lunes, 4 de mayo de 2009

RADIO: Libertad de antena

Por Franz Sánchez
Celendín
Cuando escuchamos hablar de libertad de prensa, imaginamos a gobiernos que censuran a periodistas o programas de opinión; y luego, como quién no quiere la cosa, pensamos también en aquellos mártires de la prensa que se “inmolaron” por la libertad de expresión. Conversando con un amigo profesor, ex congresista, el Dr. Dennis Vargas Marín me dejaba entender su apreciación sobre el tema. Él calificaba de vergonzoso el hecho de que el artículo 2º, inciso 4 de la Constitución de la República, hable sobre la libre opinión, expresión y difusión del pensamiento, dado que son facultades que asisten a todo ser humano desde su nacimiento sin que sea necesaria la aprobación de ningún tipo de legislación.
A pesar de todo, suponemos vivir en un país democrático donde la libre expresión está garantizada y amparada por el estado. Pero hay un tipo de censura de la que nadie habla, mucho menos escribe, ni denuncia, ni nada. Una censura silenciosa y mecanizada, una censura que no solo afecta al comunicador y sus receptores, sino también al medio de comunicación, en general nos afecta a todos. Hablo acerca de la administración de las frecuencias de radio y televisión. Hace una semana atrás, Celendín enmudeció y quedó sorda por una prolongada semana; a las radioemisoras y estaciones de televisión les apagaron su señal. Adicionalmente, las desaforadas lluvias causaron estragos en las carreteras, como resultado la ciudad quedó completamente aislada del resto del país y del mundo, cual si fuera una isla diminuta, al sur de América. Pero el apagón de medios, no fue producto de algún fenómeno climatológico, sino resultado de uno de los incontables y prepotentes operativos del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Sí, aquellos representantes de la cartera más criticada del país, a causa de su inoperancia en cuanto a reducir el dantesco número de muertos regados en las sangrientas carreteras peruanas. Sí ellos mismos eran, ni más ni menos. Pero para lo que verdaderamente sirven y son unos maestros, es para arrebatar los equipos de transmisión a pequeñas y jóvenes radios… ¡Miserables!

En el cielo del Edén, para los celendinos, las ondas no sirven al pueblo, salvo excepciones. Foto "Charro".

Pero…, un momento, y cómo se entregan las señales de radio y televisión, acaso se rifan o sortean… ¡Fácil! Quién da más, quién da menos. Sí, se subastan.
Las frecuencias de radio atraviesan nuestro espacio aéreo, a ese espacio por donde viajan las ondas electromagnéticas, se le llama espectro, del que somos dueños todos nosotros, en otras palabras y mejor dicho; los peruanos somos dueños de nuestro cielo, ésta frase cobra realmente colosales dimensiones, cuando decimos: Los shilicos todos, somos dueños de nuestro propio cielo, si es que no suena a falsa modestia. El estado es simplemente un administrador, encargado de repartir las frecuencias tanto para radio como para televisión. Pero cuando algo cae en manos del estado, surgen los inconvenientes. Comparemos: El conocido Grupo RPP, está conformado por emisoras como: Radio Felicidad, Studio 92, La Mega, Corazón FM, RPP Noticias y Radio Capital, esta última concedida de una manera ágil e inmediata; pero cuando una comunidad campesina se agrupa y organiza para formar una pequeña radio rural, que es vital para enviar mensajes o comunicados en las agrestes zonas donde viven, se les pide infinidad de documentación, a veces de los mismos equipos con los que pretenden laborar a pesar de ser caseros, además de pagar enormes impuestos, pagos y sobre pagos. Pero existe un requisito con el que no pueden lidiar ¡Los padrinos...! ¿Padrinos? Sí, en vulgar castellano, lo que se conoce como “Vara”. Claro, esto no ocurre con las gigantes corporaciones radiales.
En México, el grupo Televisa concentra más del 70% de medios radiales, televisivos y escritos. Un verdadero monopolio.
Lo que, hondamente me exacerba e indigna, es la forma como proceden a la incautación de equipos de transmisión a sencillas radios de cabinas improvisadas. Ingresan resguardados por un fuerte escuadrón policial, como si estuvieran tras los pasos de “los injertos” o “norteños”. Los fiscales dan el visto bueno, mientras los hidalgos comunicadores, nobles en su tarea, prosiguen con sus labores; son sorprendidos con las masas en la mano, mejor dicho en la boca en pleno acto delictivo (locutando) o emitiendo alguna opinión ¡Que barbarie! ¡Condenable...! Luego proceden a decomisar el arsenal de armas y municiones: la consola de sonido (cuidado, puede estallar), el micrófono (sumamente peligroso, apáguenlo), el transmisor de frecuencias (este es el más letal), la computadora, discos, casettes, cables, pedestales... ¿Y estos? ¡No interesa! Continúa saqueando…
El atropello es devastador, uno se pregunta: ¿Acaso luzco como el negro canebo o momón?
En Celendín ocurrió lo relatado hace muy pocos días. Alguna vez, un par de años atrás, también fui arrebatado de un pequeño transmisor de apenas 50 vatios de potencia, con el que había iniciado en el fantástico mundo radiofónico, que hoy me permite escribir y con el que me había encariñado hasta los huesos; además por el que tuve que viajar dos días para recuperarlo. Llegué al almacén donde reposaban los destartalados equipos incautados, una especie de cementerio de transmisores radiales. El polvo y el olor a defunción merodeaban el ambiente, los cables tendidos, enmarañados y pelados daban escalofríos y pavor. ¡Era un deshuesadero de transistores! Me recibió un fanfarrón encargado del MTC; ya estaba pagada la multa y tan solo esperaba por mis equipos transmisores. El sujeto, un tipo desagradable con la cara corrupta que lo delataba, de esas que no se quitan ni con botox, ni láser. Me pidió susurrando “cien manguitos” para entregarme además del mío, otro transmisor arrebatado, a quién sabe. Tan solo imaginarme el negocio, me dio asco y repugnancia… Salí.
Pero, qué cosas se esconden detrás de este último cierre forzado de medios, en Celendín. Una radioemisora muy conocida en la provincia, que estuvo más de 6 años en la clandestinidad y que hoy se proclama una “emisora legal”, término que por cierto me causa gracia, reclama sus “derechos” con el pomposo rótulo de legal, mientras que apaga su señal voluntariamente y denuncia ante el ministerio a pequeñas emisoras que por su sencillez, callan por siempre.
Lo triste es que, se supone, los medios de comunicación deberían ser hermanos, más aún teniendo en cuenta nuestra condición de paisanos, que es equivalente.
Este artículo, siempre quise escribirlo, desde esa desgastada carpeta de colegio y por fin hoy pude culminar. Pero con lo que hoy sueño, es que el mensaje vertido en este texto llegue a mi pueblo sin la menor interferencia y bien sintonizado. Desde aquí honestamente exhorto a la hermandad de radios y televisoras, que el enemigo en común está al acecho, esperando el menor síntoma de divisionismo para actuar…
Además sugiero a los sacrificados representantes del MTC, quienes sufridamente viajan a provincias, que en lugar de agotar esfuerzos arrebatando a indigentes discapacitados, muchos de ellos invidentes, sus equipos ornamentales de comunicación. Se dediquen a verificar si las estaciones que cuentan con licencia de radiodifusión, respetan o no, las normas de transmisión que se comprometieron a cumplir dada su condición de legales.
Estamos hoy a 3 de mayo, día mundial de la libre expresión, por qué entonces no pedir con las mismas fuerzas, para el Perú:
¡LIBERTAD DE ANTENA!

3 comentarios:

Rafa dijo...

Más claro ni el agua..

Vargas Cachay dijo...

Las radios de Celendín deberían utilizar la mina de oro que representa para ellas las páginas de Celendín Pueblo Mágico. Ya es hora de utilizar la radio para rescatar la cultura de nuestro pueblo. Por el momento, la cultura de Celendín, como la del resto del país, anda hasta las patas...

ULISES dijo...

Tienen razón los lectores. Mejor todavía, CPM debería tener su propia radio, pero quiénes están dispuestos a comprometerse en el pueblo con un aventura de esta naturaleza. No hemos aprendido todavía que la audacia colectiva trasciende la individual y hace la Historia.