jueves, 12 de agosto de 2010

OPINION. ¡Qué pena, la pena de muerte!

Por Crispín Piritaño
Hay en la opinión una indignación generalizada por el fallido asalto en el que un disparo de los malhechores dejó parapléjica a una niña. Vamos a estar atentos para ver qué castigo reciben estos desalmados que por 2.000 dólares fueron capaces de las mayores atrocidades. Estos actos delincuenciales hablan a las claras del clima de inseguridad en que vivimos los peruanos, ya sea en Lima o en el rincón más alejado de la patria, como lo prueban la larga cadena de muertes que jalonan los noticieros en los últimos tiempos. Eso demuestra que al gobierno le interesa un bledo la seguridad de los peruanos.

La estudiante "becada" en Estados Unidos por todos los peruanos quiere ahora ejecuciones, como su padre, el felón, el ladrón. De la raza le viene al galgo.

Lo que nos parece abominable y fuera de tono es que muchos políticos pretendan llevar agua para su molino aprovechándose de estas viles acciones. Es el caso de la congresista Keiko Fujimori, la estudiante "becada" en Estados Unidos por todos los peruanos, que quiere ahora ejecuciones como su padre, el felón, el ladrón (de la raza le viene al galgo). La "heredera" ha salido a dárselas de valiente y firme anunciado la pena de muerte para estos delincuentes y todos aquellos que incurran en actos parecidos. A ese mensaje, por demás demagógico, se han plegado otros políticos como Castañeda Lossio y la mayoría de la corte fujimorista.
Y decimos demagógico, porque ellos saben que es muy difícil, por no decir imposible, que la pena de muerte se vuelva a implantar en el Perú, país que ha suscrito la convención que creó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y otros tratados internaciones que han abolido la pena capital por considerar que no es disuasiva, que su aplicación no aminora la tasa de asaltos, ni asesinatos. En el Perú existe la pena de muerte solo para casos de traición a la patria en caso de guerra. Pero nunca se aplicó, pese a que en la época de Alberto Fujimori, él y su socio Montesinos compraron material bélico obsoleto a precios sobrevalorados, en plena guerra del Cenepa con el Ecuador ¿Es o no traición a la patria actos como los protagonizados por este par de gemelos?
Los despropósitos de la candidata del fujimorismo al hacer este tipo de declaraciones, la pinta de cuerpo entero como una totalitaria que, Dios no lo quiera, de llegar al gobierno, seguirá las recetas de su padre en el manejo de la nación, mostrándose como lo que es, antidemocrática, autoritaria y ajena a todo escrúpulo. Con ella en el gobierno -además de la aplicación del punto principal de su plan, que es sacar a su padre de la cárcel- otra vez volverán en nuestros oídos a sonar las palabras: disolver, disolver; desaparecer, desaparecer, eliminar, eliminar y el desprecio total por los seres humanos y por la sociedad en su conjunto.
Los políticos lo saben perfectamente, pero salen a hablar fuera de tono para ver si se ganan alguito en las encuestas. Lo mismo hace el mandatario supremo, Crazy, cuando sale a pregonar que aplicará la misma pena para los violadores, narcoterroristas, etc., y después tiene que callarse porque sabe que eso no es posible.
Lo que queda en el trasfondo es el anhelo, tanto de fujimoristas y apristas, de que el Perú se desligue del tratado de Costa Rica, porque, es evidente, lo que más les molesta no son los crímenes de los hampones locales sino los fallos de la CIDH. Les molesta sobremanera que Fujimori esté en la prisión dorada en primer lugar por los dictámenes de la Corte de San José, que declaró No Cerrados casos de crímenes de lesa humanidad como Cayara, el Frontón, La Cantuta y Barrios Altos, por citar algunos. Esto, obviamente, tendrá enfectos también para el destino de otros políticos, incluso para algunos que actualmente gobiernan.
Es de lamentar, sin embargo, que ante los aullidos a la luna de estos nuevos hombres (y mujeres) lobo, no falten intonsos, crédulos y fanáticos que les den crédito. ¡Pobre Perú!

*La caricatura es de Carlín.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

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