Mostrando entradas con la etiqueta Folklor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Folklor. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de octubre de 2011

PEQUEÑA HISTORIA: La Plaza de Armas de Celendín

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
Con la autorización del Virrey Francisco de Toledo, los españoles Juan Mori Alvarado y Juan Rojas Salazar fundaron Celendín en 1570 , como un Asiento de Estancias en donde la mayoría de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y ganadería. La plaza de armas era un pampón en el que se negociaba ganado de toda especie en las ferias que se celebraban los domingos.

Plaza de armas de Celendín antes de la remodelación del palacio municipal en 1925 (Foto archivo CPM)

Celendín era considerado como parte del camino real entre Cajamarca y Chachapoyas, siendo la arriería una de las labores más importantes de los celendinos de entonces. En 1802, Celendín es creado como Villa Amalia de Nuestra Señora del Carmen en mérito a la cédula Real del Rey Carlos IV y es entonces que se piensa en una ciudad contratándose al geómetra José Comesana para que hiciera el trazo.
Con visión futurista, Comesana trazó la ciudad de sur a norte con calles amplias y rectas dejando en el centro un espacio de una manzana para ubicar en ella la plaza de armas, teniendo al Este al palacio municipal y al oeste el templo principal. Al inicio la plaza de armas era un pampón en que pastaban los animales y los domingos se constituía en mercado agropecuario.

Plaza de armas de Celendín en 1923, con el palacio Municipal en plena remodelación y la rotonda para la banda de música. (Foto archivo CPM)

Cuando se empiezan a construir los edificios y casas adyacentes, se van trazando algunos sectores de la plaza como los jardines y las veredas para los transeúntes. A mediados del Siglo XIX durante gobierno municipal de Apolinar Pereyra Rodríguez, se construyó la primera pileta con fuente receptora de agua.

Pileta de la plaza de armas inaugurada en 1940 con dos bellezas celendinas (Foto archivo CPM)

En 1939, el alcalde Aureliano Rabanal Pereyra empezó a construir la nueva pileta y el nuevo trazo de la plaza de acuerdo al modelo presentado por el ingeniero Justiniano Díaz Quevedo, de estilo vienés, pileta y remodelación de la plaza de forma hexagonal que fue inaugurada en 1940. La antigua fue comprada por la familia Rabanal Pereyra, y fue colocada en el patio de la casa que hoy habita uno de sus descendientes como es el profesor Manuel Silva Rabanal.

Plaza de armas e iglesia antigua en 1958, óleo de "Charro".

En 1976, durante el gobierno municipal de Renán Sánchez Izquierdo, se adicionaron a la pileta algunas figuras alusivas a la paz y al trabajo en una infeliz combinación que según algunos críticos contribuyó a “acholar” a la pileta, en alusión a que no había concordancia entre las figuras de estilo indigenista con el tallado geométrico de la pileta.

Pileta de la Plaza de Armas actual, creación del artista celendino Miguel Angel Díaz Dávila (Foto Charro).

Siendo alcalde Adolfo Aliaga Apaéstegui se hizo una nueva remodelación de la plaza entera en base a una maqueta presentada por el escultor celendino Miguel Ángel Díaz Dávila quien aprovechó la pileta existente de 1940 a la que complementó con tres círculos superpuestos de diferentes diámetros. El resto de la plaza está cubierta con diferentes matices de mármol extraído de las canteras celendinas en un derroche de lujo que hacen única y original a nuestra histórica plaza de armas.
Y decimos que tiene historia porque ella fue escenario de hechos trascendentes de la ciudad como el sucedido en 6 de enero de 1821 en que se proclamó la Independencia de Celendín, cien años después, durante el mandato de Santiago H. Rabanal, se sembraron dos pinos: uno frente a la Iglesia para encomendar a la ciudad a la Virgen del Carmen y el otro frente al Municipio como indicativo de que el Gobierno municipal debe trabajar de manera incansable en el desarrollo de la provincia.
El 1923, el mismo alcalde organizó la primera banda de música bajo la dirección del Sr. Fernando Sánchez Rodríguez y se dispuso que se diera una retreta todos los jueves para lo cual se construyó una rotonda en la que se ubicaban los músicos. En esta plaza se dieron las primeras corridas de toros, cerrando con maderos las bocacalles y allí se han realizado diversas manifestaciones políticas de candidatos a la república como Fernando Belaúnde Terry, Víctor Raúl Haya de la Torre, el cura Salomón Bolo Hidalgo, Alan García y últimamente el actual presidente Ollanta Humala.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

sábado, 1 de octubre de 2011

PERSONAJES: La enjundia de doña María Abanto

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
Doña María Abanto Cabrera, más conocida como “La Vieja María”, fue una matrona de ñeque y rechupete, famosa por su enjundia dicharachera, por la sazón de sus comidas y porque en su casa se celebraron las mejores jaranas de rompe y raja del pueblo, sazonadas con la sal de doña María, que en materia de dichos y refranes era una autoridad. De ella seguramente heredan los Abanto la chispa que intercalan en su conversación. Ella vivió en su casa de la esquina de los jirones Arequipa y Mariscal Cáceres, vivienda que todavía pertenece a sus descendientes.

Doña María Abanto Cabrera (Foto cortesía de la familia Vulih, desde Israel)

Doña María tuvo cinco hijos. Las mayores, de un primer compromiso, fueron Noemí Cobián Abanto, madre de nuestro entrañable “Coche Helí”, y Lucrecia Cobián Abanto, mamá de nuestro condiscípulo Diómedes Aguilar Cobián, quien era el número uno de la lista de los externos de la primera promoción del Agro.
Tiempo después doña María se unió al maestro Felipe Mariñas y con él tuvo a Semírames, Ciro y Servio Tulio Mariñas Abanto, cantantes de mucha enjundia los dos últimos. Ciro, siguiendo la huella jaranera de su madre, albergó en su casa de Independencia a los bohemios shilicos de las décadas del 70 y 80, que, capitaneados por el famoso César Augusto Díaz Dávila, armaban tremendas jaranas de amanecida entre cánticos y brindis al compás del acordeón, la fabulosa “vaca” que fue fiel compañera de la bohemia del “Copocho”. Esta célebre “tira” estuvo integrada por Uladislao Silva Sánchez, Juan Medina Arrué, Lucho Revoredo Vásquez y otros más.

Descendientes de María Abanto Cabrera (Foto cortesía de la familia Vulih, desde Israel)

Esta fotografía del recuerdo, de gran calidad artística, fue tomada por don César Díaz Chávez, padre de César Augusto, el “Copocho” original del que devienen además Julio, Venancio, Miguel Angel y Micaela Díaz Dávila. Figuran de arriba hacia abajo, Lucrecia Cobián Abanto, Semírames Mariñas Abanto y Fausta Vulih Cobián, conocida como “La gringa”.
.

martes, 13 de septiembre de 2011

PERSONAJES: Los que le deben su vela al santo

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
Las fotografías que ilustran el presente artículo nos la ha enviado nuestro entrañable amigo Rolando Cohayla Sánchez y son las imágenes de algunos personajes muy populares que vivieron en Celendín a través de varias épocas de su historia. Ellos eran el condimento que paliaba la molicie de la vida provinciana, algunos con mayor o menor grado de inteligencia y humor eran la atracción de la gente que se divertía con ellos, celebraba sus gracias y ocurrencias y eran los protagonistas de la mayoría de chistes que se contaban en Celendín. Un caso particular era el de Joshé Reis, jocoso personaje que declamaba poesías y entonaba canciones con un estilo muy peculiar y único ¿Quién no recuerda la personalísima interpretación del Brindis del Bohemio de Guillermo Aguirre y Fierro o la banda de instrumentos que interpretaba en alguna canción?
Nuestra literatura registra casos de estos peresonajes como “El letrao” en “El Mundo es Ancho y ajeno” de Ciro Alegría, un sujeto que pretendía aprenderse de memoria el diccionario, o de “Braulio”, el mudo que protagonizara un extraño romance con Isabel, la esposa de su patrón, de nuestro escritor Alfonso Peláez Bazán.

También son nuestros.

La mayoría de estos seres, quizás desdichados dentro de su anormalidad, eran en realidad felices dentro de su simpleza y en sus necesidades limitadas, que podían satisfacerse con un gesto de caridad, con un rinconcito en alguna casa para descansar o un plato de comida para paliar el hambre. Ellos no sufrían los quebrantos que envejecen a los que se llaman normales.
Encarnaban el espíritu del pueblo, sus figuras vacilantes caminando a pausas por las calles de Celendín simbolizaban una caricatura de la ciudad y causaban diversas sensaciones dentro de la inocencia que parecían irradiar; alguna de aprecio y compasión y uno que otro soponcio entre las damas a quienes sorprendían con sus gracias.
Había otro grupo de personajes que no eran como los inocentes que aparecen en estas imágenes sino que estaban más bien en el rubro de los nashacos, de quienes nuestras abuelas decían: “Ese le debe su vela al santo”, como queriendo indicar que estaban en la frontera de lo anormal. En algunos había mucho de ladinos, pues tenían la solapada viveza que les permitía medrar a costas de quienes se creían superiores a ellos:

“A mí me dicen el tonto
el tonto de mi lugar.
Todos para vivir trabajan,
yo vivo sin trabajar".

Como canta el romancero español. Y es verdad, el caso del “Forastero Israel” o el “No le den” prueban esta cuarteta, ambos tenían fuerzas para trabajar y el último incluso poseía tierras de cultivo y algún ganado en la zona de Paucapata en Huasmín y sin embargo, se atrevían a implorar la caridad ajena.
En todos los pueblos del mundo nunca falta el “tonto del lugar” como personaje público. Todos tienen derecho a burlarse de él, a vejarlo y a usarlo en pequeños menesteres. Con frecuencia es el limosnero, el cargador, el que arregla algún desperfecto en el hogar. El zonzo es objeto de la burla pública, sobre todo de los muchachos; ¡pero es sagrado! Nadie le negará el alimento ni el techo cuando solicita albergue y comida al caer la noche.
En Celendín, su presencia fue frecuente y muchos han quedado en el recuerdo popular, como el honrado ciego Honorio, nuestro “Lagañoso” Alfonso, el Rafa “Caray caray”, el “Ingeniero Foro”, el “Chilcaconga”, “El cojo de Urquía”, “El coche Carmelo”, “El Cungash”, “El Moto”, y para que no se crea que la gafera es patrimonio masculino también hubieron mujeres como “Doña Tutana”, “La loca Rosa”, “La Efe Borracha” , "La comae Inés"y otras más.
El más insigne de todos fue sin duda nuestro “Lagañoso Alfonsí”, sumido en un eterno duelo con la chiquillería de su tiempo, en la disputa por las maletas que traían los pasajeros de la empresa Díaz, que Alfonso quería monopolizar.
Como antes el ciego Honorio, nuestro "Lagañosí, ojos de pomo gomé, patas de pan shimbao”, como le decíamos, a diferencia de los zonzos de muchos lugares, fue, pese a sus limitaciones, un hombre digno, que se ganó el pan con el sudor de su frente. Jamás cometió la bajeza de mendigar, ni la vileza de robar y encarnó durante su tiempo un cierto espíritu del pueblo.
.

domingo, 17 de julio de 2011

OPINIÓN: Batiendo récords en Sevilla (Celendín)

LA PLAZA TAURINA MÁS GRANDE...
Por Franz Sánchez
Intentando establecer un récord mundial, la plaza de toros de La Feliciana, en el barrio de Sevilla (Celendín, Perú), me ha demostrado contundentemente, haberlos roto todos.
Es la más grande plaza que he visto en todo. Para dejarlo claro, este coso taurino, con un diámetro de 70 metros, es inmenso en muchos aspectos:
Es el único construido de maderos, para cuya elaboración se talan miles de eucaliptos que sostienen a más de 10 mil personas por tarde, durante cinco días.
En una actividad que se repite cada año, en las mismas fechas (fines de julio y comienzos de agosto). Las cifras toman dimensiones considerables al sumar un lustro de corridas y restar que en ese lapso no hubo ninguna vocación de reforestación. Toda actividad humana sin un plan de contingencia adicional, puede degenerar en desbalance de la biodiversidad, hablamos de salvar los pocos bosques que quedan y a los animales que los habitan,
En una breve mirada alrededor del pueblo notaremos que nos restan algunos bosques, pero pelados, secos, sin vidas (que valga el plural). El archivo fotográfico del pueblo confirma que los planos verdes que habío antes en la campiña que circundaba la ciudad con el tiempo han declinado y ahora lucen pelados y estériles, obviamente por actividades de depredación y consumo sin medida (incendios forestales y actividades madereras)
Me parece un pésimo mensaje a la niñez y juventud que, sin planes ni programas de reforestación (y en medio del cemento que sigue aniquilando las áreas verdes), las autoridades construyan el ruedo taurino de madera más grande que existe, sin sembrar nada en paralelo.

Los bosquecillos de eucaliptus de la zona plantados para cinco días en La Feliciana, barrio de Sevilla, Celendín.

¿Quién puede contra la tradición? Ojalá hiciéramos también nuestra tradición la reforestación, como una actividad transmitida de padres a hijos (en este un mundo que ha causado el reto del nuevo milenio: atenuar los efectos del calentamiento global).
Como si fuera poco, la plaza taurina de La Feliciana, en Sevilla (recalco…, en Celendín) es la más grande en exhibición de incultura, de intolerancia, de desperdicio, de contrastes, de miserias. En ella, y sin mucho esfuerzo, se puede observar sujetos ebrios jugando con su vida desde lo alto de los palcos, arrojando cerveza sobre la cabeza de los demás, y en el más asqueroso de los casos, evacuando fluidos de sus organismos.
En medio de la fiesta “brava”, la gente se grita, insulta, pelea, y roba. Aquí se demuestra el grado de intolerancia de esta indigente sociedad. Personas que no pueden verse ni en pintura, coinciden en el mismo palco (como para un cuadro costumbrista), en la misma banca (unidos por la sangre)… y entonces se arma el zafarrancho. Los vendedores irrumpen trepando sobre las personas, y los pillos cierran la faena a costas de los incautos.
Cuentan que en la época del virreinato, los hombres y mujeres de alcurnia pidieron que se presente un espectáculo exótico, en la famosa plaza de Acho. Y así fue se trajo un león africano, y se presentó con bombos y platillos “el enfrentamiento entre el león y un toro bravo”. La gente colmó las boleterías, y cuando hubieron ingresado cayeron en decepción pues el toro y el león tan solo se miraban de lejos. La concurrencia empezó a gritar: ¡estafa!, entre empellones y pedidos de devolución de las entradas, se armó una trifulca que dio como resultado una soberbia paliza dentro de las tribunas. Un sabio caricaturista, plasmó el instante dibujando al león y al toro abrazados en medio del ruedo, observando la pelea, y agregó una viñeta a modo de pensamiento que decía “quiénes son los animales”.

Los días de toros en Celendín es la anestesia para que el pueblo olvide a las malas autoridades.

Mientras que en el campo, un pan duro remojado en leche es verdadero salvavidas. En Sevilla (nombre alienado de La Feliciana), las oportunas autoridades reparten naranjas que luego la gente arroja sobre el picador, con insolencia y arrogancia ante la pobreza.
Para mí, y entiéndase a título personal, la plaza de toros de La Feliciana en Sevilla (en Celendín, insisto), es el más grande espectáculo de humillación pública no solo de animales, sino también de humillación al hombre y mujer del campo.
Se construyen “barreras” (tendidos al nivel de la arena), formados por palos gruesos en horizontal, que resulta una especie de gran java de hacinamiento, o de “cuyero” exclusivo para los campesinos. Y cuando comento esto, noto a las personas de la ciudad, ofendidas, ultrajadas e indignadas por mis palabras. Ellos argumentan que “a los campesinos no se les obliga ir a la barrera”.
Yo insisto: ¿hemos obligado al alcalde y a su séquito de adulones a que vayan al palco oficial?
No, sin embargo, saben ellos que su estatus prohíbe a sus nalgas el asiento en “barrera” (buscar comodidad para la carnicería)
¿Alguien verá un día, al “culto” regidor con su familia, aplaudiendo la barbarie desde barrera?
Yo no, pues no comparto el morbo.
Hay buenos celendinos, que dan orgullo, que son profesionales de respeto, hombres y mujeres de éxito. Sin embargo nada de eso vale, si su intolerancia es más grande que su corazón, si cobijan prejuicios, si discriminan, si son racistas o "especiotas".
Los malos celendinos, o sea los menos, buscan en su abolengo diferenciarse del oriundo, inventando noblezas, estirpes europeas o portuguesas. Cuando más que andar buscando sangres nobles deberíamos perfeccionarnos como celendinos endémicos, ese es un verdadero reto.
Respetar al hombre y a la mujer del campo, sería de la nobleza dorada, pues ellos reconocen y respetan sus orígenes, mientras que los confundidos mestizos revisan siempre su sangre, queriendo hallar lo que más les convenga.
El atentado contra los animales es salvajismo puro, no tiene ninguna comparación artística con las creaciones que conmueven lo más sensible de nuestra humanidad. En ecuador, gracias al referéndum de Rafael Correa, la matanza pública de animales, está prohibida. A eso debería adicionársele el veto, al escarnio y a la burla hacia los demás seres vivos.
Mahatma Gandhi decía: “La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados según la forma en que trata a sus animales”.
Al final de la tarde, con el sol ocultándose se descubre la realidad, la gente se va satisfecha (eructando sufrimiento ajeno) luego de clamar por sangre, sino del toro la del torero. La plaza más grande del mundo, es también el más grande muladar: bolsas plásticas, papeles, cáscaras, más basura…más miseria.
Si alguna vez a alguien le interesó estudiar sociológicamente a la provincia, tendría que visitar la plaza de toros de La Feliciana, en Sevilla (Celendín, reitero), a finales de julio. La muestra a escala de una sociedad donde algunos lejos de reflexionar, se sienten orgullosos de sus miserias, que ven arte en donde existe brutalidad.
Será por siempre un tema reincidente, recurrente en mis columnas y artículos, toda vez que no se tenga el mínimo respeto por la vida (de todo ser), por el entorno… Y sobre todo por nuestra Tierra, insistiremos.
Cambiar la mentalidad para un nuevo mundo. No es más un pedido, sino una exigencia.



¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

miércoles, 20 de abril de 2011

PEQUEÑA HISTORIA: La banda popular “Celendín”

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Cuántos recuerdos hermosos nos trae a la memoria esta fotografía que data del año 1960… ¡Nada menos que medio siglo atrás! Esta era la banda que amenizaba cuanto evento ocurriera en nuestra tierra, que todavía guardaba rezagos del tiempo de la colonia. A sus acordes y marchas iba por todas las calles el Julio “Dedo” o ”Cholo Julio” y, deteniéndose en cada esquina, al toque final del bombo, con la voz estentórea que lo caracterizaba, decía: “¡Ordenanza Municipal…!”
También amenizaba las retretas que se daban algunas noches en la plaza de armas, haciendo más placentero el paseo vespertino de los celendinos por las veredas de la plaza, único pavimento que existía por entonces en el cuadrilátero principal de la ciudad. Era hermoso caminar a sus acordes y observar a los músicos con sus atriles atacando un valse, un tango, una guaracha de moda y la consabida marinera y el carnavalito shilico para rematar.
El maestro Galarreta fue un insigne músico que enseñó a los participantes, mucho de los cuales tenían probadas habilidades y vocación para la música, a leer las partituras musicales y actuar como una orquesta en donde la participación individual de cada músico sumaba al conjunto y daba riqueza a una pieza. No conocimos de donde era originario el maestro, pero si nos consta que estuvo muchos años en nuestro pueblo.
Esta banda se lucía en la tradicional fiesta Patronal de la Virgen del Carmen durante los meses de julio y agosto y en cuanto evento sacro sucediera en nuestro pueblo, como procesiones, misas, mayordomías y hasta en fiestas particulares. En esos tiempos en que las municipalidades no gozaban de los presupuestos de hoy era un sacrificio encomiable el pertenecer a una banda con los recursos escasos con que contaba el municipio.
Llama la atención el curioso uniforme con cafarena negra y boína vasca que lucieron en sus presentaciones de ese año. Figuran para la posteridad estos 18 músicos con su maestro, de los cuales pocos hemos reconocido, por eso invocamos a los celendinos a escribirnos proporcionándonos los nombres de los que faltan para completar esta pequeña historia.


Banda Popular “Celendín”: en primer plano, en cuclillas, Edilberto Cruz con la tarola, el “Ishco” con los platillos y el menor de “Los Cumpas” con el bombo. Nuestro inolvidable artista multifacético César Díaz Dávila con el saxo, junto al maestro Galarreta. Atrás, de pie, aparecen César Cruz con el clarinete, “Pancho” Velezmoro y Manuel Beltrán con los trombones, Julio Díaz Dávila con la trompeta y atrás, de pie, con el instrumento más voluminoso, la tuba, que justamente caía como anillo al dedo a su gran talla, está el popular Gilberto Muñoz “Patazas”.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

miércoles, 6 de abril de 2011

OPINION: “¡Quiero seguir luchando desde el Congreso!”

Por Crispín Piritaño
Con este grito destemplado, que pretende ser de guerra y compromiso, los que se acostumbraron a medrar, a vivir de la teta del Congreso, que les garantiza una vida de lujos y marquesinas, pretenden engatusar a los cándidos electores que, sin un ápice de memoria, están dispuestos a creer en ellos; o a la consabida clientela que tal vez tiene algo turbio que esconder detrás de esa “lealtad” hacia los impresentables.

La criollada de los que se creen reelegibles es insufrible.

Entre los caraduras que “quieren seguir luchando desde el congreso” están avezados enemigos de la voluntad popular como Mercedes Cabanillas, Jorge del Castillo, Aurelio Pastor, Velásquez Quesquén, César Zumaeta y Luciana León, del Apra. La primera, implicada en el sangriento “Baguazo”; don George, en lo de los faenones y, por lo tanto, necesitado de inmunidad; el siguiente, en el indulto a Crousillat; Velásquez, por decir “chi cheñó” a todo; el de la sonrisa maquillada de conejo que hasta ahora no presenta la lista de candidatos que faltaron a su deber buscando reelegirse; y la última, por ser astilla de un palo torcido como Rómulo “Rata” León Alegría (por si acaso, la genial chapa no es mía sino de Crazy).
Los candidatos propuestos por el fujimontesinismo son una cachetada a nuestra inteligencia. Miren a los angelitos que sueltan en plaza para que vuelvan a las andadas: Martha Hildebrandt (Zzzzz), Luisa Cuculiza (#@#?#??), y, por supuesto, las “chicas superpoderosas”: Luz Salgado, Carmen Lozada y Martha Chávez, la que dijo que los asesinados de La Cantuta se habían "autosecuestrado"; tambien está la rabona de las mineras, Cecilia Chacón; y el más execrable, Carlos Raffo, que busca impunidad por lo del dinerillo que le facilitó el “doc” Montesinos: miles y miles de billetes verdes muy mal habidos.
En las filas de Pepekuy, está el pro minero Luis Galarreta, a quién Yanacocha sÍ le rompe los garfios que tiene por manos; la polizonta Lourdes Alcorta, que como sea se coló entre los candidatos; y los deportistas que nada hicieron en sus gestiones anteriores: la voleibolista Gabriela Pérez del Solar y el tránsfuga Paulo Hinostroza.
En las filas de Solidaridad Nacional están los tránsfugas David Waisman, quien encima es infidente y desleal a Toledo; el fujimontesinista Reggiardo, que promete combatir a la corrupción cuando él ha sido parte de ella; Mirtha, ¿alguien recuerda en qué intervino?; y el inefable José Luna, el que quiere hacernos creer que sólo cobra un sol. ¡Qué tal lisura!
Menos mal que en estas listas -que corroboran una vez más que no debe existir el voto preferencial para que los partidos políticos y agrupaciones tengan mayor responsabilidad a la hora de escoger a sus candidatos- ya no postulan la mayoría de los bichos raros y sabandijas que parasitaban hasta ahora el Congreso, como los “comepollo”, “lavapiés”, “planchacamisas”, “mataperros”, “paparazzis”, “contratafantasmas” y otros esperpentos de cuyo nombre no quisiéramos acordarnos.
Está en nuestras manos y en nuestro voto devolverle la dignidad que debe tener nuestro Poder Legislativo, para que actúe con responsabilidad y civismo y sea realmente un poder que dignamente nos represente. No caigamos en folklorismos, ni en hinchajes deportivos, ni en fanatismos ciegos, ni demos pie para que aquellos que necesitan barrera o blindaje para escapar a la justicia se perennicen en el poder. No les demos ocasión para comportarse como los despreciables otorongos que ya han demostrado que pueden ser. Ya estamos avisados.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

lunes, 14 de marzo de 2011

PEQUEÑA HISTORIA. ¡Qué viva mi carnaval!

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Las fiestas del carnaval fueron una de las mayores tradiciones del folclor celendino en todas las épocas. El humor celendino se desata en esta época de jolgorio y diversión. Todos, ricos y pobres, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, disfrutan de Ño Carnavalón, los niños con sus jeringas y sus globos, los jóvenes con sus patotas en las fiestas y los viejos con su tolerancia hacia los otros y sus comilonas asentadas con la rica chicha y otros licores.
Antaño las familias se preparaban especialmente para esta ocasión. Mataban el puerco que se engordaba en el corral, lo mismo los cuyes que se abrigaban bajo la bicharra de la cocina, preparaban los sabrosos panes de fiesta y los tradicionales dulces y bizcochuelos. La chicha, que era un ingrediente especial en esta fiesta, ya estaba espumeando en los urpos lista para sazonar la alegría del carnaval.

El carnaval en torno a la tradicional "unsha" (Foto archivo CPM).

Las patotas formadas por grupos de jóvenes que desfilaban por las calles al son del silulo interpretado por dos músicos que encabezan el grupo, mientras los demás integrantes acompañaban a la música con silbidos y palmas. Todos llevaban pintarrajeado y cubierta de talco el rostro y las ropas, gran profusión de serpentinas como collares y en el bolsillo de atrás, aparte del pañuelo para rasquetear la marinera y el carnaval, los infaltables chisguetes de éter “Amor de Pierrot” y “Amor de Colombina”, que eran traídos desde Iquitos, procedentes del Brasil, cuando el corredor hacia el oriente por donde transitaban los celendinos todavía existía.
Y así, cantando y silbando llegaban a la casa de alguna familia que los recibía entre abrazos y se apresuraba a invitar a las más bellas damitas del barrio para la jarana con gran riego de bebidas y agua. A cierta hora oportuna asomaba el cuy con papa picante para dar energía a los fiesteros. Luego de bailar unas tres horas, la patota iba en busca de otra casa en donde proseguir el jolgorio.
En algunas esquinas, se erguía la "unsha", el árbol ritual, lleno de frutos diversos, globos y otros regalos que los mozalbetes arrancaban a medianoche, hora en que se derribaba el árbol a los acordes del carnaval celendino, con su respectivo "silulo". En otros lugares se alzaba las banderas que son monigotes llenos de pañuelos, a cuyo alrededor bailaban, bebían y se mojaban a globazos los carnavaleros. Y una costumbre que lamentablemente ha desaparecido eran las cuadrillas llenas de billetes que se llevaba el más pintado para poner el doble el siguiente año.
En la fotografía que ilustra esta crónica se puede observar una "unsha" en la esquina de los jirones Ayacucho y Bolognesi, donde al son del "silulo" bailan, tratando de NO caerse en la acequia, entre otros, Francisco Díaz Rocha, “Plototoj”, Luis B. Jiménez Araujo y Javier Homero Zárate Rojas. En ese tiempo seguramente se cantaba la tonada auténtica propia de la inspiración celendina:

¡Ya viene el carnavalito, siluló,
Después de haberse paseado en Llanguat!
¡Ya llega el carnavalito, siluló!
Por la cuesta del Shururo, ¡guayluló!
¡Arriba, caballo blanco, siluló!
¡Sácame de este barrial, guayluló!

¡Chilalito, chilalón,
Qué bonito el carnaval!
¡Chilalito, chilalón,
Qué bonito es Celendín!
¡Porque se juega y se baila, siluló,
Con guitarra y con cajón, guayluló!

¡Unos ojitos he visto, siluló!
¡Por esos ojitos muero, guayluló!
Me han dicho que tienen dueño, siluló…
¡Con dueño y todo la quiero, guayluló!
¡Arriba, caballo blanco, siluló!
¡Sácame de este barrial, guayluló!

(Letra original rescatada por el Dr. Moisés Chávez Velásquez)

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

martes, 31 de agosto de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: Reinado de Primavera 1952

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Ya se acerca la primavera y a su influjo todo empieza a cambiar en el mundo. Ojalá que se cumpla la promesa y sea para bien. Que los aires de renovación nos devuelvan el optimismo, en medio de este vendaval de desgracias que se ciernen sobre el Perú y sobre todo, sobre nuestro pueblo, ahora que se acerca el momento crucial de elegir sabiamente al mal menor como alcalde municipal, dado que ninguno de los candidatos llena las expectativas y nada hace avizorar cambios en la actitud vandálica que destruye a Celendín. La fotografía que hoy sacamos a luz la hemos extraído del cofre de los recuerdos y se remonta al año de 1952. El marco es el Jardín de la Infancia Nº 72, que funcionó en el Jr. Ayacucho bajo la dirección de la recordada maestra Zulema Cachay, que tenía entre las docentes a maestras de la categoría de Goyita Díaz Marín, Sofía Silva Merino, Cruz Delmy Díaz y Carmen del Águila.
Eran las épocas benditas en que los pocos vehículos que llegaban a Celendín con mercadería para la feria dominical, regresaban los lunes a Cajamarca y hacían que nuestras maestras nos recomendaran al salir de los estudios:
-Tengan mucho cuidado con los camiones, crucen con cuidado las calles.
En esos años candorosos existían los reinados de primavera y además gozaban de buena salud y belleza como se ve en las caritas infantiles de los personajes que aparecen en el séquito de Su Majestad Carmelita I. Se trataba de Carmencita Gil Merino, nieta del filántropo Augusto G. Gil, que está rodeada de las flores de papel que elaboraba su señora madre, Elena Merino Villar.

Su Graciosa Majestad Carmelita I con su séquito en 1952. (Foto archivo CPM)

Bajo el símbolo sagrado de la bandera nacional y sobre una alfombra que amenaza con volar como en un cuento de hadas, están de izquierda a derecha en primera fila (los varones con bigotes y patillas a la turca gracias a la magia de un corcho quemado, y las niñas con profusión de collares sobre la frente) César Augusto Camacho Sánchez (+), Mercedes Tejada Silva, (¿?), la ya mencionada reina, Elsa Isabel Arana Rubio (¿?) y David Camacho Sánchez. ¡A que no adivinan quién es el negrito que está detrás con traje oscuro…! Pues se trata, ni más ni menos, de quien suscribe esta nota, su modesto servidor.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

viernes, 13 de agosto de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: La Escuela 89 en 1942

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
En la primera década del siglo XX se crearon las primeras escuelas estatales en la provincia de Celendín y las más antiguas, ahora centenarias y rebautizadas, fueron la Escuela N° 81 de varones y la 82 de mujeres, que surgieron en 1908. Posteriormente se crearon escuelas en las capitales de distrito como la 83 de Sucre y la 84 de José Gálvez. En la década del 30, al aumentar la población escolar, se crearon en Celendín la Escuela N° 85 para varones y la 89 para niñas, la 86 de Sorochuco y 87 de Huasmín. Recuerdo, pues ya tenía uso pleno de razón, que durante la década del 50 la directora del 89 fue la señora Belisaria Vásquez de Pita. Esta escuela siempre estuvo ubicada en ese local del Jr. Ayacucho, precisamente en la cuadra comprendida entre los jirones Bolognesi y Grau.

Maestras y alumnas de la Escuela Nº 89 en 1942 (Foto archivo CPM).

En la hermosa fotografía que acompaña esta nota, captada en el patio del 89, apenas hemos reconocido entre las alumnas a las hermanas Chávez Paredes, a Carlota Morera Pereira, a … Zevallos Díaz y a Gardenia Peláez Pérez. Entre las maestras se puede ver a Blanca Pérez de Peláez y a Eva Quevedo de Agustí, en ambos extremos.
A propósito de esta última, era hija de don Sixto Quevedo, uno de los tres millonarios celendinos de la época, junto con Augusto G. Gil Velásquez y Rafael Cachay, y vivía en la casa adyacente a la Escuela 82. Cuando soltera fue una señorita de gran belleza, según me contaban unas tías ya fallecidas que la reputaban como una verdadera “muñeca”. A nosotros, que la conocimos tarde, nos pareció que la semejanza que tenía con la actriz norteamericana Bette Davis era más que evidente.
En la foto se la aprecia mayor, casada con el gringo Osías Agustí con quien tuvo siete hijos: Guillermo (+), Oscar, Maruja, Carlos (+), Nelson, Octavio (+) y Gloria. El gringo, irreverente como era, se refería a ella como “Mi quipe de cinco” y lo decía seguramente porque en esa época no existían los métodos ni la disposición para guardar la forma. Las señoras, al cabo de tantos partos, perdían la línea del cuerpo y quedaban gorditas. No era como hogaño en que existen los aeróbicos y los gimnasios y encima de esto encendemos la televisión por cable y lo primero que encontramos es una sarta de fanáticos musculosos y mujeres anoréxicas sudando la gota gorda, huicapeándose de una lado a otro, empeñados en mantener la forma gracias a los milagros de aparatos cada vez más sofisticados.
¿Por qué le había puesto “quipe de cinco”? Porque en ese tiempo, en que no existía ni el agua ni el desagüe en el pueblo, todas las familias iban el sábado a lavar su ropa en el río Grande. Y cuando algún familiar moría, era una costumbre, que creo ahora no existe más, de que pasados los cinco días del deceso, se cogía toda la ropa del difunto, se hacía un gran envoltijo o “quipe”, en shiliqués, que era llevado a lomos de burro a lavarlo al río.
No había nada qué hacer, nadie se libraba de la chispa del gringo, hasta sus propios hijos tenían su respectiva chapa.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

viernes, 6 de agosto de 2010

CRÓNICA: Notas de un turista en la Fiesta del Carmen, 2010

Alguna gente hasta nos ha tildado de cobardes por criticar la labor del Comité pro Feria y ya no queríamos abundar en comentarios sobre el tema, porque ¿cómo convencer a un fanático que Fujimori no se llevó al Perú en maletines? No hay más sordo que el que no quiere oír. Pero nos ha llegado un sabroso comentario de un turista que nos brinda un testimonio imparcial de lo que sucedió en Celendín en las fiestas. Un texto que nos pareció tan sincero y jocoso que no hemos resistido la tentación de publicarlo. Después de esto, huelgan comentarios acerca de la labor del Comité de marras. Esta es la impresión que deja Celendín a un turista que nos visita. Y punto (NdlR).

¿POR QUÉ, CELENDÍN?
Por Percy Llaque
Celendín, Celendín, después de esperar un año regresé a ti, con mucha ilusión y sobre todo muy bien acompañado.
Jueves 29 de julio del 2010, partí hacia el lindo Celendín en compañía de mi amigo Danilo de Trujillo, mi primo Juan Carlos de Lima y Jorge Luis, que iba alegrando la fiesta desde que lo recogimos de su casa.
Antes de continuar este relato me gustaría hacerles notar que esta nueva crónica está dedicada especialmente a la gente de Celendín y sobretodo a sus autoridades, que al parecer no leyeron mi crónica anterior, donde a Celendín la catalogo como una de las mejores provincias del Perú.
Bueno, llegamos a La Encañada, tomamos un par de cervezas para ir acostumbrando el cuerpo a la fiesta, seguimos por un camino TODAVIA NO EMPISTADO, una muestra del gran desinterés de sus gobernantes, que lo único que no se les podría criticar es por el excesivo frio que hizo este año, ya que eso no depende de ellos.
Luego de 2 horas 55 minutos de viaje llegamos a nuestro destino y aquí comienza la historia que es necesario relatar.
Primero, ¿me creerán que no encontrábamos el hospedaje que habíamos reservado, porque no se a qué “inteligente” alcalde o regidor se le ocurrió llenar las principales calles de Celendín de ambulantes? ¡De veras! Las principales calles, que otrora le daban belleza a Celendín,, no las hallamos. No sabíamos en qué laberinto habíamos entrado y tuvimos que sacar nuestro equipaje e ir a pie, hasta dar con el hospedaje.
Luego, la segunda sorpresa, la falta de agua, todo Celendín estaba sin agua, ¡así que, ni hablar!, tuvimos que comprar diez botellas de agua mineral. Cómo es posible que justo para la fiesta no haya agua. Señor Alcalde de Celendín. Espero que este leyendo este relato para que se dé cuenta de la pésima gestión que está haciendo en su provincia.
Llegó la noche y después de una caja de cerveza y un ron para el frio, esperamos a ver que ofrecían los del Comité de Fiesta en la Plaza, ya que se estaba armando un pequeño tabladillo y los equipos de sonido estaba a volumen 100… ¿Y qué creen? Tres tipos con cara de arrepentidos de su anterior vida subieron al escenario, guitarra en mano, ¡a cantar alabanzas a Dios! No estoy en contra de la religión, pero ¡cómo se les ocurre, en plena fiesta de Celendín, hacer una presentación evangélica en la Plaza de Armas! Cuando la mayoría de visitantes había ido a bailar, a tomar, a disfrutar de la fiesta, la bulla que hacían los evangélicos era tan fuerte que hasta el Grupo 5 quería comprar ese equipo de sonido. Para colmo, el enfermo que estaba con el micro con su voz cavernosa le decía a la gente: ¡HERMANOOOOOSSSS, NO TOMEEEEENNNNN, NO BAILEEEENNN, ESO ES MALOOOOOOOOO! ¡DIOS LES VA A CASTIGAAAAAAARRRR! ¡YO ESTOY SALVO PORQUE DEJE DE TOMAAAAAAARRRRRR!, tremendo borracho debe haber sido. Ya me imagino cómo habrá bebido antes, y quién sabe si hasta ahora, para andar berreando así… ¿Dónde quedó la otrora clara inteligencia de los celendinos? Señores, cada cosa a su tiempo. Con esa imaginación enferma, a la Virgen del Carmen pronto lo sacarán en el Corso de Carnaval. Para completar la noche, mi primo Juan no se cansaba de decirme ¡oye, y donde está la pileta iluminada… jajajaja!
Al fin, plan de 11 de la noche, se cansaron de hacernos remorder la conciencia. En el patio de la Municipalidad estaban tocando nuestros adorados y engreídos ZANCUDOS DE CELENDÍN y ni hablar, los que sacaron cara por Celendín este año, a mi parecer, fueron ellos.
Al día siguiente, ay, al día siguiente, ¡hubiese preferido no levantarme...! Bueno, fuimos a tomar unas cervecitas a la Plaza (porque para eso es la fiesta), nos dio la 1 y a alquilar nuestro asiento a la Plaza de Toros. ¡Dios Mío! Conseguí asiento en la cuarta fila, nada mas y nada menos que a 35 soles, donde sólo pude ver los sombreros de los de adelante y los pies de los de encima (los del palco). Yo pensé -como el año pasado estuve adelantito- que la plaza era espectacular, pero ahora entiendo porque a un mucha gente no le gusta. Regresamos al hotel, descansamos un ratito y a la Plaza, a esperar el Baile del Grupo 5 y mi primo seguía fregando con lo de ¿oye..., y la pileta iluminada...? Espero que el alcalde y el Comité de Fiesta sigan leyendo esto.
Al fin, dentro de la fiesta, el Grupo 5 como siempre excelente, y dije, hora de comprar la cerveza. ¡Por las barbas de mi abuelo! ¿De quién fue la idea de comprar cerveza? ¡No puede ser lo que está pasando, llamen a la policía! ¿La policía…, jajaja? ¡Virgencita del Carmen!:

Cerveza en caja………………… 84.00 Soles, si quieres
Bueno, qué vamos a hacer… Compra nomas, ¿quéeeeeeeeeeee, QUARAAAA, cerveza QUARA?, ¡Váyanse al carajo!, y discúlpenme la expresión, esto era un robo! Son unos abusivos. ¿Qué pasa, Celendín, así tratas a tu gente y a los turistas?

De cólera, más que de alegría salimos del baile a las 5 de la mañana. Llegamos al Hotel Raymi Huasy… MALDITA SEA, no había la llave. Fuimos al cuarto y qué creen, nos había robado…. Tres cámaras digitales, dos casacas, nuestros sombreros shilicos que habíamos comprado, toda la plata que dejamos para los tres días siguientes y hasta un paquete de cigarros…
-Señor, señor, ¿dónde está el dueño?
-¿¡Qué pasa, que pasa….!?
-¡Señor, nos han robado….!
-¡Y yo, qué tengo que ver! No es mi problema, ¿por qué no cuidan sus cosas?
-¡QUÉ COSA!
Juan tranquilízate, vamos a poner la denuncia
-¿A quién...?
-¡A la policía...!
--Me estás vacilandooo…!

¡Qué decepción, Celendín, qué decepción! A dormir, mañana nos vamos de acá, dijeron mis amigos. Yo, avergonzado de todo lo que les había contado de Celendín, tan opuesto a todo lo que estábamos viviendo.

Más tranquilos, al despertar, a despedirse de Celendín. Como yo adoro a las corridas de toros, vamos a la plaza… ¿Otra vez?, dijo Juan… Si, por favor, que ya nos vamos en la noche. ¡30 soles adelante! Nos cayó cáscaras de maní, cerveza y hasta orines de un niño, No podíamos tomar fotos con la única cámara que nos sobro porque la plaza estaba llena de basura y salían horribles.

¡Qué pena, señores! Me hubiese gustado escribir otro relato, volverles a contar de nuestra hermosa estadía en Celendín, visitar a la señora Ermilita, pariente de Jorgito y a sus hijos, inolvidables amigos como son Jorge Terrones, el popular diablo, y a su hermano César y a su señor padre, don Jorge Terrones; disfrutar la rica patita en fiambre, preparadas por el señor Oswaldo Silva, disfrutar de nuestra rica salchicha celendina, pero lamentablemente Celendín está pasando por el peor gobierno de su historia. Lástima, para otra vez será… Si es que volvemos. Lo más anecdótico es que la policía se ha puesto a pedir documentos a todos los pasajeros de las agencias a la entrada de Baños del Inca, cuando la fiesta ya acabó y cuando los choros ya regresaron a su tierra. Otra vez las cosas fuera de su tiempo.
Les vamos a pedir a los evangélicos que cantaron en la plaza de armas que den un concierto sólo para el alcalde y la policía, pero en carnaval...

Percy Llaque
E-mail: taxman_att@hotmail.com

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

.

miércoles, 4 de agosto de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: De chapas y chaplines

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
El shilico es un tipo ingenioso, imaginativo, de salidas insospechadas y sobre todo un gran filósofo de la vida que supo alternar momentos de trabajo con la contraparte de diversión. Su espíritu vivaz lo llevó a tomar la vida un poco en broma, burlándose elegantemente del prójimo o de situaciones a través de la caricatura hablada, en cristiano, chapa o chaplín.

"Gallo carioco que lo han traído de España..."

A través de todas las épocas de su historia Celendín ha tenido tipos ingeniosos que hicieron del sobrenombre un arte excelso, en el amplio sentido de la palabra, sin caer jamás en la procacidad, ni en vulgaridades que lo convertirían en injuria. Hablar por ejemplo del taller de sastrería de los hermanos Chávez Sánchez, más conocidos como “Los cumpas”, era hablar de una catedral de la risa, lo mismo puede decirse del “Toro” Félix, de Lucho “Peinado”, de Mime y otros ingeniosos que hicieron célebres algunos sobrenombres.
Pero entre todos estos gigantes del humor hubo uno que se llevaba la palma, ése era don Osías Agustí Merino, el “gringo Osías”, que además de tenor, era incomparable en sus chapas, finas metáforas que signaban a sus “víctimas”. Son famosos sus sobrenombres: “Loro de layo” a don Manuel Zárate; “Misho sucio”, a don Marciano Aliaga, “Perro’e pitera”, al ñato Humberto Merino; “Mono’e plástico”, al padre Mundaca; “Muerto risueño” a Rafael Sánchez Aliaga; “Cordero muelón” a Mime; “Grillo cojo” a don Arístides Merino; “Cantaro toro” a don Wilfredo Merino y muchas otras que sería largo enumerar.
Era don Osías amigo íntimo y compadre de mi padre y ambos andaban de brazo por las calles a la caza de bichos para reírse a sus costillas. Era cómica la pareja dispareja que hacían, el gringo era alto y colorado y mi padre bajo y moreno. Una tarde pasaban de esa guisa frente al taller de los cumpas. Nada más fue pasar y la explosión de risas que manaba del taller.
-Nos jodieron, cumpita, vamos a ver que fue.
-A ver, suéltenla, ¿Cuál fue la chapa?- preguntó el gringo.
-Nada, gringuito –dijo Alberto, el mayor de los hermanos–, dijeron que por allí pasaba doña Constanza con su cántaro (gran explosión de risas).
Era la tal señora una dama, alta y colorada, con fama gratuita de bruja, así que imagínensela preparando algún brebaje en su cántaro…
Ambos, el gringo Osías y mi padre, acuñaron el término “Nasho” para designar al celendino ingenioso, de salidas gráciles e impensadas, y al café que elaboraban con espíritu de alquimistas lo denominaron también Café nasho. Por extensión, “nashería” pasó a ser una travesura ingeniosa. Muy diferente era para ellos el término “nashaco”, que significaba exactamente lo contrario.
Todo el mundo quería tener una chapa del gringo y uno de los más empeñosos era don Celestino Aliaga.
-¿Cuándo me pones una chapa, gringo? -insistía.
Y la chapa parecía no llegar nunca. Pero en donde menos se piensa salta la liebre. Un mediodía abandonaban los compadres la tienda de don César Chocho, era la hora del almuerzo, sagrada por entonces y cuando el comerciante se aprestaba a guardar la tabla en donde exhibía las herramientas, se fijó en la alegoría de marca de la lampa y le dijo a mi padre:
-Él es, ¿diga, cumpita?
Mi padre que cogía al vuelo sus ideas corroboró:
-¡Él es!
Y desde entonces don Celestino quedó con la chapa de “Mono de lampa”.
Hubo y hay en todo tiempo improvisados y negados que pretendieron ser chapistas, y entre estos había algunos muy originales como don Félix Miranda, un herrero que tenía su fragua en la calle Unión, camino a San Isidro. Era don Félix un tipo bajo, robusto, de complexión casi cuadrada, barba hirsuta, pelo cano, corto y desordenado, nariz corta y ganchuda sobre la cual cabalgaban precariamente enormes y gruesos anteojos.
Subían una tarde con andar de buey cansino por esa calle y don Félix les salió al paso:
-Gringo, gringo, ¿qué te parece la chapa que te he puesto?
-¿Cuál es?
-Gallo carioco que lo han traído de España, lo han llevado a Llanguat , lo han amarrado bajo su rocoto de don Arsecio Oblitas, allí le ha dado el sol y está acezando…
-Muy buena, “tuco’e nido”- se limitó a contestar el gringo Agustí.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!


lunes, 26 de julio de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: Procesión de la Inmaculada, en 1920

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
El culto por la Inmaculada Concepción es el primero que se instauró en la Villa Amalia de Zelendín. Cuando a instancias del obispo Martínez de Compañón, se fundó la villa, la primera iglesia que se levantó sobre una capilla antigua existente desde tiempos inmemoriales fue la iglesia de la Purísima Concepción.
Del archivo recientemente enviado a CPM por nuestro dilecto amigo Manuel Silva Rabanal, extraemos esta extraordinaria fotografía de la Procesión de la Inmaculada Concepción que se celebra el 8 de diciembre. En ella se aprecia claramente al Celendín de 1920, casi en el centenario de la Independencia nacional y cuando la villa también llegaba casi alsu primer siglo de existencia y ya tenía una personalidad como pueblo trazado a la manera española con sus calles rectilíneas y sus plazas.

Solemne procesion de la Inmaculada Concepción en 1920 (Foto Manuel Silva Rabanal)

El escenario es el crucero de las calles Dos de Mayo y Bolognesi y en la esquina que se aprecia con toda claridad estuvo la tienda comercial de don Teófilo II y, años más tarde, la farmacia “Jimenez”. La calle, totalmente empedrada, inclusive las veredas, lucía su acequia de desagüe al centro y aún no existían los pequeños puentes que en las siguientes décadas facilitaron el paso de los vehículos motorizados.
Parece que por esos años se estaba instalando el alumbrado eléctrico en la ciudad, tal como lo prueba el poste numerado con el 3, que aparece en primer plano con una propaganda pegada de Cafiaspirina, un analgésico muy en uso en esos años, pero aún persiste en la esquina el triángulo de madera que sostenía a los faroles a gas que alumbraban a las principales calles de la ciudad en la década del diez.
En hombros de sus fieles avanza la imagen de la Inmaculada con profusión de arreglos florales y precedencia del palio y estandartes religiosos llevados por un grupo de damas entre las cuales parece estar la beata María de los Santos Chacón, fallecida años después en olor de santidad. Celendín era entonces un pueblo muy católico, cuya fe llegaba al ascetismo y santificaba y guardaba toda fiesta con la pompa que requería el caso.
Delante de este grupo de mujeres está el sahumador exhalando el incienso y delante de él un niño futre que parece señalar al fotógrafo.
Elegantes damas portan las cintas de los estandartes y las autoridades máximas de la población derraman flores al paso de la procesión, las mujeres lucen mantones cubriendo la cabeza y se ha dispuesto la participación de los centros escolares de la población, en primer plano aparecen los alumnos del Centro Escolar N° 81 con el porta estandarte uniformado. Por más averiguaciones que hemos hecho, no hemos podido precisar la identidad del hombre elegante y con bastón que se encuentra en la esquina, presumimos que es algún docente de ese centro escolar.
En el otro lado de la calle se encuentra otra delegación, suponemos que de alguna institución particular, acaso la escuela de Pedro Ortiz Montoya, que inclusive posee una banda de cuatro tambores cuyos ejecutantes están descalzos en su mayoría; solo uno luce zapatos y revela un hogar acomodado en su vestimenta.
Delante de todos están los monaguillos portando los cirios en las astas, dos de ellos van descalzos y lucen los atuendos propios de su condición.
Tiempos monacales aquellos en que, como dice Julio Garrido Malaver, hasta la miseria brillaba en Celendín.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!


domingo, 25 de julio de 2010

CANTACLARO: La Feria Taurina 2010

Por Constante Vigil
Celendín
No sabemos con qué criterio, pero la alcaldía de Celendín ha ratificado al mismo comité que fracasó ruidosamente el año pasado, encabezado por el abogado Olinto Araujo Vera. En principio, ese comité aún no rinde cuentas de su gestión anterior. Con estas irregularidades como antecedente, el mismo comité es el encargado de la feria taurina de este año. Un escándalo inexplicable y, seguro, muy calculado, o muy calculador... Dios y la Virgen nos amparen con su manto.
No queremos ser pesimistas, pero con los antecedentes de la comisión organizadora nada bueno podemos esperar. Podemos apostar incluso que de nuevo empezarán a moverse ofídicamente las mafias de los palcos, sobrepalcos y chaques, con su cada vez más incómodo ruedo de palos mas grande del mundo; la de la compra de los “bravos” y la de la contratación de toreros, que como siempre estarán, ambas, a cargo del tristemente célebre “Tata” Arrieta, el principal enemigo de la fiesta brava, por los desmanes y estropicios que comete contra los animales...

Afiche taurino de la Feria del Carmen 2010 de Celendín (Cortesía de Ulises Linares C.)

Lo dudamos, pero digamos que ojalá que el ganado tenga esta vez el peso mínimo exigido para esta clase de espectáculos y no se saque gato por liebre como el año pasado, en que los animales eran tan pequeños que no resistían un solo puyazo. Los toreros ignorantes, que no saben cual es su papel en la fiesta, les hacían de todo, aprovechándose de su debilidad.
Para esta oportunidad, las autoridades anuncian un encierro de las mismas ganaderías, La Viña y Salamanca, que por su propio prestigio este año deberían enviar ganado de calidad y no los perritos sarnosos que enviaron a la feria pasada. Ojalá tengan la inteligencia de enmendar.
Esperemos además el nombramientos de un juez competente, que no se preste a la componenda, como sucedió en la feria pasada, que no intente engañarnos con el espejismo de una feria exitosa a fuerza de ser generoso eso de regalar apéndices a los matadores.
La cuadrilla internacional estará integrada por el español Francisco Corpas, que el año pasado dejó grata impresión y demostró ser un torero de fino arte clásico; los venezolanos ”El Maravilla”, que no pasa de regular, el rejoneador Francisco Rodriguez, el mexicano Antonio Bricio, que no es nada del otro mundo y el peruano Paco Céspedes, hijo de nuestro recordado Paco Céspedes, el diestro que adornó las ferias taurinas celendinas con exitosas faenas en los años 50 y 60.
La cita de fines de julio, que seguramente congregará a miles de celendinos llegados de todo el mundo, que año a año regresan a rendir tributo a la Virgen del Carmen, a su tradicional feria taurina y a gozar de los encantos de Celendín, tierra de sortilegio único, que los neocelendinos no han aprendido a valorar, ni a cuidar y que están destruyendo. Los visitantes podrán apreciar.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

domingo, 4 de julio de 2010

ELECCIONES: Plato suculento

Por Palujo

En las anteriores justas electorales, los candidatos a ocupar el sillón municipal, parecían participar en un concurso de “platos típicos” como los que organizan en las ferias. El ajetreo y la poca vergüenza que demuestran estos señores y sus acólitos por convencer a los votantes, sin proyectos, planes, ni programas, por intermedio de exquisitos potajes, es realmente patético.

El mismo día de las elecciones, los postulantes al primer cargo político del distrito, llaman a ingresar a sus casas o locales partidarios cuadrándose cual verdaderos mozos de restaurantes cinco estrellas.

Los votantes que por primera vez participan y muchos de los que llegan de las zonas rurales, obedecen sumisos, como si fuera una orden, y apuran la cuchara mirando de reojo a la futura autoridad municipal; pero aquellos que ya pasan de los tres escrutinios, lo hacen saludando muy atentos : – ¡Hola don julito! ¿cómo estás manuelito?

Muy desenvueltos y frescos actúan los que ya tienen “cancha” e incluso se toman la libertad de hacer comentarios: – Hoy ganamos don julito, ¡ese del APRA es un grajo! –hablan muy seguros.

Luego del desayuno o almuerzo, cuya calidad depende de la solvencia económica que tenga el candidato (*), este raro anfitrión despide a sus, podríamos decir, comensales, con las siguientes palabras:

- Paisitas, regresan a las cinco pa’ celebrar –mientras sus ayayeros hacen todo lo posible, con mandiles y manteles incluidos, por demostrar que la fiesta del triunfo será la envidia de toda la ciudad.

Casi al llegar al centro de votación y hasta en la misma cola, la mayoría de votantes contradicen lo que los entendidos llaman “encuesta a boca de urna” ya que al ser interrogados por quién votarán, contestan de acuerdo al gusto del curioso preguntón: – bah, por el Milton pue’, ¿por quién más va a ser?

Sin embargo, el ciudadano elector esta más que “curao” de estos vivazos, al final votan por quien desean aunque almuercen dos o tres veces cuidándose, eso sí, de que no se percaten de ello los nada cándidos candidatos que ven en el sillón municipal un plato suculento.
Palujo.


(*) Los negociantes y personajes pudientes del lugar y hasta de la provincia no se quedan atrás y muy sutilmente hacen llegar sus “desinteresadas donaciones” a sus favoritos asegurándose de ello en sus propias encuestas.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

martes, 29 de junio de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: Corpus Christi en 1926

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”

La fiesta del Corpus en Celendín siempre fue grande. Congregaba a todos los santos que se veneraban en los caseríos pertenecientes al distrito de Celendín, quienes concurrían con sus santos y sus danzas típicas a rendir homenaje al Cuerpo de Cristo. En las cuatro esquinas de la plaza de armas se levantaban altares en los cuales se detenía la procesión para el correspondiente rezo y luego se repartía la tradicional sopa de cuaresma a todo el pueblo.
Llegaban para la ocasión las danzas de Guayabas y Mangash, de Cashaconga, Molinopampa, Malcat, Pillco, Maraypata, Pallac, Chuclalás, Pariapuquio, Caguaypampa, Poyunte, Chacapampa, Llanguat, Pumarume, Bellavista, las Tres Zanjas, Chupset y las pallas de La Masma y La Manzana.

Corpus Christi en Celendín, junio de 1926 (Foto archivo CPM)

En esta extraordinaria fotografía de nuestro archivo, observamos el término de la misa y el inicio de la procesión. En un pueblo muy católico como el celendino, las mujeres acompañan la procesión vestidas de negro y con mantones cubriéndoles la cabeza y escapulario en el pecho, mientras los monaguillos portan el palio y los estandartes.
Los creyentes salen con la cabeza descubierta en señal de respeto y en las espadañas de la iglesia ya están algunos rapaces convertidos en aspa para observar desde un primerísimo plano las danzas de los diferentes caseríos. Los danzantes no aparecen en la foto porque se encuentran en las inmediaciones de la plaza para bailar en cuanto concluya la procesión.
Es curiosa la vestimenta de los muchachos que aparecen en la fotografía, todos visten pantalón y saco a la manera de un terno, aun cuando sea de dril, terno al fin. Algunos usan el pantalón a media pierna y van descalzos. Hay un muchacho futre que viste boina vasca, pantalón de casimir a media pierna y zapatos enteros de factura celendina, marcha muy orondo con la mano en el bolsillo, su vestimenta lo muestra como un niño de familia acomodada, que destaca claramente entre la modestia de los demás.
Un niño en la izquierda tiene cargada a su hermanita, mientras otro, con sombrero en la mano, parece ir a su encuentro y a la derecha otro niño, que también tiene cargada a su hermanita, mira con atención al fotógrafo
Hay unos muchachos que portan carteles de propaganda de pastillas Cafiaspirina, un analgésico de mucho uso en esos años, que dice: “Contra dolores y malestares Cafiaspirina, el producto de confianza. Si es Bayer es bueno”…
En esta hermosa fotografía que parece detener el tiempo, observamos que todavía no se iniciaba en Celendín la era del cemento. El atrio de la iglesia, los pretiles, la calle y hasta la acequia, que apenas se vislumbra en la parte inferior, son de piedra. En el pretil del atrio un campesino con sombrero en la mano espera sentado, al parecer ajeno a la marcha de la procesión. Luce llanques de cuero crudo y correas del mismo material. Para esa época todavía no existían, como hogaño, los llanques de llanta en desuso. Celendín vivía, como dijo el Dr. Manuel Pita Díaz, su época caballar.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

jueves, 24 de junio de 2010

CINE: El documental CPM - Poyunte

La asociación Celendín Pueblo Mágico se siente particularmente orgullosa de poder anunciar el primer documental de un joven colaborador nuestro, Franz Sánchez Cueva, quien no por joven es menos activo y talentoso. Nuestro orgullo se basa en que el realizador se ha inspirado y apropiado del espíritu que nos anima y se ha lanzado a su empresa encomiable: al rescate documental de nuestro folklor, de nuestra identidad, nuestra cultura.
¡Qué más podía querer CPM que ver a un artista joven de la provincia lanzarse al terreno de la creación bajo nuestro nombre y nuestra bandera, que es azul como el cielo nuestro!
El documental de Franz se titula Celendín Pueblo Mágico - Poyunte y será estrenado en Celendín en el mes de julio, acontecimiento que, recomendamos a los paisanos, no deben perdérselo por nada. El autor ha tenido que trabajar mucho, ahorrar mucho y ha dejado su capital y sus fuerzas en la realización de este hermoso proyecto, que ya no es sólo un sueño de estudiante y se ha convertido en una realidad para él y para quienes confiamos en su trabajo.
Como todos los que componemos el colectivo de CPM, Franz Sánchez Cueva es alguien comprometido con el destino y el sino de nuestro pueblo, por lo que ha estado presente en todos los combates cívicos que hemos lanzado en los últimos años. Como a todos los miembros de CPM a él también le han dicho algunos intonsos que sólo sabe criticar. Aquí está la prueba de su amor por Celendín y del trabajo que es capaz de hacer para mostrar nuestra grandeza.


Celendín Pueblo Mágico
- Poyunte -




Una prueba viva del espíritu de CPM y del amor que sus miembros sienten por la cultura profunda de nuestro pueblo, que averguenza sólo a los ignorantes.


¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!
.

lunes, 14 de junio de 2010

FOLCLOR: Documental a las Danzas

Resumen de diario de notas
Por Franz Sánchez Cueva

Celendín, Domingo 6 de junio.
O7:45 min A.M.
Llegué a Celendín para rodar lo que significa mi primer documental, elegí mi pueblo porque sé que es inmensamente rico, y lejos de todo chauvinismo, ratifico el noviazgo perpetuo que contraje con mi provincia. El clima de junio, y lo místico del Corpus Cristhi me dan los ingredientes exactos que no hubiera podido encontrar en ningún otro lugar más. El suculento desayuno shilico: un caldo verde aromatizado con paico, yerba buena, perejil, con un poquito de ruda; dos tersos panes recién horneados y un empalagoso sorbo de chocolate espeso, son complementados por un momentáneo reposo al borde de una vereda iluminada desde Jelig por los revitalizantes rayos de sol matutino. Inmediatamente después, junto a mi camarógrafo, nos dirigimos al caserío de Poyunte, para filmar el ingreso de las danzas de Candelaria hacia el pueblo. Las abrumadoras clases en la universidad, estáticas, frías, de salón, desconectadas de la realidad, nunca nos prepararon para un encuentro directo con la naturaleza, con paisajes sacados de acuarelas, ni para conocer el duelo, la tristeza o la alegría del hombre de campo.
09:17 min. A.M

Las danzas de Corpus Christi, folclor auténtico del pueblo celendino (Foto archivo CPM)

He tenido que sortear la insondable barrera que tienen los pobladores, para con las personas de la ciudad. Aciago muro que ayudamos a erigir, nosotros mismos, con las constantes muestras de autodestrucción, con nuestro exquisito y discriminatorio gusto de selección por las personas, marginando siempre al que viste con llanques y sombrero, al que tiene toscas las manos, sudoso el cuerpo y vacía la mirada. Agoté esfuerzos por romper, los vanos prejuicios que únicamente contribuyen al aislamiento de los seres humanos. Los resultados fueron buenos.
Sigo creyendo insólito el hecho de sentirme privilegiado, por compartir instantes agradables con ellos. He documentado, todas sus expresiones de fervor, la alegría con que crean su música, el sonido de sus violines que me transportan a lugares que todavía no sé si existen, pero que puedo ver si aprieto los ojos suavemente, y dejo que el bombo despliegue sus ondas de cuero añejo en mis oídos, con su típica mezcla de paganismo y de nirvana, de dioses y de demonios, me he visto en un espejo.
09:35min. A.M
Hablé con el cura de la iglesia, mientras pensaba en que enfermedad es la que padezco, y en el por qué le dicen “curas” a los hombres, como si todos estuviéramos enfermos. Me dijo que podíamos filmar la ceremonia si es que no estorbábamos, y que fuéramos profesionales en nuestro trabajo. Actué como profesional y evité meterme en el trabajo suyo, pero mandar callar la música de las danzas por preferir su misa, me sigue pareciendo una intromisión suya.


10:00 min. A.M
La vieja coqueta de faldas fucsias, de trenzas apretadas y ganchos brillantes, de muelas doradas y rueca, canta una canción mientras atiende a su viejo barbón, andrajoso, con una excelente desentonación en sus pasos. Los dos bailan frente a sus toros, y a los demás personajes del grupo de danzas. Se simulan los trabajos agrícolas, en un baile singular, auténtico y celendino. Qué suerte he tenido de haber nacido aquí, y qué triste debe ser no haber podido ser shilico.
Me han explicado que los shil-shiles, los traen del valle de Llanguat, y que luego los fríen. Los he visto vestirse, prepararse y ensayar sus coreografías para mi lente, y he creído que el documental que pensé, era mío, les pertenece. Son los verdaderos dueños de todo. Artistas y trabajadores, ciudadanos y campesinos, creyentes y no creyentes, devotos, de botas y de llanques. Así son ellos.
Fui testigo de la mezcla exacta, en proporciones perfectas, de catolicismo e incredulidad, de beatitud y falsedad, de personajes urbanos y de ruralidad. Me llevo eso, y mucho más, historias y anécdotas, mitos y leyendas. Me declaro un completo afortunado, un millonario sin bolsillos, un acaudalado amigo de las danzas.
Contaré también las leyendas que se tejen en torno a los toros. La famosa historia del toro Zarco, aquél hombre que cuando llegaba Corpus Cristhi se enfundaba en su personaje, y buscaba rivales de pelea con los demás grupos de danzas. Ha sido aleccionador todo esto, espero tener el documental listo, para el mes de julio. No me importan los pirateadores, ni los avergonzados de sus raíces. Solo pienso en qué valioso es, el hecho de que por más de un siglo estas mismas danzas, sigan llegando a Celendín, aún con las moto- taxis que invaden su suelo. A pesar de los camioneros que tocan las bocinas, tratando de espantar a los bailarines, en contra de toda desidia por proteger lo nuestro.
(….)
Martes 08 de junio
07:08 min. A.M
He llegado al terminal de buses en Lima, y al bajar, prometí un próximo trabajo con la Guayabina. He considerado concentrarme en un conjunto de danzas por turno, porque individualmente ellas, son todo un universo. Estoy convencido que el próximo año, las cosas mejorarán, no me gusta el hecho de acostumbrar a concursos a los danzantes. Los concursos son siempre expresiones ridículas de competencia. Condicionan al hombre ir en búsqueda de “premios”, “regalos”, “trofeos”. Cuando el fervor no se mide con obsequios. El sonido en el coliseo es pésimo, a quién se le ocurre distorsionar la música ancestral con amplificadores de una sola columna, en un espacio cerrado en círculo, acaso no saben que el rebote de ondas, produce eco. Mediocres. *El anunciador debe dejar de decir maichiles, a lo que un verdadero celendino llama “shil-shiles”. Lea, por favor.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!


lunes, 22 de febrero de 2010

ESTAMPA: ¡Cachetón!

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Cuando era un mozalbete de primaria, una de mis tareas cotidianas era la de recoger la leche de mi bisabuela Hermelinda. Ella vivía a una cuadra pasando la plaza de armas y al salir de la escuela por las tardes tenía que ir con un porongo. Caminaba por todo el Comercio, luego atravesaba la plaza en diagonal y recogía la leche fresca, pues mi bisabuela tenía varias vacas lecheras.
Al regresar por el jirón del Comercio, me distraía leyendo los avisos publicitarios de los comerciantes de tal manera que, sin notarlo, bajaba de la acera y resultaba caminando por el empedrado de la calle hasta casi llegar al borde de la acequia central. Cuando estaba a punto de caer en ella, me daba cuenta y otra vez regresaba a la acera para continuar haciendo lo mismo. Era lo que en Celendín conocen como un abreboca. Menos mal que en ese tiempo eran muy raros los carros que circulaban por las calles, si no ya hubiese muerto atropellado.

Viejos carnavaleros, entre ellos don Rafael Merino, segundo, de izquierda a derecha. (Foto archivo CPM)

Seguía en mi afán de leer los avisos cuando de repente ¡zas! una mano engarfiada me había atrapado por uno de los cachetes. Una rápida y vigorosa torsión, un chasquido sonoro y la frase ¡cachetón! me sacaban de mi abstracción. ¡Era don Rafa Merino que por enésima vez me hacía cachetón! Con medio lado de la cara adormecida por el dolor y sobándome apuraba la cuadra y media que faltaba para mi hogar a donde llegaba llorando. Mi padre, alarmado, me preguntaba:
-¿Qué te pasó, hijo?
-Don Rafa otra vez me hizo cachetón.
-¡Viejo de ##WW&&…!
Y allí terminaba su rabieta. Era incapaz de ir a llamarle la atención a una persona mayor. Eso era una falta de respeto que no se podía concebir entre los celendinos de esa época.
Don Rafael Merino tenía su tienda en la esquina del Comercio y Bolognesi, junto a la ferretería del Cuchuccho, donde pasaba el tiempo a la espera de algún cliente cómodamente sentado en la puerta observando el plácido discurrir de la gente. Él, como algunos viejos del pueblo, tenía la manía de andar jorobando a los escueleros, tal como lo hacía don Manuel R. Marín, que castigaba dolorosamente con un zarpazo en la mollera con sus afiladas y largas uñas acompañado de:
-¡Toma!, para que te acuerdes de Manuel Erre Marín.
Lo mismo ocurría con don Pelayo, quien propinaba los famosos “pelayos”, que eran coscorrones de marca mayor que, mínimo, te sacaban tremendo chinchón en la mollera.
Al día siguiente, avisado de lo que podía sucederme, pasaba rápido y alerta por su puerta, pero no contaba que don Rafa andaba premunido de un bastón, con cuya curvatura me atrapaba del pescuezo y… ¡Cachetón! Otra vez llegaba llorando a casa y sobándome la cara.
Parece que este buen señor conocía la hora de mi travesía cotidiana porque al día siguiente, para evitar ser capturado nuevamente por el bastón, pasé por la vereda del frente, en donde estaba la tienda del Julio Santísimo y la farmacia “Jiménez”, ojo avizor a su tienda para advertirme de su presencia cuando ¡Zas! Otra vez ... ¡Estaba taimadamente escondido tras de la esquina! Frente a tan repentinas acciones tenía que ir a trasmano, por el jirón Gálvez o Ayacucho evitando cruzar por su puerta. No sé si lo hacía solo conmigo o con los demás muchachos también. Pero alguien tenía que vengarnos.
Con los años don Rafael se hizo más cascarrabias. Estaba al tanto de los muchachos que cruzaban por su puerta, especialmente de los colegiales, quienes obligadamente tenían que saludarlo:
-¡Buenos días, don Rafael!
-¡Buenos días, don Rafita!
-¡Buenos días, señor Merino!
¡Pobre de aquél que pasara sin saludarlo! Inmediatamente lo perseguía y lo saludaba sarcásticamente, endilgándole algún título pomposo como doctor, ingeniero, abogado, magistrado, etc., a lo que el interpelado contestaba balbuceando una disculpa.
Estaba sentado una vez, como siempre, en su puerta, cuando acertó a pasar por allí mi primo Leonardo, entonces un colegial díscolo y travieso, que cursaba los primeros años de secundaria. No sabría decir si fue adrede o fue una distracción, pero pasó sin saludarlo. Esto encendió las iras de don Rafael, que inmediatamente lo persiguió, diciéndole:
-¡ Señor Diplomático, Buenos días!
Nardo, como quien complace a un inferior, le contestó irreverentemente:
-¡Hola, Rafa! ¿Cómo te ha ido?

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

domingo, 7 de febrero de 2010

ESTAMPA: LA ARAÑA

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Cada vez que un nuevo shilico daba su primer berrido en este valle de lágrimas, el padre religiosamente recurría al santoral de la iglesia para nombrarlo y lo anotaba en alguna hoja de la vieja Biblia familiar. Habrán tenido ustedes la oportunidad de leer entre versículos:
“Eustaquio nació el 12 de febrero de 1893” o “Eufrasia nació el 5 de mayo de 1895”
Y así, por obra y gracia de este santoral que traía el Almanaque Bristol, abundaban en el pueblo los Celestinos, Leoncios, Cupertinos, Romualdos, Quintines, Quintilianos, Serapios, Procopios, Prósperos, Anastacios, Nazarios, Efraínes, Concepciones, Circuncisiones, Lázaros, etc., y entre las mujeres los nombres terminaban en “Inda”: Hermelinda, Rudecinda, Florinda, Hormecinda, Fredesvinda, Teodolinda, Olinda, etc.

De como La Araña se convirtió en...

Con el arribo del Siglo XX, la moda de los nombres de pila cambió, se retornó a los nombres clásicos y así aparecieron los Termópilos, Arístides, Aquiles, Milcíades, Nicodemus, Rómulos, Alcibíades, Orestes , Petronios, Temístocles, Pericles, Ovidios, Silas, Aníbales, etc. Hubo como es de esperar algunos nombres aislados que parecían sacados de la carpeta de Judas:
-¿Cómo te llamas, niño?
-Baltazar Antiportalatino, para servir a usted.
**********
Existen en nuestra provincia familias que tienen fundadas o infundadas pretensiones de nobleza. Aún inédita permanece la obra de don Perseo Pereyra, quien, en una de sus crónicas habla de los vástagos que testas coronadas de Europa han desparramado por Celendín. Menos mal que la mayoría ignora esta situación, y los que la saben, no se atreven a sacarla a relucir por miedo al ridículo, sino se iría al traste toda la democracia e igualdad de la que tanto nos ufanamos los shilicos.
Don Teófilo II (dos palitos, como decía la gente), era en la primera mitad del siglo XX un mediano comerciante y se llamaba así porque sus progenitores, descendientes anónimos de la nobleza portuguesa, encontraron natural, aunque sin feudo, ni ducado, ponerse un Regis Nómine y, si hubo un Teófilo I (un palito), tendría lógicamente que haber un Teófilo II, legítimo heredero en línea recta de los títulos y pergaminos familiares, para quien reclamaron como súbditos convictos y confesos a los shilicos, a algunos de los cuales no le venía mal la idea de una monarquía independiente.
Tenía una distinción innata, tez sonrosada, ojos azules, cabellos claros y finas maneras. De clara inteligencia y conceptos avanzados, era un hombre que se adelantaba a su época y era además un nasho como pocos los hubo en Celendín, se hacía llamar “El Tigre”, “Director de bandas populares”, “Rubito, de guaje, palmas y caja adentro”. En ese entonces, en que nadie se atrevía a decir ni chus ni mus por miedo a los mandamáses, él tenía los arrestos suficientes para denunciarlos sin temor.
Tenía una tienda comercial en la calle del Comercio llamada “La Campana”. En la puerta colgaba un pizarrín que usaba a manera de periódico mural con el nombre de “La Araña”. En sus cotidianas ediciones, don Teófilo II se ocupaba en despotricar de las autoridades locales y de los notables: el Subprefecto, el Alcalde, El Inspector de Educación, el Presidente de la beneficencia, el Párroco, el Sargento o cualquiera que vista chaleco y ostente leontinas en los bolsillos, eran blanco de sus puntiagudos y certeros dardos. Don Teófilo II no escribía con pluma, sino con bisturí
“Pueblo chico, infierno grande” reza el refrán, y nada más certero en lo que a Celendín se refiere; sobre todo en ese tiempo en que no había las distracciones de ahora. El deporte favorito de la gente era escarbar en la honra ajena y fomentar el chisme travieso y mal intencionado. Los paisanos acudían en tropel a “La Campana”, so pretexto de comprar cualquier cachivache a reírse de las diatribas y anatemas que don Teo lanzaba desde las ponzoñosas páginas de “La Araña”.
-¿Qué el inspector de Educación nombró como maestra de escuela a fulana de tal y la acompañó a darle posesión de cargo durante dos días con sus noches ¿Por qué será, ah?
-Que el señor subprefecto se tiró la bomba con el “Chimbombo” y el “Cárdenas” en su cantina del “Rempujao”, pues… palo con él.
-Que el presidente de la Beneficencia pública estuvo en conciliábulos con Rosel sobra la hacienda Guayobamba ¿De qué se trató en el asunto?
-Que el alcalde está ampliando la parte trasera de su casa, ¿qué cosa?, ¿de dónde michis, si la gata no pare?
Y así, otras lindezas por el estilo eran motivos para las críticas de don Teófilo. Sus afanes de poner el dedo sobre la llaga le había ocasionado no pocos problemas, pues como alguien dijo: “en un lugar donde no hay justicia es peligroso tener razón”. Pero él, sin amilanarse, seguía con su labor profiláctica. Consideraba un deber ineludible cuidar que no se abuse inmisericordemente de sus sufridos vasallos, que bastante tenían con sus problemas cotidianos.
Un día, las páginas de La Araña fustigaron de tal manera al Subprefecto que prácticamente lo dejaron como shipuna. Este, al enterarse del contenido del pasquín, montó en cólera y ordenó al guardia “Mediobuche” que proceda al decomiso y reclusión del tal periódico… y, a la cárcel fue a parar La Araña, de cabeza, con ponzoña y todo.
El director responsable del vocero consideró el atropello como una flagrante violación de los derechos de libre opinión y prensa y movió cielo y tierra a fin de recuperar su periódico.
***********
El Siglo XIX, el de la patria en ciernes, fue turbulento y bárbaro, las disputas internas y externas menudeaban y atentaban contra la existencia de la patria misma; se guerreaba de lo lindo por quítame esta pajas. Parecía que la distracción favorita de los peruanos era el de poblar al otro mundo con prójimos que en la mayoría de los casos no se enteraban ni por qué. Los ejércitos de entonces estaban formados por “voluntarios” reclutados a la fuerza o por mercenarios y debido a las muchas penurias que soportaban, marchaban a la guerra con su mujer y a veces con sus hijos, quienes, abnegadamente los seguían como rabo por terribles caminos. Muchas páginas heroicas se podrían escribir para ensalzar la bravura con que se batieron estas sufridas mujeres a quienes el vulgo, despectivamente, dio en llamar “rabonas” y por extensión, a las esposas de los militares les llaman lo mismo.
************
Cuando don Teófilo II, al cabo de una semana de recurrir a sus influencias y gastar en papel sellado pudo recuperar su pizarrín, consideró que el lapso de una semana de reclusión, algo pudo ocurrir entre “La Araña” y los cachacos de la comisaría, como los llamaba, dado que aquella y estos eran proclives a la concupiscencia y esto, naturalmente, ameritaba un cambio de nombre.
Al día siguiente. Cuando todo el pueblo, conocedor de las fricciones entre la autoridad y don Teófilo, acudió a leer la edición de reaparición, comprobó divertido que ya no se llamaba más “La Araña”.
Su Majestad, Teófilo II, cáustico como era y en uso de sus atribuciones reales, la había rebautizado con el nombre de:
“LA RABONA”

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...