jueves, 10 de febrero de 2011

OPINION: lo colosal del ego de Crazy

Por Crispín Piritaño

Realmente, el ego colosal del gordo Crazy Horse nos está jugando una mala pasada a los peruanos. La ceguera consecuente que lo aqueja lo hace creer que ha inventado un gobierno que es la solución para todos los problemas del país, y en aras de eso se entromete en los procesos electorales para garantizar que el próximo mandatario continúe con sus recetas. Esto, constitucionalmente está prohibido, pero él, tal como lo hizo el fujimontesinismo, ha instituído una ley de interpretación auténtica para disfrazar sus preferencias por Castañeda, Keiko Fujimori y PPK, en ese orden, como sus sucesores favoritos. Ya lo dijo fríamente en una de sus desafortunadas intervenciones: “Yo no puedo decir quién será el nuevo presidente, pero puedo impedir que acceda quien yo no quiero”, agregando en otra: “no importa que vengan disfrazados con sotana”, en clara alusión a otros candidatos como Toledo, Humala y eventualmente al padre Arana.

Crazy Horse, el gran rematador. Caricatura de Carlín.

Las razones que lo llevan a creer en la excelencia de su gobierno están sustentadas en el crecimiento económico que según todos los índices ha superado a casi todos los países del área. Esto de ninguna manera significa que todos los peruanos nos estamos bañando en oro. Los índices de progreso se miden en medianías y promedios que esconden una verdad terrífica: la miseria en que vivimos la mayoría de los peruanos. En el régimen de Crazy los ricos se han vuelto más ricos y los pobres han llegado al pauperismo.
La verdad de la milanesa es que los únicos que se han enriquecido en el gobierno de Crazy son las transnacionales de actividades extractivas como las mineras, compañías petroleras y de explotación de gas natural, los inversionistas extranjeros que han copado todos los mercados posibles, los pocos exportadores nacionales y los miembros más conspicuos de su partido que participaron en el festín de los “faenones”, descubiertos gracias a los petroaudios, que, si bien no han dado con todos los involucrados en chirona, por lo menos han desprestigiado tanto al APRA que en las próximas justas electorales corre el peligro de no pasar la valla del 5 % que contempla la ley electoral y consecuentemente a que tengan escasísima o nula representación en el próximo parlamento.
El epíteto de “candidata de los ricos” que endilgó a Lourdes Flores en las anteriores elecciones para pasar a la segunda vuelta y salir elegido como “el mal menor”, frente al antisistema con que la derecha recalcitrante calificó a Ollanta Humala, ha sido como escupir al cielo, se ha volteado contra él y ahora cualquier peruano con más de dos dedos de frente tiene el claro convencimiento de que el descomunal Crazy es “el presidente de los ricos”. Un claro indicativo de esto es que todos los candidatos que él auspicia con sus declaraciones, han perdido en la lid electoral, al punto de que muchos de ellos deben estar pensando “ya no me defiendas más, compadre”.
Lo que Crazy pretende ignorar es que sus dos regímenes terminan en medio de una crisis que desgraciadamente para el Perú, tienen rima consonantada: hiper inflación en el primero e hiper corrupción en este que está a punto de terminar. En cada aparición mediática y con los inversores extranjeros, su euforia, descrita con propiedad en los informes de la Embajada de EE.UU., lo lleva a vender al país como el paraíso de los inversionistas para lo cual ha expedido los inconstitucionales decretos de urgencia 001 y 002, con los que pretende rematar al país sin importarle los derechos de muchos peruanos que atropellan letalmente estos dispositivos. Realmente, a Crazy deben estar faltándole algunas dosis de litio.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

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