martes, 26 de julio de 2011

OPINIÓN: Los estertores finales de Crazy

Por Crispín Piritaño
El problema con los mandatarios que tienen la desgracia, como Nerón, de creerse únicos e indispensables, es que pretenden perpetuarse o regresar al poder. Lo hizo Augusto B. Leguía con su enfermizo afán de querer llamarse “El Gigante del Pacífico”, pese a lo exiguo de su figura, lo hizo el líder del fujimontesinismo, Alberto Fujimori, quien modificó a su antojo a la Constitución con el vano propósito de perpetuarse en el poder y lo siente Crazy Horse, que quisiera perpetuarse en palacio si la constitución no lo impidiera.

El huachimán que no protegió a los ricos (caricatura de Carlín).

A esta clase de personajes el poder les hace perder el sentido del ridículo y se sienten salvadores, únicos e imprescindibles, por eso se permiten ser extravagantes y estrambóticos en las obras que emprenden: Leguía lo hizo con las avenidas y su afán compulsivo de embellecer a Lima en un estilo trasnochado del Rococó. El japonés le puso la puntería a los colegios para mostrar su “preocupación“ por la educación del pueblo y empezó a construir locales escolares, sin ningún criterio técnico pedagógico, en los lugares más visibles, para que se leyera su lema de “modernización educativa”.
Pero lo de Crazy Horse sobrepasa toda calentura de la imaginación, sus obras faraónicas, publicitadas al máximo, como el Cristo del Morro Solar, que la gente ha dado en llamar “El Cristo de lo Robado”, el Estadio Nacional, lleno de palcos sólo para ricos, y todas las obras inauguradas a como diera lugar, en la mayoría de los casos inconclusas, habla claramente de que algo está fallando en su mente. Por un lado apela a la memoria de los peruanos para que lo recuerden como un mandatario que hizo obra y tenga pie para regresar el 2016, porque supone que el pueblo lo aplaude y aprueba, y por otro teme ir al congreso este 28 a entregarle la banda presidencial a su sucesor, como manda el protocolo, porque le aterroriza que las graderías y los nuevos congresistas lo abucheen como ocurrió en 1990 en que no lo dejaron ni hablar.
Gobernantes como Leguía, Fujimori y García tienen una base para pretender un retorno al poder: la baja cultura y la amnesia proverbial del pueblo peruano, que se deja encandilar por quien le hizo más daño. De otro modo ¿Cómo se explica la militancia ciega y fanática de los seguidores del japonés asesino y ladrón, o el triunfo de Crazy luego de un desastroso primer gobierno que nos dejó en una inflación tan galopante que uno se acostaba con un precio y amanecía con otro? Súmele a esto la corrupción generalizada que es el signo del gobierno del profeta de la teoría del “perro del hortelano” y tendrá más de un problema en tratar de comprender el errático deambular del elector peruano.
Pero no se crea que solo en nuestro país se cuecen habas. También hay de estos personajillos en todas las latitudes y en todos los tiempos, para muestra, muchos botones: Alfredo Stroessner, Anastacio Somoza, Rafael Leonidas Trujillo, Augusto Pinochet, Juan Vicente Gómez, José María Velasco Ibarra, Fidel Castro y el actual presidente venezolano Hugo Chávez. Todos ellos, pese a haber surgido en nuestra Latinoamérica actual, prueban que la necesidad compulsiva y la adicción al mando parece ser una enfermedad tropical que se da en cualquier latitud. En todas las culturas antiguas vemos como los faraones, reyes, incas y emperadores se consideraban únicos e irrepetibles, “hijos de dios” y reyes “por la gracia de Dios”. Lo malo es que esta actitud, que ha sido erradicada en Europa y otros países, persiste como una amenaza latente en indoamérica, para utilizar el término acuñado por Haya de la Torre.
Pero también la historia ha demostrado que a todos les llega su tiempo, que al pueblo llega a cansarle el verlo entronizado de por vida en el poder, como en el caso del hartazgo de la chochoca de casa y clama por un cambio en el timón, porque, como ocurre en la mayoría de los casos, solo favoreció al circulo de lambiscones y ayayeros que rodean a este tipo de mandatarios y necesitan inclusión, sobre todo cuando los medios oficiales y adictos al gobierno proclaman que el Perú avanza y que vivimos en la mejor economía del continente.
Ese, creemos, que ha sido el error garrafal de Crazy durante su mandato: olvidarse de los millones de peruanos que padecen hambre y exclusión y mentirnos que vivimos en la bonanza más escandalosa de los últimos cincuenta años. Pero ya se le acaba la cuerda, por lo menos durante los próximos cinco años no lamentaremos sus extravagancias y locuras, sus impromptus de músico y bailarín, de poeta y gastrónomo, de cómico y titiritero.
A partir del 28 los peruanos que necesitamos un cambio podremos por fin exclamar:
“¡El rey ha muerto, viva el rey!”
Ha muerto el rey de la trafa y de la corrupción, esperemos que haya llegado el rey de la esperanza y de la redención del Perú y de su pueblo.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
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viernes, 22 de julio de 2011

PEQUEÑA HISTORIA: Las antiguas “Veladas” Literario Musicales

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
El término “velada” es utilizable en este caso como una función artística que era usual en los años cuarenta y cincuenta en las escuelas y colegios de Celendín. En ellas los niños y niñas que estudiaban, además de lo académico, tenían preparación artística para presentarse ante el público que apreciaba estas manifestaciones como expresiones de arte que merecían realmente la atención.
En Celendín se rendía culto a la cultura y al arte, los personajes más admirados eran los artistas de todo tipo: cantantes, actores de teatro, bailarinas, pintores, músicos… Se hablaba con unción casi religiosa de los artistas celendinos que hacían noticia fuera del ámbito de la provincia. Se magnificaban, por ejemplo, las hazañas de Alfredo Rocha en su periplo artístico por el extranjero, la poesía de Julio Garrido Malaver, las actuaciones de los hermanos Velásquez en la capital , o la ocasión en que Guillermo Agustí, el tenor celendino, literalmente “alocó” al público chachapoyano en el teatro de esa ciudad con su interpretación magistral del “Júrame” de María Grever, o de los avances del entonces joven artista polifacético Miguel Angel Díaz Dávila.
A los niños de entonces se nos inculcaba el amor por el arte y la belleza y se nos preparaba para causar la admiración de nuestros padres y del público en estas veladas literario musicales, y había gente con verdadero amor y vocación al arte como Carmelita Pérez Chávez y Catalina Sánchez Merino, quienes preparaban a las niñas en el baile y en el teatro respectivamente. Lo hacían por buen gusto y cultura, sin pedir nada a cambio. Así de culto era nuestro Celendín.
Menudeaban las tertulias de carácter artístico en las casonas de los Peláez, de las señoritas Rodríguez, de los Urteaga, de don Manuel Sacramento Díaz o en cualquier otra en donde los propietarios tuvieran ese prurito por las cosas artísticas. A los sones de acordeones, guitarras y violines, los jóvenes artistas se lucían en el canto, la declamación y el baile.

Figuran de izquierda a derecha de pie Antonieta Inga del Cuadro, Julia Pinedo Cáceres, Marina Chávez, Elvira Chávez Pereira, Elena Chávez Valencia y Olga Silva Rabanal. En cuclillas, vestida de torero Maruja Agustí Quevedo. Foto cortesía de Antonieta Inga del Cuadro.

En esta hermosa fotografía figuran un grupo de niñas de la promoción 1949 de la Escuela de Mujeres Nº 82 interpretando un baile flamenco, muy de moda por entonces, van vestidas de manolas y el clásico torero que posa frente al capote extendido.
Es curiosa la gracia del decorado que simula una habitación vista en perspectiva, con ventanas y todo, que además tiene la particularidad de estar abierta en el centro de la puerta para permitir el ingreso de las pequeñas artistas a escena. La maestra de estas niñas era Odilia Villanueva, pero quienes las preparaban en el arte y buen gusto eran, como lo volvemos a repetir, las señoritas Pérez y Sánchez.
Es de lamentar que los docentes de hoy pasen por alto estas actividades tan importantes para el cultivo de la espiritualidad de los futuros ciudadanos del Perú. Deberíamos retomar esta hermosa afición lo mismo que la lectura, porque todo ello entraña cultura y buen gusto. Un pueblo culto es aquel que asiste a las actividades artísticas de cualquier índole.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
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jueves, 21 de julio de 2011

HISTORIA: En el fragor de la Guerra Civil Española

TRES CAJAMARQUINOS CONTRA FRANCO
Por Jorge Pereyra
Un día como hoy, hace 75 años, en 1936, en España, empezaron las hostilidades entre el bando fascista y el republicano, desencadenándose esa hecatombe histórica que fue la Guerra Civil.
Esta contienda fue un conflicto social, político y militar que se desencadenó en la Madre Patria con el intento de golpe de estado lanzado por una parte del ejército contra el gobierno de la Segunda República Española. La carnicería duró casi tres años, en los cuales las potencias nazis y fascistas de Europa experimentaron sus armamentos y tácticas y permitieron el triunfo de su engendro español. Concluyó el 1 de abril de 1939, con el último parte de guerra firmado por el general Francisco Franco, declarando su victoria y estableciendo así, de hecho, su feroz dictadura en la tierra de Unamuno y Cervantes, tiranía que iba a durar tres décadas y media.
La Guerra Civil Española ha sido considerada como el sangriento preámbulo de la Segunda Guerra Mundial pues sirvió de campo de pruebas para las potencias del Eje (Alemania, Italia, Japón y Portugal), además de que supuso un desenlace entre las principales ideologías políticas que pugnaban por imponerse en Europa y que necesariamente entrarían en conflicto poco tiempo después: el fascismo, la democracia liberal y los diversos movimientos revolucionarios de izquierda (socialistas, comunistas, anarquistas y trotskistas).
Francisco Franco y su ejército sublevado recibieron la ayuda de Alemania a través de la Legión Cóndor, el grupo aéreo que bombardeó y asesinó indefensas poblaciones civiles como Guernica, bombardeo que fuera inmortalizado en una pintura magistral de Pablo Picasso.

Las Brigadas Internacionales integradas por jóvenes de diversos países que lucharon en defensa de la República Española.

Por su parte, el dictador italiano Benito Mussolini envió un ejército de 90.000 hombres en apoyo de los falangistas españoles.
La causa del pueblo español contaba con la simpatía del mundo entero, de todas las conciencias que rechazaban el militarismo fascista, pero este apoyo fue endeble, en todo caso insuficiente. Para empezar, las democracias europeas dudaron en entrar de lleno en el conflicto, para evitar la conflagración con Alemania. No hicieron sino postergarla.
LAS BRIGADAS INTERNACIONALES
La juventud del mundo, en cambio, sí se hizo presente en la defensa del pueblo español. Voluntarios extranjeros de 54 países agrupados en las famosas Brigadas Internacionales llegaron a España para combatir junto al ejército democrático de la Segunda República.
Las Brigadas participaron en la defensa de Madrid, en las batallas de Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel, Aragón y del Ebro.
Según el historiador Andreu Castells, llegaron a participar en total 59.380 brigadistas extranjeros, de los cuales 15.000 quedaron para siempre enterrados en el suelo español.
No eran soldados y estaban constituidos en su gran mayoría por obreros, intelectuales, estudiantes, artistas, periodistas, poetas y escritores. De Estados Unidos llegó la Brigada Lincoln. Hubo asimismo brigadistas de Canadá, Inglaterra y de América Latina. Este rol es atribuible a creadores como César Vallejo y Pablo Neruda, que se batieron con su pluma y agitando las conciencias. La nacionalidad más numerosa fue siempre la francesa, con una cifra cercana a los 10.000 hombres, fundamentalmente de la zona de París. En sus filas estuvo el escritor André Malrau.

Una de las obras de Armando Bazán acerca de Vallejo con quien compartió los avatares en la España de la Guerra Civil.

LOS BRIGADISTAS CAJAMARQUINOS
Cajamarca también estuvo presente en esa contienda, en lo que yo he llamado la Brigada Catequil, a través de la participación del poeta celendino Armando Bazán Velásquez y de los estudiantes cajamarquinos Juan Napoleón Valera Florián y Absalón Vergara Ortiz. Por supuesto, cientos de cajamarquinos más participaron con su corazón en este conflicto.
Valera y Vergara eran muy jóvenes, y ambos llegaron a Barcelona para estudiar Medicina, pero el estallido de la guerra intestina en la Madre Patria los sorprendió. Animados por su gran sensibilidad social, ambos decidieron quedarse en España para luchar contra el fascismo, abrazando la noble causa del pueblo español.
Al final de la guerra, con el triunfo del bando fascista, Juan Valera fue hecho prisionero y recluido en un campo de concentración durante 5 años, hasta 1944, año en que Armando Bazán consiguió que fuera amnistiado gracias a su cargo de secretario privado del presidente Manuel Prado Ugarteche.
Absalón Vergara, en cambio, cayó luchando en las trincheras, durante el bombardeo fascista de la ciudad de Barcelona en 1938. Allí ofrendó su vida, en defensa de la causa anarquista de Catalunya.
Sus restos descansan en España, la tierra que él tanto amó y por la que dio su vida y su juventud.
Ojalá algún día, el gobierno regional de Cajamarca coloque una placa en su tumba para manifestar que los cajamarquinos no hemos olvidado su heroico sacrificio.

domingo, 17 de julio de 2011

OPINIÓN: Batiendo récords en Sevilla (Celendín)

LA PLAZA TAURINA MÁS GRANDE...
Por Franz Sánchez
Intentando establecer un récord mundial, la plaza de toros de La Feliciana, en el barrio de Sevilla (Celendín, Perú), me ha demostrado contundentemente, haberlos roto todos.
Es la más grande plaza que he visto en todo. Para dejarlo claro, este coso taurino, con un diámetro de 70 metros, es inmenso en muchos aspectos:
Es el único construido de maderos, para cuya elaboración se talan miles de eucaliptos que sostienen a más de 10 mil personas por tarde, durante cinco días.
En una actividad que se repite cada año, en las mismas fechas (fines de julio y comienzos de agosto). Las cifras toman dimensiones considerables al sumar un lustro de corridas y restar que en ese lapso no hubo ninguna vocación de reforestación. Toda actividad humana sin un plan de contingencia adicional, puede degenerar en desbalance de la biodiversidad, hablamos de salvar los pocos bosques que quedan y a los animales que los habitan,
En una breve mirada alrededor del pueblo notaremos que nos restan algunos bosques, pero pelados, secos, sin vidas (que valga el plural). El archivo fotográfico del pueblo confirma que los planos verdes que habío antes en la campiña que circundaba la ciudad con el tiempo han declinado y ahora lucen pelados y estériles, obviamente por actividades de depredación y consumo sin medida (incendios forestales y actividades madereras)
Me parece un pésimo mensaje a la niñez y juventud que, sin planes ni programas de reforestación (y en medio del cemento que sigue aniquilando las áreas verdes), las autoridades construyan el ruedo taurino de madera más grande que existe, sin sembrar nada en paralelo.

Los bosquecillos de eucaliptus de la zona plantados para cinco días en La Feliciana, barrio de Sevilla, Celendín.

¿Quién puede contra la tradición? Ojalá hiciéramos también nuestra tradición la reforestación, como una actividad transmitida de padres a hijos (en este un mundo que ha causado el reto del nuevo milenio: atenuar los efectos del calentamiento global).
Como si fuera poco, la plaza taurina de La Feliciana, en Sevilla (recalco…, en Celendín) es la más grande en exhibición de incultura, de intolerancia, de desperdicio, de contrastes, de miserias. En ella, y sin mucho esfuerzo, se puede observar sujetos ebrios jugando con su vida desde lo alto de los palcos, arrojando cerveza sobre la cabeza de los demás, y en el más asqueroso de los casos, evacuando fluidos de sus organismos.
En medio de la fiesta “brava”, la gente se grita, insulta, pelea, y roba. Aquí se demuestra el grado de intolerancia de esta indigente sociedad. Personas que no pueden verse ni en pintura, coinciden en el mismo palco (como para un cuadro costumbrista), en la misma banca (unidos por la sangre)… y entonces se arma el zafarrancho. Los vendedores irrumpen trepando sobre las personas, y los pillos cierran la faena a costas de los incautos.
Cuentan que en la época del virreinato, los hombres y mujeres de alcurnia pidieron que se presente un espectáculo exótico, en la famosa plaza de Acho. Y así fue se trajo un león africano, y se presentó con bombos y platillos “el enfrentamiento entre el león y un toro bravo”. La gente colmó las boleterías, y cuando hubieron ingresado cayeron en decepción pues el toro y el león tan solo se miraban de lejos. La concurrencia empezó a gritar: ¡estafa!, entre empellones y pedidos de devolución de las entradas, se armó una trifulca que dio como resultado una soberbia paliza dentro de las tribunas. Un sabio caricaturista, plasmó el instante dibujando al león y al toro abrazados en medio del ruedo, observando la pelea, y agregó una viñeta a modo de pensamiento que decía “quiénes son los animales”.

Los días de toros en Celendín es la anestesia para que el pueblo olvide a las malas autoridades.

Mientras que en el campo, un pan duro remojado en leche es verdadero salvavidas. En Sevilla (nombre alienado de La Feliciana), las oportunas autoridades reparten naranjas que luego la gente arroja sobre el picador, con insolencia y arrogancia ante la pobreza.
Para mí, y entiéndase a título personal, la plaza de toros de La Feliciana en Sevilla (en Celendín, insisto), es el más grande espectáculo de humillación pública no solo de animales, sino también de humillación al hombre y mujer del campo.
Se construyen “barreras” (tendidos al nivel de la arena), formados por palos gruesos en horizontal, que resulta una especie de gran java de hacinamiento, o de “cuyero” exclusivo para los campesinos. Y cuando comento esto, noto a las personas de la ciudad, ofendidas, ultrajadas e indignadas por mis palabras. Ellos argumentan que “a los campesinos no se les obliga ir a la barrera”.
Yo insisto: ¿hemos obligado al alcalde y a su séquito de adulones a que vayan al palco oficial?
No, sin embargo, saben ellos que su estatus prohíbe a sus nalgas el asiento en “barrera” (buscar comodidad para la carnicería)
¿Alguien verá un día, al “culto” regidor con su familia, aplaudiendo la barbarie desde barrera?
Yo no, pues no comparto el morbo.
Hay buenos celendinos, que dan orgullo, que son profesionales de respeto, hombres y mujeres de éxito. Sin embargo nada de eso vale, si su intolerancia es más grande que su corazón, si cobijan prejuicios, si discriminan, si son racistas o "especiotas".
Los malos celendinos, o sea los menos, buscan en su abolengo diferenciarse del oriundo, inventando noblezas, estirpes europeas o portuguesas. Cuando más que andar buscando sangres nobles deberíamos perfeccionarnos como celendinos endémicos, ese es un verdadero reto.
Respetar al hombre y a la mujer del campo, sería de la nobleza dorada, pues ellos reconocen y respetan sus orígenes, mientras que los confundidos mestizos revisan siempre su sangre, queriendo hallar lo que más les convenga.
El atentado contra los animales es salvajismo puro, no tiene ninguna comparación artística con las creaciones que conmueven lo más sensible de nuestra humanidad. En ecuador, gracias al referéndum de Rafael Correa, la matanza pública de animales, está prohibida. A eso debería adicionársele el veto, al escarnio y a la burla hacia los demás seres vivos.
Mahatma Gandhi decía: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que trata a sus animales”.
Al final de la tarde, con el sol ocultándose se descubre la realidad, la gente se va satisfecha (eructando sufrimiento ajeno) luego de clamar por sangre, sino del toro la del torero. La plaza más grande del mundo, es también el más grande muladar: bolsas plásticas, papeles, cáscaras, más basura…más miseria.
Si alguna vez a alguien le interesó estudiar sociológicamente a la provincia, tendría que visitar la plaza de toros de La Feliciana, en Sevilla (Celendín, reitero), a finales de julio. La muestra a escala de una sociedad donde algunos lejos de reflexionar, se sienten orgullosos de sus miserias, que ven arte en donde existe brutalidad.
Será por siempre un tema reincidente, recurrente en mis columnas y artículos, toda vez que no se tenga el mínimo respeto por la vida (de todo ser), por el entorno… Y sobre todo por nuestra Tierra, insistiremos.
Cambiar la mentalidad para un nuevo mundo. No es más un pedido, sino una exigencia.



¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
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viernes, 15 de julio de 2011

PEQUEÑA HISTORIA: El teatro trashumante

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Cuando en los pueblos del interior del Perú, especialmente en las capitales de provincia no había cine y mucho menos televisión, ni, por supuesto, los adelantos que en materia de audio visión nos brinda la tecnología actual, el teatro nómade era la única distracción y la única manera de adentrarse un poco en la cultura.
Celendín, un pueblo original, de honda raigambre ibérica, tenía entre sus aficiones, aparte de los toros, ese gusto por las representaciones teatrales y eran muchas las compañías de actores que incluían en su itinerario de visitas a nuestra bella ciudad, porque conocían el gusto de los celendinos por el teatro y otras manifestaciones culturales.
De tiempo en tiempo, la ciudad amanecía plagada de carteles en las esquinas que anunciaban a la compañía que en esa ocasión visitaba a la población: “Compañía Valderrama de Teatro, Presenta la obra de… en funciones de vermouth –que jamás entendí porqué se llamaba así a la función vespertina, cuando el término se refiere a un licor muy popular en mi juventud- en el local de la Escuela de Mujeres Nº 82…”

Los actores, caracterizados para alguna escena, con anteojos Nicanor Valderrama, director de la compañía, al centro la bellísima y esbelta Srta. Elisa Bardales, Raúl Figueroa y Antonio Chávez Pereyra ,"El Charro" (Foto archivo CPM)

Toda la gente que se preciaba de alguna cultura asistía obligatoriamente a la función en la que, además del drama o comedia de fondo, presentaba algunos sainetes y números musicales, muy del gusto del público de entonces. La compañía permanecía un par de días y luego se marchaba hacia el oriente, si venía por la ruta de Cajamarca y viceversa si arribaba por el rumbo del Marañón.
Menudo trajín heroico el de esas compañías de teatro que tuvieron su hora de gloria precisamente en la época dorada del caucho como lo prueban los suntuosos locales de teatro y varieté que se erigieron en Manaos, Iquitos y otras urbes que funcionaron como centros de comercio del caucho. Recuérdese que en esa época no existía la facilidad de hogaño para viajar y los viajes había que hacerlos a lomo de bestia, o en precarias canoas en los ríos amazónicos, o como se pudiere.
Después del paso de la compañía teatral, todo el pueblo tenía tema de conversación y discusión para un buen tiempo.
Fue precisamente en la Compañía de Teatro Valderrama que recorría hacia oriente en donde se enroló una pareja de celendinos audaces, amantes de las tablas, que se embarcaron en el sinfín de aventuras que el teatro con sus candilejas, disfraces y dramas impersonales, auguraba. Ellos fueron la señorita Elisa Bardales y mi padre, Antonio Chávez Pereyra “El Charro”.
Navegando en esa dorada barca recorrieron parte del Brasil y Argentina, pueblos en donde el gusto por el teatro estaba enraizado.
Al cabo de algunos años retornaron al pueblo que los vio nacer trayendo como único bagaje la cantidad de anécdotas que atravesaron en su aventurado recorrer y algunas fotos que hablan elocuentemente de ese artístico quehacer.
Ya casado mi padre y con muchos hijos en su haber, acertó a pasar de nuevo por Celendín la compañía Valderrama, trayendo en su elenco al único superviviente de aquellos años, a Raúl Figueroa, que entonces ya hacía de director de escena, con quien mi padre se enfrascó en una noche de conversación, plena de nostalgia, que los cigarrillos y el vino catalizaron y que yo escuché, bebiendo con fruición cada palabra, escondido bajo la única banca que había en su taller de sastrería.


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martes, 12 de julio de 2011

OPINIÓN: Los aspavientos finales de Crazy Horse

Por Crispín Piritaño
El gran problema de tener un ego colosal es que sus manifestaciones alcanzan límites patológicos y chocan a la gente. En criollo, los aspavientos de Crazy Horse, el aún presidente, los podríamos llamar afanes de figuración enfermizos, pataleos para hacerse notar, evidencia de que se piensa insustituible, intentos de hacer creer que el país se despeñará cuesta abajo cuando ya no contemos más con su "sana" presencia en el palacio de gobierno. Qué equivocado es su trote chueco y su corcoveo.
Crazy ha hecho de todo últimamente para hacerse notar, contando con la complicidad del siniestro, del ominoso prelado que ejerce la política desde los púlpitos de Lima. Empezó con el Cristo del Morro Solar, efigie a quien los iconoclastas, los lúcidos y los que ven en el gesto del presidente una mera pose, han dado en llamar el Cristo del Gordovago y el Cristo Delorobado; luego vino la recuperación y promesas de restauración de la Cruz de Motupe, via erogación solidaria y “voluntaria” de sus ministros; y, finalmente, el intento de hacer del centenario de Machu Picchu una especie de cumpleaños personal.

Imagen elocuente de todo lo que quiere esconder Crazy (Caricatura tomada de La Mula).

Pero lo que llama la atención son las inauguraciones de obras faraónicas hechas a medias, como el Estadio Nacional y el tren eléctrico, obras que, como es su costumbre, entregará inconclusas. Crazy siente que el poder se deshace en la nada bajo sus pies y piensa que tiene la obligación de inaugurarlas como sea, sin importar los problemas que vengan después o que ya asoman entre bambalinas.
Con el amigo Charro conversábamos el otro día acerca de las curiosas coincidencias entre los gobiernos de Odría y Crazy y recordábamos que esto de las inauguraciones de obras inconclusas no son nada nuevo bajo el sol de los Incas. En nuestra amada tierra también hubo, en 1956, la inauguración forzada y forzosa, por órdenes de Odría, del canal de irrigación de Pampa del Toro ¡sin que llegue ni una gota de agua a los campos sedientos de Celendín!
Aquella inauguración fue un día memorable para los celendinos con conciencia, porque el maestro Saúl Silva Sánchez, a quien las autoridades pretendían negar tribuna, aprovechó el descuido del encargado de ceremonias y se apropió del micrófono para sentenciar con una frase que quedó en los anales de nuestra historia: “Cuarenta millones, cuarenta millones se han gastado y no tenemos ni una gota de agua. Con cuarenta millones hubiésemos comprado cuatro mil ingenieros, los hubiésemos unido culo con boca y ya tuviéramos agua”. Terrible frase que despertó al pueblo y puso en evidencia a los ayayeros del gobierno de turno, que querían engañar y estaban haciendo el más terrible ridículo.
Pero Crazy, en su afán de que lo recordemos con cariño para poder volver en 2016 (la insanía del poder no tiene límites), no toma en cuenta las lecciones de la Historia. Contra lo que piensa y cree, todas sus maniobras y aspavientos no le servirán de nada, nada logrará ocultar o que pasen desapercibidos los escándalos y faenones de corrupción que enlodaron su gobierno en su conjunto. Ha intentado culpar a los hombres de su entorno como León Alegría, Químper, Jorge del Castillo, Aurelio Pastor, Mercedes Cabanillas, César Zumaeta, etc, etc., para que carguen la cruz de su corrupción, pero el pueblo sabe que el Gran Titiritero es él y nadie más que él.
Por todo ello, Alan García es pasible de un juicio de residencia, del que, estamos seguros, no saldrá bien librado. ¡Pobre Crazy! ¿Y ahora quién podrá salvarlo?


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lunes, 11 de julio de 2011

OPINIÓN: Corrida de toros

Por Jorge Horna
(Una experiencia personal)
En mi siempre recordado Celendín, la celebración anual en el mes de julio se planifica y organiza en homenaje a la Virgen del Carmen. Después de las concurridas misas solemnes, novenas, quema de fuegos artificiales, y de paso, el desfile escolar por la patria, todo el entusiasmo de la población se dirige a las cinco tardes de corridas de toros.
Han escrito propios y extraños detallados y emotivos relatos referidos al ruedo de madera ingeniosamente construido para una sola y pasajera jornada de tauromaquia. La originalidad es evidente, y el jolgorio inevitable impulsado por una especie de interacción social colectiva.

El proceso de construcción del "Ruedo de palos más grande del mundo" (Foto JH).

Con el riesgo de ser objeto de variadas adjetivaciones, voy a exponer mi opinión, sabiendo que una multitud con el fervor irreflexivo pretenderá cuestionarme.
Muchos celendinos y celendinas -cuando niños- íbamos junto a nuestros padres al espectáculo. La verdad es que nunca gocé de ello. Lo que sí me agradaba era jugar por las noches con otros amigos en el tablado de los “chaques” y “palcos” hechos sobre la “barrera”. Y, ya adolescente, escuchar en “La Feliciana”, también por las noches las retretas con aires musicales que apretaban el corazón ya platónicamente enamorado.
Mi indiferencia por las corridas de toros al transcurrir el tiempo se hizo palpable. En alguna ocasión preferí pasar la media tarde en un toldo bebiendo unos cuantos vasos de chicha de jora, solo, pues todos –o casi todos- estaban de espectadores taurinos.
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Retorné a la “fiesta brava” después de más de veinte años con mis hijos de 15 y 12 años de edad. Fuimos a la primera tarde de lidia, y en el “chaque” que alquilamos tuvimos que hacer obligadas contorsiones y piruetas entre las tablas que fungían de inamovibles asientes escalonados, hasta lograr una ubicación.
Toreros recibidos con marineras, marchas, valses y vítores; luego de sus ritos, el inicio de la corrida. Después de puyazos, varas, pinchazos de garapullos y estocadas, la luz solar -ya crepuscular- se reflejaba trágicamente en la sangre que a borbotones manaba por el lomo del toro agonizante, los ojos humedecidos, nublados por la impotencia; y los gritos y aplausos vacuos de los espectadores. Se entoldó el día cuando un torero dio el puntillazo final.

¿Quién podría resistirse a un paseo por tan extraordinario paisaje? (Foto JH)

Al día siguiente sugerí nuevamente a mis hijos ir al espectáculo. No aceptaron, entonces les propuse pasear por las campiñas del pueblo, faenas que las proseguimos en las restantes tardes.
Luego de esta remembranza estoy del lado de la corriente contemporánea mundial que manifiesta el rechazo a este tipo de lidias, lamentablemente popularizadas.
El debate esta abierto.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
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jueves, 7 de julio de 2011

EDUCACION. El Colegio Emblemático “Coronel Cortegana”

Por Jorge A. Chávez Silva
Al cabo de 74 años de su fundación como Colegio Particular “Celendín”, el primer colegio secundario de la provincia verá cristalizadas sus más caras esperanzas de verse convertido en un Colegio Emblemático y tendrá una infraestructura acorde con este título para estar a la par de otras instituciones centenarias del departamento que ya cuentan con una infraestructura moderna y funcional.
A través de su historia esta alma máter celendina tuvo un proceso de cambios empezando como Colegio Particular “Celendín” el 4 de abril de 1937, luego el proceso de nacionalización el 9 de marzo de 1944, con el nombre de Colegio Nacional “Javier Prado”, para luego lalcanzar la categoría de Gran Unidad Escolar “Cortegana” el 4 de abril de 1965, hasta terminar en la denominación actual de Institución Educativa “Coronel Cortegana”, en memoria de nuestro héroe de la Independencia Nacional, Coronel Juan Basilio Cortegana.

Trabajadores del Colegio "Javier Prado" en 1955. Sentados de izquierda a derecha: Dalila Marín Díaz, María Wenceslao Merino Díaz, César Pereira Chávez, Artemio Tavera Sorogastúa, RP. Manue Quiroz Velásquez, Director Eloy Arriola Senisse, Aureliano Rabanal Pereyra, Fulvia Chávez Sánchez, Francisco de Sales Chávez y Uladislao Silva Sánchez.
De pie: César Díaz Dávila, Napoleón Tejada Rojas, Luis Cerrel Torres, José Luis Fernández Peña, Uladilao SIlva Merino, Arístides Merino Merino, Alfonso Peláez Bazán, Ruperto Díaz Acosta, Francisco Chávez Díaz y Silos Silva Pereyra. (Foto archivo CPM)

Uno de sus hijos, el actual Ministro de Educación, Víctor Raúl Díaz Chávez, ex alumno de la promoción 1963, ha venido trayendo la feliz noticia de que la infraestructura será una realidad puesto que el Ministerio que él representa ha destinado un presupuesto de 22 087 820 nuevos soles para su realización.
La infraestructura moderna contará con piscina y campos deportivos además de otros ambientes que propicien un nuevo concepto en educación y alberguen a miles de jóvenes celendinos ávidos de cultura.
El consorcio “Virgen del Carmen” será el ejecutor del proyecto, el mismo que cuenta con el apoyo de la Municipalidad Provincial de Celendín y tendrá el plazo de un año para concluir las obras. Mientras tanto los alumnos de esa institución serán albergados en aulas prefabricadas en la I.E. Pedro, Paula y Augusto Gil hasta que pasen a su local definitivo en el barrio “El Porvenir”.
De esta manera y luego de un conflicto con la I.E. “Manuel de Piérola Castro”, ex INA 38 que concluyó con un intercambio de locales, Celendín verá coronados sus anhelos de contar con un Colegio Emblemático de primer orden.
Esperemos que los trabajos se desarrollen con normalidad y prontitud, en todo caso deben estar los padres de familia vigilantes y atentos para que se llegue a buen puerto y se beneficie a la educación celendina.
Pese no ser ex alumno de esa institución, mi deseo como celendino es que este largamente acariciado anhelo sea una realidad para bien de la juventud.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
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OPINIÓN: ¡Superemos a González Prada!

Señal de Alerta, 7-11-2008

¡SUPEREMOS A GONZÁLEZ PRADA!
http://www.voltairenet.org/Superemos-a-Gonzalez-Prada,158488

Por Herbert Mujica Rojas
Desde el saque el titular reta, golpea, solivianta. ¿Cómo así que superar al maestro inmortal y al espíritu levantisco cuasi conciencia rebelde, ayer y hoy, del país? Seamos justos y puntuales. Más allá de la feroz crítica, no pudo ir más hacia adelante don Manuel. No le alcanzó el tiempo, tampoco eran las comunicaciones como hoy. Y el Perú –en eso sí seguimos estancados- persiste en un mosaico impresionante, desunido, fragmentado y sin líderes. Las castas políticas hieden, los capituleros abundan, los logreros presiden el menú cotidiano del asalto a la faltriquera que aquí se llama presupuesto nacional.
Cuando propongo la reflexión en camino a ser prédica diaria, es decir en catecismo no religioso –aunque eso desafíe la propia definición- lo hago porque en Perú la desidia popular permite la actuación de patibularios en la cosa pública. Si no fuera de ese modo, muchos prontuariados ya habrían dado con sus huesos en las cárceles y no estarían como están hoy detrás de escritorios, cobrando sueldos a la Nación y “personificando” al país. Doy un ejemplo incontestable: desde hace más de 72 horas se vienen dando informaciones internacionales de cómo personal de Lan –aerolínea que opera aquí- ha sido capturado en Barajas, España en posesión de drogas. ¿Qué ha hecho Lan ministra Verónica Zavala? Recuérdese que a Aerocóndor la empujaron a la quiebra y no fueron pocas las multas y cierres que debió afrontar esa empresa con 600 trabajadores peruanos. ¡Por supuesto que Lan ministra no ha hecho nada! ¿Y por causa de qué todo el mundo calla? Es que no nos hemos impuesto el reto de romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz. Y esa funcionaria tiene tras de sí el ominoso pasado vergonzante de haber sido encontrada por la Contraloría General de la República como pasible de acusación penal por haber usado el dinero del Estado en depósitos a un banco que luego quebró. ¡Y el presidente García, en otra de sus abundantes inexactitudes, tiene el desparpajo de ratificarla en el cargo cuando su lugar es ante un tribunal y eventualmente en la cárcel!
¿Existen los partidos políticos? Son clubes electorales. Usinas que proporcionan técnicos o panzones funcionales al Estado, pero en modo alguno, alfiles de la revolución constructiva de que hablaba hace más de 50 años Manuel Seoane y que empezó tempranamente una prédica hoy olvidada por quienes se reclaman sus alumnos. Hay una diferencia enorme entre las tribus caníbales que abundan en la cosa pública, esperpentos fagocitadores y cancerosos de cualquier esfuerzo y las fraternidades calurosas que construyen naciones al amparo de los fueros de la decencia, dignidad y solemne virtud para forjar un país. No son lo mismo tropas de capituleros angurrientos que combatientes de insobornable decisión y ansias de victoria. ¿Hay que refundarlos? Pero ¡si no existen! Verbi gracia: hay que crearlos superando a González Prada que admonizaba que no era bueno “tomar a lo serio cosas del Perú”.
Fundamental resulta advertir que la opinión libre no puede hallar ataduras ni cortapisas. El que dogmatice camina hacia la entelequia. El que crea que sus verdades son apodícticas, transita hacia la estupidez. Y las naturalezas muertas no crean ni edifican, sólo apestan y envilecen. Por desgracia en Perú sólo hay la lectura de infortunios y desgracias. Pero es hora de trocar la sentencia atroz en que discurría don Manuel para convertirla en acicate, espoleo, látigo y furia hecha creación genuina, heroica y revolucionaria que constituya el baluarte de la reconstrucción nacional. No es pigmeo el reto. Sin embargo, tampoco debemos desdeñar la posibilidad de volvernos gigantes como lo fueron los incas y los preíncas. ¿No es aquello posible?
Por tanto vuelvo a la génesis y al introito: ¡Superemos a González Prada!

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!
¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
¡Sólo el talento salvará al Perú!

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Skype: hmujica

lunes, 4 de julio de 2011

EFEMÉRIDES: El Día del Maestro

Por Jorge Horna
La celebración del Día del Maestro tiene como referente la creación de la primera Escuela Normal del Perú (6 de julio de 1822) realizada por el general José de San Martín, un año después de la proclamación de la Independencia. Años más tarde esta institución pasó a convertirse en la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle”, situada en los predios de La Cantuta (Chosica).

Horacio Zeballos, maestro peruano y poeta.

Antaño el magisterio peruano de Educación Básica Regular (Ed. Inicial, Primaria y Secundaria) solía celebrar su día con un ánimo festivo y de jolgorio. Con el devenir de los años, las crisis provocadas por los sucesivos gobiernos determinaron el abandono paulatino de la educación estatal, por lo tanto un cambio de actitud de los maestros.
En un proceso organizativo en el que no faltaron las traiciones, felonías y oportunismos, el magisterio nacional logró unificarse. Un hito de ese camino fue la fundación, en un Congreso Nacional, del Sindicato Unitario de Trabajadores de la Educación del Perú (SUTEP), en la ciudad del Cusco el año 1972.
Hogaño la conmemoración del día del Maestro se fortalece con un espíritu de reflexión, crítica y autocrítica sobre la situación de precariedad del sistema educativo de nuestra patria.
Horacio Zeballos Gámez, quien nació en Carumas (Moquegua) en 1942 y falleció en Lima el año 1984, fue formado como maestro para laborar en escuelas primarias; representó al magisterio como primer Secretario General del SUTEP. La coherencia entre sus ideales y la praxis de su proceder, le valieron la consideración y reconocimiento de los sectores de izquierda y de otras vertientes ideológicas y políticas del país. Sufrió sucesivas carcelerías por su fidelidad y consecuencia en la consecución de las reivindicaciones del magisterio.
Como un homenaje a los maestros peruanos publicamos un conjunto de poemas que pertenecen al libro Alegrías de la prisión, que Horacio Zeballos escribió en las pausas breves entre las duras jornadas de la lucha popular, sindical y política.



Maestro

Maestro
en tu libro de lucha
he aprendido
que no traicionar
es un mandamiento.

Me enseñaste a vencer montañas
y ciudades
a no retroceder como el agua constante

Vives en mi sangre
y el pueblo abraza tu esperanza

Eres el Huascarán que de puro hermoso causa espanto

En ti aprecio al Urubamba que baja vivando
y al amanecer pareces el Titicaca que se ahoga
en las orillas de mis ojos

Nada importan abrojos y enemigos
para vencer requiero tu ternura
la transparencia humana
tus brazos de cóndor

Quiero lealtad
como los niños que siembras con tus palabras

Un ideal color de lirio un país como tú
donde el fusil hable y derrame cantos

Maestro
cuando te miro me acuerdo que estoy venciendo
y no tengo miedo de los descuartizadores
de la luz y el canto


De los presos soy el último

De los presos soy el último
dame por descontado en las filas del encanto

De qué les sirve mi cuerpo
si el corazón lo tengo libre

Difícil no es vivir
sino entender por qué se vive

Bebiendo el cristalino trago de tus senos
aprendí a no llorar
y no lloro

Soy de los que se resolvieron
en el mismo vientre
como la flor en la rama

Flores y pájaros trinan
en la ventana de mi exilio




Hagamos con mi valor un puño

Hagamos con mi valor un puño
con tus pechos que encendieron
las farolas de mi cuerpo
encendamos la ciudad

Tus palabras de rocío
pueden volverse de fuego
y cubrir la pradera

Tu belleza y amor nos unen
si buscamos al hombre nuevo
forjémoslo con rosas y acero

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