, Daniel Quiroz, Eloy Arriola Senisse, Telmo Horna Díaz, Ruperto Pimentel Ortiz, Alfredo Rocha Zegarra, Saúl Silva Sánchez, César Pereyra Chávez, Francisca Aliaga, y tantos personajes ilustres que transitaron por sus aulas los señalan con oprobio por tan inicuo proceder.
Es necesario que todos los celendinos los conozcamos para no cometer el desatino de nombrarlos otra vez como autoridades, porque, aparte de su ineptitud, son un peligro para la integridad fisica de Celendín. Ellos tienen en el cuerpo el instinto destructor de los bárbaros atilas.

RELIGION: La Virgen del Carmen y Celendín

A petición de algunos lectores publicamos la Historia de la Virgen del Carmen como patrona de Celendín, articulo escrito por don Pedro García Escalante “El Búho”, proporcionado gentilmente por el profesor Rubil Escalante G.


La Virgen del Carmelo de Celendín

Por Pedro García Escalante, “El Búho”

Han transcurrido ya siete siglos desde que sobre las aguas del mar que dominan las cumbres del Monte Carmelo, que se levanta allá en el Asia, cerca de Anetel, en la antigua Tierra Santa, se apareció la Serenísima Virgen María,
Es pues del dominio del Antiguo y Nuevo Testamento la vida de la Virgen María y su hijo divino, que después de su vida mártir, cuando Jesús había ascendido a los cielos, ella también, después de haber destruido el templo de Diana, las mezquitas de Venus y los encantos de Calypso, fue ascendida al cielo y desapareció del mundo. Mas, el pueblo católico, fiel al amor de esta madre, pedía siempre al cielo una reaparición milagrosa para que se acreciente la fe, hasta que, congregados algunos fieles, imploraron la ayuda de los profetas Elías, Eliseo y Enoch, y tuvieron la revelación de que la Virgen María aparecería en el Monte Carmelo. Fueron en peregrinación y una vez allí, volvieron a implorar los nombres de los profetas, y, presentándose Elías, les dijo: “Mirad hacia el mar”. Entonces vieron levantarse la imagen de su aparición, que se grabó de tal modo en la mente de los fieles que no escapó en nada su magna figura cuando hubo desaparecido. Y es así que fue reproducida en cuadros y en dibujos hechos por diestros pinceles, por las Bellas Artes que la perpetuaron para testimonio de los siglos venideros.
No tardó entonces en crearse la orden religiosa y hermandades que tomaron el nombre de Orden Religiosa Carmelitana, que avanzó extensamente en la propagación de esta fe despertando a los pueblos en la verdad de que la Virgen María se halla en la gloria celestial convertida en intercesora de la humanidad ante el Supremo Creador y por el lugar en que los fieles pudieron ver esta aparición de misterio y de milagro, lo llamaron la Serenísima Madre, la Virgen del Carmelo, cuya tradición y testimonios grabados los carmelitas lo esparcieron por todo el mundo, es así que después de la expulsión de los jesuitas, arribaron a esta nuestra tierras miembros de la orden Carmelitana que ya había en Lima, y repartieron en cuadros y en medallas la imagen de la Virgen del Carmen, cuya reverencia iba cimentando. De este modo y no de otro apareció en Celendín un cuadro de la Serenísima Madre del Carmelo, pintado al estilo italiano en tela tosca pero nítidamente dibujado, adquirido por la familia Araujo y Guzmán y el Párroco Francisco de Arista, consiguió su colocación en el templo de la Virgen llamada “La Purísima Concepción de las Limpias” que era la protectora patrona hasta entonces. Se creó una Hermandad y al empezar los trabajos del nuevo templo con motivo de haber sido exaltada la población de Celendín a la categoría de Villa con el nombre de la princesa Amalia, que después de Compañón fue la más desprendida protectora de nuestra querida ciudad, y después de terminado, se obtuvo el consenso del Rey y se entronizó la magna imagen que hoy veneramos, olvidando que con un decreto regio había dispuesto que se tuviera aquí dos patrones espirituales: San Carlos y San Luis, en julio y en noviembre, así es como quedó establecida nuestra fiesta del Carmelo, con poco entusiasmo en los primeros años, mas, cuando Celendín fue nuevamente realzado a la categoría de Ciudad y por los años 1865 y 66 siendo representante de cámara nuestro Benemérito don Juan Basilio Cortegana se dio a dicha fiesta el carácter de Gran Feria, con cuyo fin ya había sido copiado el cuadro a imagen en bulto por segunda vez, pues el primero que forjó en arte escultural dicha imagen fue un Fray Carmelitano, y más tarde se destacó el genio artístico escultural de Manuel de Araujo, que en secreto forjó primero la imagen del Crucificado, que es una obra perfecta en configuración humana, luego forjó la imagen de San Juan Bautista y con mayor celo produjo la imagen de la Virgen del Carmen, nuestra actual patrona espiritual y no se conoce que haya sido reproducida hasta hoy. En estos actos de tanta importancia espiritual juegan pues, los dignísimos oficios del cura Arista que originó la reverencia a la Virgen en este pueblo, el cura Basauri, que se empeñó por el trabajo del templo y la fundición de la primera campana mayor, la cual se cayó y rompió, entonces otro sacerdote Pedro José Infante, por medio del fundidor Anyaypoma hizo la actual campana mayor que tenemos, y el cura Gaspar Gastañadui, establece la Feria con Corrida de Toros, presentación de comedias con novedosos programas. Las familias principales fueron ya muchas, y, prepararon espléndidos festines. En este acto se destaca la actividad culta de la señora Manonga de Cortegana, que ayudada por sus mejores amigas establece los banquetes y bailes de alta etiqueta, enseña el estilo de buen servicio, implantó los nuevos bailes de las Crinolinas y de la Saya y reglamenta en la clase popular los bailes: el seis, el cóndor, gavilán y otros. Funda la plaza de abastos de cambios o trueques, actividades que se tornaron en costumbres. Esto es a grandes rasgos lo que narra la obra inédita acerca de las fiestas de todos los pueblos de esos tiempos en nuestra bella e histórica tierra celendina.

( Escrito en 1945)

viernes, 20 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: Escuela Nº 82 - Promoción 1964

Esta es una extraordinaria fotografía, llena de belleza y humanidad, pero también un emotivo testimonio de nuestra dura realidad socio-económica de entonces. Como otras, pertenece también a la colección de nuestra amiga Rosario Barrera Cáceres. En este verdadero documento de época podemos ver a las alumnas de la Promoción 1964 de la Escuela Primaria de Mujeres Nº 82. Reiteramos la invocación a los paisanos y amigos a que cooperen identificando a las integrantes para establecer un orden.


Figuran, atrás, a la izquierda, la profesora Amalia Cachay de Merino, durante muchos años directora de la Escuela Nº 82, y, adelante, en el centro, la profesora Maruja Velásquez Loredo y entre las entonces niñas hemos podido identificar a Rosa Ortiz Zúñiga, Zoila Cotrina, Melchora Horna Mariñas, Teresa Guevara, Doris Araujo, Elena Díaz, Iris Torres, Doris Oyarce, Ruth García, Aurora Paredes Collantes, Magda Ludeña Merino, Rosa Aponte Bringas, Lota Medina Bringas, ... Paredes Jimenez, Yolanda Díaz, ... Horna Chávez y María Elena Márquez Solís.

jueves, 19 de abril de 2007

CANTACLARO: Pandemonium City

Por Constante Vigil
Celendín
A más de cien días de gobierno municipal del alcalde Juan de Dios Tello Villanueva, los que asistimos a su asunción esperanzados en los cambios que prometió durante su campaña tenemos que manifestar, con pesar, que nada ha cambiado en la ciudad, que las prácticas negativas se han agudizado y que el desorden cunde por todas partes.


Para comprobarlo basta darse una vuelta por el mercado y ver como esa zona se ha tugurizado. Los vendedores, formales e informales, han invadido las veredas y hasta las calles con su mercadería, en un claro ataque a la integridad urbana y sobre todo del transeúnte, por cuanto si se descuida se ciernen sobre él, como un enjambre, las moto-taxis que han tomado por asalto la ciudad, parcelándola como un botín y haciendo caso omiso de las reglas de tránsito. Para no hablar de los paraderos informales de combis y automóviles que hacen servicio a los distritos de la provincia. Un verdadero pandemonio.
El mercado de abastos construido durante las gestiones de los alcaldes Adolfo Aliaga Apéstegui y Mauro Siles Arteaga, que en un primer instante se pensó que serían la solución para el comercio informal que invade pistas y aceras, no cumple su cometido. Muy pocos comerciantes han adquirido un puesto en el segundo piso y la impresión que se tiene en general, es la de un mercado de Calcuta por el desorden y la suciedad que campean por doquier.
Naturalmente, en las entrañas de este desorden se esconde el sub empleo y la explotación de las personas, muchos niños entre ellos, que ante la escasez de trabajo tienen que aceptar las condiciones más ínfimas para sobrevivir.
¿Qué nos está pasando a los celendinos? Nuestra ciudad siempre se caracterizó por ser limpia y ordenada. Actuando de esta manera no le hacemos ningún favor a Celendín como atractivo turístico, como pueblo luminoso y bello. ¿Acaso no nos damos cuenta de que la riqueza de nuestro patrimonio está justamente en esa comunión feliz de pueblo, medio ambiente, orden y limpieza?
A las autoridades, ediles, policiales, médicas, políticas, etc., nada parece importarles y les parece más cómoda la política del dejar hacer, del dejar que el más irresponsable, conchudo o prepotente imponga su ley, no vaya a ser que el votante se moleste y en las próximas reelecciones les niegue su voto. Ya es tiempo que la autoridad edil diga ¡BASTA! al desorden y a la suciedad. Que se impongan las reglas y el respeto a los derechos de toda la ciudadanía. No decimos nada por ahora de la inseguridad ciudadana porque es tema que trataremos in extenso en otro artículo.
Durante estos cien días hemos visto que se han acometido algunas obras de carácter doméstico: parchado de pistas, arreglo de alcantarillas, donación de algunas carpetas a tal o cual colegio, charlas de salud en la comunidad de tal, etc. Pero hasta el momento no se atisba ningún proyecto de envergadura que redunde en beneficio real de toda la comunidad, en momentos en que necesitamos emprender el gran salto que transforme a nuestro pueblo. Los recursos están, falta el soplo de vida.
Por otro lado, exigimos transparencia al señor alcalde Tello Villanueva. Mucho se ha hablado del saqueo que cometió en la alcaldía don Mauro Siles Arteaga. ¿Cuál es la realidad de los hechos? El pueblo necesita saber en qué condiciones se recibió el Municipio y cuál va a ser por ejemplo el resultado de la investigación de la Contraloría General. Aparte de ello, es necesario un informe del resultado de tantos viajes a otros lugares, en solitario o en compañía de sus concejales. El pueblo lo ha elegido para que le dedique a Celendín una gestión edil moderna, transparente y honrada. No nos defraude, Señor Alcalde.

lunes, 16 de abril de 2007

PERSONAJES: Humberto Cachay Velásquez

Eminente médico celendino, nacido en 1932. Doctor en medicina, especializado en Cirugía Plástica, especialidad en la que ha destacado por sus contribuciones teóricas y técnicas, reconocidas en diversos eventos internacionales de su especialidad. Debido a su talentosa capacidad analítica y su vasta cultura humanista se ha constituido en una de las más respetables autoridades académicas del mundo científico de la República Argentina, país hermano en donde se formó y reside. Nunca se ha desvinculado, sin embargo, del Perú ni de su tierra natal, que siempre tiene presente en sus contactos y comunicaciones.
Su notable trabajo "Importancia del Músculo Depresor del Ala Nasal: Un estudio anatómico y aplicaciones clínicas", apareció en el Tomo 2, página 857, de la obra Rinoplastia de Dallas: Cirugía Nasal por los Maestros.
En el Libro de Personalidades Médicas Argentinas se publica la siguiente bio semblanza:
CACHAY VELASQUEZ, Humberto A. Mat. Nº Nº 31.424. Especialidad. Cirugía Plástica. Nac. en Celendín, Cajamarca, Perú. Argentino naturalizado el 24 de noviembre de 1970. Padres: Horacio Cachay Díaz y Orfelina Velásquez. Educación: facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, Médico 1966. Revalida como Médico Cirujano en la Facultad Mayor de San Marcos, 1967. Especialista en Cirugía Plástica y Reparadora por el Colegio Médico de la provincia de Buenos Aires, 1972. Especialista en Cirugía Plástica por Ministerio de Salud y Acción Social, 1985. Actuación profesional: Jefe del Servicio de Cirugía Plástica en el Hospital Gandulfo (1968-1974). Docente libre para dictar cursos de postgrado sobre Cirugía Plástica en el Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires, 1976, 1978, 1980, 1984. Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Sanatorio de San José (1976-1978). Director del curso “Técnicas Operatorias en Cirugía Estético Funcional de la Nariz”. Jefe de la Sección de Cirugía Estética de la División de Cirugía Plástica del Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires (1988 hasta la fecha).
Hace más de veinte años, frente al irresponsable mercantilismo que rodeaba ya por entonces a su especialidad, el doctor Cachay Velásquez escribió en un medio de prensa argentino: "Como médico, y como cirujano plástico particularmente, siento como una obligación moral salir al frente de esta ola de barata publicidad que tantas infundadas expectativas crea en la conciencia de la población y que, sin medir las consecuencias, en su afán de lucro, además de burlar la buena fe de la gente que asiste a estos llamados, están socavando los cimientos mismos de esta noble especialidad médica".
Más tarde, en otro artículo, en 1998, también en Buenos Aires, frente a la proliferación de la rinoplastia (remodelación de la nariz), nuestro paisano advierte: "Los cirujanos de gran experiencia aconsejan no operar hasta que el paciente haya completado su desarrollo, alrededor de los 15 y 16 años, aunque hay cirujanos que operan adolescentes que no han cumplido los 12 o 13 años. Una operación exitosa de nariz es, indudablemente, la que, como ninguna otra, incrementa la apariencia de un rostro y afianza la autoestima, pero también es cierto que un fracaso en esta clase de operaciones puede llevar a la depresión, a la angustia y a la infelicidad".
Como podemos ver, el doctor Humberto Cachay Velásquez, orgullo de su tierra, además de ser un eminente médico cirujano, es un hombre responsable, honrado y bueno.

domingo, 15 de abril de 2007

ESTAMPA: Jarabe de Menta

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Uno de los valores en que se cimenta la grandeza de la patria es el heroísmo de su gente. En nuestra época de estudiantes nos inculcaron con insistencia que morir por la patria es un rasgo de excelso desprendimiento de la propia vida. Así hemos reverenciado a Túpac Amaru, por su primer grito libertario, a Miguel Grau, por su caballerosidad con el enemigo, a Francisco Bolognesi, por su afán de luchar hasta el final y a muchos otros hombres y mujeres más. Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos anhelado llegar a ese estado catatónico de exaltación llamado heroísmo.
Los héroes no nacen, se hacen en la circunstancia. Personalmente creo que el estado natural del hombre es la cobardía. Lo que nos narraba el sub oficial Pedro Pereyra parecía afirmar esto. Decía el militar que, Leoncio Prado, el héroe de Huamachuco, temblaba como un poseso en la víspera de la batalla, lo que lo molestaba hasta el extremo de despersonalizar a su esqueleto de su cuerpo y dirigirse a él como si fuera ajeno:
-Tiemblas, esqueleto miserable, más temblarías si supieras a dónde te voy a llevar mañana.
Uno no sabe, entre un grupo de personas comunes y corrientes, quien de ellos, llegada la circunstancia, pueda reaccionar como un héroe. Podría ser un amigo, un familiar, o cualquier otro. Demás está decir que si fuera de los primeros, uno ya se está ganando alguito.

Guardo su imagen gallarda y decidida, su perfil olímpico...

Transcurrían los dorados años de nuestra época estudiantil y estábamos ya en el último año de nuestra formación docente, cuando el Profesor Walter Vera, de Educación Física, anunció a nuestras compañeras que al día siguiente sería el examen final de natación. Portentosa noticia que nos llenó de expectativa para asistir al acontecimiento. ¡Por fin íbamos a tener el privilegio de ver las, seguramente bien torneadas, piernas de nuestras compañeras, cuyas redondeces adivinábamos a través de las faldas largas del uniforme!
Por supuesto que ya en esos años Mary Quant había inventado la minifalda, pero en nuestro pueblo, de moral decimonónica, ninguna muchacha se atrevía a usarla sin exponerse a que le endilguen el apelativo de las cuatro letras. Todas usaban faldas por debajo de la rodilla. Lucir una más corta era un grave pecado de impudicia que atentaba contra las buenas costumbres de la sana población.
En esa época, de acuerdo al estilo de los profesores, a los estudiantes se nos exigía asistir a clases con terno y corbata. Esa mañana, tizas y ahorcados, estuvimos desde temprano en la piscina para espectar el examen y gozar del maravilloso regalo celestial de ver las piernas de nuestras compañeras. Durante la evaluación pudimos comprobar que, efectivamente, eran de otro mundo las extremidades de nuestras amigas. Cuando terminó la prueba, el profesor Vera anunció:
-Bueno, chicas, el examen terminó, las que saben nadar pueden quedarse, las demás pueden ir a casa.
Algunas compañeras eran del oriente, en donde existen verdaderos ríos caudalosos, por eso nadaban como sirenas, nuestras paisanas no sabían, pero intrépidamente insistieron en quedarse. Entre estas últimas, Rosaura, la dulcinea de mi amigo Becher, a quien había sorbido el seso y tenía en ascuas, porque, justamente esa semana, había roto palitos y el pobre no sabía a qué apelar para lograr el reenganche.
Quienes algo nadamos sabemos que en una poza del río, o en una piscina, existen dos extremos de profundidad, uno es el pambashco en el que chapotean los aprendices y el otro es el hondo en donde se deslizan grácilmente los expertos. Las compañeras charapitas, cual ondinas, se dirigían hacia allí y Rosaurita, por no ser menos, intentó seguirlas, no sin antes lanzar una mirada de reojo a nuestro amigo, a quien se le caía la baba. De pronto se escuchó un alarido que estremeció todas las fibras de su ser:
-¡Ay, auxilio, help, SOS, me ahog… glub…glub!
Ya lo expliqué antes, los héroes se hacen, no nacen. Becher, escuchando con el corazón el reclamo de su amada, se transfiguró, dejó caer aparatosamente los libros que llevaba a mano y, como una exhalación, sin reparar en que se jugaba la vida y ni siquiera que estaba con su terno nuevo, se lanzó como una centella a salvarla.
En mi memoria de amigo y admirador guardo su imagen gallarda y decidida, suspendido en el aire, su perfil olímpico, las manos extendidas apuntando a la superficie de la piscina, los zapatos unidos, las piernas extendidas y la corbata floreada flameando por detrás…
¡Splashhh!
Se escuchó un sonoro ¡Oh! de admiración de todos los presentes, que no pudieron más que aplaudir tan noble gesto.
Lo recibimos en brazos, emocionados, cuando salió chorreando de la piscina, luego de salvar a la bella. Todos lo aclamaban:
-¡Eres un héroe! ¡Eres un héroe! ¡Permíteme, por favor, decir que soy tu pata! –exclamaban algunos aprovechados.
En mi fuero interno me sentía un poco tocado por esa gracia divina: ¡De mí sí era mi amigo! Por eso me sentí ufano cuando me pidió:
-Por favor, hermano, anda a mi casa y dile a mi mamá que me mande mis zapatillas y una muda de ropa, no puedo salir así como estoy, sopa, a caminar por la calle.
Muy rápido llegué a su casa y efusivamente salude a doña María, felicitándola por tener un hijo héroe. Ella, incrédula del portento, me pidió detalles sobre el gran suceso y cuando le expliqué, comentó muy enojada:
-¡Cati, el gafazo! ¿Qué pué se ha alocao de mojarlo su único terno? Ahora pué se irá calato al pedagógico…¡Jesús, María y José! Toma, hijito –dijo, poniendo dos reales en mi mano- mientras le preparo la muda de ropa, anda al zarco Dolores y cómprame una copa doble de jarabe de menta, es buenazo para las penas del amor y de paso para el resfrío, porque después de esa mojadaza segurito que lo agarra la gripe.
En los días subsiguientes casi pierdo a mi amigo, porque todos los que antes no le hacían caso, o lo tenían en menos, ahora se disputaban el honor de pasear con él, seguros que no siempre se tiene el honor de caminar a la vera de un héroe. Pero el mundo es ingrato y mucho más lo son las mujeres. ¿Ustedes creen que mi amigo logró el tan ansiado reenganche con la veleidosa Rosaura? ¡Nones! Ni porque le salvó la vida regresó con él, la muy ingrata.

ESTUDIANTINA: Colegio del Carmen - Promoción 1969

En esta fotografía, una más del álbum de nuestra amiga Rosario Barrera Cáceres, observamos al hermoso ramillete de muchachas celendinas que se formaron en los claustros del Colegio Nacional de Mujeres "Nuestra Señora del Carmen". Son las carmelitas de la promoción de 1969:


Están, en primera fila, de izquierda a derecha: Bertha Paredes Jiménez, Yrma Díaz Mori, Blanca Zegarra Sánchez, Ligia Tavera Chávez y María del Carmen Solís Pereyra.
Segunda Fila: Medina Chávez, Gloria Chávez Ortíz, Belarmina Sánchez Tello, Iris Torres Lozano, Profesora Carlota Morera Pereyra, Ruth García, Manuela Chávez, Rubi Araujo Cáceres. Militza Barrera Cáceres, Rosa Pasión Zegarra Sánchez, Isabel Rabanal Abanto y Olga Jáuregui Salazar.
Tercera Fila: Lucy Márquez Solís, Yrma Díaz, Zoila Cotrina, Ediza Díaz. Olga Chávez Velásquez, Francisca Bazán, Ana Urteaga Chávez, Melchora Horna Mariñas, Violeta Jiménez y Nelly Zelada Cerdán.
Cuarta Fila: Magda Ludeña Merino, Francisca Díaz, Elinora Bazán, Nebel Montoya, Amparo Cruz, Judith Quezada, Chávez Medina y Coralí Bazán,

ESTUDIANTINA: GUE Cortegana - Sel. de fútbol 1968

Una tarde de pleno sol en el campo "Centenario", en 1968, y 11 jóvenes dispuestos a dejar el corazón y la vida por los colores aurinegros de su colegio, la GUE Coronel Cortegana. Conformaban un grupo de virtuosos de la pelota, con cualidades técnicas que los hicieron temibles para cualquier equipo de su época.


Están, en primera fila, en cuclillas: Juanito, el "Curita" de Longotea, Luis Orrillo, Wilder Marín Pérez "Guachito", nuestro inolvidable Oscar Silva Merino "Piyuya" y Carlos Rojas Briones "Patas fur".
De pie: Luis Castañeda Pereyra "Vejez", Luis Araujo Cáceres "Hueso", Chino de Púsac, Pedro Horna, Hipólito Marín Pérez "Polanco" y Santiago Ludeña Merino "Papaya".

sábado, 14 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: Escuela Nº 82 - Promoción 1960

Los aportes para descubrir nuestra historia siguen llegando. Esta fotografía, que pertenece a la colección del profesor Javier Chávez Silva de Celendín, a quien agradecemos su gentileza, nos muestra, creemos, a la promoción de 1960 de la Escuela Primaria Nº 82. Tal como ya ocurrió en una anterior fotografía, no hemos podido identificar a la mayoria de las niñas integrantes, por ello reclamamos el concurso de los paisanos que podrían darnos luces para establecer el orden correcto. La calidad dela fotografía es excelente y debe ser ésta una de las últimas, sino la última de las promociones que guío la Profesora Francisca Aliaga de Chávez.


Entre las pocas niñas que hemos podido reconocer en torno a la Profesora Francisca Aliaga, figuran Isabel Rabanal Abanto, Isabel Escobedo Pimentel, Bertha Arrué Rodríguez, Luisa Escalante, Esther Araujo Oyarce, Susana Aguilar Pérez (+), Chalía Ortíz Velásquez (+), Carmela Cacho Cáceres, Mercedes Merino, Luisa Salazar Chávez, María Díaz Díaz, Margarita Liménez, Hermila Arana Rubio y ... Pereyra Alva.

viernes, 13 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: Escuela Nº 89 - Año 1963-64

En esta deteriorada y emotiva foto de la promoción 1963 o 64 de la Escuela N° 89, nuestros lectores pueden utilizar sus talentos de Sherlock Holmes. Como se puede ver, el estado de la foto, que además del paso del tiempo parece haber sufrido un buen remojón, nos impide reconocer a todas las niñas presentes. Nuestra amiga y colaboradora Rosario Barrera Cáceres, que nos ha proporcionado el documento, ha identificado a algunas, pero no como para ubicarlas de izquierda a derecha. Toda ayuda para precisar los nombres y el orden de presencia en este ramillete será pues bienvenida.

Escuela N° 89, Nuestra Señora de Fátima - Año 1963-64


Entre las niñas presentes están Ligia Tavera Chávez, Vilma Díaz, Rebeca Zárate, Doris Aliaga, Dianira Vilcaromero, Teresa Montoya, Carmelina Bazán, la profesora Micaela Díaz Dávila, Rosa Machuca, Cristina Vera, Lucila Vera, Cristina Vera, Delia Pereira, Maritza Díaz, Justina Bazán, Marina Izquierdo, Consuelo Rodríguez, Gladis Díaz, Hilda Bazán, Blanca Quevedo, Militza Barrera, Elsa Escalante, ... Acuña, Teresa Araujo etc., etc.

martes, 10 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: Escuela Nº 82 - Año 1932

Nuestro álbum se enriquece con nuevos aportes, en este caso de la familia Chávez Pereyra. En esta hermosa fotografía, rescatada de la lamentable dispersión de la gran colección de don Teófilo Chávez Pereyra, figuran la madres y las abuelas de muchos celendinos. Se trata de la Promoción 1932 de la Escuela de Niñas N° 82. Algunas de sus componentes que por suerte nos acompañan reverdecerán laureles contemplando un trocito de su infancia y sonreirán de la seriedad con la que posan, junto con sus compañeritas, en los claustros de la hermosa Escuela Nº 82, la misma que después arrasaron lo seguidores del infame Fujimori.

Escuela N° 82 - Año 1932


1ª Fila: Margarita Cruz, Prepedigna Díaz Montoya, Julia Ortiz Díaz, Blanca Rabanal, Mercedes …, Isabel Chávez Velásquez, Mercedes Díaz y XX.
2ª Fila: Irene V. Díaz, Esperanza Chávez Pereyra, Julia Zevallos Díaz, Esperanza Pacheco Zevallos, Bertha Cáceres Mejía, Luisa Chávez Castaños, Lucila Arrué Merino, Lucrecia Peláez Bazán y Gaudencía Agustí.
3ª Fila: Luz Emérita Díaz Araujo, Luz Mori, Santos Vásquez Bazán, Profesora, Carmen Díaz Montoya, Ninfa Pajares, Eva Ortiz Díaz, Idalguisa Salazar y Esperanza Peregrina Chávez.
4ª Fila ... Silva (hna. del dentista Juan Silva), Susana Chávarri (Chalán), Clariza Silva, Zulema Salazar, Victoria Bazán Merino, Amelia Pereyra Díaz, Carmen Elena Rojas Chávez “Chusha”, Susana Villanueva, Rosa Rojas (Balzas) y Flor de María Chávez Silva.
5ª Fila: Carmen Díaz, Zulema Díaz Muñoz, Lucila Díaz “Crespa”, Lorenza Edelmira Araujo, Rosa Iraida Díaz Chávez, Lola Micheli y … Araujo (Oxamarca).

ESTUDIANTINA: GUE Cortegana - Promoción 1965

En esta vívida fotografía figuran, en torno al entonces director de la GUE Coronel Cortegana, don Telmo Horna Díaz, algunos integrantes de la Promoción 1965. Album de Rosario Barrera Cáceres.

GUE “Coronel Cortegana” - Promoción 1965


1ª Fila: Dionisio Pereyra Silva, Aurelio Peláez Horna "Ñato", el director, don Telmo Horna Díaz, Juan Marín y Salatiel Tejada Silva (+) "Shalita".
2ª Fila: Hugo Muñoz Chávez "Tío Túrix", Marceliano Araujo Zelada, Javier Aliaga Rodríguez "Patron", Wenceslao Rodríguez y Guzmán Zelada.
3ª Fila: Daniel García "Musho", Teodoro Barrera Cáceres "Gordo", Wilson Silva Ramos "Coche" y Jorge Fernández Vásquez "Cowboy".

lunes, 9 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: GUE Cortegana - Promoción 1963

Nuestra amiga Rosario Barrera Cáceres ha tenido la gentileza de enviarnos unas viejas pero hermosas fotografías de promociones de los 60 y ello nos inspira para abrir, en cuanto sea posible, una sección en Celendín Pueblo Mágico que se llamará ESTUDIANTINA. Mientras tanto, las fotos estarán en CPM II, hasta que logremos una buena restauración e identificación de quienes figuren en cada una. Estamos seguros que los paisanos y amigos nos ayudarán en esta tarea de por sí apasionante. Reconstruir nuestra historia es como revelar el arcano de lo conocido que comienza a ser desconocido para algunos. Es un deber para con nuestra memoria y para con la de las generaciones que vendrán.
Felicitamos a Rosario Barrera Cáceres por su inciativa y generosidad e instamos a todos los paisanos a que sigan su ejemplo, enviándonos fotos antiguas de Celendìn y de su gente. Así, en el archivo colectivo que es CPM, estarán a disposición de quien las necesiten.

GUE “Coronel Cortegana” - Promoción 1963


En la primera foto que publicamos tenemos a casi todos los componentes de la Promoción 1963 "José Carlos Mariátegui" de la Gran Unidad Escolar “Coronel Cortegana” (que hasta 1962 fue el Colegio Nacional “Javier Prado”). Figuran en el siguiente orden, de izquierda a derecha:
De pie, atrás: Guillermo Pereyra Silva (Garra), Gregorio Malca Guevara, Tomás Silva Limay, Antonio Medina Guevara (Músculo), XX, Emiliano Silva Muñoz, Hugo Cachay, Julio Rojas Chávez (Chueco), XX, Virgilio Aliaga, Mario Barrera Cáceres, Alejandro Chávez Paredes (Jayo), Rubil Escalante García, Javier Chávez Montoya, Moisés Malca Guevara, Eberling Díaz Terrones, Raúl Díaz Chávez (Gallito), Rómulo Salazar, Carlos Sánchez Cachay (Wiclas), Germán Abanto (Jobo), Eloy Zegarra, XX.
Agazapado: Orlando Pereyra Silva.
Sentados y en cuclillas: Adolfo Aliaga Apáestegui (Mishuca), Rafael Cachay Sánchez, Nicolás Limay Cáceres, Alcides Limay Cáceres (Shide), Nicolás Camacho Chávez, Eber Aliaga Torres, Luis Silva Ramos (Vinash), Neptalí Zegarra, Hamilton Cachay (Chino)

viernes, 6 de abril de 2007

CITAS: El “sombrero celendino”

Ya se va a cumplir un año que nuestro mentor intelectual, el Dr. Manuel Pita Díaz, nos dejó. Recordándolo y teniendo presente sus inquietudes, creemos un deber ineludible rescatar el pensamiento de celendinos como él, como Alfredo Rocha y otros hombres que han querido a Celendín y, por lo tanto, han reflexionado sobre sus problemas. Sus aportes los iremos publicando por entregas en nuestros diferentes sitios. LA REDACCIÓN.

El “sombrero celendino”

Por Manuel Pita Díaz
El “sombrero celendino”, un objeto manufacturado por miles de tejedores de ambos sexos en todas las comarcas y ambientes domésticos pobres de la provincia, ocupa todavía a lo largo de su proceso productivo y comercial, considerable espacio del drama económico-social de Celendín.
Drama de un pueblo mestizo, hispanohablante, honesto y batallador, que por la escasez de recursos y posibilidades inmediatas se vio obligado a trenzar paja toquilla de lejana procedencia para hacer sombreros cuyo precio apenas permite angustiada supervivencia.
El “sombrero celendino” tiene cara y sello.
Cara: continente del drama burilador de la identidad estoica, batalladora, de la personalidad celendina, a partir de su paciente manufactura doméstica, hasta la trashumante carrera, audaz y sacrificada, de los llamados “negociantes”, que los transportan por lejanos parajes dentro y fuera del territorio patrio. Es la cara de la fama, la creadora del “Shilico trotamundos”.
Sello: esclavizante oficio de hombres y mujeres de poblados urbanos y rurales de toda la provincia, con un margen de beneficio económico diminuto y hasta risible.
Por todo ello es forjador permanente de ansias libertarias.
El natural hambre de superación y holgura determina forzosos desplazamientos individuales y grupales hacia remotos destinos. La querencia y el fervor religioso hace regresar temporalmente para remozar recuerdos, llorar a los seres queridos que se fueron y respirar conocidos aires por unos cuantos días. Algunos de estos migrantes, muy pocos, retornan para afincarse nuevamente invirtiendo el monto de sus ahorros en algún negocio. Es el sello del “shilico sufrido, querendón y tacaño”.
Cualesquiera sean la posición, la profesión o la actividad de un celendino, dentro y fuera del terruño, el “sombrero de paja”, aunque nunca lo haya elaborado ni comerciado, será siempre el símbolo de su irrenunciable identidad.

jueves, 5 de abril de 2007

HISTORIA: Eloy Arriola Senisse

Celendín, con sus encantos paisajísticos y humanos, siempre se hizo querer por propios y extraños, una prueba de ello es esta evocación de un maestro ejemplar, que sin ser celendino supo adentrarse en el espíritu celendino, entenderlo y emprender juntos una época de cambios para nuestro pueblo que siempre se recuerda con admiración. El colegio mejorado amorosamente del que habla el doctor Arriola fue el antiguo "Javier Prado", el que luego destruyeron las hordas fujimoristas. LA REDACCION

Dulce y necesaria evocación

Por Eloy Arriola Senisse

Reflexiones y recuerdos de un maestro. Dedicadas con especial afecto a la brillante Promoción “Artemio R. Tavera”, del Colegio Nacional de Celendín. Están ya por cumplirse 40 años de aquel momento que me señaló el destino para enrumbar mis pasos hacia Celendín, tierra de ensueño, de hombres y mujeres laboriosos y nobles. Fue un 25 de agosto de 1954.
Soy maestro, y como tal, fui siempre sujeto de órdenes que traté de cumplir explicando que la vida de un buen maestro es, en muchos casos, como la vida de un buen soldado: cumplir con su deber ahí donde la patria demande sus servicios. Principio que, con otros de la misma índole, inculqué en el alma de mis alumnos a lo largo de 50 años de vida profesional. No buscar la prebenda fácil, ni el acomodo barato, sino cumplir con el deber, por más ingrato y duro que fuere, siempre que fuera justo y honesto hacerlo.
A mí me parece, sin embargo, que la isocranía del tiempo ha detenido momentáneamente sus pasos y que una mañana cualquiera volveremos a encontrarnos en el patio de honor del siempre añorado Colegio “Javier Prado”. Entonamos el Himno Nacional. Damos lectura al noticiero escolar, los 300 alumnos y alumnas, en impecable formación escuchan las breves exhortaciones de su Director. Luego, la grave voz del Brigadier General, alumno Camacho, “El Bárbaro”, restalla como un cohete:
-“¡Asusaulas, columna de a uno!”
Desde la fecha inicial hasta mi despedida, han transcurrido apenas quince meses, ni siquiera año y medio.
¿Cuántas obras realizamos juntos en ese breve tiempo? En verdad no las recuerdo, ni quién o quiénes las hicieron. Fueron sin duda ellos, mis alumnos quienes animados de ese élan vital del que hablaba Bergson, pusieron la vida y su ideal en la obra. Pero lo hicieron con pasión, con amorosa pasión y entrega, pensando quizá que el tiempo iba a resultar corto para cumplir con lo previsto. Mucho y bueno se hizo y mucho quedó por hacer. Pero quedó el ejemplo de almas confundidas en un solo quehacer, impregnadas de un ideal común. ¿Cómo olvidarlo? Ahí está todavía el duro cemento de nuestro moderno campo de básquet, fraguado al amoroso calor de las manos del querido maestro Gonzalo, padre de familia y amigo ejemplar. Le dimos luz a la sombra y a la noche, inaugurando un potente grupo electrógeno que alcanzó a la ciudad ¡Y para su instalación no contábamos con presupuesto alguno! No nos ensuciábamos las manos amasando el barro para los adobes; las dignificábamos, honrándolas a base de sudor y esfuerzo, mezclando alegrías y esperanzas.
Así reconstruimos con Javier Tavera y otros el salón de actos, la biblioteca, la caseta para el grupo electrógeno. Alquilábamos películas. ¿Cómo dejar en el olvido los afanes idealistas y vehementes de Javo Tavera, el ímpetu generoso de “Gallito” Tirado, las palomilladas de “Panamo”, las canciones mejicanas de Emilio Moscoso, la proverbial circunspección de los Aliaga, los Camacho, Jorge Silva Merino, Jaime Silva Pereyra, Ibo Sánchez, aparte de la escogida y hermosa legión femenina, las chicas Pereyra, Inga y tantas otras?
¿Cómo olvidar, igualmente, a ese selecto grupo de profesores: Don Artemio, Aureliano Rabanal, Ariche (Arístides) Merino, el padre Quiroz, don Alfonso Peláez, los docentes Rojas, Fernández, Fulvia Sánchez, Carmela Pérez, Ulita Silva?
Vale expresar también, como colofón de estas improvisadas notas, que impulsamos el arte, el periodismo escolar, organizamos el primer Consejo Estudiantil y le dimos sustancial apoyo al deporte, dando preferencia al fútbol, básquetbol, voleibol, atletismo. Realizamos una mini maratón de Huacapampa a Celendín y logramos el campeonato departamental de fútbol. ¿Cómo no estar orgullosos, entonces?
Me honro, pues, de haber sido maestro y, sobre todo, amigo cabal de esta pléyade de hombres y mujeres, buenos a carta cabal, a tiempo completo.
El tiempo resulta corto y avaro el papel para hilvanar ordenadamente mis recuerdos acerca de esta dorada época de mi vida de maestro, en la que más que discípulos encontré hijos espirituales, a quienes sigo queriendo con toda la dimensión de mi espíritu y auténtica devoción de un padre.

(Escrita para la Promoción PARTA 56, en 1994)

miércoles, 4 de abril de 2007

ALBUM: Celendinos auténticos

Inauguramos ahora una sección donde publicaremos las fotos entrañables que nuestros lectores nos vayan alcanzando. Imágenes que nos hablen de nuestros pueblo, de sus hijos más notables (de toda condición, no sólo los privilegiados por la vida), de nuestras calles, de nuestra arquitecura, de nuestros paisajes. LA REDACCION.

En esta primera entrega, en una foto que no sabemos si fue tomada en Lima o en Trujillo, en los años 70, suponemos, podemos ver a un grupo de auténticos y epónimos celendinos, a muchachos cuyas inquietudes comenzaron a florecer a mediados del siglo XX y que revelaron luego grandes talentos. De izquierda a derecha: Sr. Rómulo Medina, el inolvidable Eliseo Tejada Rojas "Casheque", Dr. Manuel Pita Díaz, Ing. Práxedes Pereyra, Sr. Victorino Agustí Merino, Sr. Dionisio Merino Collantes "Cabezón", Sr. Ezequiel Cueva Díaz "Cuevita", Sr. Santiago Pereyra Rabanal "Negro" y otro paisano cuya identidad desconocemos.

Auténticos y epónimos celendinos.

ESTAMPA: Jarabe de piña

Por Jorge A. Chavez S., Charro
No les he contado de aquella vez que casi me convierto en ateo y contumaz descreído de las cosas divinas por culpa de Su Ilustrísima, el señor obispo de Cajamarca. Era apenas un niño, de esos que esperaban los días jueves en que íbamos de paseo a algún bello paraje de la campiña celendina.
Para los escueleros el jueves era sagrado, intocable, como un derecho ganado. Era el día del paseo semanal, esperado con ansia los días precedentes. Tenía que suceder algo catastrófico para que el paseo no se realizara.
Ese miércoles, a la hora de entrada recibimos la mala noticia: el jueves llegaría en visita pastoral, Su Ilustrísima, el obispo de Cajamarca: hecho insólito que, efectivamente, ocurría a la muerte de un obispo.

¡Era el Bidudín que venía de Cajamarca...!

La maestra, católica ferviente, rayana en la cucufatería, muy alegre nos dio la primicia y de inmediato nos enseñó a hacer banderitas bicolores, amarillas y blancas, los colores de ese reino de los cielos que es el Vaticano. Con ellas y acompañados de todos los escolares de veinte kilómetros a la redonda, iríamos a La Feliciana a esperar al insigne visitante.
Ante nuestra justa protesta, la maestra, abundando en detalles sobre la ilustre visita, nos dijo que el santo varón llegaría a eso de las diez de la mañana y que por la tarde, impajaritablemente, nos iríamos de paseo a donde quisiéramos.
-¡Al Guayao, al Guayao!- exclamamos en coro, jubilosos.
Era este lugar el manantial de la riquísima agua que surtía a la ciudad. Una especie de paraíso en que se conjugaba todo: hermosos prados en donde elevar las cometas a nuestras anchas, o disputar reñidos partidos de fútbol Inter-secciones en que se disputaban las famosas copas aguardienteras compradas en la cantina de don Dámaso Carrión.
Había además en aquel edén una arboleda de sauces llorones en donde jugábamos a Tarzán, huicapeándonos en los bejucos, o buscando algún fabuloso tesoro como en las series de aventuras a las que éramos afectos, o a los vaqueros, ocultándonos tras los pedrones para balacearnos sin misericordia y hasta podíamos capturar a los alacranes que se escondían bajo las rocas de la falda del cerro y llevarlos en cajitas de fósforo para hacerlos pelear a muerte en un círculo de fuego de aserrín empapado de kerosene.
*******
Muy temprano le pedí a mi padre la propina semanal. Con dolor de hígado me dio veinte centavos, inestimable tesoro con el que compré dos caramelos de punta envueltos en papeles de colores, de esos que fabricaba el zarco Dolores, para usarlos como chufranes en los caleros de cuatro hermosas berenjenas que conseguí por diez centavos. ¡Una verdadera delicia! ¿Qué muchacho no ha pasado una hermosa tarde de paseo coqueando con los chupetes que encajaban justamente en el orificio que practicábamos en la punta de cada berenjena?
Guardando todo en una talega me encaminé a la escuela con la esperanza que el ilustre visitante llegara temprano a visitar a su grey. Había jurado que si llegaba antes de las once, iba a elevar fervientes preces para que el Santo Padre de Roma emitiera una bula otorgándole el capelo cardenalicio y consecuente ascenso a Primado de la Iglesia Peruana, pues sus méritos lo exigían, ¿qué pastor era más considerado y puntual con su feligresía que Su Ilustrísima?
Cuando llegamos en perfecta formación a La Feliciana, flameando nuestras banderitas, la mayoría de escolares ya se encontraba allí, apostados a ambos lados de la carretera, esperando al buen pastor. Todos se apretujaban buscando mejor ubicación para observar de cerca al reverendo que se nos antojaba un hombre celestial.
El tiempo pasaba irremisiblemente y el Cardenal no llegaba. Dieron las diez y las once. Los muchachos se apiñaban en tremendo desorden. Con mucha preocupación veía peligrar mi paseo al Guayao, a no ser que el Obispo llegara justamente en ese momento.
De repente, con gran ruido de pistones y claxon, hizo su aparición un vehículo por la primera curva. La multitud, creyendo que se trataba del prelado, se ordenó como sea y empezaron las vivas y el vigoroso flamear de banderines en honor a Su Ilustrísima. Pero ¡Oh, desilusión! Al acercarse el vehículo comprobamos que no se trataba del Canónigo.
¡Era el Bidudín que venía de Cajamarca en su camioneta! Ignorante de lo que acontecía y sorprendido por el apoteósico recibimiento que le dispensaba toda la población, no tuvo idea más peregrina que pasar por medio del gentío, con el brazo izquierdo en alto, agradeciendo la ovación.
La turba, exacerbada por el desencanto, prorrumpió en sonoras silbatinas y pifias. Inclusive llovieron algunas piedras encima del vehículo. El Bidudín, sorprendido de los volubles que son las personas, farfulló una exclamación:
-¡Ah, carajo, hace un instante era un héroe y ahora soy un villano!
Y dieron las doce y la una y el Párroco no llegaba. La formación, hecha trizas, yacía al desgaire por toda la plaza. Algunos muchachos se desmayaron y hubo que llevarlos de emergencia a sus domicilios. Desesperado, le pregunté la hora al maestro Próspero, quien, con expresión de Miguel Grau en la derrota, me contestó con voz desfalleciente:
-Son las dos de la tarde.
Al borde del llanto me dije que por culpa del cura, mi paseo se había arruinado. A las tres todos los escolares estaban al borde la inanición. Los maestros tomaron medidas de emergencia: había que emprender la retirada. Un empleado de correos apareció con una cinta blanca perforada de miles de huequitos en donde decía que el sacristán había pospuesto su viaje para el día siguiente.
Desconsolado, retornaba a mi hogar, cuando con dulzura me acordé de mis chupetes y berenjenas. Hurgué en mi talega y comprobé con desencanto que en los apretujones de la turba, las frutas se reventaron y los chupetes se quebraron por la mitad. Decidido a ser un ateo convicto y confeso, llegué a mi casa y con llanto convulso le conté lo sucedido a mamá. Ella, tomado las cosas con resignación, me dijo:
-¡Qué mala suerte, hijito! Toma- en su mano apareció una moneda de diez centavos- anda al zarco Dolores y que te de una copita de jarabe de piña. No hay nada mejor para la mala suerte.

martes, 3 de abril de 2007

CANTACLARO: El río, los hombres y la energía.

Por Constante Vigil
Celendín
Un reciente estudio realizado por expertos ha determinado que el río Marañón, en el tramo que corresponde a las provincias de Celendín y Chachapoyas, es el más adecuado para la construcción de una gran hidroeléctrica que no tendría precedentes en el territorio peruano.
En esa zona el Marañón ofrece extraordinarias condiciones para generar cantidades de energía que pueden oscilar entre los 500 y 3000 megawats (MW); el triple de lo que actualmente produce la Hidroeléctrica Santiago Antúnez de Mayolo del río Mantaro, cuyo promedio es de 613,8 MW. Esto solucionaría el problema de energía de todo el cono norte de nuestro país y brindaría la posibilidad de exportarla a países limítrofes como Ecuador, Colombia y Brasil.

El río Marañón, abajo, al fondo, visto desde Jelig. La bajada de Limón para los celendinos, el Marañón Canyon para estudiosos extranjeros. Pulse la imágen para verla más grande. (Foto © Jorge A. Chávez Silva, Charro)

El río Marañón tiene en la zona una altitud promedio de 850 msnm y discurre por un cañón estrecho de montañas pétreas de 2000 msnm., lo que lo hace ideal para establecer una presa cuyo salto produciría los montos que los expertos han calculado. Además de ello, no causaría problemas de orden ecológico y significaría más bien una enorme fuente de puestos de trabajo no sólo para los habitantes de la zona.
Un proyecto de este orden tiene las ventajas de tener infraestructura vial -que tendría que mejorarse, por supuesto-, un sólido puente colgante en la zona de Chacanto en Balzas, y la existencia in situ de los materiales necesarios para la construcción como rocas, grava, arena, maderas, etc.
De este modo, Celendín ingresaría en la era del progreso porque el lago que se forme, además de sus posibilidades piscícolas, completaría el circuito turístico hacia las ruinas de Kuélap y Chachapoyas y hacia muchos otros lugares atractivos que abundan en la zona.
Los interesados en construirla serían los organismos, peruanos e internacionales, que buscan sustituir la dependencia de los hidrocarburos -que está produciendo el calentamiento global del planeta, como ha sido planteado en el Protocolo de Kyoto a través de la Convención Marco de la ONU sobre cambios Climáticos (UNFCC)-, quienes podrían recomendar al Banco Mundial que financie esta obra de gran envergadura.
En este empeño tienen que entrar a bregar también el gobierno central de la lejana Lima, los gobiernos regionales de Amazonas y Cajamarca, los gobiernos municipales de la zona (AMM).
Esta es una demostración de que nuestras posibilidades de crecimiento no están precisamente condenadas a sufrir la corrupción o desaparición de aguas por efectos de la lixiviación de las mineras, sino en el trato coherente de las aguas de un río que siempre fue una bendición para todos los pueblos de sus riberas y que solucionaría más bien los problemas que estas empresas han causado en los acuíferos de la zona.
Ya lo dijo un escritor ribereño como Ciro Alegría en su cautivante párrafo inicial de “La Serpiente de Oro”: “Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra tiene una bravura de puma acosado. Con ella en torno, no es cosa de andar al descuido”. El río es nuestro y el puma somos nosotros.
En la foto se puede observar, desde Jelig, el ubérrimo valle de Limón y al fondo, emergiendo del cañón pétreo que divide las cordilleras occidental y central, el Río Marañón.

lunes, 2 de abril de 2007

ESTAMPA: Chitóbal llega a la fiesta

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Entre los deportes que se practican en Celendín hay uno que tiene perfiles propios y muchos cultores. Este deporte es el paracaidismo. No aquél en que uno se tira desde un avión en vuelo, sino el otro, ése que sabemos.

El estilo es el hombre...
En la práctica de este deporte uno se juega la honra y a veces la cabeza. Hace falta una gran dosis de ingenio y desparpajo para no caer en lo vulgar. El que carezca de estos ingredientes, sea hidalgo y espere tranquilo en casa a que la buenaventura o el buen humor de la gente lo invite a una fiesta.
-¿Fiesta? ¿qué fiesta?
Si, amigos. El paracaidismo en Celendín, en la China y en la Cochinchina es el arte de caer en una fiesta a la cual uno, por olvido involuntario del dueño de casa, no ha sido invitado.
La realización de una fiesta, cualquiera sea el motivo: boda, cumpleaños, botaluto, bautizo, landaruto, etc., atrae a una plaga de paracaidistas, que usando diversos métodos y estilos, tratan de participar en la alegría como dé lugar. Para colmo, un paracaidista nunca va solo. Pese a no ser invitado, se da el lujo de ser dispendioso llevando a uno o más amigos.
De este modo la fiesta se ve atiborrada de gente, que se divierte a costa del dueño de casa. Como para toda plaga existe un remedio, también los paracaidistas tienen un antídoto, generalmente un señor maduro, con fama de tener malas pulgas, quien, oficiosamente, se ofrece echar de patitas a la calle a todos los zampones.
-No se preocupe, comadrita, de los paracaidistas me encargo yo- decía don Carlitos Cúneo, golpeándose ufano el pecho.
************
Existen diversas maneras de aterrizar en una fiesta:
Hay algunos vergonzantes que, como gallinazos, llegan a las inmediaciones y husmean el ambiente. Asomando la cabeza por sobre los demás tratan de captar la atención de algún conocido para que lo haga entrar, para mala suerte, éste, que baila con una bella señorita, se hace el inglés.
Fracasada esta estrategia, va directo al abordaje introduciéndose poco a poco, a empujones, hasta que ya está con un pie en el salón y acompaña a la música con sonoras palmadas y hasta entona un –“¡Voy a ella ¡”- ruidoso y así continua hasta que algún compadecido le pasa la botella. Bebe con avidez, luego se aventura a bailar y…¡Ya se coló en la fiesta!
Algunos afortunados tienen lindas primas o hermanas, que de cajón están invitadas y por condición de la celosa madre llegan como chaperones. Otros llegan con los instrumentos de la orquesta, acomodan los atriles de los maestros para después confundirse entre los invitados y aún hay otros, más campechanos, llegan con su botella de licor y asumen que no han sido invitados porque:
-“Al cumpleaños y al velorio no se invita, se llega nomás”
Toda esta ralea de paracaidistas, carecen de estilo y, tarde o temprano, caen bajo el ojo avizor del don Carlitos de turno, quien, palmeándolos el hombro, los interpela:
-¿Su tarjeta de invitación, jovencito?
El interpelado, rojo de humillación, tiene que hacer sentido abandono, mascullando maldiciones contra la tacañez del dueño de casa y la impertinencia de don Carlitos que siempre se metía donde no lo llamaban.
Entre todos, en honor a la verdad, el que se lleva la palma por su estilo pleno de ingenio es nuestro amigo Juan Cristóbal, más conocido como “Chito”, dueño de una clase verdaderamente excepcional.
*************
La gran fiesta celebrada por los setenta abriles de doña Eduviges en que pagaron tributo en masa todos los plumíferos del corral y los roedores del cuyero, estaba en su apogeo. Lindas damas y elegantes caballeros evolucionaban rítmicamente a los sones de la orquesta del maestro César Cruz.
Los paracaidistas que casi llevan a la debacle al baile, fueron literalmente barridos del mapa por la eficacia de Don Carlitos. Los familiares y amigos departían alegremente, los brindis menudeaban y se danzaba al compás de los ritmos de moda: desde el anglosajón rock, hasta las tropicales cumbias, pasando por uno que otro chichazo.
De pronto, abriéndose paso entre los circundantes, aparece en la puerta, algo picado y sonriente, el gran Cristóbal, quién con el aplomo de un tenor, inquiere a voz en cuello:
-¿DONDE ESTÁ MI VIEJA…QUÉ ES DE ESA MI VIEJA?
La tal vieja, la dueña del santo, el pretexto de la farra, extrañamente, estaba arrumada en la cocina como un trasto inservible. Al oírse llamar, se apersona en la sala, llena de sonrojo se adelanta a recibir el cálido y efusivo abrazo de nuestro amigo “Chito”.
-¡AQUÍ ESTA MI VIEJA!- retumba, triunfante, la poderosa voz, y mirando indistintamente a ambos lados, pide:
-¿QUIÉN ME ALCANZA UN VASO PARA BRINDAR CON MI VIEJA?
De inmediato aparecen, como por arte de magia, varias botellas y vasos en sus manos.
-¡A VER, VIEJITA, DIME SALUD! ¡QUE VIVA EL CUMPLEAÑOS, IMBECHILONES!
-¡Qué vivaaaaa!- corean todos con entusiasmo (grandes aplausos)
Llevando del brazo a la anciana, Juan Cristóbal se dirige al maestro de la orquesta, a quien conmina, arrogante:
-¡CRUZ, TÓCAME UNA MARINERA PARA BAILAR CON ESTA MI VIEJA!
El maestro, que había estado afinando sus instrumentos para atacar un ritmo tropical, replicó:
-Un momentito, mi querido Chito… la señorita me ha pedido una cumbia…
Como una tormenta estalla la estentórea voz de Cristóbal:
-¡NADA SEÑOR… NO INTERESA… TÚ ME TOCAS UNA MARINERA Y… P U N T O!
Sin alternativa, el maestro atacó los sones de la “Conch’ e perla” y, en medio de los aplausos del respetable, se ve a nuestro Chito rasqueteando el suelo y blandiendo el pañuelo por arriba y por abajo y …¡dale!...¡echa!... ¡voy a ella, que todavía lo hace!
A continuación vino el huayno y por último el silulo, hasta que por fin, sudoroso y cansado, pero triunfante, nuestro Cristóbal recibe el cariño de los presentes expresado en muchas botellas de cerveza y -¡salú! ¡salú!-, todos brindan con él.
Los dueños de casa lo llaman aparte, lo conducen a la cocina, y le sirven pulido plato de arroz con papa picante y un cuy entero, frito y sonriente encima. ¡Dignísimo homenaje que no ha recibido nadie en la fiesta!
-¡QUE BESTIA, COMIDAZA! ¡REGALAME TU AJI, VIEJITA!- pide con toda confianza, mientras mastica.
Cuando termina con la montaña que le sirvieron, pide un jarro de chicha para matar al ají y luego vuelve a la sala, en donde baila, enamora y se divierte hasta el amanecer. Al despuntar el alba, se reconstruye con un poderoso caldo de cabeza y luego, dos familiares de la santa lo llevan en “guandush” hasta la puerta de su casa.
************
El verdadero termómetro del éxito de un paracaidista se mide en los comentarios del día siguiente en que todos los familiares, durante el desayuno-almuerzo, comentan:
-¿Vieron al sinvergüenza del hijo de don Termópilo?, por más que lo botaban, no quería salir el muy conchudo.
En cambio para el estilista Cristóbal:
-¡Qué simpático el joven Cristóbal, hasta lo hizo bailar a la vieja, lo que ni sus hijos se acordaron, carajo! ¿QUIEN SE OLVIDO DE INVITARLO A LA FIESTA?
*********

domingo, 1 de abril de 2007

DOCUMENTO: El drama celendino

Por considerarlo de actualidad, pese a haberse escrito en 1962, publicamos este desgarrador artículo del gran artista celendino Alfredo Rocha Zegarra en el que da cuenta de la formación del la COOPERATIVA DE PRODUCCION CELENDIN, destinada a solucionar las desventuras de la mujer celendina.
Nosotros, particularmente, creemos en la impronta que nos dejó nuestro “Loco” Alfredo y continuaremos publicando algunos artículos que hemos rescatado, porque sus verdades, por tremendas, nos deben llevar a la acción y al cuidado indesmayable de nuestro pueblo y de su gente. LA REDACCION.

El drama celendino

Por Alfredo Rocha Zegarra
Esta es una tejedora celendina, doblada en incómoda posición al manufacturar diariamente el sombrero de paja toquilla. Este es el drama que el Perú entero desconoce y que tú, celendino alimeñado, olvidas con mucha frecuencia.

Tejedora celendina, de Alfredo Rocha Zegarra (óleo sobre cartón)

Esta humilde obrera tiene que trabajar día y noche un promedio de CIEN HORAS, para ganar al fin de semana treinta soles. Dividiendo esta suma entre el número de horas de trabajo de la obrera celendina sale un promedio de treinta centavos de ganancia por hora de trabajo.
El negociante celendino de sombreros, sórdido como todo comerciante, gana hasta trescientos por ciento al vender el sombrero en sus viajes a otras regiones del Perú. Hay, pues, una infame explotación que debería avergonzarnos a todos los celendinos de la inconciencia de los traficantes del sudor y lágrimas del pobre.
Por tal razón, el 9 de agosto, las tejedoras se reunieron en la casa del jirón Unión 105, con el fin de defenderse organizando un sindicato que ahora tendrá que convertirse en la COOPERATIVA DE PRODUCTOS “CELENDIN”, la misma que tratará de establecer un local en la ciudad de Lima y posteriormente en el Cuzco a fin de vender en forma directa el producto del sombrero celendino del Perú. Mira el cuadro y mueve a tu conciencia y apresúrate a conseguir tal local y ayuda a esta pobre víctima Tú, en Lima, seguramente ganas cien veces más que esta humilde mujer de tu pueblo. El local de Lima venderá tanto en Lima como buscará el argumento de vender al turista que en gran número pasea por la ciudad de Lima.
Se realizarán cursillos de capacitación artística sobre diseño y nueva formas, para mejorar el sombrero, los pintados y menesteres decorativos. No olvides lo que decía Honorato de Balzac: “Donde está una miseria están todas las demás”. Es así que en la pobreza prosperan las enfermedades, porque se come mal y prolifera la corrupción y las malas costumbres. Defendamos nuestro pueblo abandonado por tu limeño centralismo. ¿Qué puede hacer una mujer contra la explotación, cuando esta explotación la organiza su mismo paisano?
Esperamos de tu cultura y buen corazón que al conmoverte, mires la urgencia de socorrer a nuestra gente. Hasta el momento sólo te has preocupado de adornar iglesias, de hacer el ornato de la ciudad, pero no has querido hacer nada por aliviar tanta cuajada miseria de tu pueblo luminoso y bello. No olvides que las iglesias y el ornato pueden esperar, pero el real y crepitante problema de la miseria de nuestro pueblo no puede esperar. Superemos nuestros distanciamientos políticos, reunámonos siempre a planear la forma efectiva de superar tanta angustia y dolor.

CANTACLARO: "Ladran Sancho..."

Por Constante Vigil
Celendín
Gracias al convenio celebrado entre el alcalde Juan de Dios Tello y el presidente de “Sierra Exportadora” ingeniero Gastón Benza Pflucker, el producto de mil tragedias, el sombrero de paja toquilla, por fin tendrá un mercado establecido en Europa y Estados Unidos. Lo bueno del asunto es que los productores tendrán ocasión de tratar directamente con los empresarios, eliminando a los intermediarios que, con más sentido de grupo, siempre impusieron precios y establecieron los altibajos de la oferta y la demanda en desmedro de las tejedoras que fueron explotadas durante toda una vida.
Ha llegado la hora de unirse, de organizarse, de empadronar a las artesanas para unificar criterios de producción y hacer del sombrero un producto de óptima calidad, de personalizar las diversas tareas que deben hacerse para lograr un excelente producto terminado. Sabemos que no sólo es el hecho de tejerlo, hay que rematarlo, enfrenarlo, blanquearlo, engomarlo, etc.
Es importante también conseguir diseñadores que mejoren la apariencia del sombrero. Para el que esto escribe ha sido grato estar en el carnaval de la Asociación Celendina de Lima y en medio de la alegría de la fiesta, ver a muchos paisanos luciendo con orgullo hermosos sombreros de última moda. Debemos tender a eso, a mantenernos en la vanguardia de la moda.
De actuar todos como un solo ente productor y administrador, el costo de los insumos va a disminuir sensiblemente en beneficio de nuestras tejedoras y lógicamente, las ganancias deben redundar en beneficio de todas. Por fin los anhelos de nuestro gran artista Alfredo Rocha se vislumbran como una hermosa realidad que rescate a las eternas víctimas de la postración que sufrieron a lo largo de casi toda la historia de nuestro pueblo.
Otro tanto sucederá con nuestro socorrido chocolate, aquel que en su espuma dibujaba mil arco iris con los declinantes rayos del sol que moría en la colina de San Isidro, aquel bálsamo de las cinco de la tarde, acompañado de su queso y los increíbles bizcochos en una trilogía que fue característica plena de los celendinos.
Los productores y artesanos del chocolate organizados e incentivados por PRODELICA (Proyecto de Desarrollo de La Libertad y Cajamarca) y por la AMM (Asociación de Municipalidades del Marañón) y la Unión Europea, tendrían que explotar las innumeras posibilidades que ofrece el chocolate y configurar un producto de bandera que signifique oportunidades de trabajo para muchos sin contaminar el medio ambiente.
“No sólo de pan vive el hombre” aleccionó Jesús y aplicándolo a nuestro pueblo parafrasearemos que no sólo el oro reluce en Celendín, ni son las mineras las que nos van a sacar del atraso. Existen otros medios más confiables.