jueves, 31 de julio de 2008

ESTUDIANTINA: Promoción 1957 C.N. “Javier Prado”

Estos son los muchachos de la Promoción 1957 del Colegio Nacional “Javier Prado”, era director entonces el profesor Víctor Villa Salcedo, que ejercía el cargo por segunda vez y a los profesores antiguos se habían sumado Ruperto Díaz Acosta, César Augusto Díaz Dávila, José Luis Fernández Peña, Atilio Merino Sánchez, Armando Salas Gamarra, Javier Barrueta Saavedra, Telmo Horna Díaz y Rogelio Azanhuachi Ñique. Es la promoción de “Mime”, del profesor “Manongo”, del profesor Lucho Díaz Araujo “Choyo” y de las bellísimas Grimanesa Díaz, Zoila Inga, Martha Morera, Ernestina Sánchez, Débora Chávez y otras no menos bellas. Adjuntamos, para el recuerdo la lista completa de los alumnos de dicha promoción que en la foto posan con el recordado profesor César Pereyra Chávez.


Aliaga Aliaga Zalatiel, Aliaga Sánchez Hildebrando, Aliaga Zegarra Gílmer Teófilo, Bazán Correa Bartolomé, Briones Cruzado Juan Clímaco, Delgado Díaz Luis Horacio, Díaz Araujo Luis Francisco, Malaver Chávez Napoleón, Malaver Chávez Raúl, Sánchez Aliaga Manuel Próspero, Sifuentes Ocampo Angel Alcides, Silva Jáuregui Alejandro, Silva Rabanal Héctor Manuel, Silva Sánchez Manuel Eleazar, Villanueva Izquierdo Segundo Leopoldo, Chávez Castaños Aurora Débora, Chávez Paredes Nélida Esperanza, Díaz Barrera Grimanesa, Díaz Zegarra María Luisa, Inga del Cuadro Zoila Haydée, Linares Boza Rebeca Manuela, Morera Pereyra Martha Isabel, Sánchez Aliaga Victoria Ernestina, Sánchez Araujo Dina Elizabeth, Silva Chávez Olga Alicia, Silva Rabanal Olga Marina, Valdivia Valencia Elizabeth, Velásquez Díaz Sixtina Esperanza

sábado, 26 de julio de 2008

TOROS EN CELENDIN

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”

Hemos recibido , por cortesía de nuestro amigo Chodiaz, el cartel de la tradicional Feria de la Virgen del Carmen en el que se anuncian 5 tardes taurinas del 30 de julio al 3 de agosto del presente. Celendín nuevamente se vestirá de fiesta y muchos celendinos, inmersos en su eterno volver, recorrerán otra vez sus calles y encontrarán cambios irreversibles en la fisonomía de la ciudad que marcan la destrucción final de nuestro pueblo.
Seguramente que el inefable alcalde Juan Tello, presidente autonombrado de la Comisión Taurina recorrerá el ruedo buscando el aplauso del respetable, esperamos, de todo corazón, que el aplauso se troque en abucheo por su pésima gestión y se encamine de una vez el proceso de revocatoria, porque Celendín no merece una autoridad como Tello ni como los anteriores Aliaga y Arteaga.
El cartel internacional anuncia al colombiano Cristóbal Pardo, a los españoles Tomás López y Miguel Murillo, nombres que con otra vez que los oigamos nombrar serán dos y a los peruanos Fernando Roca Rey, su hermano Andrés y Alfonso Simson alternando el rejoneador Andrés Ruiz.
Fernando Roca Rey, pese al atractivo que tiene sobre las jovencitas, no pasa de la mediocridad, su última presentación en la Feria de Octubre en Acho fue un fracaso estrepitoso, es demasiado zanquilargo para nuestro gusto, su hermano Andy es apenas un niño del que se espera mucho, el tiempo lo dirá. De Simson poco podemos decir porque son pocas las oportunidades que le hemos visto.
Lo que nos parece mal es la vitalicia presencia de ciertos personajes en la Comisión Taurina como son los señores Armando Solís y Dionisio Pereyra Silva, me pregunto extrañado ¿Serán aficionados a los toros o a qué? Estos señores pertenecen al grupo de organizadores a quienes un vecino preguntó:
-¿Y cómo salieron de la feria, señor tesorero?
-Salimos por pies y tas con tas.
Lamentablemente el cartel no anuncia, como debiera, la procedencia del ganado, ingrediente principal de la corrida, por ello no podemos aventurar un juicio, ojalá sea bueno, porque si no hay toros no hay feria. Y en todo caso, al que deben picar en medio del aplauso del público, es al alcalde. Salvo mejor parecer.

martes, 22 de julio de 2008

ESTAMPA: El día del desfile

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Desfilar por fiestas patrias en Celendín era un asunto de vida o muerte. La rivalidad entre escuelas y colegios era enconada. Que si el 81 o el 85, que si el 89 o el 82, que si el Javier Prado o el Agropecuario... Y luego estaban las Carmelas, que también entraron a terciar. Todos los ansiosos espectadores tenían sus preferidos y, por verlos, desde la víspera, dormían en el atrio de la iglesia en sus bancas colocadas en primera fila.
Casi todo el mes de julio la pasábamos en ensayos. Había algunos chúcaros que eran incapaces de coordinar sus movimientos y eran la nota disonante entre la uniformidad. El batallón avanzaba por el empedrado de la calle y se escuchaba el ¡pram! ¡pram! acompasado. A los maestros se les ponían los pelos de punta cuando escuchaban de pronto el tálaj, tálaj de algún desorejado que no entendía que el golpe del bombo era para el pie izquierdo.

El gran desfile de 1963. Foto cortesía del prof. Javier Chávez Silva.
El 28 todo era movimiento en las calles, que faltó la escarapela, los galones, betún para el calzado, la insignia, el disco de la cristina, o ¡que sé yo! Las mamás preocupadas corrían de un lado a otro para remediar el último detalle. Los maestros se miraban por última vez ante el espejo antes de ir al magno evento.
Ya en formación frente a la escuela, la banda de guerra ensayando desordenadamente, las últimas recomendaciones del director: que si habremos tomado buen desayuno para aguantar, que hay que dejar el alma cuando pasáramos por la tribuna, que no nos puede vencer la escuela rival. ¡De ninguna manera nos puede ganar el 81 potroso!
Los maestros daban los últimos toques a la formación colocando en la columna del centro a los descalzos y a los enzapatados en los flancos. Todo al parecer estaba listo. Una última mirada y de repente caían en cuenta que había algunos ralitos que podían desmayarse en los emplazamientos previos al desfile.
-A estos enclenques hay que ishanarlos, les va a dar váguido.
Y así eliminaban a los flaquitos: al Miguicho, al Patico, a los Capachos y al Clavi. Los pobres, además de ser desembarcados a último momento, sufrían el vejamen de ser despojados de las prendas que les faltaban a los otros. Les quitaban la insignia, la cristina, la corbata , los galones y hasta la correa. En ese tiempo no se hablaba de autoestima. Hoy, al profesor que incurre en eso lo fusilan por mutilar el perfil del alumno.
Los pobres defenestrados no se resignaban y seguían por la vereda el mismo paso de sus compañeros, marchando… marchando… y uno, dos…y uno, dos…

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Estaba en el medio del batallón volteando la esquina para pasar frente a la tribuna oficial y no sabría decir si fue la elegancia de las autoridades, la belleza maquillada de las damas con cartera, la voz chillona del locutor oficial resumiendo la gloriosa historia de la escuela, la ansiedad de los ojos del público espectador, la angustia reflejada en el rostro de mi madre, el espléndido sol que parecía alegrarse por el aniversario de la independencia, el cielo eternamente azul, los cachetes vibrantes del gordo que marchaba a mi lado o los cohetecillos que empezaron a sonar previo a nuestro paso…
No lo supe nunca, pero justo cuando pasaba por la tribuna, todo se hizo nebuloso y empecé a marchar en un sueño del que no quise despertar jamás.

sábado, 19 de julio de 2008

ESTUDIANTINA: Promoción 1982 “Coronel Cortegana”

Estos alegres y elegantes muchachos que posan en el nuevo local del “Coronel Cortegana” en compañía del actual director Jorge Ocampo Castañeda, son algunos de los integrantes de esa generación que estudiaba bajo la dirección de don Telmo Horna Díaz. En esa época el local permanecía como originalmente fue y somos de la convicción de que nunca debió cambiar por ser un monumento histórico de la ciudad, producto de la filantropía de un visionario celendino como fue don Augusto G. Gil Velásquez, quien, generosamente donó el local en 1942.
Nuevos aires soplaban entonces y a los viejos maestros, algunos fundadores, se unían nuevos docentes deseosos de desparramar su didáctica en el colegio que los albergó como estudiantes, entre ellos: Carlos Elías Cueva Díaz, Bertha Emilia Gómez Horna, Pedro Alvitres Espinoza, Esther Antonieta Arteaga Villar, Isaías Bardales Silva, Arturo Genaro Bazán Silva, Rómel Arbey García Tambo, Juan Cayetano Silva Díaz, María Eugenia Tavera Chávez, Jovita Zumaeta Oyarce.
De nuestros archivos extraemos la lista completa de la promoción que brindamos para que un recuerdo de sus condiscípulos aflore con nostalgia: Araujo Rojas Maxwell Harvey, Bardales Ortiz Jorge Adalberto, Bazán Sánchez Freddy, Bazán Velásquez Víctor Manuel, Bocanegra Rabanal Carlos Alberto, Briones Silva Oscar Moisés, Cachay Silva Freddy Justo, Cortez García José Luis, Cortez García Segundo Ángeles, Chacón Iberico Víctor, Chávez Silva Gilberto, Díaz Romero Mario Francisco, Díaz Vílchez Wílder Edinson, Gonzáles Díaz Luis Alberto, Goicochea Mantilla Mardonio, Guevara Bazán Wilson Roberto, Malaver Malaver Víctor Manuel, Mantilla Silva Carlos Ernesto, Marín Linares Amílcar, Muñoz Cachay Oscar Victoriano, Ortiz Chávez Víctor Ramón, Pereyra Sánchez Jaime Wílder, Pérez Bustamante Alfredo H., Rodríguez Salas José Mercedes. Rojas Araujo José Glorioso, Rojas Pereyra Eglin, Roncal Vera José Alberto, Sarmiento Garrido Alejandro, Silva Izquierdo Javier Olmedo, Silva Rojas Wilson Napoleón, Silva Murga Wálter Felipe, Vera Araujo Saturnino, Zamora Díaz José Percy, Zavaleta Revoredo Efraín, Zavaleta Zaldívar Abel Mercedes, Abanto Rojas Reynaldo, Bazán Villanueva Carlos Vicente, Cáceres Soto José Luis, Chávez Cáceres Segundo Pedro, Chávez Rojas Amílcar, Díaz Apáestegui Modesto, Díaz Araujo Gílmer, Díaz Araujo Segundo Juan, Díaz Dávila Santiago, Díaz Mori Mario Alberto, Díaz Silva Luis Felipe, Estela Julca Manuel, Gómer Ortiz Víctor Álvaro, Guevara Herrera Santos Cosme, Horna Quevedo José Gílmer, Malaver Briones Miguel, Márquez Solís Edgar Eduardo, Mori Chávez José Arístides, Muñoz Lozano William Fritz, Muñoz Sánchez Guillermo, Paredes Salazar Manuel Eduardo, Peláez Peláez Percy, Rabanal Rabanal Celso Cayetano, Regalado Vásquez Freddy Abel, Rodrigo Alvarado Florencio, Rodríguez Chávez Arnulfo Remberto, Rodríguez Figueroa Miguel Ángel, Rojas Cachay Segundo Máximo, Rojas Escalante Gílmer Humberto, Rojas Montoya Luis Enrique, Saldaña Delgado Pepito, Sánchez Pinedo Julio César, Sánchez Sotomayor Anderson, Silva Araujo Teobaldo Ariosto, Silva Cachay Pablo, Tapia Silva Ángel Amílcar, Torres Araujo Manuel Antonio, Zamora Chávez Félix Praxíteles, Zevallos Aliaga César Eugenio

De izquierda a derecha Reynaldo Rojas (Chino),Manuel Bazán, Edgar Marquez (Chino Márquez), José Mori (Pepasho), Anderson Sanchez (Joven Sanchez), Willam Fritz (Che Willam), Cosme (Cosmito), Cobián Velásquez (Garinga), Pedro Linares (Pedrito Rico), Manuel Torres (Emerano), Luis Rojas (Lucho), Santiago Diaz (Gin), Jorge Ocampo (Coco Ballena-)

viernes, 18 de julio de 2008

NASHERIAS: El peso de la ley.

Por Crispín Piritaño
Celendín

A raíz de los últimos acontecimientos luctuosos sobre violaciones y asesinatos de niños he visto en los noticieros, cómo la congoja de los familiares se expresaba a través de frases acuñadas por redactores de la prensa amarilla de décadas atrás:
- “El asesino es un avezado en la senda del crimen”.
- “Esperamos que la policía tome cartas en el asunto”.
- “Ojalá a los delincuentes les caiga todo el peso de la ley”
Fuera de la estúpida retórica de estas frases y de la evidente metáfora que encierran, me he preguntado muchas veces cuánto pesa la ley. ¿La ley tiene peso? y ¿Cuán pesada es la ley peruana?
En otros países como Inglaterra, Francia, Estados Unidos, las leyes son inflexibles y se cumplen, caiga quien caiga, eso significa que tienen peso y que los delincuentes, aún cuando usen saco y corbata, están condenados a quedar como estampillas aplastados por el peso de la ley.
La ley peruana es escuálida, tiene como se dice en el argot boxístico, peso mosca o pluma o, en términos de aforo, es pambashca. Ningún delincuente se siente incómodo por su peso. Nadie se explica cómo un prevaricador como Alejandro Rodríguez Medrano, siniestro personaje que puso la ley al servicio de la corrupción encabezada por el dúo dinámico Fujimori-Montesinos, salga libre de polvo y paja, dispuesto a volver a las andadas.
La explicación es que cumplió siete de los ocho años a que fue condenado, más los días de trabajo y estudio. Nos preguntamos extrañados ¿Qué habrá estudiado Rodríguez Medrano?, no creemos que se haya versado en ética ni en moral nicomaqueas, para eso hay que tener vocación y el abogado en cuestión evidentemente desconoce de qué se tratan esas materias.
Lo mismo ocurre con otros delincuentes que, en el colmo de la desfachatez, tenían su curul en el Congreso y alguno hasta se sentó en el sillón presidencial. Ellos saben perfectamente que la ley peruana no tiene peso.
Nuestra ley funciona como los tarjeteros automáticos de los bancos. Inmediatamente detectan la condición del usuario. Si se trata de un magnate que mueve millones le expide una tarjeta de atención urgente, pero si es un peruano común y corriente con una mano delante y otra por detrás en pos de conseguir un préstamo, le expide una de atención indefinida y puede perder todo el día sentado en el banco sin conseguir nada y así pretenden que creamos que con la minería el Perú avanza.
Esto en cristiano quiere decir que a los delincuentes de poca monta, les cae todo el peso de la ley y sus expediente servirán de pasto a las polillas. En cambio aquellos que asesinan a mansalva y roban por millones gozan hasta de protección policial disfrazada metafóricamente como “arresto domiciliario”.
Por eso no debe extrañar a nadie que dentro de poco, los tránsfugas por dinero y el principal implicado en el megajuicio por crímenes contra la humanidad salgan pronto libres y hasta postulen para presidentes. Así es el Perú. Dios nos coja confesados.

jueves, 17 de julio de 2008

NASHERIAS: ¿Juventud, divino tesoro?

Por Crispín Piritaño
Celendín
La primera media centuria del siglo pasado fue muy prolifera para Celendín. En los albores de la Educación Secundaria menudearon artistas y hombres de letras en torno a los estudiantes, que bien podríamos nombrarla como la época de oro de la cultura celendina.
Como muestras están Alfonso Peláez Bazán, Armando Bazán, Julio Garrido Malaver, Nazario Chávez Aliaga, Alfredo Rocha Segarra, Manuel “Perseo” Pereyra, Teófilo II Chávez Velásquez y Pedro García Escalante “El Búho”, hombres que dieron lustre a las letras celendinas.
Herederos de ellos son los escritores de la siguiente generación como Alfredo Pita, Jorge Wilson Izquierdo, Gregor Díaz, Gregorio Díaz Izquierdo, Antonieta Inga del Cuadro, Jorge Horna Chávez, José de Piérola Chávez, José Pereyra y Manuel Sánchez Aliaga, entre otros.
Estas dos generaciones hicieron de Celendín, en mayor o menor medida, el motivo de su inspiración y elevaron el nombre de la tierra a niveles internacionales. A través de ellos fueron conocidos muchos personajes típicos de nuestra realidad y fue patente su preocupación por las manifestaciones culturales de la tierra..
En esta última generación militan personas que fácilmente están inscritos en la base 6, es decir, que se están yendo, y desde entonces ¿qué ha pasado? No existe ningún representante nuevo de la cultura celendina que siga las huellas dejadas por los mayores.
Por más que hemos rebuscado no encontramos un digno representante que aspire a ocupar el puesto que los otros están dejando. Algunos podrían aducir que está Juvenal Vilela, pero creemos que su actitud de buscar el mecenazgo de Minera Yanacocha, alias Minas Conga, lo desvirtúa como adalid de la defensa de los valores celendinos.
¿Qué pasa con nuestra juventud actual? ¿Acaso ha muerto el amor por las letras y por lo nuestro? ¿Qué son ahora nuestros jóvenes, peleles, payasos, zombies...?
Una de las causas que explica este desfase es el pobre nivel educativo de nuestra provincia, con profesores escasos de cultura a nada podremos aspirar, otro son las malas autoridades indiferentes a la cultura que no propician ningún evento, juegos florales, concursos literarios y otros eventos que propendan a la cultura.
Lo peor es que si esto continúa así Celendín quedará en la orfandad, a merced de los Atilas enriquecidos oscuramente que están merodeando para su destrucción ¿Y entonces, en el futuro, quién podrá defendernos? Estoy seguro que ni el Chapulín Colorado, con su pretendida astucia, (que lo lleva, él también, a recibir medallas de los poderosos) lograría responderme.

lunes, 14 de julio de 2008

CANTACLARO: Los ejes de mi carreta.

Por Constante Vigil
Celendín.

Los políticos en el Perú son alhajas dignas de guardarse en un joyero y ojalá pudiéramos hacerlo para botar las llaves en la acequia y no dejarlos salir jamás.
La pasan muellemente sentados casi todo el año, poniendo oídos sordos al clamor de la población y recién cuando se acerca algún acontecimiento grande que les proporcione notoriedad, despiertan como hipnotizados al chasquido de unos dedos y se acuerdan que hay que hacer obra porque el pueblo puede darse cuenta que ellos son los verdaderos comechados y no los maestros, como afirma el hortelano de palacio.
Ese acontecimiento puede ser una próxima campaña electoral o como en nuestro pueblo: el advenimiento de las fiestas patronales de la Virgen del Carmen. Entonces se acuerdan que hay pistas que parchar, buzones sin tapa, la refacción del solado de la vieja escuela que está a punto de caer sobre la crisma de los pobres alumnos, enripiar la última calle que se ha formado en el pueblo, etc., etc.
-¿Qué sucede que toda esta gente está trabajando en las calles y no deja ni pasar?
-Nuestro alcalde tiene que hacer obras porque quiere seguir colgado de la teta.
Efectivamente, el inefable alcalde Juan Tello, ahora que se vienen las fiestas patronales. Recién ha caído en cuenta que los de la UNI nos han hecho el cuento de la carretera desde hace un año, vía fractura de mano bajo la mesa a ciertas autoridades, en desmedro del pueblo celendino que ve así truncadas sus esperanzas de progreso.
Para subsanar esto, ya que muchos paisanos en su eterno retornar se van a dar cuenta que los nuevos celendinos, de sospechosa fortuna, están destruyendo el pueblo y eso no conviene a sus afanes vitalicios. Entonces, como mago de feria, crea un sicosocial como cortina de humo. Nada mejor que una gran marcha a Cajamarca con todos los alcaldes distritales y demás fantoches para reclamar a las autoridades regionales por el incumplimiento de la UNI en el asfaltado de la carretera La Encañada – Cruz Conga.
¡Albricias! ¡Aleluya! ¡Albricias! ¡Por fin se percataron de la gran estafa!
Debemos recordarle al alcalde y demás autoridades que estamos cansados de los numerazos que protagonizan cada vez que se aproxima la feria o una campaña electoral. Es hora de cerrarles el caño a estas pésimas autoridades que sólo se acuerdan del pueblo cuando conviene a sus intereses.
Escribo esto lleno de indignación mientras escucho la sentida voz del “Chango” Nieto, entonando ”Los ejes de mi carreta” del maestro Atahualpa Yupanqui, y como él, nos lamentamos que, buenos y honestos alcaldes teníamos, pero hace tiempo, ahora no tenemos nada.

domingo, 6 de julio de 2008

ESTAMPA: ¿Maestros...? Los de antes

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Don José fue un maestro que dejó huella. Era un maestro de viejo cuño, para quien la didáctica y la pedagogía eran pamplinas, o poco menos. Su filosofía en educación se reducía a una sola verdad: “LA LETRA CON SANGRE ENTRA”.
Era don José un tipo bajo, regordete y de gesto adusto, vestía terno y corbata a la usanza de los viejos maestros y unos gruesos lentes de carey marrón oscuro. Por su apariencia, el zumbón pueblo shilico le había puesto el remoquete de “Torocuro con lentes”. Al maestro no le hacía ninguna gracia el apodo y ¡guay! del que osara decírselo aunque sea a hurtadillas.

Magisterio celendino de los años cuarenta, sentados de izquierda a derecha: (NN) Zulema Cachay, (NN), (NN) y Manuel Centurión. Parados en el mismo sentido: Carmen Barrantes, Zoila Sánchez Merino, Saúl Silva Sánchez, Francisca Aliaga Chávez, Odilia Villanueva Cachay y Carmen Pérez Chávez.
Tal parece que los escolares de las generaciones del treinta y cuarenta eran cerrados de totuma, porque, según hemos oído, los castigos eran frecuentes en esos años y eran legendarios los “burros” de la época, sempiternos inquilinos de la escuela, la que abandonaban por exceso de edad y muchas veces sin provecho alguno.
Esto daba pábulo a que el maestro José aplique su terapéutica, sobre todo cuando tocaba la lección de la tabla de multiplicar:
-¿Ocho por ocho?
-Carnero mocho -contestaba el medroso rapazuelo refugiándose en la rima.
Entonces, don José, muy a su pesar, hacía cargar al bergante por otro muchacho más alto y a punta de varillazos le refrescaba la memoria desde las posaderas.
***
La severidad de don José era legendaria y ponderada por los agradecidos padres de familia que no se dolían así les volaran un ojo a sus hijos ¿Por qué, pues? Seguro que merecido se lo tenían por haraganes… ¡dichosos tiempos aquellos!
-Mi cholo ha salido marrajo, no quiere estudiar y anda en malas juntas- se quejaba un padre.
-Matricúlalo con el maestro José- recomendaba un agradecido vecino.
Nadie como él para enderezar el árbol torcido. Su sola presencia ponía los pelos de punta a los alumnos. Las algazaras del aula en su ausencia se trocaban en sepulcral silencio en cuanto aparecía.
En el fondo don José no tenía mala intención. Creía firmemente que con su método sus alumnos saldrían del limbo de la ignorancia y serían personas de provecho. Fueron muchas las generaciones que pasaron por el aula del viejo maestro y seguramente hasta ahora recuerdan con nostalgia esa cariñosa severidad.
***
Que la madera antigua es mejor que la actual es un asunto que no admite duda. Lo prueba el hecho que don José murió nonagenario y en pleno uso de facultades, conservando incluso la apariencia que lo caracterizó. En una reunión de paisanos en la capital, varios de sus ex alumnos se acercaron a saludarlo y, con la confianza que otorga esa vieja camaradería entre maestro y alumno, le preguntaron:
-Maestro, ahora que han pasado las cosas y ya somos viejos, díganos ¿por qué nos pegaba tanto?
-Les pegaba, pues, para que sean lo que ahora son-respondió don José.
El “coche” Diego, luego de breve autocrítica, dijo convencido.
-Pues a mí me ha pegado por las puras alverjas, porque lo que es yo… ¡NADITA PUE SOY...!