miércoles, 29 de diciembre de 2010

OPINION: En búsqueda de identidad

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Conocida es nuestra lucha por la conservación de la personalidad de Celendín, tanto en el aspecto físico, arquitectónico y de sus recursos, como nuestro empeño en el rescate de nuestra historia. Y esto lo hacemos no solamente por respeto a nuestros mayores, quienes, surgiendo del misterio de los tiempos, forjaron el pueblo más original del norte, sino porque estamos convencidos de que su pequeña historia merece conservarse como un signo de la cultura de un pueblo diferente.
Estamos convencidos también de la valía de estos primeros hombres y sus descendientes que llevando el nombre de Celendín grabado a fuego en el corazón a cuestas por el mundo dispuestos a darle lustre y proclamar con orgullo su celendinismo. Ejemplos hay muchos, y no los mencionamos por no caer en incómodas omisiones.
Lo que nos parece imperdonable y creemos que esta debe ser la primera tarea del nuevo alcalde es que se olviden los nombres de quienes forjaron la personalidad del pueblo shilico. Quizás los neocelendinos no saben de quiénes se trata, pero es deber de nuestras autoridades: políticas, municipales y sobre todo, educativas, hacer un juicio correcto de la historia y brindar los honores a quien realmente lo merece.

Los nombres de César Pereira Chávez, Aureliano Rabanal Pereyra, César Díaz Dávila, Arístides Merino Merino y Alfonso Peláez Bazán, entre otros, no pueden olvidarse. (Foto cortesía de W. Tavera Chávez)

Una de las maneras de rendir homenaje perpetuo a estos insignes personajes es conservarlo en la memoria de las generaciones, colocando sus nombres en las calles e incluyendo sus historias y su aporte al pueblo en el currículo educativo como paradigma para la niñez.
Existen calles con nombres peregrinos como una del barrio El Cumbe que lleva el insólito nombre de Los Cabellos, otras tienen denominaciones que no tienen ninguna significación para Celendín como los jirones Moquegua, Salaverry, Arequipa, Pardo, Unión, Sucre, Córdova, Cáceres, Huancayo, San Juan y Dos de Mayo, pese al significado que tiene como fecha histórica. Si se trata de recordar a la gesta de 1866, basta el nombre de José Gálvez, héroe a quien algunos autores consignan como nacido en Celendín.
Si en verdad fuésemos agradecidos, la calle principal del pueblo debería llevar con justicia el nombre de su fundador: Martínez de Compañón y las otras cambiarlas por los nombres de personajes epónimos que supieron interpretar el signo de su tiempo y dar todo de sí por el engrandecimiento de su pueblo. Allí están, por ejemplo, los nombres de nuestros escritores: Julio Garrido Malaver, Alfonso Peláez Bazán, Armando Bazán Velásquez, del pintor y luchador social Alfredo Rocha Zegarra, de los educadores Orestes Tavera Quevedo y Aureliano Rabanal Pereyra y del filántropo sacerdote Joseph Cabellos. Remplazar los nombres anodinos por estos sería un acto de legítima justicia y un renacer del espíritu celendino.
En el nuevo barrio de Chacapampa, allí donde un mal concejal se robó una calle, hemos advertido el nombre de César Díaz y nos hemos preguntado si corresponde a nuestros artista polifacético Cesar Díaz Dávila, o a otro homónimo. Si se refiere al insigne “Copocho”, autor de la marinera “Mi Celendín”, debe nominarse con su nombre completo y no César Díaz a secas. Y si se trata de rendir homenaje a nuestros músicos ¿Por qué no ponerle a una de las calles del Rosario el nombre de Julio Silva López, nuestro recordado “Canito”? Él es el autor de ese huayno “Sombrerito blanco”, que con tanta propiedad pinta a nuestras sufridas mujeres.
Ahora es el justo tiempo de empezar a reconstruir la personalidad de Celendín y creemos que esa es su primera tarea, Sr, Alcalde. Lo más urgente, antes de que la destrucción borre de la faz de la tierra la memoria de los verdaderos celendinos.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que el Divino Niño siga bendiciendo a todos y cada uno de los que hacen posible CPM II, èl los iluminará siempre y que el Año Nuevo sea mucho mejor, pensando siempre en Çelendín.

Beto Zaldívar