miércoles, 13 de enero de 2010

PEQUEÑA HISTORIA : El sombrero celendino

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"
Celendín es un pueblo de misterios, aparte de la incógnita sobre el verdadero origen de los celendinos y aún del nombre de Celendín, está la duda sobre el origen del sombrero celendino. Sinceramente pensábamos que era una herencia de nuestro ancestro Muchik, pueblo de tejedores por antonomasia, pues hasta se habla de que Huayna Cápac durante la conquista del imperio Chimú, trasplantó a todo un pueblo rebelde a la zona de Balzas, en la conocida modalidad de mitimaes. De allí provendrían los vocablos que hacen especial nuestro modo de hablar y ciertas costumbres que nos diferencian de los demás cajamarquinos.
Todo hacía presumir que de allí derivaba esta artesanía que transformó la vida de los celendinos durante más de una centuria, que permitió la explotación de la mujer celendina y el enriquecimiento de unos cuantos y que, sin embargo, significó el único medio de vida precario para muchas familias de toda la provincia.
Frente a la incógnita de cómo se instituyó como oficio y cómo se hizo una industria reconocida a nivel mundial y que entró a formar parte de nuestra identidad, al punto de que se reconoce a Celendín como un “pueblo de comerciantes y sombrereros”, se han tejido muchas historias, a cual más peregrinas, que lejos de aclarar el asunto lo ensombrecían más.

Imagen turística de una sombrerera de la región de Cuenca en Ecuador.

Siempre nos llamó la atención el parentesco que parecía existir entre el “Panamá Hat”, que a despecho de su nombre, no es originario de Panamá, sino de Ecuador, y el sombrero celendino, patente en la confusión del rey Jorge VI de Inglaterra ante el fino sombrero que le ofrecía Augusto G. Gil. El parentesco estriba en tres circunstancias:
-La materia prima empleada, la paja toquilla (Carludovica palmata) es la misma y la región de Manabí, en donde se produce es muy parecida a la de Rioja, en San Martín, de donde procede la paja que tejen las celendinas. Lo mismo que el proceso para hacerla manufacturable es igual.
-El transcurso de manufactura del sombrero es el mismo, con tres clases de urdimbre: El “comienzo”, que requiere de una especialista, el orillado de la prenda que la realiza cualquier tejedora, el uso de hormas de madera y demás utensilios usados en el tejido y hasta los modelos: “tacho”, “cubano”, etc.
-El acabado o enfrenadura del sombrero es similar al procedimiento empleado en Cuenca (Ecuador) y provincias aledañas al volcán Chimborazo.
Un miembro de la numerosa familia Solís, asentada en el popular barrio de San Cayetano, nos ha alcanzado un dato que parece disipar todas estas dudas. Según su versión, que es parte esencial de su historia familiar, Juan de Dios Solís Oviedo, natural de Santa Rosa, provincia de Chimborazo en Ecuador, nacido en 1815, tercero de sus hermanos, de profesión sastre y sombrerero, fue el que enseñó el arte de tejer el “Celendín Hat”.

Todo el drama de la sombrerera celendina, expresado en la pintura de Alfredo Rocha.

En 1830, cuando se produce la guerra con la República de la Gran Colombia, Juan Solís se enroló en el ejército ecuatoriano junto con su hermano José María. Durante una de las tantas batallas, su hermano fue muerto y él fue alcanzado por un bala en la pierna. Se salvó del repase que hacían las fuerzas colombianas que los perseguían valiéndose de la estratagema de fingirse muerto, logrando recuperarse gracias a los cuidados de una familia de ancianos campesinos que lo ocultaron en su humilde vivienda.
Repuesto de sus heridas, se marchó al departamento de Caquetá en la selva colombiana, en donde se encontró con cuatro compatriotas ex combatientes que lo convencieron de viajar a la costa del Pacífico siguiendo la ruta de Moyobamba, Rioja, Chachapoyas, Leymebamba y Celendín, demorando ocho meses el viaje que se realizó a pie.
Durante su corta estancia en Rioja hicieron acopio de la paja llamada bombonaje y cuando llegaron a Celendín, la esplendidez del paisaje los cautivó y decidieron quedarse, empezando a fabricar sombreros. Ellos fueron los que enseñaron la manera de tejer sombreros. Después de 30 meses de estancia en el pueblo, Juan de Dios Solís Oviedo se casó, muy enamorado, con la celendina Josefa Cotrina y eligieron al barrio de “La Matutina”, hoy San Cayetano, como su nido de amor. Los compañeros de Juan se marcharon luego de su matrimonio.
Esta romántica historia explica el origen del sombrero celendino y el por qué a la familia Solís, en el habla celendina, algunos les decían “monos" queriendo decir "ecuatorianos”.

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!


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