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martes, 4 de junio de 2013

LETRAS: Una reivindicación necesaria

ALFREDO PITA: UNA REIVINDICACIÓN NECESARIA DEL ROL DEL ESCRITOR

Por Arturo Bolívar Barreto
Tanto el hacer poético como el pronunciamiento político y social del escritor Alfredo Pita, en torno a la situación del pueblo cajamarquino, expoliado por el poder económico y reprimido por los gobernantes cómplices, reivindican lo que parecía envejecido y olvidado hoy por tantos escritores antes progresistas: la vinculación esencial del arte y la literatura con el drama humano y social y, por ello, la condición ante todo de ser humano del artista o del escritor
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Alfredo Pita, en Lima. (Foto La República)
Reivindicación valiente hoy cuando pareciera haber vencido la imposición ideológica del pensamiento conservador, que veía en el arte sólo un hacer formalista y elusivo de la vida, y en el artista o el escritor un ser privilegiado, “intuitivo”, un semidiós alejado de la chusma.
El actual capitalismo, despótico y totalitario, ha terminado por hacer de la cultura, del arte y la literatura, con carácter absoluto, nada más que cosas vendibles y de marketing. Y de los artistas y escritores nada más que diseñadores uniformizados de la literatura de mercado. ¿Y el arte y literatura esenciales, críticos, imaginativos y subversores de las imperfecciones sociales? ¿Y el escritor hombre, ciudadano, socialmente vivo, humano?
Por eso es de destacar que escritores e intelectuales, como es el caso del cajamarquino Alfredo Pita, vayan contra el desánimo y el escepticismo que cunden en el escritor y el intelectual contemporáneos y, al contrario, vean con clarividencia que no hay salvación social y preservación posible de la cultura si no hay una lucha integral, política y cultural, para cambiar el lamentable sistema autodestructivo  actual.
Por ello acompañamos a Alfredo Pita cuando denuncia la trama que encierra la no cancelación del proyecto Conga, responsabilidad del voraz capital transnacional, de los grupos oligárquicos nacionales y de las políticas estatales cómplices. Nos sumamos a su lucha por la defensa de la vida del pueblo cajamarquino y peruano en general, demandamos el uso racional de los recursos naturales y la preservación de la actividad agrícola, fuente alimentaria. En suma nos sumamos como escritores a la lucha política y social por un mundo más humano y habitable.
                                                                                                      
Publicado originalmente en Chungo y Batán
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lunes, 11 de marzo de 2013

LIBROS: Alfredo Pita anuncia 
su próxima novela

LA VOZ DE LA CALLE, No 219. Trujillo, 8 de marzo 2013.
Esta es una versión ampliada de la entrevista que hace poco publicó el diario capitalino La Primera. Ante nuestro pedido, la entrevistadora, la periodista Gloria Cáceres, nos ha autorizado a publicarla, lo que le agradecemos, pues consideramos que es de mucho interés para nuestros lectores (CBL).

“UNA NOVELA QUE DEBÍA A MIS
 MUERTOS Y A MÍ MISMO”

Por Gloria Cáceres V. 
Hace unos días, la emisora francesa Radio Paris Pluriel entrevistó al reconocido escritor peruano Alfredo Pita para tratar temas de su trayectoria y obra. Pita habló con libertad y solvencia de su narrativa y sus temas principales, del trabajo de lenguaje que realiza, de cómo surgen sus historias, etc., pero también de la amistad que tuvo con escritores de la trascendencia de José María Arguedas y Julio Ramón Ribeyro, así como con artistas peruanos que siguen viviendo en Europa, como el pintor Herman Braun.

Un tema que también se abordó fue el compromiso del escritor con la sociedad. Pita dijo que un escritor, como cualquier artista, necesita libertad plena para crear, pero que esto, al menos en su caso, no lo aleja de su condición de ciudadano. “La figura del escritor revolucionario tiende a desaparecer, felizmente”, dijo, pero a la vez indicó que le parecía “una desgracia que el artista se exonere de una participación cívica en la sociedad”. En el Perú de hoy, subrayó, “hay que luchar contra la destrucción de la naturaleza en vastas regiones del país y contra la destrucción de la democracia por los timadores y estafadores que tenemos como autoridades”.

UNA NOVELA SOBRE LA VIOLENCIA

Uno de los entrevistadores, el profesor Abraham Prudencio, se refirió a su trabajo literario actual y le preguntó si no tenía “alguna primicia”. Alfredo Pita anunció que ha terminado una novela cuya historia transcurre en Ayacucho, en pleno conflicto interno. Esto es una gran noticia para sus lectores, ya que en los últimos años el escritor cajamarquino sólo ha publicado libros de cuentos y memorias. En razón de esto, lo hemos buscado para que nos hable de su nueva novela y otros temas.
—¿Su compromiso ciudadano explica su activismo antiminero?

—No soy antiminero por las puras. Estoy contra la real y probada destrucción de las fuentes de agua y del marco de vida de la gente. En esta medida acompaño de todo corazón la lucha de mi pueblo, Celendín, en Cajamarca, contra el proyecto Conga, en vista de que el gobierno ha optado por convalidar la acción criminal de la mina.
—Su visión del compromiso ciudadano tiene poco que ver con la antigua noción del “arte comprometido”…

—No tiene nada que ver. Esa noción era una invitación al arte mediocre. La única obligación artística que debe tener un escritor es escribir bien.
—¿Qué le ha motivado a tocar en su libro el tema de la violencia?

—Bueno, son muchos los motivos que tengo. Estuve en la zona de Ayacucho en 1983, reemplazando a uno de los periodistas asesinados en Uchuraccay. En las semanas que pasé en el lugar vi muchos cadáveres, por lo que el drama de la violencia interna lo he llevado siempre en mí, como posible tema para un libro, como una deuda para con mis colegas muertos y para conmigo mismo.
—Otros ya han tocado el tema e incluso piensan que está agotado.

—Pues se equivocan. Pese a lo ya publicado, los años de la violencia apenas comienzan a ser tratados. Vendrán más libros y más historias. Muchas cosas están por decirse.
—¿Podrías darnos un adelanto sobre su novela?

—Es la historia de un periodista que llega a Ayacucho en 1991 para intentar un gran reportaje y que busca entender la mecánica de la guerra sucia que se daba allí.
—¿Su actuación como periodista en los días de Uchuraccay, de alguna forma le ha dado elementos para su novela?

—Uchuraccay está presente en la historia, pero como parte de un telón de fondo. El relato es un lento viaje en los meandros culturales que esconden la realidad social peruana y explican la violencia. Para un peruano, limeño o no, entender Ayacucho en esos años era difícil. Había que ser ayacuchano para comprender lo que allí ocurría. Para subrayar esta distancia, mi personaje es un extranjero algo anarquista y sin prejuicios.
—La violencia en Ayacucho, ¿cómo la aborda?

—Es difícil responder a esto. He intentado recrear el horror cometido contra los individuos, pero buscando también un diapasón para la tragedia colectiva.
—¿Cuánto tiempo te tomó la redacción de su novela?

—Empecé a escribirla hace diez años, pero la interrumpí.
—¿Por qué…?

—Por lo que has dicho, había mucha gente publicando sobre Ayacucho. No quería aparecer como un escritor oportunista que se aprovecha de un tema de moda.
—¿Cuál es el título del libro?

—Ya lo verás cuando salga. El manuscrito lo he trabajado bajo el título de 1991, la Batalla de Ayacucho, pero no sé si será el título definitivo.
—¿La va a publicar en Lima, en España o en París?

—La voy a publicar en Europa, seguro, pero quisiera que salga pronto en el Perú. Para esto tengo que hallar el editor adecuado.
—¡Cómo así…, el editor adecuado!

—Necesito en Lima un editor que me pague un adelanto correcto. Necesito dinero para ayudar a los familiares y víctimas de la violencia que el Estado peruano ha desatado contra la población campesina de Cajamarca.
—Admiro su idea del compromiso ciudadano y su permanente cercanía, simpatía para con las víctimas. Para terminar, ¿invitaría a otros escritores a que se aúnan a su posición, a sus proyectos de ayuda?
—Esto es algo personal. Estamos en una época de mercadeo, poco propicia para que los artistas se piensen ciudadanos, pero no seamos pesimistas, hay algunos, y no son pocos, que sí lo hacen, que sí piensan en los demás, felizmente. No podemos pretender vivir en una sociedad democrática y civilizada si no luchamos por los derechos humanos y por los derechos de la naturaleza. Si queremos una vida digna para nosotros y nuestras familias, debemos luchar para que todos la tengan.

martes, 28 de agosto de 2012

ENTREVISTA: Alfredo Pita en La Primera

El diario La Primera entrevistó a nuestro paisano, el escritor Alfredo Pita, sobre la Carta Abierta a Ollanta Humala que ha publicado recientemente. Reproducimos sus palabras (CPM).
Enlace
UN DEBER MORAL

El escritor y periodista Alfredo Pita publicó una misiva, “Una carta impostergable al presidente del Perú”, que circula profusamente en las redes sociales. Puede leerse en su blog CazaSutil (lacazasutil.blogspot.fr). Publicado antes de la suspensión del proyecto Conga, el autor celendino ve como necesaria la cancelación de la obra y no solo la suspensión.

Alfredo Pita, escritor celendino, publicó "Una carta impostergable al presidente de la República".

En ella dice, por ejemplo, “…debo confesarle que abrigaba la esperanza de que en su reciente Mensaje a la Nación no solo nos explicara las equívocas, erráticas y continuistas políticas que su gobierno aplica desde que llegó al poder, sino también, y sobre todo, que diera una explicación coherente y pidiera perdón a Cajamarca —anunciando sanciones— por los crímenes de Celendín y Bambamarca, hechos bárbaros e inimaginables en cualquier sociedad civilizada”.

—¿Por qué califica su pronunciamiento como una “obligación moral”?
—Es lo que es. Lo que está ocurriendo en el Perú, en el plano político, y en particular en lo que se refiere a Cajamarca, es muy grave y es, además, definitorio del futuro. Es un deber moral para todo ciudadano consciente pronunciarse al respecto.

—¿Usted lo hace cómo escritor, como periodista o como peruano?
—Como escritor, apoyé al candidato Humala y refrendé, junto con un centenar de escritores e intelectuales, su programa. Considero que no tiene derecho a defraudar al pueblo ni a los que lo apoyamos. Por otro lado, como periodista, siempre he vinculado mi actividad con la verdad y la crítica del poder, sobre todo el mal ejercido. En cuanto a Conga, por ejemplo, Humala juega abiertamente la baza de la minera. La suspensión anunciada es una trampa. Cajamarca quiere la cancelación definitiva de ese proyecto sangriento y nefasto para el medio ambiente. Como ciudadano, finalmente, porque el futuro de mi país me importa y tengo la impresión de está siendo festinado por una derecha que sigue en el poder tras haber capturado al candidato que la derrotó.

—En julio publicó un poema de combate, “Canto a Celendín”. Ahora, una carta abierta al presidente. ¿Cree que su voz tendrá alguna respuesta?
—No sé si la tendrá de parte del poder. Es normal que los gobernantes ignoren al escriba que los censura. Lo que me importa es que llegue a los lectores, a los ciudadanos, a mis paisanos de Cajamarca y Celendín, para darles fuerza y razones para seguir resistiendo. Que el gobernante escuche tiene que ver con que se suelte las amarras y es cosa suya.

Fuente La Primera ,
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viernes, 2 de marzo de 2012

ENTREVISTA: Alfredo Pita habla de José María Arguedas

La República, 1 de marzo de 2012

“NOS ENSEÑÓ LA CÓLERA, PERO TAMBIEN LA DIGNIDAD”

Alfredo Pita. El escritor cajamarquino ha publicado Días de sol y silencio, un libro testimonial sobre su amistad con José María Arguedas, autor que a pesar de su ausencia, hoy está, como estuvo ayer, junto a los jóvenes.

Por Pedro Escribano

El libro más reciente de Alfredo Pita, Días de sol y silencio —una incursión en la memoria de una singular amistad, la que unió, hace cuatro décadas, a José María Arguedas con un joven estudiante sanmarquino que no estaba seguro de ser poeta pero que soñaba firmemente con ser escritor—, se vende en estos días en las librerías limeñas, beneficiándose de un comprensible efecto de “boca a oreja” que lo exime de mayor publicidad.

En Lima. Alfredo Pita en el mítico café bar Cordano, en donde solía reunirse la crema y nata de los intelectuales peruanos.

Sin duda la sombra del gran escritor y la curiosidad que despiertan su existencia, su final, la atmósfera de su vida doméstica en sus años postreros, tienen que ver con esta acogida más que positiva, y a la que contribuye también, sin duda, la prosa honesta con la que el narrador cajamarquino elabora su testimonio, sin dejar de lado las impactantes fotografías de Olga Luna, que no hay que vacilar en calificar de históricas y que han sido incluidas en el cuidado volumen (porque esto también hay que decirlo, se trata de una impecable edición de la Universidad Inca Garcilaso).

¿Cómo ocurrió que Arguedas fuera tu amigo?, algunos dicen que era muy huraño.
José María, como todos los seres humanos, tenía muchas facetas. Y con frecuencia era un ser ensimismado, sí. Pero sin duda tenía vocación de maestro y podía ser amigo sincero y directo de los jóvenes. Tuve la suerte de beneficiarme de su amistad.

Como Gardel, José María Arguedas es cada vez más popular. ¿Cómo explicas esto?
Los pueblos y las nuevas generaciones necesitan mitos que los ayuden a comprender el pasado, el presente y que los armen ante el porvenir, sobre todo cuando hay crisis.

Arguedas es muy popular entre los jóvenes, incluso entre quienes no lo han leído.
No es de extrañar. El Perú de hoy, que algunos pintan como disparado hacia el desarrollo, sigue siendo desigual, injusto y cubierto de las viejas taras que explican históricamente nuestro atraso y subdesarrollo. Arguedas es alguien que pensó el Perú en su complejidad e intentó hallar salidas. El respeto de los peruanos de abajo fue su propuesta clave.

¿El escritor, además de artista, es un conductor moral, social…?
Este rol se disipa cada vez más, pero Arguedas lo fue.

¿Como se da esto? Arguedas desapareció y la sociedad ha cambiado...
No tanto como parece. En las relaciones sociales básicas hay desigualdad e injusticia como antes, e incluso más. El discurso sobre las bondades del mercado es hegemónico y deshumanizante. Lo vemos hoy en Cajamarca. El desprecio, el racismo y la segregación han reaparecido con virulencia, aunque disfrazados. Arguedas alentó la reacción. Él nos enseñó la cólera, pero también la dignidad. Por eso su voz suena.

¿Cómo así?
José María, en sus últimos escritos, dijo algo muy claro: que frente al horror social debíamos reaccionar con cólera, nunca con rabia. Este es un fundamento ético que asumen los jóvenes en su lucha cada vez más consciente en pos de una sociedad más justa y democrática.

Tu libro cerró el Año Arguedas, ¿esa fue tu intención?
Ni el libro ni su fecha de aparición fueron premeditados. Yo nunca pensé escribir un libro sobre mi relación con José María, Sybila y su familia. Mi editor, Lucas Lavado, me puso en una disyuntiva grave: “Eres el único escritor peruano que siendo joven tuvo acceso a la familia de los Arguedas. Si tú no dices algo, ¿quién lo va a hacer?” Me hizo el pedido a mediados del año pasado. El libro salió en diciembre.

¿Estás contento con el resultado?
Estoy como de retorno de un viaje a otro mundo y a otra edad, hecho con la experiencia que me ha dado la vida. Estoy contento, además, pues tengo la sensación de haber pagado una deuda filial.

La entrevista al escritor celendino en La República, 01.03.2012.

Dato:
Presentación. Días de sol y silencio hoy en el auditorio José Watanabe, de la Feria Internacional de libro en Trujillo, 5 pm.

martes, 14 de febrero de 2012

OPINIÓN: José Ma. Arguedas y Alfredo Pita, una amistad

Por Jorge Horna
Lima
En su libro testimonial Días de sol y silencio, Alfredo Pita, reconocido escritor celendino, autor también de relatos y novelas, da cuenta de su amistad con José María Arguedas y su familia (la que compuso con Sybila Arredondo y sus hijos) en los tiempos culminantes de la vida del autor de Los ríos profundos. Esta circunstancia extraordinaria le deparó compartir con ellos “ese amor, por la vida y por el Perú”, por lo que volver a ella, evocarla, sólo es posible de “la única forma que tengo", mejor dicho, hablando "desde mí mismo, desde mis recuerdos y mi experiencia” (pag. 11 y 15).

José María Arguedas y Alfredo Pita

A partir de 1969, año del deceso de José María Arguedas, muchos ensayos interpretativos (Flores Galindo, N. Manrique, A. Torero, C. Lévano, Carmen Pinilla; la enumeración es extensa) han bordeado la obra del autor de Todas las sangres.
Alfredo Pita aporta con su libro algo nuevo: el conocimiento privilegiado de los ritos y resquicios de la vida hogareña de los Arguedas en la solariega casa de la urbanización Los Ángeles, en el distrito limeño de Chaclacayo. Pero no sólo eso, nos confirma, con su visión de joven universitario de aquel entonces, el perenne mensaje arguediano de prender en el alma y la mente de los peruanos "un mundo más esencial y puro, el de los indios del Cuzco y de las regiones aledañas” (Apurímac, Huancavelica, Ayacucho. JH) (pág. 34). Pues Arguedas nos planteó que el Perú, diverso e intrincado, generador de constantes conflictos sociales, exigía instaurar los mismos derechos y oportunidades para todos, en la praxis de nuestra histórica interculturalidad .
Días de sol y silencio (un bello título que los editores han adornado con un rótulo vendedor: "Arguedas, el tiempo final") nos recuerda que José María Arguedas abordaba el mundo andino con una vinculación y empatía sin distancias, dominando la emotividad, desde el agreste camino que viene padeciendo por centurias el campesinado indio del Perú.
En su libro, Alfredo Pita nos ofrece la imagen del hombre en su diario trajín, de un Arguedas que en la paz hogareña o en medio de sus batallas anímicas abrigaba el intenso compromiso de hacernos conocer y entender la complejidad de nuestras raíces originarias; para desprejuiciarnos y ser capaces de mirarnos a nosotros mismos en el umbral de nuestro porvenir como nación, aún en labranza.
El intenso relato Días de sol y silencio describe el espacio íntimo de un Arguedas que, asido al afecto de su familia nuclear, afrontaba los dilemas de la sociedad desde una concepción comprometida, identificado con el universo andino y su cultura. Sus preocupaciones quedaron impregnadas en los libros que publicó y que va más allá de lo literario, abriendo concretas posibilidades al análisis socio-antropológico y también político.
Se trata de un libro breve pero complejo, que transciende el testimonio de Alfredo Pita, quien, viajando a través del tiempo vuelve a postrimerías de los años sesenta del siglo pasado e, imbuido de su experiencia vital, equilibra su apreciación del amigo y maestro que fue para él José María Arguedas. Las escenas evocadas, los juicios emitidos sobre los avatares existenciales del protagonista, van, viento en popa, empujados por una rotunda prosa narrativa. La evocación no ha sido avasallada por el apasionamiento afectivo y es una sensata expresión en pos del retrato real de quien escribió magistralmente, entre otras obras, Agua y El zorro de arriba y el zorro de abajo.
La palabra sincera de Alfredo Pita, que ha estructurado su libro en 18 temas, nos revela no sólo su admiración por el gran escritor andahuaylino, sino también las raíces de su provechoso y definitivo, aunque breve, aprendizaje.
En el capítulo Sybila, el autor no sólo hace un vívido retrato de la viuda de Arguedas, sino que no vacila en entrar en disquisiciones sobre sus opciones políticas, sobre los compromisos que la llevaron a ser condenada a 15 años de prisión. Y lo mismo hace con quien fue, tal vez, el amigo más querido de Arguedas, el lingüista Alfredo Torero, quien, por las mismas razones, sufrió persecución y exilio. “Escucharlos hablar, a José María y a él, era ponerse a la escucha de un horizonte cultural intuido, pero a la vez remoto y misterioso para mí” (pág. 50).
El autor de Días de sol y silencio ha recurrido a una técnica muy visual, casi fotográfica, a las imágenes atesoradas en su memoria y recuerdos, que conmueven y nos llevan a reflexionar de modo inédito sobre la vida y obra arguediana, que, valgan reiteraciones, tienen ambas la misma altura.
Alfredo Pita, al abrir su relato, lamenta no tener más fotografías que aludan a sus estancias de fin de semana en casa de los Arguedas; pero las que se incluyen en el libro, y principalmente la serie mítica tomada por Olga Luna, son suficientemente elocuentes. A mí me impresiona —y coincido con el autor— aquella que ilustra la tapa y que pertenece a esa serie. A ello hay que agregar el esmero gráfico que el pintor y amigo Jorge Chávez Silva ha puesto en el retoque y tramado de esa foto, para convertirla en una cubierta de libro memorable.
Para concluir, las letras celendinas y del país han sido honradas con este trabajo de Alfredo Pita, así como su trayectoria literaria, que ya suma décadas.

Lima, febrero de 2012

Días de sol y silencio 
Alfredo Pita
Fondo Editorial UIGV
Lima, Diciembre de 2011

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sábado, 31 de diciembre de 2011

TESTIMONIO: El libro que cierra el Centenario de Arguedas

El libro que clausura en forma brillante el centenario de José María Arguedas, “Días de sol y silencio” (Fondo Editorial UIGV), es de la pluma de un escritor nuestro, Alfredo Pita (Celendín, 1948), y está dando mucho que hablar. No sólo lo decimos nosotros, quizás empujados por esa hermandad que genera el hecho de que Alfredo sea nuestro coterráneo y amigo, así como por nuestra coincidencia en las luchas en defensa de Celendín. Lo dicen los diarios más prestigiosos de la nación y medios de comunicación del extranjero, que exaltan la naturalidad y profundidad con que nuestro narrador describe sus vivencias junto al gran escritor apurimeño, así como las lecciones de vida que pudo extraer. La vida y la muerte de un escritor de la talla de Arguedas fueron un huracán que cambió la vida de las personas que se movieron en su entorno. De todo esto nos habla el nuevo libro de nuestro paisano. Transcribimos abajo el amplio despacho sobre el libro de la agencia española EFE, que recoge el diario “La República”. Y, aquí, otros enlaces a periódicos y sitios que han recogido la noticia de su publicación (NdlR).

La República, 27 de diciembre de 2011

ALFREDO PITA, UNA MIRADA ÍNTIMA A ARGUEDAS

Testimonio. El escritor y periodista acaba de publicar Días de sol y silencio. Arguedas: el tiempo final, un libro en el que pinta al autor de Los ríos profundos como “un ser complejo, alegre, solidario, con sus problemas y sus dramas”. El propósito, ha dicho, es arrancarlo de algún modo del culto en el que se le está encasillando.

José María Arguedas, un escritor mítico, de quien Alfredo Pita traza un sorprendente retrato lleno de humanidad y reconocimiento, en un libro que cierra con broche de oro el año de su centenario.

Un José María Arguedas íntimo, rodeado de amigos y familiares, silencioso por momentos pero también bromista y entrañable, recorre las páginas de Días de sol y silencio. Arguedas: el tiempo final, un libro publicado en Lima por el escritor peruano Alfredo Pita.
Pita, autor de la novela El cazador ausente, ganadora en 1999 del Premio Internacional de Novela Las Dos Orillas, afirmó a Efe que decidió escribir este libro tras reconocer que “no había muchas personas que pudieran encargarse de la tarea”.
“Yo había tenido la suerte de estar cerca de José María Arguedas, en su casa, su cotidianidad, su amistad. El haber estado cerca de él y de su familia en torno a mis veinte años y el tener hoy la escritura como actividad principal me ponía en una rampa de disparo inevitable hacia este libro”, explicó el escritor.

Alfredo Pita, escritor peruano de renombre internacional, nacido en Celendín en 1948.

Testimonio de parte
Alentado por los encargados del Fondo Editorial de la Universidad Garcilaso de la Vega, con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Arguedas (1911-1969), que se cumplió este año, el autor retrató los últimos años del escritor andahuaylino, quien se suicidó en 1969.
Su libro ofrece, de esa manera, un acercamiento íntimo y poco conocido a la relación de Arguedas con su esposa chilena, Sybila Arredondo, y los hijos de ella, así como a los personajes que pertenecían a su entorno o lo buscaban por su reconocimiento.
Aporta además nuevos datos sobre una famosa polémica literaria que el escritor peruano mantuvo con el argentino Julio Cortázar poco tiempo antes de su muerte.
Pita señaló que su objetivo ha sido “hablar sobre todo del Arguedas vivo” y “de algún modo arrancarlo del culto, de los cultos, en que hoy sus sacerdotes lo veneran y lo están encasillando”.
Para Pita, Arguedas ha sido colocado como un “profeta del mundo andino, intérprete del alma quechua, héroe cultural y político de las masas oprimidas de nuestro complejo Perú”.
“También es el depresivo y el desesperado, con cuyas cartas íntimas y privadas hoy hacen su festín los aficionados a la psiquiatría literaria. Su suicidio parece autorizar todo tipo de rituales y excesos mórbidos en torno a sus despojos”, aseguró.
Recordó, al respecto, que hace unos años las autoridades de Andahuaylas extrajeron de manera casi clandestina sus restos de un cementerio de Lima “para organizarle una mausoleo que es a la vez tumba y altar de este tipo de religiones”.
“No sé qué hubiera pensado él de haberlo sabido o presagiado. De todo eso me he querido alejar en forma deliberada. He querido testimoniar, desde mi perspectiva, sobre el amigo, el maestro, el hombre”, enfatizó. (Por David Blanco Bonilla. Agencia EFE)

"Días de sol y silencio", el libro sobre José María Arguedas de Alfredo Pita.

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domingo, 18 de diciembre de 2011

LITERATURA: "Días de sol y silencio", de Alfredo Pita

Cerrando en forma brillante los homenajes por el Centenario del nacimiento de José María Arguedas sale a la luz “Días de sol y silencio”, un libro de Alfredo Pita que narra los últimos años del escritor apurimeño junto a su familia y en su casa de Los Ángeles, Chaclacayo, tiempo del que fue testigo vivencial. El texto, que es una muestra más de la alta calidad literaria de Alfredo Pita, tiene la virtud de devolvernos a un Arguedas humano, gozoso y sufrido, frente al héroe deidificado y casi mítico que nos quieren vender algunas voces interesadas. Hemos leído con mucho cuidado el libro y nos ha llamado la atención cierta parte en la que Alfredo conversa con José María sobre Celendín y la presencia lejana de otro autor emblemático nuestro, don Alfonso Peláez Bazán. El relato de Alfredo Pita en su conjunto denota una sensibilidad y una pluma que gratifica la espera de sus lectores, entre los que nos contamos, pues nuestro paisano es ya, para muchos, un escritor de culto. Reproducimos el artículo aparecido en el diario La Primera, el 18/12/2011 (NdlR).

ARGUEDAS EN LOS ANGELES
Por Marco Fernández
Desde París, su actual residencia, el escritor Alfredo Pita ha resaltado en la introducción de su “Días de sol y silencio” que la insistencia de su editor peruano, Lucas Lavado, y su habilidad para presionarlo “moralmente” ha hecho posible este libro donde narra sus momentos con José María Arguedas y su esposa Sybila Arredondo, en Los Ángeles, en Chaclacayo entre abril de 1967 y noviembre de 1969.
Hay muchas cosas que resaltar en este libro. Una de ellas es el imperativo de escribir de José María Arguedas. En el libro, Pita recrea una conversación de José María Arguedas y Hugo Pesce, médico y filósofo peruano que fue declarado hace diez años Héroe de la Salud Pública en el Perú por la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
-“ Doctor Pesce- dice Arguedas- usted es uno de los grandes criminales que hay en este país…!
Pesce se detuvo en seco, sorprendido, y balbuceó:
-¿Por qué me dice eso, José María?
-Porque con todo lo que sabe, ha visto y ha vivido, hasta ahora usted no ha escrito sus memorias, doctor.
Pesce sonrió, avanzó, y ambos se abrazaron. El médico subrayó:
-Entonces lo mismo se puede decir de usted, José María. ¡Ya somos dos los criminales…!
José María no reaccionó ante la respuesta. Sonriente y acogedor guió a la visita al interior de la casa, mientras yo pensaba que él, en su obra, al habernos revelado mundos llenos de tanta humanidad, ternura, dolor y poesía, ya había hecho un suficiente trabajo de memoria y testimonio”. (página 53).
Para José María Arguedas saber y vivir y no compartir era un crimen.

El escritor José María Arguedas y la carátula del nuevo libro de Alfredo Pita.

Testimonios como el de Alfredo Pita son necesarios para poder ver a personajes como Arguedas, para poder acercarnos a detalles humanos que no podemos conocer en la obra o la crítica de la obra. En la página 55 podemos leer que Pita se refiere a Arguedas como “Un amigo que pese a sus silencios, a su frecuente adustez, a su talante grave, a sus manos a veces olvidadas en los bolsillos y a su mirada perdida en alguna lejana quebrada, o precipicio, de los Andes o de su accidentada biografía, en ocasiones me sorprendía con su agudeza y amplitud”.
Dato interesante también es el que cuenta con respecto a los dolores de Arguedas. “José María escribía en su dormitorio, donde salía a veces pálido y desolado, frotándose la nuca, quejándose de un dolor insoportable en esa zona… producto del estrés, del insomnio y de las frustraciones frente al trabajo que importa y que no avanza como uno quisiera (páginas 59 y 60). Su amiga Gabriela Heinecke, Gaby, como la llamaban todos, quería darle clases de yoga, para que José María se quitara ese dolor y pudiera trabajar tranquilamente, pero “no aceptó”, cuenta Pita, “En cambio sí dio un audaz paso hacia la exploración psicoanalítica”, cosa que no era muy aceptada por sus contemporáneos. Para Arguedas, eran más importantes otros dolores que los dolores del cuerpo.

FOTOGRAFÍAS INÉDITAS
Comúnmente, advierte el autor, las fotografías que se reproducen de Arguedas, en diversos medios de comunicación, no cuentan con una debida información. En este libro podemos ver las imágenes de Olga Luna, quien fotografió la clásica foto de la sala, en ropas oscuras, delante del estante de libros; y también las del jardín, en donde posa con su familia (Sybila Arredondo y los dos hijos de ella), además de Mizy, el gato, y un gato de peluche. Pita lo describe así: “en la foto aparece José María frunciendo la nariz, haciendo, sin querer, ese gesto felino, muy de él que lo acercaba a Mizy (el gato) y su símil de trapo” (página 83).
Arguedas bañándose en el río Rímac, o de paseo por el Cañón del Pato son algunas imágenes que nos acercan a la intimidad del escritor.
Dato curiosos y que me lo verificó Severino de la Cruz, personaje real que inspiró al Rendón Willka de “Todas las sangres”, es que José María Arguedas sentía un sentimiento de culpa por haber dejado a Celia Bustamante, su primera esposa, por Sybila Arredondo. “En una ocasión”, cuenta Alfredo Pita, “cuando iba a una de esas visitas “cuando iba a una de estas visitas, llegamos a la casa de Celia Bustamante, su primera esposa. Me dijo que lo esperase en el auto, que no iba a tardar mucho, pero se quedó dentro por lo menos una hora y media. Me había dicho que iba a entregarle a su ex mujer la pensión mensual que le pasaba, pero sospecho que no solo se trataba de entregar el sobre que llevaba en el bolsillo del saco sino también de hablar con ella, de resolver algunos problemas. El hecho es que cuando volvió estaba muy abatido. Me pidió disculpas por la espera, pero también me dijo que las dificultades de salud y las quejas de su ex esposa le hacían mucho daño”.
En otra ocasión, Pita tuvo que esperar alrededor de una hora en el escarabajo Volkswagen de José María Arguedas, mientras éste conversaba con Dora Varona, esposa del entonces fallecido Ciro Alegría.
“—¡Pobre, Ciro…! ¡Pobre hombre…!” había exclamado Arguedas.
“Al parecer”, recuerda Alfredo Pita, “Dora, ante las cajas de papeles y archivos dejados por su esposo había decidido actuar y había llamado a José María para que la ayudase en la empresa que estaba por lanzarse. (…) Ciro Alegría había dejado muchos papeles sueltos, e, incluso, manuscritos no terminados, y su mujer quería no solo poner orden, legítimamente, en todo eso, sino que, eventualmente, quería terminar de escribir algunas de las historias que habían quedado inconclusas para publicarlas. Era, en todo caso, lo que había comprendido Arguedas”.
—¡Las viudas…! ¡Ah, las viudas…! —exclamó Arguedas y rieron juntos.
Hay muchas cosas más que resaltar de este interesante libro que le rinde un homenaje merecido a José María Arguedas en el centenario de su natalicio. Es un aporte de primera mano sobre la intimidad de Arguedas, en cuanto a los relatos del autor y la serie de fotografías que nos revela a un escritor aún más cercano a nosotros.
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sábado, 3 de diciembre de 2011

LIBROS: José María Arguedas recordado por Alfredo Pita

Nuestro amigo y hermano, el escritor Alfredo Pita, nos hace llegar desde París este mensaje que nos emociona y alegra en estas horas tensas. Un nuevo libro de nuestro autor es siempre bienvenido, y más éste, que por el momento y por el tema nos acerca al corazón del pueblo. Estamos seguros que todos los paisanos que puedan ir estarán presentes para acompañar el nacimiento de una obra que, sin lugar a dudas, marcará este año dedicado al centenario de José María Arguedas (NdlR).

Queridos amigos:
Hoy, sábado 3, presentan en Lima un nuevo libro mío, DÍAS DE SOL Y SILENCIO, un relato testimonial sobre los años finales de José María Arguedas, quien fue mi amigo y, sin proponérselo, mi maestro en aspectos esenciales de mi vida y de mi vocación. Ha sido editado por el Fondo Editorial de la UIGV y será presentado por Marco Antonio Fernández, del diario La Primera, y Lucas Lavado, mi editor. El acto se realizará en la Feria del Libro de la Municipalidad de Comas (lo que me tiene particularmente orgulloso), a las 5H00 pm, en la Av. El Maestro, Urb. Carabayllo (altura Km 7 y medio de la Av. Tupac Amaru, junto al colegio EEUU). Amigos, sé que para muchos será difícil llegar, pero los que puedan, vayan. Son horas especiales y será bueno estar juntos. Bueno, yo estaré representado por mi libro. Gracias.
Alfredo Pita

El nuevo libro de un gran escritor celendino, el narrador Alfredo Pita.

¡FUERA YANACOCHA DE CELENDIN, CONGA NO VA, NO VA, NO VA!
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jueves, 17 de febrero de 2011

LETRAS: Presentación de dos libros de Alfredo Pita

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Con dos ligeras sesiones de corrección culminó la preparación de materiales de la segunda edición del libro de cuentos de Alfredo Pita, “Morituri”, el mismo que conjuntamente con otro volumen, “Extraños frutos”, será presentado esta noche de viernes en la Casa de la Literatura, en la antigua estación de Desamparados, a la espalda del Palacio de Gobierno, precisamente frente al famoso bar “Cordano”, cuyas mesas de mármol sirvieron de escritorio a muchos escritores ilustres por más de una centuria.

Alfredo Pita, nuestro escritor, estará presente esta noche en la Casa de la Literatura Peruana (estación de Desamparados), en Lima.


El haber sido testigo del trabajo concentrado del autor y del corrector del Fondo Editorial UIGV, Nerit Olaya, me colocó en un sitial privilegiado para aprender de dos expertos que expulgaban, línea por línea, las pruebas en la búsqueda de la perfección de un libro que, como toda obra maestra, sospecho que apunta a la eternidad.
La conversación de ambos versaba sobre las aristas del libro, ubicándose en el punto de vista de diferentes personas, ora como el narrador, o su interlocutor, o como el lector, en búsqueda de la claridad del mensaje. Y la tarea era difícil, siendo Alfredo como es, un celendino muy cosmopolita, cuyos personajes, que se mueven en diferentes rincones del mundo, transitan en sus cuentos con su dramas a cuestas pero sin perder su identidad ni sus raíces.
El café “Haití” y los capuchinos con crema fueron testigos del febril y final trabajo, en una carrera contra el tiempo, pues la presentación estaba ya ad portas y el libro aún no estaba listo para la impresión, faltaban detalles de forma, que fueron resueltos en una entrevista final con el editor Lucas Lavado, con quien se vio los elementos de la carátula, en particular la ilustración de la tapa, donde un formidable dibujo del pintor Herman Braun-Vega, una recreación peruana de uno de los “Caprichos" de Goya, sintetiza, a mi modo de ver, el espíritu que trasunta el libro.

Alfredo Pita, a decir de Nilo Espinoza, es el celendino más universal. Sin embargo, esta universalidad no le ha hecho olvidar a su pueblo, del que se siente orgulloso. Está tan plenamente identificado e imbuído de la problemática por la que atraviesa su lar natal, que podemos advertir en uno de los párrafos de su cuento “Flor de Azalea” alusiones dolorosas, como aquella en la que menciona a Villamalia como un pueblo del norte de cuya existencia el narrador ya no está seguro, en clara alusión a la mutilación y destrucción que sufre Celendín a manos de los neocelendinos que ignoran la grandeza de su historia.

Alfredo estará presente en la presentación de sus libros, este 18 de febrero a las 6:00 pm, y creemos que, como celendinos amantes de la cultura, estamos en la obligación moral y material de acompañarlo en esta velada importante para él, pero sobre todo trascendente para nuestra colectividad y para la historia de nuestro pueblo. Porque, hay que reconocerlo, Alfredo Pita es el escritor que ha llevado en alto el nombre de nuestra provincia por los caminos del mundo.



sábado, 5 de febrero de 2011

LETRAS: Alfredo Pita en Lima

Los paisanos amantes de la literatura y la cultura en general estamos de plácemes. Alfredo Pita, el gran escritor celendino, estará con nosotros, en Lima, el 18 de febrero, fecha en la que presentará en persona su libro de cuentos más reciente, “Extraños frutos”, y una nueva edición de su libro de relatos anterior, "Morituri", ambos publicados por el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
El evento tendrá lugar en la Casa de la Literatura, en el Jirón Ancash 207, Lima, en un horario que los editores del FEUIGV todavía no han precisado.
Alfredo Pita, que viene desde París para un reencuentro con sus lectores y paisanos, va a quedarse unos días en Lima, lo que es una ocasión para que los celendinos aprovechen para conversar e intercambiar ideas con él, ya que nuestro paisano es alguien al que siempre interesaron los problemas por los que atraviesa nuestra provincia.

Alfredo Pita y el poeta Jorge Wilson Izquierdo en el bello Celendín. Foto Charro.

Como sabemos, Alfredo Pita es un celendino ejemplar, una persona con un profundo amor al terruño que nos vio nacer, que sufre en carne viva el atraso de nuestro pueblo, la destrucción que padece actualmente la ciudad y que es uno de los primeros interesados en la conservación del espíritu celendino a través de sus manifestaciones culturales.
Esperamos que las instituciones celendinas como la Asociación Celendina de Lima y los paisanos en general, estén presentes en el evento para hacerle sentir a nuestro escritor el calor fraterno que nació en los albores de una niñez compartida en las rectilíneas calles de nuestra antigua ciudad y en el bello paisaje que riega el río Grande.
Celendín Pueblo Mágico se enorgullece de tener entre sus mentores y principales colaboradores a Alfredo Pita, quien desde lejos nos alcanza siempre su consejo y aliento. Estaremos en pleno, acompañándolo en el acto cultural que va a protagonizar para orgullo nuestro.

lunes, 13 de septiembre de 2010

OPINIÓN: La voz de un escritor digno

LA CONCIENCIA, LA MEMORIA Y LA IMPUNIDAD

Frente al inicuo Decreto 1097

Por Alfredo Pita
En un clima que creíamos superado, de manipulación de la opinión y de explotación de los miedos que aún genera el terrorismo, el gobierno peruano y sus adláteres se están esforzando por montar un marco legal que sustituya leyes actualmente vigentes, con el propósito de garantizar la impunidad de criminales que cometieron, en las últimas décadas, en medio de la lucha contra la subversión, delitos de lesa humanidad contra la población.
No se puede interpretar de otro modo la aprobación de instrumentos como el Decreto 1097, que busca anular en forma elusiva y taimada –por el tiempo transcurrido, por falta de pruebas o por otras razones mañosas— los procesos en marcha contra militares que violaron los derechos humanos durante la guerra interna. Estamos ante un claro intento de iniciar, e imponer, un proceso de impunidad más amplio de lo que parece, que beneficie a estos procesados y a otros, que aún no lo están, por delitos similares.

Unos 123 campesinos, entre ellos mujeres y niños, fueron masacrados por el ejército en Putis, en 1984, y enterrados en fosas comunes, en una de las mayores matanzas de civiles durante el conflicto interno peruano. Foto BBC Mundo.

Como si no bastara con la inaplicación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que debieron precisamente haberse aplicado para que nuestra sociedad superase los traumas de la guerra interna y los heredados de la historia, traumas estos últimos que permitieron el desmadre de la violencia de los 80 y 90, ahora tenemos que en el Perú hay autoridades que quieren reeditar la Ley de Punto Final argentina y otros engendros legislativos del mismo corte.
El caso es que, como lo han demostrado los casos argentino y chileno, y otros, por más que se intente cercenar la memoria de los pueblos, ésta siempre permanece, y, le pese a quien le pese, al final siempre impone la sanción que los crímenes merecen. De nada servirá barrer pues, como se intenta ahora, la basura bajo la alfombra con decretos fraguados por intrigantes y tinterillos. A la larga, la sanción, impuesta por la justicia peruana o por los tribunales supranacionales competentes, caerá sobre los responsables, puesto que los crímenes de lesa humanidad son internacionalmente imprescriptibles.
Si por el particular carácter de las instituciones peruanas, o por alguna otra falla, los criminales al final lograran burlar la sanción, ésta de todos modos llegará, porque la memoria colectiva, y selectiva, se encargará de alimentar a la Historia. Los criminales de todos modos serán sancionados, aunque sea moralmente, de cara al futuro.

En agosto de 2009, familiares de las víctimas de la masacre cometida en Putis, trasladaron los restos de 92 civiles hacia su sepultura definitiva. Foto BBC Mundo.

Durante la guerra interna, las fuerzas armadas se enfrentaron a las bandas terroristas y las derrotaron. El problema es que, en este empeño, muchos militares secuestraron, torturaron, violaron, asesinaron y desaparecieron a miles de civiles peruanos inocentes, campesinos quechuahablantes en su mayoría. Ni la sociedad ni los militares peruanos tendrán paz ni futuro si las fuerzas armadas y el poder no deslindan y rompen con este pasado, pidiendo perdón a las víctimas en primer lugar. Todo esfuerzo en sentido contrario no sólo será una farsa sino también otro crimen.
El escándalo del Decreto 1097 está provocando en el país fuertes reacciones individuales e institucionales, y no es para menos. El Perú y los sectores conscientes de la sociedad peruana están otra vez en un momento decisivo de la historia. Estamos ante un momento de quiebre no sólo político sino moral, que afecta a toda la colectividad nacional, por lo que el deber de todo ciudadano peruano informado y responsable es alzar la voz y decir lo que nos dicta la conciencia.
Ante esto, quisiera dirigirme al “gremio” de los escritores, por llamarlo de algún modo. Los escritores peruanos, y los creadores en general, debemos ponernos de pie en esta hora, tan numerosos como podamos, para protestar por estas maniobras indignas de la democracia que se dice que vivimos.
En una sociedad como la peruana actual, en que la incultura es cultivada con ahínco, para manipular precisamente a las masas adormecidas, la voz de los intelectuales, de los que se supone entienden mejor lo que pasa, debe alzarse para alertar a nuestros conciudadanos. Esta actitud cívica es hoy más que nunca necesaria. Callar antes los hechos que vemos es arriesgar, como en los años 80, pasar por ingenuos, por interesados o por cómplices.

París, 10 de septiembre de 2010.
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sábado, 28 de agosto de 2010

LITERATURA: Alfredo Pita, un "escritor de culto"

Por Jorge A. Chávez Silva
Apasionado por la literatura y la cultura de mi pueblo, en la última Feria Internacional del Libro asistí a la presentación de las obras de dos paisanos ("Extraños frutos", de Alfredo Pita, y "Un beso del infierno", de José de Piérola). Era casi una obligación moral, en esta hora aciaga por la que atraviesa nuestra santa tierra. Quería resarcirme de la depresión que la destrucción de mi pueblo me causa refugiándome en el talento de dos escritores celendinos y lo que encontré, realmente, fue el agua clara del manantial de la creatividad, que me ha devuelto la fe en el destino de Celendín, al tiempo que pude ver, con pena, la subcultura en que se debate el Perú, en especial una cierta juventud.
El día inaugural de la FIL presentaron sus obras dos autores muy diferentes: nuestro paisano Alfredo Pita y el comentarista televisivo y también escritor Jaime Bayly, quien aprovechando su coyuntural éxito televisivo promociona sus libros, tal como en su momento lo hicieron Laura Bozzo, la agente de Montesinos, o Magaly Medina, cuando sintió que debía narrar sus desventuras presidiarias.
Érase de ver la cantidad de público que acudió al "stand" habilitado para Bayly y la modestia del otro, donde se exponía la obra de nuestro autor. Y era fácilmente advertible la catadura o talante cultural del público que asistía a ambos eventos: por un lado una juventud frívola, que estaba allí sin saber por qué. O sabiendo: para hacer cola para lograr un autógrafo de la estrella de nuestra pobre televisión y así participar, de algún modo, de su execrable figuretismo.

Alfredo Pita con su maestro, Julio Ramón Ribeyro, en París, 1992. Mucho de su estilo diáfano nuestro paisano se lo debe seguramente a las conversaciones que sostuvo al respecto con el gran cuentista peruano.

Y por otro, en la colmada sala José María Arguedas, un público entendido, que devoraba con fruición cada palabra de los críticos y editores, de personas cuyos rostros denotaban mil batallas por la cultura de nuestro país, mientras por los altavoces llegaban difusas las palabras subidas de tono del aflautado Bayly, y las estrepitosas carcajadas de sus "fans", que le coreaban cada chiste. Nada de esto, sin embargo, nos distraía a los que asistíamos, silentes e hipnotizados, a la vigorosa escenificación de un conmovedor cuento de Pita, a cargo del actor Nerit Olaya. Era una situación como para meditarla.
Estábamos ante dos aspectos de cómo se promueve la literatura entre nosotros, ante dos caras distintas de la moneda cultural, digamos. Pero había algo raro. Esa situación, que debía incomodarme en principio, extrañamente me satisfacía, sin que de inmediato supiera por qué. Ese algo terminó evidenciarse cuando rememoré unas palabras de mi padre, en sus lecciones de vida: "Lo ordinario viene así, siempre en cantidad, nunca en calidad". En otras palabras, era cierto aquello de que los perfumes más caros vienen en frasco pequeño.
Leyendo las pocas críticas que en general la prensa dedicó a ese magno y variopinto evento cultural, me topé con un artículo de la agencia española Efe, publicado en La República, que definía a Alfredo Pita como "un autor de culto", expresión nueva para mí, en verdad, que me llevó a indagar por su significado, para ver si en algo conjugaba con mis impresiones. Con frecuencia me ocurre que me acerco, o llego, al meollo del asunto, pero sin terminar de expresarlo, y cuando lo expreso a veces encuentro que alguien más locuaz o elocuente se me ha adelantado y ya ha dicho lo que pensé.
Este fue el caso. Buscando en la gran telaraña cultural encontré la frase y el sentido que escondía esa expresión. Un "escritor de culto" es aquel que es seguido con fervor por un grupo en general reducido pero informado de lectores, los que respetan y hasta idolatran su obra. En general, se dice que alguien es un "escritor de culto" cuando está en la antesala de la consagración definitiva. De Cervantes nadie diría que es un "escritor de culto" porque ya es un dios. Pero durante mucho tiempo, los lectores de Borges, de Cortázar o de Vallejo, eran como los primeros catecúmenos cristianos, que escondían su fe y se reconocían por señales.
Un escritor de estas características no es pues un "bestseller" y es probable que nunca lo sea, a no ser, como ocurre de tanto en tanto, que llegue a las librerías no empujado por la parafernalia publicitaria ni por la ola de la televisión chabacana, sino por ese de boca en boca que consolida y lleva al lugar que merece al "autor de culto". Este sería el caso, pues, de nuestro paisano, según el artículo citado. Mi descubrimiento me dejó pasmado y satisfecho.
Pensando en Alfredo Pita me dije que, en efecto, por su tratamiento de la palabra es uno de esos escritores con el cual nos gustaría quedarnos siempre, así las modas, las críticas especializadas, muestren caminos distintos a los suyos; así las mafias capitalinas pretendan ignorarlos... A autores como ellos, por lo general, sólo después de muertos se les concede el valor altamente merecido que no recibieron en tiempo justo. Pero este no es el caso de nuestro escritor. De él, el crítico y profesor español Dámaso Vicente Blanco no ha dudado en destacar que "habrá un día en que se hablará de los cuentos de Pita como de obras claves en la literatura peruana y en la literatura en castellano".
Esto es, en verdad, lo que durante la presentación del libro de Alfredo Pita, pese al ambiente reinante en aquel primer día de la Feria, me hizo sentirme en el fondo como alegre. Estaba seguro del valor de la literatura de nuestro paisano y me sentía feliz de saberlo alguien tan cercano y leal a nuestra tierra. ¿Autor de culto, dicen? ¿Ya ven? Lo que sucede, como decía antes, es que a veces alguien se me adelanta con la definición de lo que siento y pienso. Lo que me tiene, en este caso, muy contento.

jueves, 22 de julio de 2010

INVITACION: Fondo Editorial de la UIGV

A propósito de la presentación del libro Extraños frutos de nuestro paisano Alfredo Pita, un celendino comprometido con el devenir histórico de su pueblo y que interpreta correctamente los signos de su tiempo, nos ha llegado la siguiente nota de prensa de su editor, el Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
Como apreciarán nuestros lectores, coincidimos plenamente con los conceptos aquí vertidos y creemos que no son regalados, ya que Alfredo Pita es realmente un escritor de primerísima línea. Así, pues, todos los celendinos que amamos la cultura y la literatura tenemos un compromiso de honor esta tarde, a las 5 y 30, en la Sala Arguedas de la FIL 2010 (NdlR).


NOTA DE PRENSA

El Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, en el marco de la 15ª Feria Internacional del Libro de Lima, presenta el libro:

Extraños frutos, de Alfredo Pita
(Jueves 22 de julio, sala José María Arguedas, 5.30 pm.)
Comentaristas: Nilo Espinoza Haro y José Antonio Bravo
Narrador: Nerit Olaya

Se trata de un libro de cuentos, el primero que publica en el Perú, en mucho tiempo, el laureado escritor, radicado en París.
Extraños frutos es una colección extraordinaria de historias narradas con innegable talento. Escritos con la prosa densa y a la vez ligera y poética de Alfredo Pita, los cuentos que contiene el volumen son: La noche anterior, Neblina Mundo, Las víctimas, La variante Mesías, Fruto del mar, El último hombre, Pishtaco, Salvador y Extraños frutos, que da nombre al libro.
El narrador ausculta la vida de diversos personajes, peruanos en su mayoría, que viven a salta candela en el difícil Perú y en el difícil mundo que les ha tocado. Alguno de ellos, cruzando fronteras nocturnamente, como en La noche anterior, o divagando erráticamente en las grandes ciudades del planeta, como en Extraños frutos, muestran que lo peruano no sólo se viven en Lima y provincias, sino también en cualquier lugar de la Tierra.
Estos personajes, intensos, sombríos, van por la vida defendiéndose, luchando, sobreviviendo con procederes a veces dudosos, respondiendo como pueden, aunque siempre decididos, a los retos que les plantean su condición de migrantes en los países ricos, de expatriados, mordidos a veces por el racismo y la xenofobia, pero también por la soledad.
Como pocos autores peruanos de hoy, Alfredo Pita explora algunos de los mitos que jamás pierden vigencia para un pueblo como el peruano. Lo evidencia en Pishtaco. Y como para demostrar su ligazón con el terruño, nos regala una historia pugnaz y dolorosa, Salvador, donde una evocación de la niñez se convierte en una parábola sangrienta de palpitante actualidad.
En Alfredo Pita, el crudo realismo de las situaciones fluye con autenticidad y sin tropiezos, gracias a su excelente manejo del idioma y a su arte, depurado y rico, de contar. Entre los escritores peruanos de hoy, si hay alguien que sabe lo que es la técnica del relato corto, es él.
Alfredo Pita nos demuestra en este libro que se trata de un verdadero maestro del género, que trata y explora con facilidad cualquier situación, aunque siempre con una actitud de simpatía, casi de compasión se diría, hacia el ser humano, en un mundo donde lo humano es relativizado por lógicas que las víctimas poco comprenden y menos manejan.
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HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...