miércoles, 6 de mayo de 2009

FESTIVIDAD: Sucre, Crónica de la Fiesta

Olindo Aliaga, prolífico escritor sucrense, es autor de libros como “Personajes en la historia de Sucre”, al alimón con Gutemberg Aliaga, de artículos de crítica y de cuentos que rescatan nuestras manifestaciones culturales. La cadena de CPM, cumpliendo con su vocación integradora, se complace en dar la bienvenida a este hermano sucrense cuyas crónicas engalanarán nuestras páginas (NdlR).

Por Olindo Glorioso Aliaga
Sucre
Los sucrenses están inmersos en la fiesta en honor a su patrono: San Isidro Labrador; fiesta cuyos orígenes se remontan a los tiempos de la colonia y que fue introducida por las misiones jesuitas, fieles cooperantes del español conquistador.
La festividad está integrada por dos componentes: la parte religiosa y la “taurina”, ambas con visibles dosis de paganismo, como suelen ser las fiestas. La primera comienza con los novenarios acompañados de juegos artificiales y quema de cohetes. La segunda parte consiste en la corrida de toros, en la que se lidian hasta 12 toros de casta.
Los honores al santo agricultor se celebran en el mes de mayo. Antaño empezaba el día 4 con la consagrada “Bajada del Patrón” y terminaba el 21 de mayo con el último estertor mortal del toro bravo, producido por la certera estocada del torero.
No siempre la fiesta religiosa y la taurina fueron eslabones inseparables, pues la segunda se realizaba dejando espacios de 2 a 3 años.
Actualmente la fiesta ha experimentado cambios que han trastocado patrones tradicionales: ejemplo, la supresión de las pallas y la adoración de la imagen. En contraste han sobresalido desde 1987 las novenas que le tributan los barrios viejos de La Toma, Centro y Minupampa.- Los gastos son cubiertos por los vecinos, quienes también aportan su trabajo a fin de ganar un halago que en realidad conduce a una competencia, que en lugar de integrar, termina distanciando más a los barrios.
El sustrato de la fiesta religiosa lo constituyen: La novena del día 12, las vísperas de los días 13 y 14 y el albazo ofrecido por los mayordomos del alba y el día respectivamente. En la actualidad el Comité denominado “Mayordomía Alba y Día” es el ente organizador que se encarga de canalizar el aporte de los mayordomos. La idea de sumar 21 días de novena a la fiesta Patronal fue del alcalde de esa época y ha traído como consecuencia que la feria se extienda desde abril a mayo.
Durante las vísperas el pueblo está abarrotado de visitantes, la Plaza de Armas es un hormiguero de gente, los niños corren incautos detrás de un paracaídas, las vivanderas y mercaderes no se dan abasto, mientras que, estratégicamente, se ubican varios vendedores del “calientito” (otra innovación) que el público consume para paliar el frío que a esa hora es punzante. En la iglesia no cesa el trajinar de los feligreses y afuera el ajetreo de los pirotécnicos. Cohetes de sonido y de luces colman el aire y pintan de colores el cielo.
Son las primeras horas del día 15, la ciudad somnolienta ha despertado con el estruendo de eslabonados petardos pirotécnicos.- Los que acuden a misa del alba toman un caldo de menudencia, una taza de café negro y una hogaza de pan para restablecerse y asistir a los oficios.


Procesión de "Tayta Ishico".

El día Central la imagen del patrón es sacada en procesión por los fieles que estrenan sus mejores trajes, se apretujan, empujan y disputan el honor de cargar el anda, siendo los momentos más disputados cuando el santo sale e ingresa a su templo. El paso de la procesión de SIL por las calles de Sucre infunde respeto y recogimiento emocionado en la ciudad. El ciudadano común y corriente se inclina o se quita el sombrero a su aparición; las autoridades le rinden pleitesía con grandilocuentes discursos.En varias esquinas del pueblo se levantas altares y en las calles los fieles elaboran alfombras con pétalos de flores que el recorrido místico las destruirá al pasar.
La procesión es el punto culminante de la expresión de fe de los sucrenses que por miríadas se dan cita en este acontecimiento religioso.Asisten a la procesión los visitantes, algunos portando gigantes cirios adornados con artísticos motivos; gente del pueblo, campesinos, hombres y mujeres.- De lo más diverso es la masa de creyentes que acompañan al santo durante su paso procesional que dura más o menos 3 horas.
En el día Central hay reuniones familiares para el almuerzo, en que se sirve el tradicional picante con cuy. Antiguamente, los mayordomos que eran clanes de familia, invitaban “las mesadas” que por su variedad eran verdaderos banquetes; ahora, el Comité ofrece un ligero almuerzo popular, de un solo plato que no tiene, indudablemente, los sabrosos ingredientes de antaño.


Corrida de toros en el Sucre de antaño.

Concluidos los faustos religiosos, comienzan los arreos para la feria taurina.
El escenario de la corrida es la plaza de acho, ubicada a 1 kilómetro de la ciudad, el pensamiento de la gente está pendiente de la fiesta brava que dura 3 días.- Cada tarde se lidian 3 o 4 toros.- El coso taurino, otrora levantado con el esfuerzo de los pobladores inclusive de los caseríos, ahora ha sufrido cambios propiciados por el mercantilismo que ha obviado la acción comunal.
Las innovaciones se imponen al pueblo. No son consultadas, ni realizadas con el pueblo creyente, no consolidan la fe y están, por el contrario, convirtiendo a la fiesta en una mercancía, en donde gana la gente de poder. En la antigüedad, el coso era armado por todos los ciudadanos en una fiesta que se denominaba “cierre de barrera”, en cada sitio se erguían dos pisos para los espectadores.
Los palcos planos fueron sustituidos por graderías en los años 60, dejándose de lado la participación ciudadana. El año 1985 se construyó un anillo retirado de las graderías formándose el callejón taurino, artífices de esta innovación fueron los paisanos del MUS, con sede en Lima.
Por las noches, después de la Corrida, había alegres retretas, el pueblo en masa acudía para bailar y beber chicha. Al término de la fiesta el pueblo vuelve a su cotidianeidad y marasmo. Los visitantes retornan a sus lugares de residencia, con la promesa de volver al año siguiente. Algunos con el compromiso de pasar la mayordomía y todos contentos por haber recibido un baño mirífico de alegría, fuerza y fe en las fiestas.


Cartel actual de la feria de Sucre

La iglesia, depositaria del remanente de la fiesta, nombra a los integrantes del Comité que organizará la fiesta el próximo año. Así termina la tradicional feria en honor a “San Isidro Labrador”, “Taita Ishico”, que a través del tiempo ha perdido valores primigenios por la acción “innovadora” de los integrantes de los comités que actúan como quieren y no como deben, olvidando que tanto la fiesta Patronal, como otras festividades populares, son la impronta histórica de nuestra identidad.


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