lunes, 2 de marzo de 2009

FOLKLOR: ¡Carnaval, Carnaval!

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Indudablemente, el carnaval, como las danzas de Corpus Christi, las corridas de toros, las humitas, el cuy con papa picante y otras dulzuras son costumbres arraigadas en nuestra gente y constituyen parte del folclor shilico. Estilizarlas y darles una dirección turística es tarea de intelectuales y autoridades.
Pero el carnaval de antaño, ese del “Amor de Pierrot” y “Amor de Colombina”, de los romances a través de los mensajes de las serpentinas, de las bellas con antifaz, de las fiestas señoriales en las casas de familia, de las patotas marchando por las calles acompañando con aplausos y silbidos a la guitarra y al acordeón que encabezaban el desfile, ese de las unshas, de las cuadrillas y banderas, de la chicha retumbada y de los talcos perfumados, ese, no existe más.

Carnavaleros de antaño, donde hasta el curita participaba de la jarana. Foto cortesía del Dr. Manuel Silva Rabanal.

Otros cauces han teñido de populismo al carnaval de hoy, de las antiguas costumbres sólo persisten las unshas y banderas en torno a las cuales todo el mundo baila confundido en uno. Pero existe una actitud positiva: Los corsos de belleza organizados por la municipalidad en los cuales cada barrio da rienda suelta a su creatividad, logrando hermosos desfiles, llenos de alegría y colorido. La muchachada y hasta las personas mayores acompañan a la comparsa de su barrio y participan activamente en la construcción de su carro alegórico que será presidido por la reina del barrio, indudablemente la chica más bella del vecindario.

"La Patota", óleo de "Charro"

Y esta actitud de belleza y colorido no solamente sucede en Celendín, sino también en los distritos de Sucre y José Gálvez, pueblos carnavaleros por excelencia, que exhibieron coloridos desfiles que rivalizaron con el de la capital de la provincia, superándolo incluso en algunas actitudes.
Faltan algunos detalles que seguramente se pulirán con el tiempo: el más importante, la falta de identidad con nuestro folclor, y esta es una crítica constructiva: El día de la coronación de la reina de carnaval, uno de nuestros más connotados cantantes, en lugar de cantar con orgullo el carnavalito celendino, llegó vestido de mariachi a cantar las melosas canciones de Vicente Fernández. ¿Qué húbole, mi cuate?

Entre la admiración que despierta la bella, un "machazo", cobarde y embozado, se apresta a arrojarle un globazo.

Hemos visto con recelo el desparpajo de los organizadores del carnaval de Cajamarca para apropiarse de las manifestaciones artísticas de las otras provincias en pos de mantener su dudoso título de “Capital del Carnaval Peruano” -todos los que algo conocemos del Perú somos concientes que el mejor carnaval, por su creatividad, variedad y autenticidad, es el de Puno- y para salirse del sonsonete de sus trilladas coplas han echado mano a las creaciones de otros artistas, en nuestro caso, se han apropiado de la tonada “Celendín, Celendín, tierra de mi carnaval, donde Dios puso la mano, el trabajo y la honradez”, reemplazando a la palabra “Celendín” por “Cajamarca”. Lo mismo han hecho con nuestro Silulo al que han rebautizado como “Carnaval de Cajamarca”
Todo es válido para estos señores, con tal de aprovechar la largueza que en estos casos hace gala Minera Yanacocha para que exhiban su logo como marquesinas titilantes en los eventos que concitaron la atención de las cámaras. Hasta hubo un policía que, lejos de estar cuidando el orden y defendiendo a los turistas de la plaga de rateros que se había cernido sobre la ciudad, estuvo de chambelán con gesto adusto que no concordaba con la belleza de las reinas de los barrios cajamarquinos.
Viendo los tres corsos del carnaval celendino, me pregunto ¿Qué pasaría si los tres pueblos se unieran y luego de hacer su desfile en su propio pueblo se juntaran para competir en uno, grandioso, en la capital de la provincia? ¿Cómo quedaría Cajamarca y su patrocinio de Minera Yanacocha?

La reina en el esplendor de su belleza.

Para ello tenemos que estar preparados, educar a nuestra juventud y niñez que se portaron como vándalos –salvo en Sucre en donde la barbarie no pasó- tirando globos a diestra y siniestra, incluso a nuestras reinas de belleza que son la nota más brillante del carnaval, su belleza nos reconforta, nos alegra y son un regalo para los ojos. Por eso nos extraña que existan jóvenes salvajes y encima cobardes que las dañen con globos, que con la fuerza que traen son una cachetada de agua. Me pregunto ¿serán los de la tercera opción, o aspirantes frustrados al amor de estas bellezas? Así no es.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

MUY MAL. No han puesto el nombre ni la dirección ni el telefono de la reina. Cómo pue...

Anónimo dijo...

Ñañau piernazas... Como se llama por favorcito pa escribirle una carta de amor.