jueves, 6 de septiembre de 2012

SIN TAPUJOS: Las palabras se las lleva el viento

Por Jorge A. Chávez Silva
A fines del siglo XIX, el monopolista norteamericano John D. Rockefeller inundó a China con lámparas a kerosèn. Las regalaba a todo el mundo, y todos admiraban la largueza del dueño de la Standard Oil Company, pero no cayeron en cuenta que detrás del regalo creaba la necesidad de comprar el combustible y así, por todo el mundo, su imperio petrolero creció hasta convertirse en el signo de la voracidad capitalista. Esto en buen romance se conoce como “meter aguja para sacar barreta”.
Algo parecido, pero no con la misma sutileza, es lo que pretende Newmont Mining en Cajamarca con su publicitada construcción del reservorio que supere la eficacia natural de las lagunas existentes en Minas Conga. La negativa de los cajamarquinos a aceptar esta construcción por parte de Yanacocha, que al premier Jiménez le parece inaudita, se basa en dos razones de peso: Primero en la incapacidad técnica de la empresa para este tipo de construcciones, la prueba inapelable es la famosa represa de San José, inaugurada en el 2008 con la pompa y parafernalia que tanto gustaba a Alan García y que nunca funcionó. Hasta la fecha está vacía y en permanente “mantenimiento”.

Reservorio de San José, prueba irrefutable de la ineficacia de las modernas lagunas que construye Yanacocha.

La otra razón tiene un carácter moral y nacionalista: lo inaudito, Sr. Jiménez, es que el estado delegue sus obligaciones para con la nación a empresas interesadas e irresponsables como Yanacocha y lo avale en sus pretensiones de seguir expoliando y contaminando a Cajamarca. Es obligación del estado, según la constitución, propiciar el desarrollo de regiones con capacidad de recursos, en donde los niveles de pobreza ameriten la intervención del gobierno. Nada sería más provechoso para Cajamarca que la construcción de un reservorio que complemente la acción del sistema hidrográfico existente, sin que se tenga que destruir una cabecera de cuenca como quiere Yanacocha. Pretender destruir la obra que la naturaleza creó a través de millones de años, aparte de inaudito, es irresponsable e irracional.
De esto debemos concluir que Cajamarca no desea la presencia de Yanacocha en la región, han sido suficientes 20 años para demostrarnos lo responsables que eran y su amable convivencia con las comunidades que sufrieron el impacto de su explotación. El problema de Cajamarca es Yanacocha y su modus operandi, por eso exigimos un documento legal que proclame fehacientemente que las operaciones en Minas Conga se suspenden y que la empresa infractora se retire definitivamente de la zona.
Los cajamarquinos no tenemos por qué creer en un gobierno mentiroso como el de Humala, que incumple sus promesas y que al más puro estilo fujimorista pretende dejar en simples palabras decisiones tan importantes para la supervivencia de grandes poblaciones como es el caso de Minas Conga, aduciendo que las acciones de hecho no necesitan de documentos como fue el caso del Cerro Quillish, en donde el pueblo, con sacrifico heroico, detuvo la voracidad criminal de la minera. A las palabras se las lleva el viento, Sr. Premier, en cualquier estado de derecho “papelito manda”, como dijo un ex funcionario del fujimontescinismo.
El argumento de que “por qué Yanacocha no y otras empresas sí”, no tiene ningún sustento, el principal enemigo es Yanacocha. Una vez superado esto, volveremos los ojos y pediremos cuentas a las otras empresas que destruyen a Cajamarca. Las lecciones de la historia no son en vano. El diversificar las fuerzas en varios frentes significó la derrota de muchos sueños imperiales. Por eso es impostergable la unión de los cajamarquinos en este solo objetivo.

¡FUERA YANACOCHA DE CAJAMARCA. CONGA NO VA Y NO VA!


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