sábado, 13 de junio de 2009

OPINION: Entre burros y cobardes

Por Crispín Piritaño
Celendín
Un amigo me ha contado que uno de sus tantos periplos literarios por el continente coincidió con una cumbre de presidentes celebrada en Punta del Este, Uruguay, entre quienes estaban Fidel Castro y Alan García en su primer gobierno. Era la época en que los muros de Buenos Aires aparecían letreros con la frase “Dios mío, danos un presidente como Alan García”.
Parece que esto último había dado a Crazy Horse ínfulas de nuevo líder continental. Desde el umbral de la izquierda había roto esquemas con el Fondo Monetario y otras entidades representativas del capitalismo mundial. Durante una pausa en el salón donde se desarrollaba el certamen, Fidel había olvidado su característica polaca cuasi militar en uno de los sillones. Crazy, un poco en broma, se la puso y estrenó el caminar de pavo orondo que ahora es su sello. El mandatario cubano no pudo dejar de sonreír al verlo vestido con su chaqueta:
-Te queda grande, pese a tu tamaño- dijo.
La frase fue premonitoria y a la postre rubricó la imagen de un pésimo gobierno que nos dejó como saldo muertos y masacres en varios lugares del país y una devaluación jamás vista en la historia del Perú, ni siquiera en los aciagos años que siguieron a la guerra con Chile. Con el triunfo del malhadado Fujimori en las elecciones de 1990, Crazy, fingiéndose perseguido político, se refugió "cobardemente" -en términos de la ministra Mercedes Cabanillas- en la embajada colombiana, acaso recordando que, en los años 30, el fundador del partido lo hizo también, “cobardemente” –en términos de la misma señora-, en la misma legación, escapando de la persecución de los mastines de Sánchez Cerro.

La ministra que no sabe, no opina, no asume, no dice nada cierto, en el caso de Bagua.

La ministra Cabanillas ha tildado de “cobarde” al líder indígena Alberto Pizango, por asilarse en la embajada de Nicaragua y la prensa oficialista (Expreso, Correo, La Razón) ha empezado a denostar al embajador Tomás Borge y al mismo Daniel Ortega, acusándolos de los mismos crímenes que comete García. Si para la ministra de Interior es cobarde quien pide asilo para salvar su vida, lo fueron también Haya de la Torre, Alan García y el venezolano Manuel Rosales acusado de saquear el estado de Zulia al más puro estilo de Fujirata, a quien el gobierno aprista ha brindado asilo. Pero esta señora, ¿piensa lo que dice? O, a secas, ¿piensa?
Los aciagos sucesos de Bagua nos llevan a pensar que en el cerebro de la ministra más bien reinan el vacío y las tinieblas, pero de balances y responsabilidades nos hablará la historia, así que dejémoslo por hoy. Consolémonos pensando que Fujimori parecía haber escapado a la justicia y, ya lo ven, hoy purga pena por sus crímenes. Otros lo seguirán.
En 2005, el pueblo peruano, amnésico como es, le dio otra oportunidad a un Crazy Horse reencauchado, con la apariencia adiposa y fofa de burgués, para ver si esta vez, con la experiencia anterior hacia algo bueno. Vana esperanza, alineado a la derecha de la derecha, lo menos que se puede decir es que ha reprobado todas las materias para ser un buen presidente, en particular en relaciones respetuosas y humanas con los peruanos. En cuanto a la economía, ni hablar. A Crazy los peruanos de nuevo lo van a "jalar" en tanto que presidente, ya que, según la filosofía aprista, tras haber sido "cobarde", ahora se devaluará en la escala zoológica, de caballo a burro.
La crisis de inteligencia que lo afecta no es casual, habla de la ausencia de cuadros con capacidad en las filas del partido aprista, lo que lleva a García a reclutar gente entre los tránsfugas de Unidad Nacional, como Flores Araoz y Rey Rey, y a un Yehude Simon, disidente de izquierda, que en lugar de ser una solución, han empeorado el panorama por seguir la línea de intransigencia impuesta por García. Por como todo esto no basta, el orondo presidente improvisa a gente de su partido en cargos para los cuales no están preparados. Es así que tenemos el caso patético de la ministra del Interior, doña Mercedes Cabanillas, que tras la matanza no sabe, no entiende, no asume, ni nada. La doña es, sin duda, otra de las bromas crueles que Crazy hace a los peruanos, en venganza por haber creído en él y por haberlo elegido. Sólo un loco puede creer que para desempeñar la cartera del Interior no se requiere inteligencia, que sólo basta con tener un rostro fiero y airado, de policía angustiado antes de fin de mes.

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