lunes, 6 de agosto de 2012

SIN TAPUJOS: La nueva ley magisterial

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
La anunciada Ley de Promoción Docente ha despertado las iras de la alianza aprofujimontesinista que pretenden mantener a toda costa la fracasada Carrera Pública Magisterial, un engendro ideado por la megalomanía de Alan García, implantada a su estilo más original: el caballazo. Y sostenemos que es fracasada porque tuvo un objetivo político: dividir a los maestros al interior de las entidades gremiales, es decir un nuevo intento de fisurar al SUTEP tal como lo hizo con la creación de un sindicato paralelo, ANTAE, durante su primer horroroso gobierno.

Una carrera que privilegió a los más incapaces.

Las dos organizaciones políticas, Apra y Cambio 90, Vamos vecino, Fuerza 2011, Nueva mayoría o como se llamen estos camaleónicos, tuvieron otro objetivo oculto: desembarazarse de la educación por considerarla una carga inútil para el estado y ponerla en manos de las municipalidades, cuando éstas no pueden resolver ni siquiera sus propios problemas internos.
La Carrera Pública jamás tuvo un sustento técnico pedagógico, mucho menos filosófico, porque los funcionarios que se desempeñaron en esa cartera pensaron que las reformas consistían solamente en inventar nombres rimbombantes y cambiarlos en las diferentes instancias y sanseacabó: Escuela, Centro Educativo, Colegio, Institución Educativa, Inspección, Supervisión, Núcleo Educativo, UGEL, DRE, plan, programa, sílabo, currículo, aprestamiento, estimulación temprana, etc, etc. Pero en lo sustantivo, en los cambios que realmente necesita la educación de nuestros niños, nada de nada.
La prueba más fehaciente del fracaso de la carrera es que el 10 % de privilegiados que se benefician de ella, no han hecho ningún intento de superar su acostumbrada labor. Conozco a un profesor que solamente va a dormir en clase, sentado muellemente en un sillón giratorio de segundo uso, mientras el desorden campea entre los alumnos; sin embargo, tiene la mezquindad de mirar por encima del hombro a los docentes que se negaron a aceptar los términos impuestos para acceder a la Carrera Pública.
Para nadie es un secreto que los profesores que se presentaron a los exámenes no fueron precisamente los mejores de sus instituciones y fueron aprobados como sea para incitar a los demás a seguir sus pasos, como si se pusiera un huevo en el nido para incitar a las gallinas a poner o como ocurría en los primeros tiempos de la guardia civil: tenían que capturar voluntarios para ponerles el uniforme. Con razón decía la copla carnavalesca:
En mi tierra no hay trabajo,
ni siquiera de albañil,
pa’ que no me digan vago
me voy de guardia civil.

Para que haya una verdadera reforma educativa, el estado debe convocar a los mejores elementos –los hay- para diseñar una filosofía educativa que responda a nuestra realidad como país tercermundista, implantar los medios para realizarla, comprometer a todos los elementos interesados en el quehacer educativo –maestros, padres de familia, alumnos, autoridades-en un esfuerzo mancomunado y sostenido cuyos resultados tengan que evaluarse oportunamente para hacer los correctivos a que hubiere lugar.
Así como están las cosas no vamos a ir a ninguna parte. Tal parece que hay una conjura contra la educación pues el estado permite el negociado de ciertas universidades, que no merecen el nombre de tales, que otorgan títulos y maestrías a diestra y siniestra, sin ton ni son, cuando en la realidad los “egresados” siguen siendo los mismos, directores, profesores o lo que sea, con su rutina habitual. La nueva ley anunciada por la ministra Salas, por lo menos ha dado en el clavo en un asunto muy importante: eliminar los privilegios salariales de quienes realmente no lo merecen. Veremos cómo funciona lo demás. Los maestros de vocación estamos dispuestos al cambio en beneficio de los jóvenes que necesita la patria.


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