sábado, 21 de abril de 2007

CANTACLARO: Bárbaros atilas

Por Constante Vigil
Celendín
La destrucción de Celendín no sólo es obra de los ignaros que construyen su casa a la diabla, sin respetar la personalidad de un pueblo único como el nuestro. Lo son, y de manera capital, aquellos que contribuyeron con su pasividad a que monumentos históricos que encarnaban el espíritu de la población, desaparecieran bajo los golpes implacables de la demolición.

Antiguo local del Colegio Javier Prado, hoy Coronel Cortegana, destruido por ignorantes.

Entre los más graves desastres que le pudo ocurrir a Celendín citaremos a la desaparición del antiguo Colegio Nacional “Javier Prado” y del local de la Escuela de Mujeres Nº 82, por obra y gracia de la megalomanía y afanes vitalicios del chino rata Kenya Fujimorí, personaje siniestro de nuestra historia, apátrida por antonomasia y saqueador del tesoro nacional.
Ambos locales, donados con amor por dos personajes epónimos de nuestra ciudad como fueron el insigne cura Joseph Cabello y el filántropo Augusto G. Gil encarnaron el afán intelectual de los celendinos de entonces. ¿Cuántos jóvenes preclaros de toda la provincia y del resto del departamento se forjaron en el crisol de sus aulas? ¿Cuántos seguramente recuerdan con nostalgia su paso por esos claustros que resonaban de sabias enseñanzas?
Aquellos que asistieron impasibles a su destrucción se mancharon con la ignominia de un presidente sin historia y sin identificación con la peruanidad. Para decirlo sin ambages, nos referimos al alcalde de entonces: Adolfo Aliaga Apaéstegui, ex alumno del “Javier Prado”, quien, de acuerdo al convenio suscrito con el japonés, hizo tabla rasa de ambos locales y tuvo luego el desparpajo de vender los despojos al mejor postor.
Se consumó un crimen de lesa cultura despojando a un pueblo de su personalidad educativa. Todo a cambio de dos horrorosos locales que atentando contra la “modernidad educativa” que se pretendía, no son ni funcionales, ni alentadores a la educación de nuestros jóvenes. Sus tétricos muros lucen ennegrecidos dándole un deprimente aspecto a la perspectiva de ambas calles.
Lo racional y mejor para el pueblo era que se conservaran tal como fueron, sirviendo acaso de museos que muestren al mundo la grandeza e industria de los celendinos de todas las épocas y en su lugar expropiar algunas de las propiedades de la Beneficencia para fines educativos, lo que hubiera sido mejor en lugar de enriquecer a los directores de turno que lucraron con la venta de los últimos bienes de dicha entidad.
Culpables son también, en cierta medida, las demás autoridades de entonces, los docentes que laboraban en esos claustros, que no resistieron, y la población de malos y pasivos celendinos que no supieron aquilatar el tesoro que tenían entre manos, que no tuvieron la entereza de oponerse a la consumación de tamaño desastre.
Estamos seguros que la historia los juzgará como se merecen. Mientras tanto las almas benditas de grandes hombres como Artemio Tavera Sorogastúa, Arístides Merino Merino, Aureliano Rabanal Pereyra, Alfonso Peláez Bazán, Víctor A. Camacho Marín, David Sánchez Infante, Daniel Quiroz, Eloy Arriola Senisse, Telmo Horna Díaz, Ruperto Pimentel Ortiz, Alfredo Rocha Zegarra, Saúl Silva Sánchez, César Pereyra Chávez, Francisca Aliaga, y tantos personajes ilustres que transitaron por sus aulas los señalan con oprobio por tan inicuo proceder.
Es necesario que todos los celendinos los conozcamos para no cometer el desatino de nombrarlos otra vez como autoridades, porque, aparte de su ineptitud, son un peligro para la integridad fisica de Celendín. Ellos tienen en el cuerpo el instinto destructor de los bárbaros atilas.

RELIGION: La Virgen del Carmen y Celendín

A petición de algunos lectores publicamos la Historia de la Virgen del Carmen como patrona de Celendín, articulo escrito por don Pedro García Escalante “El Búho”, proporcionado gentilmente por el profesor Rubil Escalante G.


La Virgen del Carmelo de Celendín

Por Pedro García Escalante, “El Búho”

Han transcurrido ya siete siglos desde que sobre las aguas del mar que dominan las cumbres del Monte Carmelo, que se levanta allá en el Asia, cerca de Anetel, en la antigua Tierra Santa, se apareció la Serenísima Virgen María,
Es pues del dominio del Antiguo y Nuevo Testamento la vida de la Virgen María y su hijo divino, que después de su vida mártir, cuando Jesús había ascendido a los cielos, ella también, después de haber destruido el templo de Diana, las mezquitas de Venus y los encantos de Calypso, fue ascendida al cielo y desapareció del mundo. Mas, el pueblo católico, fiel al amor de esta madre, pedía siempre al cielo una reaparición milagrosa para que se acreciente la fe, hasta que, congregados algunos fieles, imploraron la ayuda de los profetas Elías, Eliseo y Enoch, y tuvieron la revelación de que la Virgen María aparecería en el Monte Carmelo. Fueron en peregrinación y una vez allí, volvieron a implorar los nombres de los profetas, y, presentándose Elías, les dijo: “Mirad hacia el mar”. Entonces vieron levantarse la imagen de su aparición, que se grabó de tal modo en la mente de los fieles que no escapó en nada su magna figura cuando hubo desaparecido. Y es así que fue reproducida en cuadros y en dibujos hechos por diestros pinceles, por las Bellas Artes que la perpetuaron para testimonio de los siglos venideros.
No tardó entonces en crearse la orden religiosa y hermandades que tomaron el nombre de Orden Religiosa Carmelitana, que avanzó extensamente en la propagación de esta fe despertando a los pueblos en la verdad de que la Virgen María se halla en la gloria celestial convertida en intercesora de la humanidad ante el Supremo Creador y por el lugar en que los fieles pudieron ver esta aparición de misterio y de milagro, lo llamaron la Serenísima Madre, la Virgen del Carmelo, cuya tradición y testimonios grabados los carmelitas lo esparcieron por todo el mundo, es así que después de la expulsión de los jesuitas, arribaron a esta nuestra tierras miembros de la orden Carmelitana que ya había en Lima, y repartieron en cuadros y en medallas la imagen de la Virgen del Carmen, cuya reverencia iba cimentando. De este modo y no de otro apareció en Celendín un cuadro de la Serenísima Madre del Carmelo, pintado al estilo italiano en tela tosca pero nítidamente dibujado, adquirido por la familia Araujo y Guzmán y el Párroco Francisco de Arista, consiguió su colocación en el templo de la Virgen llamada “La Purísima Concepción de las Limpias” que era la protectora patrona hasta entonces. Se creó una Hermandad y al empezar los trabajos del nuevo templo con motivo de haber sido exaltada la población de Celendín a la categoría de Villa con el nombre de la princesa Amalia, que después de Compañón fue la más desprendida protectora de nuestra querida ciudad, y después de terminado, se obtuvo el consenso del Rey y se entronizó la magna imagen que hoy veneramos, olvidando que con un decreto regio había dispuesto que se tuviera aquí dos patrones espirituales: San Carlos y San Luis, en julio y en noviembre, así es como quedó establecida nuestra fiesta del Carmelo, con poco entusiasmo en los primeros años, mas, cuando Celendín fue nuevamente realzado a la categoría de Ciudad y por los años 1865 y 66 siendo representante de cámara nuestro Benemérito don Juan Basilio Cortegana se dio a dicha fiesta el carácter de Gran Feria, con cuyo fin ya había sido copiado el cuadro a imagen en bulto por segunda vez, pues el primero que forjó en arte escultural dicha imagen fue un Fray Carmelitano, y más tarde se destacó el genio artístico escultural de Manuel de Araujo, que en secreto forjó primero la imagen del Crucificado, que es una obra perfecta en configuración humana, luego forjó la imagen de San Juan Bautista y con mayor celo produjo la imagen de la Virgen del Carmen, nuestra actual patrona espiritual y no se conoce que haya sido reproducida hasta hoy. En estos actos de tanta importancia espiritual juegan pues, los dignísimos oficios del cura Arista que originó la reverencia a la Virgen en este pueblo, el cura Basauri, que se empeñó por el trabajo del templo y la fundición de la primera campana mayor, la cual se cayó y rompió, entonces otro sacerdote Pedro José Infante, por medio del fundidor Anyaypoma hizo la actual campana mayor que tenemos, y el cura Gaspar Gastañadui, establece la Feria con Corrida de Toros, presentación de comedias con novedosos programas. Las familias principales fueron ya muchas, y, prepararon espléndidos festines. En este acto se destaca la actividad culta de la señora Manonga de Cortegana, que ayudada por sus mejores amigas establece los banquetes y bailes de alta etiqueta, enseña el estilo de buen servicio, implantó los nuevos bailes de las Crinolinas y de la Saya y reglamenta en la clase popular los bailes: el seis, el cóndor, gavilán y otros. Funda la plaza de abastos de cambios o trueques, actividades que se tornaron en costumbres. Esto es a grandes rasgos lo que narra la obra inédita acerca de las fiestas de todos los pueblos de esos tiempos en nuestra bella e histórica tierra celendina.

( Escrito en 1945)

viernes, 20 de abril de 2007

ESTUDIANTINA: Escuela Nº 82 - Promoción 1964

Esta es una extraordinaria fotografía, llena de belleza y humanidad, pero también un emotivo testimonio de nuestra dura realidad socio-económica de entonces. Como otras, pertenece también a la colección de nuestra amiga Rosario Barrera Cáceres. En este verdadero documento de época podemos ver a las alumnas de la Promoción 1964 de la Escuela Primaria de Mujeres Nº 82. Reiteramos la invocación a los paisanos y amigos a que cooperen identificando a las integrantes para establecer un orden.


Figuran, atrás, a la izquierda, la profesora Amalia Cachay de Merino, durante muchos años directora de la Escuela Nº 82, y, adelante, en el centro, la profesora Maruja Velásquez Loredo y entre las entonces niñas hemos podido identificar a Rosa Ortiz Zúñiga, Zoila Cotrina, Melchora Horna Mariñas, Teresa Guevara, Doris Araujo, Elena Díaz, Iris Torres, Doris Oyarce, Ruth García, Aurora Paredes Collantes, Magda Ludeña Merino, Rosa Aponte Bringas, Lota Medina Bringas, ... Paredes Jimenez, Yolanda Díaz, ... Horna Chávez y María Elena Márquez Solís.

jueves, 19 de abril de 2007

CANTACLARO: Pandemonium City

Por Constante Vigil
Celendín
A más de cien días de gobierno municipal del alcalde Juan de Dios Tello Villanueva, los que asistimos a su asunción esperanzados en los cambios que prometió durante su campaña tenemos que manifestar, con pesar, que nada ha cambiado en la ciudad, que las prácticas negativas se han agudizado y que el desorden cunde por todas partes.


Para comprobarlo basta darse una vuelta por el mercado y ver como esa zona se ha tugurizado. Los vendedores, formales e informales, han invadido las veredas y hasta las calles con su mercadería, en un claro ataque a la integridad urbana y sobre todo del transeúnte, por cuanto si se descuida se ciernen sobre él, como un enjambre, las moto-taxis que han tomado por asalto la ciudad, parcelándola como un botín y haciendo caso omiso de las reglas de tránsito. Para no hablar de los paraderos informales de combis y automóviles que hacen servicio a los distritos de la provincia. Un verdadero pandemonio.
El mercado de abastos construido durante las gestiones de los alcaldes Adolfo Aliaga Apéstegui y Mauro Siles Arteaga, que en un primer instante se pensó que serían la solución para el comercio informal que invade pistas y aceras, no cumple su cometido. Muy pocos comerciantes han adquirido un puesto en el segundo piso y la impresión que se tiene en general, es la de un mercado de Calcuta por el desorden y la suciedad que campean por doquier.
Naturalmente, en las entrañas de este desorden se esconde el sub empleo y la explotación de las personas, muchos niños entre ellos, que ante la escasez de trabajo tienen que aceptar las condiciones más ínfimas para sobrevivir.
¿Qué nos está pasando a los celendinos? Nuestra ciudad siempre se caracterizó por ser limpia y ordenada. Actuando de esta manera no le hacemos ningún favor a Celendín como atractivo turístico, como pueblo luminoso y bello. ¿Acaso no nos damos cuenta de que la riqueza de nuestro patrimonio está justamente en esa comunión feliz de pueblo, medio ambiente, orden y limpieza?
A las autoridades, ediles, policiales, médicas, políticas, etc., nada parece importarles y les parece más cómoda la política del dejar hacer, del dejar que el más irresponsable, conchudo o prepotente imponga su ley, no vaya a ser que el votante se moleste y en las próximas reelecciones les niegue su voto. Ya es tiempo que la autoridad edil diga ¡BASTA! al desorden y a la suciedad. Que se impongan las reglas y el respeto a los derechos de toda la ciudadanía. No decimos nada por ahora de la inseguridad ciudadana porque es tema que trataremos in extenso en otro artículo.
Durante estos cien días hemos visto que se han acometido algunas obras de carácter doméstico: parchado de pistas, arreglo de alcantarillas, donación de algunas carpetas a tal o cual colegio, charlas de salud en la comunidad de tal, etc. Pero hasta el momento no se atisba ningún proyecto de envergadura que redunde en beneficio real de toda la comunidad, en momentos en que necesitamos emprender el gran salto que transforme a nuestro pueblo. Los recursos están, falta el soplo de vida.
Por otro lado, exigimos transparencia al señor alcalde Tello Villanueva. Mucho se ha hablado del saqueo que cometió en la alcaldía don Mauro Siles Arteaga. ¿Cuál es la realidad de los hechos? El pueblo necesita saber en qué condiciones se recibió el Municipio y cuál va a ser por ejemplo el resultado de la investigación de la Contraloría General. Aparte de ello, es necesario un informe del resultado de tantos viajes a otros lugares, en solitario o en compañía de sus concejales. El pueblo lo ha elegido para que le dedique a Celendín una gestión edil moderna, transparente y honrada. No nos defraude, Señor Alcalde.

lunes, 16 de abril de 2007

PERSONAJES: Humberto Cachay Velásquez

Eminente médico celendino, nacido en 1932. Doctor en medicina, especializado en Cirugía Plástica, especialidad en la que ha destacado por sus contribuciones teóricas y técnicas, reconocidas en diversos eventos internacionales de su especialidad. Debido a su talentosa capacidad analítica y su vasta cultura humanista se ha constituido en una de las más respetables autoridades académicas del mundo científico de la República Argentina, país hermano en donde se formó y reside. Nunca se ha desvinculado, sin embargo, del Perú ni de su tierra natal, que siempre tiene presente en sus contactos y comunicaciones.
Su notable trabajo "Importancia del Músculo Depresor del Ala Nasal: Un estudio anatómico y aplicaciones clínicas", apareció en el Tomo 2, página 857, de la obra Rinoplastia de Dallas: Cirugía Nasal por los Maestros.
En el Libro de Personalidades Médicas Argentinas se publica la siguiente bio semblanza:
CACHAY VELASQUEZ, Humberto A. Mat. Nº Nº 31.424. Especialidad. Cirugía Plástica. Nac. en Celendín, Cajamarca, Perú. Argentino naturalizado el 24 de noviembre de 1970. Padres: Horacio Cachay Díaz y Orfelina Velásquez. Educación: facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, Médico 1966. Revalida como Médico Cirujano en la Facultad Mayor de San Marcos, 1967. Especialista en Cirugía Plástica y Reparadora por el Colegio Médico de la provincia de Buenos Aires, 1972. Especialista en Cirugía Plástica por Ministerio de Salud y Acción Social, 1985. Actuación profesional: Jefe del Servicio de Cirugía Plástica en el Hospital Gandulfo (1968-1974). Docente libre para dictar cursos de postgrado sobre Cirugía Plástica en el Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires, 1976, 1978, 1980, 1984. Jefe del Servicio de Cirugía Plástica del Sanatorio de San José (1976-1978). Director del curso “Técnicas Operatorias en Cirugía Estético Funcional de la Nariz”. Jefe de la Sección de Cirugía Estética de la División de Cirugía Plástica del Hospital de Clínicas, Universidad de Buenos Aires (1988 hasta la fecha).
Hace más de veinte años, frente al irresponsable mercantilismo que rodeaba ya por entonces a su especialidad, el doctor Cachay Velásquez escribió en un medio de prensa argentino: "Como médico, y como cirujano plástico particularmente, siento como una obligación moral salir al frente de esta ola de barata publicidad que tantas infundadas expectativas crea en la conciencia de la población y que, sin medir las consecuencias, en su afán de lucro, además de burlar la buena fe de la gente que asiste a estos llamados, están socavando los cimientos mismos de esta noble especialidad médica".
Más tarde, en otro artículo, en 1998, también en Buenos Aires, frente a la proliferación de la rinoplastia (remodelación de la nariz), nuestro paisano advierte: "Los cirujanos de gran experiencia aconsejan no operar hasta que el paciente haya completado su desarrollo, alrededor de los 15 y 16 años, aunque hay cirujanos que operan adolescentes que no han cumplido los 12 o 13 años. Una operación exitosa de nariz es, indudablemente, la que, como ninguna otra, incrementa la apariencia de un rostro y afianza la autoestima, pero también es cierto que un fracaso en esta clase de operaciones puede llevar a la depresión, a la angustia y a la infelicidad".
Como podemos ver, el doctor Humberto Cachay Velásquez, orgullo de su tierra, además de ser un eminente médico cirujano, es un hombre responsable, honrado y bueno.

domingo, 15 de abril de 2007

ESTAMPA: Jarabe de Menta

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Uno de los valores en que se cimenta la grandeza de la patria es el heroísmo de su gente. En nuestra época de estudiantes nos inculcaron con insistencia que morir por la patria es un rasgo de excelso desprendimiento de la propia vida. Así hemos reverenciado a Túpac Amaru, por su primer grito libertario, a Miguel Grau, por su caballerosidad con el enemigo, a Francisco Bolognesi, por su afán de luchar hasta el final y a muchos otros hombres y mujeres más. Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos anhelado llegar a ese estado catatónico de exaltación llamado heroísmo.
Los héroes no nacen, se hacen en la circunstancia. Personalmente creo que el estado natural del hombre es la cobardía. Lo que nos narraba el sub oficial Pedro Pereyra parecía afirmar esto. Decía el militar que, Leoncio Prado, el héroe de Huamachuco, temblaba como un poseso en la víspera de la batalla, lo que lo molestaba hasta el extremo de despersonalizar a su esqueleto de su cuerpo y dirigirse a él como si fuera ajeno:
-Tiemblas, esqueleto miserable, más temblarías si supieras a dónde te voy a llevar mañana.
Uno no sabe, entre un grupo de personas comunes y corrientes, quien de ellos, llegada la circunstancia, pueda reaccionar como un héroe. Podría ser un amigo, un familiar, o cualquier otro. Demás está decir que si fuera de los primeros, uno ya se está ganando alguito.

Guardo su imagen gallarda y decidida, su perfil olímpico...

Transcurrían los dorados años de nuestra época estudiantil y estábamos ya en el último año de nuestra formación docente, cuando el Profesor Walter Vera, de Educación Física, anunció a nuestras compañeras que al día siguiente sería el examen final de natación. Portentosa noticia que nos llenó de expectativa para asistir al acontecimiento. ¡Por fin íbamos a tener el privilegio de ver las, seguramente bien torneadas, piernas de nuestras compañeras, cuyas redondeces adivinábamos a través de las faldas largas del uniforme!
Por supuesto que ya en esos años Mary Quant había inventado la minifalda, pero en nuestro pueblo, de moral decimonónica, ninguna muchacha se atrevía a usarla sin exponerse a que le endilguen el apelativo de las cuatro letras. Todas usaban faldas por debajo de la rodilla. Lucir una más corta era un grave pecado de impudicia que atentaba contra las buenas costumbres de la sana población.
En esa época, de acuerdo al estilo de los profesores, a los estudiantes se nos exigía asistir a clases con terno y corbata. Esa mañana, tizas y ahorcados, estuvimos desde temprano en la piscina para espectar el examen y gozar del maravilloso regalo celestial de ver las piernas de nuestras compañeras. Durante la evaluación pudimos comprobar que, efectivamente, eran de otro mundo las extremidades de nuestras amigas. Cuando terminó la prueba, el profesor Vera anunció:
-Bueno, chicas, el examen terminó, las que saben nadar pueden quedarse, las demás pueden ir a casa.
Algunas compañeras eran del oriente, en donde existen verdaderos ríos caudalosos, por eso nadaban como sirenas, nuestras paisanas no sabían, pero intrépidamente insistieron en quedarse. Entre estas últimas, Rosaura, la dulcinea de mi amigo Becher, a quien había sorbido el seso y tenía en ascuas, porque, justamente esa semana, había roto palitos y el pobre no sabía a qué apelar para lograr el reenganche.
Quienes algo nadamos sabemos que en una poza del río, o en una piscina, existen dos extremos de profundidad, uno es el pambashco en el que chapotean los aprendices y el otro es el hondo en donde se deslizan grácilmente los expertos. Las compañeras charapitas, cual ondinas, se dirigían hacia allí y Rosaurita, por no ser menos, intentó seguirlas, no sin antes lanzar una mirada de reojo a nuestro amigo, a quien se le caía la baba. De pronto se escuchó un alarido que estremeció todas las fibras de su ser:
-¡Ay, auxilio, help, SOS, me ahog… glub…glub!
Ya lo expliqué antes, los héroes se hacen, no nacen. Becher, escuchando con el corazón el reclamo de su amada, se transfiguró, dejó caer aparatosamente los libros que llevaba a mano y, como una exhalación, sin reparar en que se jugaba la vida y ni siquiera que estaba con su terno nuevo, se lanzó como una centella a salvarla.
En mi memoria de amigo y admirador guardo su imagen gallarda y decidida, suspendido en el aire, su perfil olímpico, las manos extendidas apuntando a la superficie de la piscina, los zapatos unidos, las piernas extendidas y la corbata floreada flameando por detrás…
¡Splashhh!
Se escuchó un sonoro ¡Oh! de admiración de todos los presentes, que no pudieron más que aplaudir tan noble gesto.
Lo recibimos en brazos, emocionados, cuando salió chorreando de la piscina, luego de salvar a la bella. Todos lo aclamaban:
-¡Eres un héroe! ¡Eres un héroe! ¡Permíteme, por favor, decir que soy tu pata! –exclamaban algunos aprovechados.
En mi fuero interno me sentía un poco tocado por esa gracia divina: ¡De mí sí era mi amigo! Por eso me sentí ufano cuando me pidió:
-Por favor, hermano, anda a mi casa y dile a mi mamá que me mande mis zapatillas y una muda de ropa, no puedo salir así como estoy, sopa, a caminar por la calle.
Muy rápido llegué a su casa y efusivamente salude a doña María, felicitándola por tener un hijo héroe. Ella, incrédula del portento, me pidió detalles sobre el gran suceso y cuando le expliqué, comentó muy enojada:
-¡Cati, el gafazo! ¿Qué pué se ha alocao de mojarlo su único terno? Ahora pué se irá calato al pedagógico…¡Jesús, María y José! Toma, hijito –dijo, poniendo dos reales en mi mano- mientras le preparo la muda de ropa, anda al zarco Dolores y cómprame una copa doble de jarabe de menta, es buenazo para las penas del amor y de paso para el resfrío, porque después de esa mojadaza segurito que lo agarra la gripe.
En los días subsiguientes casi pierdo a mi amigo, porque todos los que antes no le hacían caso, o lo tenían en menos, ahora se disputaban el honor de pasear con él, seguros que no siempre se tiene el honor de caminar a la vera de un héroe. Pero el mundo es ingrato y mucho más lo son las mujeres. ¿Ustedes creen que mi amigo logró el tan ansiado reenganche con la veleidosa Rosaura? ¡Nones! Ni porque le salvó la vida regresó con él, la muy ingrata.

ESTUDIANTINA: Colegio del Carmen - Promoción 1969

En esta fotografía, una más del álbum de nuestra amiga Rosario Barrera Cáceres, observamos al hermoso ramillete de muchachas celendinas que se formaron en los claustros del Colegio Nacional de Mujeres "Nuestra Señora del Carmen". Son las carmelitas de la promoción de 1969:


Están, en primera fila, de izquierda a derecha: Bertha Paredes Jiménez, Yrma Díaz Mori, Blanca Zegarra Sánchez, Ligia Tavera Chávez y María del Carmen Solís Pereyra.
Segunda Fila: Medina Chávez, Gloria Chávez Ortíz, Belarmina Sánchez Tello, Iris Torres Lozano, Profesora Carlota Morera Pereyra, Ruth García, Manuela Chávez, Rubi Araujo Cáceres. Militza Barrera Cáceres, Rosa Pasión Zegarra Sánchez, Isabel Rabanal Abanto y Olga Jáuregui Salazar.
Tercera Fila: Lucy Márquez Solís, Yrma Díaz, Zoila Cotrina, Ediza Díaz. Olga Chávez Velásquez, Francisca Bazán, Ana Urteaga Chávez, Melchora Horna Mariñas, Violeta Jiménez y Nelly Zelada Cerdán.
Cuarta Fila: Magda Ludeña Merino, Francisca Díaz, Elinora Bazán, Nebel Montoya, Amparo Cruz, Judith Quezada, Chávez Medina y Coralí Bazán,

HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...