domingo, 5 de agosto de 2012

OPINIÓN: Con el arma apuntando a la sien

Por Crispín Piritaño
Celendín
La decisión gubernamental de prolongar el estado de emergencia en las provincias de Cajamarca, Hualgayoc y Celendín, aduciendo que las condiciones no están dadas para levantarlo, ha motivado la justa protesta de los cajamarquinos que le dicen NO a Newmont, alias Yanacocha, alias Conga, por sus aviesos intentos por seguir destruyendo a Cajamarca. Las autoridades cajamarquinas, haciendo suyo el reclamo de la población han abandonado la mesa de diálogo aduciendo lo mismo: que las condiciones no están dadas por la insistencia del gobierno en mantener amenazada a la población.¿A qué le teme el gobierno? A las manifestaciones de los cajamarquinos que en su protesta han involucrado a los pensantes de todo el planeta que nos dan la razón y protestan con nosotros. Y es que ésta es la única arma que tenemos para defender nuestros recursos y el futuro de nuestros hijos.
El gobierno minero-militar se vale de la prensa genuflexa y de seudoperiodistas como el fofo, moral y físico Jaime Althaus, o de los Chinchay, Salazar, Carreño y otros; de intelectuales y artistas aburguesados como Vargas Llosa y Szyszlo; de pseudo expertos, senderólogos, “analistas” políticos como Rospigliosi, Antesana, Brack, etc.; de cadáveres políticos como Vásquez y Hernández y hasta del satánico inquilino del arzobispado que no pierde ocasión de utilizar el púlpito para intentar manipular a una población que no cree más en sus sermones. ¿El Estado si puede echar mano de todos sus “recursos” y nosotros no? Dígase de paso que el gobierno aceita generosamente a sus armas utilizando los recursos de todos los peruanos para emprender una lucha desigual y antiperuana, digna del estado más entreguista, aún más que el encabezado por el siniestro y corrupto Crazy García.

La única manera cómo el gobierno pretende dialogar con los cajamarquinos.

Sin pecar de agoreros ni pesimistas, nosotros lo dijimos cuando renunció el cachaco incapaz: no debemos alentar esperanzas en el nuevo gabinete del gobierno fuji-humalista, pese a la presencia de Huaroc, porque Ollanta Humala ya no viste camisetas rojas ni blancas, sino una fabricada en Estados Unidos y con el logo de Yanacocha bien chantado. Su gobierno ha cedido al influjo minero, que se expresa en chorros de dinero que llevan a los pusilanimes a traicionar al pueblo que lo eligió. La denuncia de la impostura sólo está comenzando, pero hará Historia. Por sus mentiras no votamos, señor Humala, sino por sus promesas, porque creímos que era un auténtico nacionalista y que tenía palabra de honor. Ahora que hemos comprobado que su pretendido nacionalismo solo era una finta para ganar votos le vamos a enseñar lo que los cajamarquinos hacemos con los que se burlan de ellos. Esto no es más que el comienzo.
Volviendo al estado de emergencia. Nos se puede continuar el diálogo si una parte apunta con una pistola a la sien de la otra parte. Sólo la mente obtusa de un cachaco de otro tiempo, que no ha aprendido nada de la historia antigua ni reciente, puede pensar que eso puede funcionar. Es evidente que Humala no sabe cómo hacerla, que no sabe como contentar a sus nuevos patrones. Su diálogo sumiso con Obama (¿o es sólo con la embajadora norteamericana en Lima) lo ha entrampado y ahora tiene que presentar resultados, de ahí sus ademanes de fuerza y sus amenazas para solucionar un problema que definitivamente se le ha ido de las manos. El hecho de que las fuerzas encargadas de mantener el estado de derecho hayan disparado ya a matar, asesinando a cinco personas, algunas de las cuales solo estaban de paso en las protestas contra Yanacocha, es un despropósito criminal por donde se le mire y deberían haberlo hecho reaccionar, pero al parecer ni la tutuma ni los huevos le dan para intentar hacer Historia.
La única solución para este problema que interesa no sólo a los cajamarquinos sino a los peruanos conscientes, así como a los intelectuales, artistas y seres pensantes de todo el mundo, es la declaración inmediata de la inviabilidad del ominoso Proyecto Conga, la expulsión definitiva de la Newmont y sus cómplices de Buenaventura del territorio cajamarquino y nacional, así como el juicio correspondiente contra ellos por los daños y perjuicios causados a través de 23 años de explotación criminal de nuestros recursos, con toda su secuela de muertes y contaminación. Sin olvidar la investigación, juicio y sanción a los asesinos que ordenaron disparar y dispararon el 3 de julio pasado en Celendín. Sólo así se haría Historia, sólo así se podría proclamar, la frente en alto: Así sí juega el Perú.

¡FUERA YANACOCHA DE CELENDIN. CONGA NO VA Y NO VA!
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