jueves, 14 de mayo de 2009

CANTACLARO: Las diatribas no nos silenciarán

Por Constante Vigil
Celendín
Contestando a la ensalada de diatribas e insultos contra mi persona que ha urdido trabajosamente Ulises Linares C. -autonominado presidente de MICelendín, representante del INC, filial Cajamarca, en Celendín, y pretendido adalid de la defensa de la integridad de Celendín-, me veo obligado a hacer las precisiones pertinentes. Algunos amigos en la asociación Celendín Pueblo Mágico, y en particular el profesor Jorge Chávez S., piensan que no vale la pena responder a críticas de tan bajo nivel. Yo he pedido que se me deje ejercer mi derecho a la replica y aquí está mi respuesta.
En una democracia, aun precaria como la nuestra, los roles de los ciudadanos están definidos. A nosotros, para quebranto de muchos, nos toca informar a la gente de los desatinos, desvaríos y corruptelas de los funcionarios a quienes el pueblo ha elegido dentro de un sistema que, como lo dijimos oportunamente, tiene la grosera falla de permitir que unos cuantos inmorales venidos de cualquier parte, enriquecidos sabe el diablo cómo, sean los que rijan los destinos de nuestro pueblo. Para eso está la prensa, señor Linares. Ése es nuestro papel, nuestra contribución en pro de Celendín, sin cabriolas, ni aspavientos y pese a quién le pese, como ya le dije en mi artículo inspirado en el Cañoncito, que tanto le ha molestado.
Desde que nacimos como la prensa libre de Celendín, nuestras críticas van contra los que mienten, contra los que atentan contra la integridad del pueblo, contra los corruptos, contra los que se enriquecen de manera sospechosa y, en general, contra todo aquel que medre a costillas del pueblo. Esta es nuestra lucha y nuestro empeño. No nos mueve la “ambicia”, como dice Linares, sino un profundo amor por la tierra que nos vio nacer, sentimiento que nos inculcaron nuestros padres como única heredad de los verdaderos celendinos.
Lamentablemente no nos batimos contra caballeros de otro tiempo. Los tipos a quienes criticamos son gente de mala entraña, capaces de recurrir al crimen para callarnos, como lo saben en carne propia los familiares de Edmundo Becerra y de Isidro Llanos, a quienes los mercenarios de Yanacocha asesinaron. Por eso, por elemental sentido de seguridad, recurrimos al seudónimo, como legítimamente lo hicieron prohombres de la historia del Perú.
Sin embargo, jamás estaremos en la actitud de tirar la piedra y esconder la mano, como pretende hacer creer Linares en sus pataleos. Eso significaría recurrir a la diatriba, a la difamación, al insulto, a la grosería y a la calumnia, lo que no es nuestro estilo. Nuestras denuncias y críticas son serias, tienen sustento real y respondemos a la necesidad de información del pueblo, de su derecho a conocer lo que se pretende esconder, de crear conciencia para que no sea engañada miserablemente nuestra gente y para que los celendinos puedan hacer uso consciente de sus derechos ciudadanos.
Linares condena los seudónimos como si fuera malas artes, en un medio en que los poderosos hacen daño y matan, como ya lo han demostrado una y otra vez. Linares, que ya militó bajo las banderas de la Newmont Minning Co. como un mercenario más, sabe perfectamente de los alias que utiliza esta empresa originaria del Imperio del Norte para esconder su siniestra reputación en el mundo empresarial. En Cajamarca se llama Yanacocha, en Celendín apela al nombre de Minas Conga, y escogerá otro alias si va con su cuento a cualquier lugar del mundo. Si ellos, con su prepotencia y riqueza, usan alias para hacer el mal, ¿por qué nosotros no vamos a usar seudónimos para hacer el bien?
Criticamos a Linares por su papel inocuo en la defensa de Celendín. Lo hemos visto paseando por las calles de la ciudad, como uno más de los tantos testigos pasivos que asisten a la galopante destrucción de Celendín, sobre todo en el casco histórico, según el informe elaborado por el equipo que diseñó el catastro histórico intangible de la ciudad. Y cuando decimos esto de nuestro crítica, no estamos solos, no somos los únicos que pensamos de este modo. En mi condición de maestro, pese a que trabajo fuera de Celendín, estoy en la ciudad los fines de semana y converso con profesionales e intelectuales -por señalar un caso, con el profesor Sánchez Aliaga, a quien Linares alude tangencialmente en su papel-, quienes coinciden con nuestro modo de pensar… ¿Qué quiere Linares? ¿Que callemos ante la ineptitud del alcalde Tello, ante el doble juego del regidor Jáuregui Barboza, encargado de ese rubro en la Municipalidad? No, pues.
Cuando Linares recogió la palma de nuestras denuncias, nos alegramos, como muchos celendinos y amigos de Celendín que expresaron a través de nuestras páginas su adhesión a tan noble causa y propósito, pero cuando empezó a desbordar hacia otros asuntos, no acordes con el propósito principal de nuestra lucha, fuimos los primeros en advertirlo, porque nada es más sabio que el viejo dicho “El que mucho abarca poco aprieta”.
Linares expresa en su defensa, que ha ido a conversar con el nuevo rico Cruz Atalaya, quien le ha respondido de mal talante y le ha dicho que él no es nadie para oponerse al “progreso” de Celendín, ni para meterse en asuntos de propiedad privada. Esta respuesta evidencia la ignorancia de este taguanero (con perdón de la linda tierra de Taguán, que no tiene culpa que engendros de esta naturaleza hayan nacido allí). Pero observamos que hay algo en común entre Linares y Cruz Atalaya: éste entiende como modernidad hacer huachafas, monstruosas, interpretaciones de Gropius y destruye, atiborrando de cemento y ladrillos, la fisonomía original y única de nuestro pueblo. Linares, por su lado, cree que el progreso de Celendín sólo será posible cuando Minas Conga se lance a la destrucción de toda la provincia.
Linares arguye que se sacrificó al aceptar trabajar en Celendín, porque la Municipalidad de Magdalena le pagaba más. No nos extraña la irresponsabilidad de una Municipalidad como la de ese distrito cajamarquino, que dilapida el dinero público contratando a gente como Linares y no se preocupa por la salud de los contaminados por el mercurio que dejó Yanacocha.
En cuanto a que Linares sea mal escritor, no somos culpables de su gramática más que parda, oscura, de que no haya aprovechado las enseñanzas de sus dignos maestros, que en su Alma Máter, en el Coronel Cortegana, se esforzaron seguramente por darle luces. El alumno no aprovechó sus lecciones, pero en un momento hasta fungía de maestro universitario. Cosas veredes, Sancho. Que esto no nos impida darle un consejo: un catedrático, un comunicador social, un gerente de Recursos Humanos tiene la obligación impostergable de expresarse bien, oralmente y por escrito. Así que a leer, a quemarse las pestañas, que hay mucho que mejorar en ambos terrenos. Esto es esencial. Si no, para qué pretenderse lo que no se es y menos intentar brillar en polémicas.

1 comentario:

Ishico dijo...

Buena maestro, mas claro no canta un gallo.