domingo, 26 de junio de 2011

MUNICIPALES: Asesinos Ecológicos

Por Franz Sánchez
Nada nos hacía presagiar que tras la frase “distrito ecológico”, se escondía la gran mentira que hoy revelamos a nuestros lectores. Y es que en innumerables artículos hemos protegido la defensa de los valores, de las costumbres, de la identidad, y sobre todo… de la vida, que se va extinguiendo, como el gentilicio "celendino", mal pronunciado en calles robadas, en conversaciones foráneas que versan de todo y de nada, de nada que signifique algo para el antiguo pueblo (Celendín), que ahora no es más pueblo y pretende ser una ciudad improvisada (pero ciudad al fin y al cabo, dicen, nótese la diferencia).
Desde esta franca trinchera, que es más tuya que mía, lector, escuchamos siempre el llamado de nuestra Patria Grande (Celendín), cada vez que indefensa gimió y nos llamó con un quejido que interpretamos del único que se puede interpretar el llamado de la tierra, como un llamado a la acción. Y nunca nos arrepentimos ni dudamos. Hicimos lo que teníamos que hacer.
Por ello fuimos llamados antimodernos, antiprogresistas y atrasados, fuimos amenazados por el nuevo poder económico enquistado, virulento y hediondo, el mismo que hoy baila una burda danza sobre el cuerpo, que ya es casi cadáver, del pueblo.
Frente a todo eso me apena y no deja de sorprenderme, la cultura barata de los “brazos caídos”, del “lo sé, pero qué se puede hacer”, o el muy frecuente: “No me interesa, al fin y al cabo no es mi tierra”.

Las viejas palmeras de Sucre, por tierra, asesinadas por las malos autoridades.

Y habría que preguntarse, ¿por qué...? ¿Por qué la ciudad improvisada y precoz, produce congestión vehicular con su sobrecirculación de moto-taxis? ¿Por qué todavía siguen ingresando vehículos pesados a la plaza de armas, mejor dicho al centro “histórico” (así duela y se me refute hasta el cansancio que se dice “centro no histórico”…, con esa magistral soberbia que emplea el ignorante con derecho a opinión, o el erudito transcriptor de libros robados, o el payaso en búsqueda de circo que se llena la boca de palabrerío sin nunca dejar de hambre a sus bolsillos)?
¿Por qué la televisión municipal sigue siendo mediocre y mentirosa, por qué no se transmiten las sesiones de Concejo (y se sigue tomando decisiones a espaldas del pueblo)? ¿Por qué se reciben millonadas de dólares para más cemento, a cambio de la muerte de nuestras lagunas naturales?
¿Por qué cuando alguien se opone a que lo privado decida sobre lo público, se le muele a puntapiés y se le propina un cargamontón mediático…? Hay tanto por qué sin respuesta.
¿No es acaso asesinar a los hermanos que viven en extrema pobreza en Rambrán, construir un Cristo mal imitado en la colina? ¿No es acaso asesinar la cultura, permitir que a “bocinazos” los camioneros callen a las danzas del Corpus Christi...?
¿No es tampoco sinónimo de matanza, condenar a los campesinos de Sorochuco a tener un hipermercado en Celendín mientras se les secan las lagunas y se apremia la licencia social, entre reuniones de medianoche, brindis y sonrisas, a bordo de camionetas facturadas por la minería corruptora?
¿No es asesino quien quita la vida a otro ser? ¿Acaso no lo es también quien autoriza desaparecer la vida, justificándose con la "remodelación"?
Si usted ha podido encontrar algunas respuestas en su mente, mientras leía este artículo, espero que también tenga la misma brillantez para concluir que este mundo necesita un camino diferente. La ruta de la destrucción, el asesinato y la miseria debe terminar.
Porque el mal se extiende del centro a la periferia. Vean lo que ocurre en el histórico Huauco. ¡Qué vergüenza saber que el lúcido pueblo de Sucre tiene a criminales ecológicos como autoridades edilicias! ¿Era necesario “matarse” a las dos bellas palmeras con más de 70 años de vida que adornaban su centro urbano, que acompañaron la historia huauqueña, con el pretexto de remodelar la plaza de armas?
No lo sé… No encuentro ninguna explicación. Trato de imaginarme argumentos, excusas, pretextos… y todos terminan derrumbándose, de forma no tan trágica como cayeron las palmeras, las que perecieron por la acción criminal, decidida por algún político ignorante y ejecutada por algún arquitecto inhumano y sin escrúpulos.
La imagen de arriba hablará a quienes no escuchen su propia lectura…

¡SOLANO OYARCE DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDÍN!
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Sólo a muy pocos se les ocurre cambiar el maravilloso verdor de la naturaleza por fierro, piedra y cemento... pareciera que tienen en la cabeza éste último elemento... dirían mis paisanos sucrences!