miércoles, 28 de octubre de 2009

CARTAS: Dos shilicos se escriben

Interesante y ejemplar intercambio de mensajes en la red social Facebook entre un miembro de la asociacion Celendín Pueblo Mágico y le profesor universitario Frans van den Broek, hijo de celendinos, que ensena actualmente en una universidad de Holanda.

Celendín Pueblo Mágico, 28 de octubre a las 1:07

Estimado Frans:
Nos han alcanzado un interesante articulo tuyo sobre el shucaque y la verguenza, una sentida estampa y un analisis en el marco de nuestro particular ambito provincial.
Nos gustaria publicarlo en nuestro blog, por lo que te pedimos tu autorizacion.
A la espera de tu respuesta, te enviamos un saludo shilico,

Jaime Velez Diaz, por CPM


Frans van den Broek, 28 de octubre a las 8:23

Querido Jaime,
Por favor, no dudes en publicar mi articulo si les parece bien. Es un gusto que se hayan comunicado conmigo, la verdad, ya que, como bien saben, soy de los que tambien adoran Celendin y quisiera contribuir en cuanto me fuera posible con vuestros esfuerzos. Cualquier cosa, por favor no duden en pedirmela, que estoy a su servicio en la medida de mis posibilidades.
Un abrazo shilico,

Frans van den Broek Chavez

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miércoles, 14 de octubre de 2009

REPORTAJE: A un año de la partida

EL ADIÓS DE UN PUEBLO QUE SE RESISTE A DESPEDIRLOS,
POR NO HABER ENCONTRADO JUSTICIA

Por Franz Sánchez
Hacía frío y el viento silbaba por las ventanas, la oscuridad de la carretera y lo largo del viaje invitaban a dormir. El carro no había detenido su curso, a excepción de la parada en Brasilmayo, cuando el chofer detuvo el vehículo y bajó a realizar una llamada de su celular.
El ambiente dentro del carro, era taciturno. La congoja por la derrota, hacía que se pensara en duras críticas a la llegada. Algunos recuestan sus cabezas sobre las ventanas ateridas y otros rendidos, no hacen pelea al cansancio. La mayoría de pasajeros duerme, con una pesadez que inquieta.
Se cumple un año de impunidad e injusticia para con las víctimas de San Cayetano.

El ”escamoso” va de copiloto, el resto del equipo de fútbol del barrio de San Cayetano, va detrás. Durante la derrota en Tarapoto, han sentido adormecidas sus extremidades, de una forma que no entienden y no saben a qué atribuir esa condición. Aunque después de recibir diez goles en portería, ya no se sabe lo que uno en verdad siente.
A las 10 de la noche, el vehículo baja la marcha y el trayecto se convierte en lento. Dentro, casi todos duermen, y uno que otro entrecierra la mirada, la piel se ha puesto de gallina. El equipo de fútbol que eliminó al representativo de Cajamarca y se coronó campeón interdepartamental, descansa.
A las 10:15, se distinguen más de cerca dos motos que van delante del carro. La empresa que se encarga de transportar a los futbolistas, se llama Transportes Latino, cubría la ruta Cajamarca-Celendín, y desde hace un tiempo, lo hace de Bolívar (La Libertad) a Celendín.
A las 10:30 del lunes 13 de octubre, a poca distancia de divisar la ciudad de Celendín, que con sus luces por la noche, desde el cerro de Jelig, dibuja la figura de un dragón. Se detiene el carro, pero nadie se despierta.
Según la versión de Jhony Álvarez, conductor del vehículo, tres sujetos encapuchados le obligan a frenar y bajar del carro. Lo extraño es que, muy pocos se percataron del suceso. Exceptuando a los conductores de las motos que venían por delante, que manifiestan haber visto a los asaltantes.
Increíblemente, el chofer desciende del carro sin apagar el motor. Luego, el vehículo comienza a retroceder lentamente, hasta despeñarse a 150 metros de la carretera.
“Fue tan rápido que no pude reaccionar, pensé en el rostro de mi hija, me propuse vivir solamente para verla” dice Almer Zelada, uno de los sobrevivientes. En un momento estaba sentado en el carro y en cuestión de segundos, luchando entre los fierros retorcidos y la sangre regada en el pasto. Perdió el conocimiento, únicamente recuerda que se despertó en el hospital de Cajamarca.
Almer, integrante del equipo de San Cayetano de la segunda división del fútbol profesional, recuerda: “Había mucha gente llorando y gritaban, yo era el que estaba más tranquilo de todos, nunca pensé que estaba grave”. Hoy, no puede movilizase porque está parapléjico.
El saldo final: 8 personas mueren, y las demás sufren heridas de mucha consideración. En la manifestación el chofer indica a las autoridades que se trató de un asalto, y luego contradice sus versiones en cuanto al número de asaltantes y las armas que utilizaron. Los sobrevivientes declararon, que nunca creyeron que se trató de un robo, puesto que ellos no traían dinero consigo.
El carro aún caliente despide humo de su armazón estrujada. Los pasajeros, algunos regados sin vida, otros tratando de reincorporarse, vieron al conductor mirar desde la carretera si había indicios de vida, luego manifiestan que bajó a estrangular a Miguel Ángel Villar, dueño de la empresa y fallecido en el incidente. Las versiones se tejen, pero nada es oficial, los testigos no quieren declarar a ninguna autoridad.
Se detiene al chofer, y no se le pregunta por dónde huyeron los asaltantes, por qué no apagó el vehículo, por qué, si manifestó que sus acompañantes, los copilotos que venían a su lado también bajaron, se los encontró muertos entre los escombros. No se le hicieron preguntas claves para esclarecer lo ocurrido. Al poco tiempo el chofer se fuga, y hoy está declarado como no habido.
El jueves 16, en medio de un mar de personas, que jamás vio el pueblo de Celendín, se llevan los cuerpos de los asesinados. La multitud es tan grande como las lágrimas. Y ese ajustado nudo que se siente en la garganta, cuando lo que vives parece ser un cuento de terror, aprieta. La amargura que toma forma de odio, cuando identificas el dolor como propio, aún si nunca los conociste, a pesar que nunca supiste de ellos, o viviste sus triunfos, o lloraste sus derrotas, amarga odiosa. En contra todo eso, el pueblo tambaleando, se puso de pie.
Al paso de los cajones, los altoparlantes en las casas, mencionaban los nombres de los extintos y se resquebrajan las voces, y el sonido parecía no salir de los cuerpos, parecía que salía de la tierra. Que se abrían paso, las lamentaciones, entre el pavimento, que rompía cemento para no ser acallado. Que clamaban justicia dirigiéndose a su inmaculado cielo que también cobija a asesinos y delincuentes.
La versión oficial de lo ocurrido manifiesta que fue un asalto simulado, que lo que se pretendió fue acabar con la vida del propietario de la empresa de transportes.
Lo que muchos se preguntan es: a razón de qué, si es que hay razón en un acto tan vil. Qué motivos impulsaron a cometer un magnicidio. Los que murieron en ese lugar no solo fueron ocho, se mató una vez más a un pueblo entero.
Lo que la gente percibe, y lo que periodistas también saben pero que temen decir, es que se trató de un ajuste de cuentas.
El narcotráfico en la zona, es una actividad usual. Posiblemente el ingreso de una nueva empresa de transportes que cubra la ruta Bolívar-Celendín invitó a mafiosos, cobrarse con sangre, a cambio de salvaguardar el podrido negocio. Todos lo saben y nadie lo dice. Allí termina el periodismo del que se ufanan, tan justiciero, proclaman. Y tan cobarde, callan.
El podrido dinero, que hizo que autoridades no pudieran evitar lo que sí se pudo prevenir. Quiénes custodian las vías. Acaso no es sabido que las más altas instituciones del orden en nuestro país, riñen por cupos que obtienen del narcotráfico. Es muy sabido, pero el silencio lo interpreta mejor.
Hoy, a un año de la partida de ocho paisanos, y del resto de nosotros, muertos en vida. Hagamos un minuto de silencio que se alargará lo que dure este punto.
Y roguemos, que la historia no se repita. Hasta siempre hermanos. Nuestras condolencias San Cayetano.

lunes, 12 de octubre de 2009

CARTAS: ¿Algo así se puede hacer por el sombrero celendino?

Nuestro amigo y colaborador Luis Rojas Montoya, nos escribe un poco quejándose de nuestra falta de atención. Mil perdones si algo así ha sucedido. Nos envía esta noticia aparecida en el Diario “El Tiempo” de Piura, en la que se da cuenta de la creación de una institución para mejorar la calidad del sombrero cataquense. En ese sentido Catacaos tiene algo en común con Celendín, la producción de sombreros de paja toquilla. No queremos desmerecer la calidad de la manufactura cataquense, pero creemos, sin pecar de chauvinistas que el sombrero celendino es mejor por la calidad de su tejido ((no en vano tarda una semana en fabricarse) y por la variedad de sus modelos, aunque se podría mejorar. Creemos que es importante este tipo de instituciones que innoven localidad y el modelaje del sombrero. Es necesario y urgente introducir alternativas de modelos y de objetos que se puedan fabricar con esta materia prima como complemento del sombrero. Lo mismo terminar con el vía crucis de la sombrerera celendina, dándole alternativas de producción que eviten la explotación de los comerciantes. Un centro artesanal como el que hubo hace muchos años podría favorecer esta industria muy venida a menos en los últimos años, proponiendo otros cauces en su producción. Nuevamente mil disculpas a Luis Rojas Montoya y el pedido que siga colaborando con CPM, el portal de los verdaderos celendinos (NdlR).

Sombrerera celendina, más de un siglo de explotación. (Foto archivo de Javier Chávez Silva)

Diario El Tiempo – Piura.
CATACAOS.- Confiados en las miles de mujeres que se dedican a esta labor, la Municipalidad de Catacaos oficializó su pedido de contar con un Centro de Innovación Tecnológica, Cite, para la paja toquilla en el caserío de Narihualá.
José More López, alcalde de Catacaos, tras escuchar el anuncio de la congresista, Fabiola Morales Castillo, propuso la formación de este ente para fortalecer y desarrollar la actividad que brinda prestancia y orgullo a Catacaos y al Perú.
La representante piurana, hizo suyo el pedido del Alcalde, considerando que estará dirigido a favorecer, en el área rural, a las mujeres de Narihualá y Pedregal, quienes destacan por su trabajo con la paja toquilla.
En el desarrollo del foro de implementación de la Ley del Artesano realizado en la comuna piurana, se anunció que los otros dos lugares donde se plantea crear dichos locales son la provincia de Talara y Montero (Ayabaca).
Además de la Cite Joyería, que ya muestra resultados positivos a nivel mundial, Catacaos espera lograr en el breve plazo este nuevo centro para la paja toquilla.
More López participó con la exposición sobre los Concejos Locales de Fomento de la Artesanía, dentro de los cuales su distrito es el primero a nivel regional.

OPINIÓN: Homenajes y aprovechamientos

EL ’ZAMBO’ CAVERO
Por Cesar Hildebrandt
No tengo duda de que el Zambo Cavero era un ídolo popular.
La pregunta que tengo que hacer, desde el más modesto de los estupores, es si somos justos en este asunto de los funerales y los repartos póstumos.
Por ejemplo, un día, hace muchos años, se nos murió Juan Gonzalo Rose y, claro, la noticia salió en páginas interiores (y la TV ni siquiera la dio). Y como los apristas lo habían despedido del Instituto Nacional de Cultura, ningún discípulo de Haya se presentó al velorio.Y esto que Juan Gonzalo fue uno de los grandes de la poesía. Grande de verdad.
Otro día, muchos años después, se murió, con los pulmones hechos puré, Félix Álvarez y la noticia ni siquiera salió en los periódicos. Álvarez era un escritor sólido, un erudito oceánico y una de las mentes más agudas del Perú (porque, aunque nació en España, adoptó nuestro país como el suyo).
Alejandro Romualdo –otro poeta mayor y tempestuoso- se convirtió en una breve noticia policial cuando se murió a solas, como había querido, en su casita de San Isidro el año 2008.
Y no me acuerdo de que le hayan dado tantos júbilos de velatorio a José Adolph, el prolífico escritor de ciencia ficción, ni a Gustavo Pons Muzzo, maestro con mayúsculas, ni a Javier Mariátegui Chiappe, hijo del amauta José Carlos y desaparecido en el mismo año 2008.
¿Y cuántas transmisiones en vivo y de cuerpo presente hubo por la muerte de Constantino Carvallo, el gran educador? ¿Y por la de Pedro Planas, muerte precoz y más injusta que ninguna otra? ¿Y por la de Hugo Garavito? ¿Y por la de Sofocleto?
Paco Bendezú, poeta que tenía la gracia de la inocencia perdularia, murió de un cáncer desatendido en Neoplásicas, en la miseria y socorrido apenas por unos pocos amigos fieles. ¿Cuántos centímetros cuadrados le dedicó la prensa escrita peruana? ¿Y cuántos minutos la televisión embrutecida que pretende encuadernarnos?
¿Cuántas lágrimas se derramaron por Washington Delgado, poeta excepcional y empobrecido profesor de San Marcos?
Ninguna. Quizá porque no cantaba “Contigo Perú” sino que anunciaba: “Yo construyo mi país con palabras”. O porque no era amigo de Alan García. O porque vivió y murió en un país que cada vez más se parece a Fahrenheit 451, la ficción de Bradbury en la que los libros se persiguen y se queman.
Ayer, en pleno aquelarre funeral, escuché a Raúl Vargas –esa decepción generalizada, ese gourmet de sí mismo -alabar el seco de gato que Zambo Cavero comía y alentaba como potaje nacional y contribución a las misturas de Gastón.
Apagué la radio. Se puede ser un poco tonto (todos lo somos), pero hay un límite.
Hasta para las lágrimas teatrales hay un límite.
Adiós Zambo Cavero. Como que no te merecías las lloronas de encargo que se morían por salir en la tele y en la radio.

La Primera
11 de octubre de 2009

miércoles, 7 de octubre de 2009

PEQUEÑA HISTORIA: La "Belle Epoque" de Celendín

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Las primeras décadas del siglo XX marcaron el apogeo de Celendín como pueblo. La fisonomía del pueblo se definió con su arquitectura característica de amplias casonas con zaguanes y patios floridos que formaron el famoso tablero de ajedrez, único en la serranía del norte peruano con sus balcones y portones de dos y tres hojas, con su acequia de desagüe en el centro de las calles y sus pilones de agua en las esquinas.
Fue la época de la irrupción de los muebles vieneses de esterilla y maderos curvados de color negro en los salones de los hogares, de la música de Enrico Caruso en discos de carbón y las victrolas a manivela, del alumbrado a gas en farolas colocadas en las esquinas céntricas, de los almanaques escarchados en alto relieve, del apogeo de la fortuna de los ricachones celendinos como don Augusto G. Gil, de don Rafael Cachay y don Sixto Quevedo, del auge del sombrero como industria que se vendía en varios lugares de la república, llevados a lomo de mula en las famosas arrierías hacia el oriente.

Bellas damitas, cuya identidad desconocemos (Foto Cortesía de Javier Chávez Silva)

La gente vestía con suma elegancia: las señoritas con vaporosos trajes y peinados primorosos, los señores con relojes “Longines tres estrellas” con leontinas de oro o plata colgando de los bolsillos del chaleco de casimir inglés y bastón como signo de distinción, corbatas mariposa y sombreros de paño o saritas de ala rígida. Para el recuerdo se fotografiaban en el estudio de los hermanos Díaz.
Todos los celendinos tenían parentesco entre sí y aún no había empezado la diáspora que desangró a Celendín. Las visitas familiares de los jueves eran una costumbre que contribuía a la sociabilidad e identidad familiar. En ellas se bebía el clásico chocolate con queso y los tradicionales dulces caseros y se renovaban las pequeñas historias y anécdotas familiares.
La producción de los valles circundantes era óptima y la vida era barata, del Marañón llegaban exquisitas frutas en tercios amarrados con shingues, y de Llanguat la chancaca en tongos de bagazo y el aguardiente en barriles de madera para consumo interno. Se importaban productos diversos como vinos españoles y sardinas portuguesas, máquinas de coser “Singer” y herramientas alemanas. Las tiendas comerciales del Jr. Dos de Mayo estaban en manos de celendinos.

Teófilo Chávez Pereira, un joven elegante de la época. (Foto cortesía de Javier Chávez Silva)

Se construyó entonces la municipalidad tal como hoy la conocemos y la rotonda para la banda de música para las retretas. El cemento aún no invadía calles y veredas que lucían empedradas. La extensión del pueblo no pasaba del río Chico, de la quebrada Miraflores en Colpacucho y en San Cayetano hasta la quebrada Chacarume. La Feliciana era un barrio apartado que se visitaba los domingos por la feria ganadera y en julio por las corridas de toros. Ir hasta allí era una especie de paseo campestre en donde se gozaba de la brisa alcanforada del bosque o bajo la sombra de “la Concertina”.
Los notables de Celendín intentaron por entonces la creación del Departamento del Marañón, con la ciudad como capital, en el que se integrarían, además de los distritos actuales, provincias como Bolívar y la parte de Amazonas adyacentes las riveras del Marañón en las cuales es patente la influencia celendina. maniobras cajamarquinas en el parlamento impidieron esta justa aspiración que hubiese significado otro destino para nuestro pueblo.
Los tiempos pasaron y de la “Belle Epoque” celendina solo quedan añoranzas preñadas de nostalgia y fotografías hermosas como las que publicamos.

OPINIÓN: Si amamos al Perú...

A TODO PULMÓN
Por César Hildebrandt

Mientras Evo Morales empieza la carrera electoral con treinta puntos de ventaja sobre su más cercano perseguidor (¿vieron?) y Melcochita dice que la mujer que abandonó y a la que avergonzó inmundamente en un programa de TV mientras ella lo llamaba drogadicto, mientras esas cosas pasan en el Alto Perú y en el Perú de los abismos, respectivamente, alguien se ha robado el pulmón de la exhibición llamada “El Cuerpo Humano: real y fascinante”.
“Es una vergüenza que esto justamente suceda en el Perú”, ha dicho Susan Hoefken, gerente general de la empresa que trajo la muestra (por la que ya han pasado 90,000 visitantes nacionales).
El pulmón sustraído perteneció a un chino de unos 45 años y, como todo lo expuesto en la exposición, fue materia de un proceso llamado “polimerización”, una especie de plastificación molecular de los tejidos.
La agencia de noticias Reuters encabezó uno de los párrafos de su despacho fechado ayer en Lima con las siguientes palabras:
“¡Se han robado un pulmón!”, dijo afligida a Reuters Susan Hoefken, gerente general de Impacto Producciones...
Todo esto –lo de Melcochita, lo del pulmón robado, el maltrato de Lima por parte de ese idiota urbano llamado Castañeda- me recuerda otra vez que, hace unas semanas, el redactor de una revista me llamó para preguntarme qué opinaba yo de la cundería, la criollada, el recutecu y el recursismo.
Le contesté, como creo haberlo dicho ya, que todas esas definiciones de carácter criminal me hacían vomitar.
La criollada me hace vomitar. La viveza criolla me hace vomitar. La cundería me hace vomitar. Por eso es que la mayor parte de los políticos criollos me hace vomitar.

El Perú de hoy, donde los canallas, asesinos, corruptos y ladrones se atreven a gritar: "¡Soy inocenteeee!"

¿Qué maldición inapelable hizo que la mayor parte de los peruanos fueran tramposos, impuntuales, permisivos con la mugre interior y exterior?
En muchos sentidos, el Perú no es sólo un país adolescente, como nos lo dijera tibiamente Luis Alberto Sánchez. Es también un viejo vicioso y sin remedio, un expediente de Lombroso, una sospecha con lindos paisajes.
Sólo una psiquis anegada en mórbidas esencias puede explicar que aquí se aprecie a quien no rinde cuentas y al que se burla de sus promesas electorales y al que roba desde la función pública y al que ordena matar desde la más alta investidura.
Fujimori fue el caudillo sanguinario y ladrón que amaron millones y ante el que se arrodillaron la totalidad de las llamadas “fuerzas vivas”. El autoritario Castañeda, un proto Fujimori en todo el sentido del término, es idolatrado y tiene un terno de teflón. Muchedumbres casi cairotas rezan por Keiko. Pobladas parecidas a las de Karachi, donde el marido ladrón de Benazir Butho reincidió en el poder, permitieron el regreso de García.
Y mientras nos farreamos la prosperidad surgida de rematarnos como putas portuarias, la viveza criolla sigue cundiendo: los alcaldes se hacen ricos dando licencias de escándalo, el puerto de Paita se entrega por muy poco (oficialmente hablando) y, como un detalle entre sociológico y psiquiátrico, nos enteramos de que el 90 por ciento de las llamadas a los teléfonos de emergencia 105 y 116 son falsas.
¿Falsas? Peor que eso: taradas. Llaman maricas a ofrecerse, tartamudos a farfullar, niñitas premenstruales que mientan la madre, chicos del Circo Beat que ríen y babean, coqueros que gritan, cretinos que callan. Todo criollísimo, todo peruanísimo, todo zavalítico.
Si mucha gente vota por ladrones y reelige a ladrones, ¿qué de sorprendente puede tener que el pulmón de una muestra que jamás había sufrido contratiempo alguno desaparezca aquí, en las tres veces coronada villa de Lima?
¿Intuirán los chicos salvables de hoy que el Perú no fue siempre esta tecnocumbia bailada en calzoncillos atigrados? ¿Sospecharán que no siempre fuimos esta carie? ¿Sabrán que antes, mucho antes, como decía Neruda, fueron los ríos, ríos arteriales?
A nivel de valores y de estética hemos hecho –y seguimos haciendo- un país espantoso, una ciudad sin ley, una ciudadanía de zombis. Es tiempo de que alguien lo diga a todo pulmón aunque sea sólo para dejar constancia.
Si amamos al Perú atrevámonos a despreciar buena parte de lo que es ahora.

(Tomado del diario La Primera)

jueves, 1 de octubre de 2009

CELEBRACIÓN: El periodista, el antihéroe

Por Franz Sánchez
Siempre admiré a los héroes de mi infancia. Estaban, mi padre, el Zorro y Robin Hood. Como los adoraba. Siempre quise ser como ellos, a todo precio, a razón de todo.
Crecí y me di cuenta que los dos últimos eran resultado del imaginario colectivo y se habían convertido en leyendas de pueblo. Luego, vi a mi padre cometer tantos errores, que afectaron en mucho la imagen de súper héroe que ostentaba frente a mis ojos.

A medida que fue descartando héroes, llegué a la conclusión de que estos no existen. Aprecié desde adentro el trabajo periodístico y me pareció tan común, tan de mortales. Vi al periodista, no como el poderoso, de palabra influyente en el colectivo, sino como el humano indignado con la injusticia y que cuando escribe, sujeta con una mano el pecho y con la otra, afila la pluma.
Los hombres que llamamos héroes, nunca desearon serlo. Estoy completamente seguro que quienes se inmortalizaron por una hazaña importante, en bien de un pueblo o de una nación, nunca tuvieron el deseo de titularse como héroes. Hicieron lo que correspondía hacer, cuando la vida te pone disyuntivas entre, elegir lo que se sabe correcto, o no molestarse y vivir pensando en lo que se pudo haber hecho, y que no se quiso.
Así son ellos, se juegan la vida muy a menudo, y les parece algo usual. No les extraña el desprendimiento. No piensan en su labor como una manera de ganarse la vida, sino como una vida en sí. Les interesa un rábano lo que piensen, los que manejan el dinero y quienes creen que con él, todo se compra. No ponen en venta, cosas que otros cotizan. Se conmueven, son sensibles con lo que observan. A pesar de los años, podrían llorar como infantes, ante una injusticia, no importando si estas son ajenas. Para ellos nada es ajeno, todo es de todos.
Son valientes, y no dudan si se trata de renunciar, a empresas en las que han depositado mucho de su tiempo, por no ser estas congruentes con sus ideales. No guardan rencores, porque saben que con ellos, mueren en vida las personas. Y a ellos les encanta la vida. Están seguros de que no hay nada que esté por encima de la existencia. Son felices, viven entre problemas y tienen tiempo para regalar sonrisas a sus colegas. No son egoístas, comparten sus conocimientos con las nuevas generaciones. Son unos caballeros. Aman sus raíces, no importando el lugar donde se encuentren. A pesar de las denuncias, encierros, destierros, y decepciones, si podrían volver a nacer, seguirían eligiendo el mismo camino. El de un digno periodista.
Hoy no creo en héroes, creo en periodistas, periodistas de verdad.
Feliz día, periodista con lápiz y borrador, con grabadora a cinta o digital, con micrófono o cámara, de blogger o de web. Feliz día a todos.

* El periodista es sólo un escritor que cuando toma la pluma, no espera en inmortalidad. Hugo Ojetti
* El periodista es un hombre que se ha equivocado de carrera. Otto Von Bismarck
* Yo podría ser un periodista. Creo que las entrevistas son la nueva forma del arte. Creo que la auto-entrevista es la esencia de la creatividad. Hacerte preguntas a ti mismo y tratar de encontrar respuestas. Lo que hace un escritor es contestar una serie de preguntas que no han sido pronunciadas. Jim Morrison
* El periodismo es la protección entre la gente y cualquier clase de regla totalitaria. Es por eso que mi héroe, obviamente dañado, es periodista. Andrew Vachss
* Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo. Ryszard Kapuscinski
* El periodismo es un emocionante sueño que se parece mucho a una cruel pesadilla, lo que tienen en común, es haberte dado cuenta, que en los dos casos, estabas despierto. Franz Sánchez