viernes, 10 de mayo de 2019

ESCRITORES CELENDINOS: Alfonso Peláez Bazán

Un clásico de la narrativa shilica, "Querencia", de don Alfonso Peláez Bazán. (CPM)

Querencia
(Cuento)

Por Alfonso Peláez Bazán

Amarrado al tronco de un corpulento sapote —viejo hermano de la choza de don Juan Chalcahuana—, devora el mohíno su porción de fresca grama. Don Juan —¡valga Dios!— cortó del borde de la acequia las plantas más verdes y lozanas.

—Llévelo, pues, don Nemesio. Trato es trato. Ya sabe que todo de bueno tiene: manso, fuerte, bien avenido. En esta choza, señor, ¿quién podrá olvidarlo? Algo me consuela saber que pasa a buen "cristiano".

Don Nemesio Garrido se apresura a desatar el lazo del macizo tronco.

Alfonso Peláez Bazán

—Ojalá que todo sea cierto, don Juan.

La mujer y los hijos de éste se van tras el burro hasta la tranca, que al abrirse y volver a cerrarse, cruje extrañamente...

El vocerío alegre de seis chicuelos y la bulla jubilosa de tres hermosos canes reciben una tarde a don Nemesio Garrido. Tras muchos días, vuelve de nuevo a casa.

Todos reparan inmediatamente en el burro “mohíno.

—Es un magnífico burro, hijos míos.

Dos largas jornadas, atravesando la cuenca del Marañón, le han probado suficientemente a don Nemesio Garrido que, en efecto, dijo verdad don Juan Chalcahuana.

Luego se abre la tranca del extenso potrero para dar paso al burro de suave pelambre y bonachonas orejas. Allí se entropará con un caballo huaicho, un burro paclo, una vaca condorilla y un toro casullo. Y la cena humeante, junto al fuego rezongón, espera a don Nemesio Garrido.

Corrían los días. El gran burro mohíno soñaba en las tierras distantes y buenas… al tiempo que iba reconociendo todos los paraderos y todos los portillos.

Y la oportunidad no se hizo esperar demasiado. Una mañana, por el portillo más fácil, el burro mohíno saltó afuera del potrero.

Cuando don Nemesio Garrido, tras larga y afanosa búsqueda, encontró los rastros que hablaban, exclamó colérico:

—Ah, era volvedor…

Tres días después llega don Nemesio Garrido a casa de don Juan Chalcahuana. Junto al gallardo sapote está el ínclito volvedor.

—No me advirtió usted, don Juan, de tan fea maña…

Y don Juan responde con firmeza:

—No tuve ocasión de saberlo, don Nemesio. Era la primera vez que dejaba su querencia. Y quién iba a adivinar lo que había en sus adentros…

Con lentos giros mueve la cola el inefable burro.

—Me lo llevaré siempre. Antes, sin embargo, tendremos que “sacarle” la querencia. ¿Usted “sabe” eso, don Juan?

—No… Pero ya me lo imagino… —responde afligido el viejo Chalcahuana.

Y en efecto, al otro día, junto a la tranca, le “sacaron” la querencia al desventurado burro. Por los belfos, por los ijares, por las ancas, se la “sacaron” sangrante.

—Fuerte mal éste de la querencia, don Juan. Mas con “esto” no hay burro que no sane… y hasta la vista, don Juan.

Y partió don Nemesio, tirando de la ensangrentada soga, diríase que no un burro, sino una tragedia.

Dos días después, el caballo huaicho, el burro paclo, la vaca condorilla, y el toro casullo reciben de nuevo al burro mohíno. Se llenó de jubilosos gritos el extenso potrero.

Por si acaso, don Nemesio Garrido, reparó todos los portillos.

Todo hacía presumir que el burro mohíno ya no tendría más remedio que aceptar su suerte.

Don Nemesio habló a sus hijos de su gran terapéutica contra el mal de la querencia.

Más nadie estuvo en lo cierto… Ocurrió la noche de San Juan… Había en el cielo extraños resplandores. Por los cerros distantes, veíanse las fogatas litúrgicas y el viento hablaba de raros sortilegios.

En una contracción maravillosa de sus carnes, dio el gran mohíno un salto elástico, magnífico.

Desde el otro lado del cerco, las viejas heridas sonrieron triunfalmente y una tarde tibia, de un claro día, se oyó de pronto, frente a la tranca de don Juan Chalcahuana, un largo y alborozado rebuzno..
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miércoles, 7 de febrero de 2018

LITERATURA: La presencia de Celendín en la narrativa peruana

En 2008, en su número 8, la revista impresa Fuscán publicó un artículo titulado "Mi tierra en la narrativa nacional", del profesor Jorge Horna Chávez, artículo que también fue subido a este blog, así como a Chungo y Batán y a Espina de Maram. Ahora volvemos a a publicar este trabajo, ya que el autor lo ha actualizado agregando importantes datos. Es de subrayarse el rigor bibliográfico, las precisiones editoriales y la amplitud del esfuerzo y de la investigación realizada. (NdlR)

Celendín
en el imaginario narrativo nacional

Por Jorge Horna
 
¿Qué poseen Celendín y los hijos de este pueblo para ser motivo recurrente en la novelística y cuentística peruana?
Tal vez hallarán alguna explicación quienes han nacido en ese pueblo y son conscientes de la privilegiada configuración geográfica, el hermoso paisaje natural y cultural; y quienes conocen Celendín y/o han labrado amistad con sus habitantes, también encontrarán razones para desentrañar aquella persistencia.

Ciro Alegría es el primer novelista que hace referencias puntuales a los celendinos en sus obras. Este escritor indigenista en su huida de la persecución política (fue militante aprista, después renunció), estuvo de paso por Celendín, donde fue detenido y encarcelado por un corto tiempo, posteriormente trasladado a cárceles de Cajamarca.

Celendín, esquina Grau y Dos de Mayo. Oleo de Jorge Chávez Silva, "Charro".
 
En La serpiente de oro (Nascimento, 6ª edición. Santiago de Chile.1949), consta: “…los togados con los vestidos de dril almidonado que crujen al andar; los celendinos con sus listados ponchos de lana, detenidos ante sus rimeros de percalas, sombreros, y baratijas…” (pág. 35).

“Los celendinos extienden en los patios sus atados de mercaderías: colorean percalas, brillan espejuelos y cuchillos, blanquean sombreros. Nada falta” (p. 113).

El su gran novela El mundo es ancho y ajeno (El Comercio S.A. Lima, 2005), encontramos: “Los comuneros persiguieron a los gitanos, sin poder encontrar a “Frontino”. Tiempo después, lo rescató mediante muchos trámites uno que fue a Celendín, para comprar sombreros de paja.” (p. 240).

“El bandido comprendió inmediatamente la razón de la belleza de la señorita del corredor. Esa mujer marchita, de hermosura en ruinas, hacía presumir una espléndida juventud. Lo extraño resultaba su casamiento con Zenobio. Él no sabía que este la enamoró en Celendín, donde hay mujeres muy hermosas…” (p. 338).

También en la novela Siempre hay caminos de Ciro Alegría, Candelario es un personaje celendino.

Mario Vargas Llosa, en su notable novela Conversación en La Catedral (Edit. Seix Barral. Biblioteca Breve. Barcelona, 1983), menciona a Celendín en el siguiente diálogo:

—Ya sé que Hipólito se portó muy mal —dijo el señor Lozano—. Vamos a darle un puestecito para que se pudra en vida.

— ¿Y sabes dónde lo vamos a mandar? —se rió Ludovico—. ¡A Celendín!

El narrador Roberto Reyes Tarazona en el cuento “En corral ajeno” incluido en su libro La Torre y las Aves y otros cuentos (Fondo de Cultura Económica. Lima, 2002), nomina la Shilica a uno de los personajes de este relato:

“Pero lo más atinado, si se tiene plata, según el gordo, es ir a consultar a los “curiosos”. Y por entonces, especialmente la más afamada de ellos, la Shilica, una vieja con aura de infalible.” (p. 198).

“En las afueras del pueblo, en la dirección por donde me dijeron se hallaba el “consultorio” de la Shilica, me senté en una pirca a recuperar el aliento.” (ídem).

Alfredo Bryce Echenique esboza un personaje celendino, la Mama Rosa, en sus dos Antimemorias:

En Permiso para vivir (Lima. PEISA, 1993) dice: “…porque los indios no tienen edad y ella no parece india por lo blanca que es, pero vino desde Cajamarca y nació en un pueblo llamado Celendín, de gente muy buena y trabajadora y honrada. La Mama Rosa es muy blanca y como si fuera de la familia. Tiene un dormitorio un poquito mejor que los demás…” (p. 268).

Continúa la mención a la Mama Rosa en las páginas 269 y 271 del mismo libro.

En Permiso para sentir (Lima. PEISA, 2005), Bryce narra: “El periodista y escritor peruano Alfredo Pita me acompañó en un lindo viaje a Cajamarca, con la única finalidad de visitar Celendín, en el norte andino del Perú, donde había nacido Rosa Bazán, la Mama Rosa que me crió…” (…)

“A las diez de la noche dejaba de funcionar el motor eléctrico. Celendín se apagaba por completo y, por decirlo de alguna manera, sus hombres de letras y sus intelectuales desaparecían en las tinieblas. Toda una vida así. Toda una vida de encuentros en la plaza de armas, de cervezas conversadas, de escasa o nula animación cultural, pero toda una vida también de bondad, como la del maestro Mime, con quien hice una de esas grandes amistades que parecen eternas.” (…) “He sabido de él. Allá sigue, en Celendín, donde me imagino que el motor de la luz se sigue apagando a las diez en punto de la noche.” (p. 445).

Einar Pereira, en su novela Celendín, tablero de ajedrez (Lima. Láser Producciones, 2004), recurre a datos históricos de la fundación de Celendín para estructurar el contenido argumental.

En la novela Sangre de hermanos (Editorial Planeta. Lima, 2008), de Ignacio López-Merino, uno de sus protagonistas, Eleuterio Gómez “El zarco”, es un celendino hijo de terrateniente, que huye a Lima de los odios de su familia y se enrola al Ejército para combatir junto al mariscal Cáceres contra las tropas chilenas invasoras.

Como no podía ser de otro modo, los narradores celendinos clásicos Alfonso Peláez, Nazario Chávez, Julio Garrido, Pedro García “El Búho”, Jorge Díaz Herrera, dan cuenta de personajes y ambientes de su terruño. En esa misma línea también están Manuel Sánchez Aliaga, Arquímedes Chávez, Elmer Chávez, y dos promisores y talentosos narradores: José Luis Aliaga Pereira, Jorge Antonio Chávez Silva, ambos ya han publicado sus primeros libros.

Alfredo Pita, escritor galardonado, en uno de los cuentos de su libro Morituri, hace referencias constantes a Celendín bajo un vocablo histórico, Villamalia (antiguo y primigenio nombre de Celendín), y con frecuencia, en el entretejido de sus cuentos, surge la atmósfera y espacio telúrico donde él nació y vivió su infancia.

El narrador liberteño Gilberto Alvarado, publicó el cuento "Shillica" (Arteidea Revista de Cultura No. 11. Lima, 2007); aquí un extracto:

“La invité al Bambú, una cafetería de Belén. Los cafés fueron servidos con tamales, y después un tinto dulce entonaron los ánimos. Entonces supe que era de Celendín ‘una shillica auténtica’, me dije espaciando la mirada en su cabello negro, liso, peinado con raya al medio…”

Hipocampo Editores, en 2008, publicó el libro Historias de Shilico el Escribidor y otros cuentos del narrador tarmeño Blas Puente Baldoceda.

Manuel Guerra Velásquez, narrador natural de la ciudad de Cajamarca, perode ascendencia celendina, ha publicado la novela Trasiegos (Editorial Horizonte, 2013). Varios capítulos de este libro están ambientados en el espacio urbano y geográfico de Celendín y los personajes responden a la idiosincrasia local.
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domingo, 31 de mayo de 2015

URBANISMO: La destrucción de Celendín

De Perla del Marañón
a Adefesio Mayor

Por Rafael Pereyra

A lo largo del siglo XX, Celendín gozaba, en su pobreza y en sus límites, de un renombre que ninguna otra provincia de Cajamarca le disputaba, la de poseer un perfil urbano envidiable, una regularidad en sus calles y en el trazado de sus casas que no se encontraba así no más en otros sitios. La belleza de Celendín le valió elogios de propios y extraños, y un viejo poeta no vaciló en llamarla, a comienzos del siglo pasado, "la Perla del Marañón". Eran los días del auge del caucho en el oriente y la actividad económica del pueblo estaba vinculada con esa región.

"Oscuros nubarrones ensucian el cielo celendino". Fotografía tomada por redactores del blog Chungo y batán, el 30.05.15.
 
Las calles de Celendín fueron trazadas por el agrimensor José Comesana a fines del siglo XVIII, cuando se fundó la ciudad. Con sus calles rectas, con sus cuadras de 100 varas precisas, la ciudad casi configuró un hermoso tablero de ajedrez, sobre el cual las viejas familias construyeron casas de toda condición, acomodadas y solariegas algunas, modestas y pobres otras, pero todas respetando una arquitectura funcional y adecuada para el clima y la topografía de la zona.
El resultado fue una ciudad armoniosa y bella que poco a poco se instaló y se enriqueció a si misma con sus propias características: calles regulares, construcciones de uno o dos pisos, paredes blancas, tejados en los que se lucía la roja teja de la región. Contemplar Celendín desde las afueras, desde la altura de la colina de San Isidro, por ejemplo, era gozar de un paisaje urbano sereno y bienhechor. La ciudad vivía a sus ritmos, y sus casas y calles transmitían una sensación de calma y sosiego.
El drama de esta ciudad singular comenzó a fines del siglo pasado, coincidiendo con la instalación de la dictadura de Fujimori en el Perú y con la implantación de su modelo de hipercorrupción en todo el país. En Celendín, con la agravación de la pobreza y con la llegada de nuevos pobladores adinerados, con frecuencia vinculados a actividades inconfesables, este modelo no sólo se instaló sino que ha prosperado al punto que lo está trastocando todo, hasta el perfil urbano de la ciudad.
Y esto es un crimen. Y quienes cometen crímenes son criminales, del mismo modo que quienes los ayudan y protegen.
Ahora tenemos que los nuevos ricos están comprando cuanta propiedad pueden, pero ¿para qué? ¿Para mejorar lo existente y contribuir a nuestro viejo orgullo de poseer una ciudad armoniosa y bella? No, todo lo contrario, compran propiedades para destruir la ciudad bella y vieja que los ha acogido, y cuentan para ello con la complicidad activa de las autoridades locales.
Así tenemos que donde había una vieja casona de dos pisos, con balcones y coronada de tejas, y que tras sus muros de adobe escondía patios castellanos y huertos, los nuevos ricos, esos Atilas que impone la economía que no puede decir su nombre, levantan ahora monstruosas construcciones concebidas por ellos mismos, a imitación de las construcciones de la Costa. Se ve entonces torretas ridículas de tres, cuatro y más pisos, que con frecuencia avanzan sobre las calles, con calaminas sobre sus azoteas para poder enfrentar los aguaceros frecuentes y amenazando siempre a sus ocupantes y vecinos con venirse abajo con el próximo temblor. ¡Qué importa, hay que usar la plata y lucirla!
Un ilustre cajamarquino, el padre Miguel Garnett, escritor y observador de los usos y costumbres de nuestra región, dijo en una ocasión que el drama de nuestros pueblos es que la gente con plata imita a Trujillo o a Chiclayo, que a su vez imitan a Lima, que a su vez imita a Miami. El resultado es lo que ocurre hoy en Celendín. La vieja "Perla del Marañón" ahora se está transformando en un Chilete o en una Tembladera, esos pueblos que se levantaron al calor de una carretera y al paso de los camiones. Nuestro perfil urbano, antes armonioso y bello, y por ello mismo declarado patrimonio regional por el Instituto Nacional de Cultura de Cajamarca, poco a poco se vuelve el mismo que vemos en esos lugares: adefesios de ladrillo sin ton ni son, construcciones monstruosas, delirios del dinero fácil.
Esto no ocurre en el aire, ni porque el cielo y la Virgen así lo quieren. En la Municipalidad de Celendín hay documentos técnicos que normalmente deberían permitir a las autoridades poner freno a la destrucción de la ciudad histórica. En los últimos treinta años los malos alcaldes que hemos tenido, ignorantes y corruptos en su mayoría, no sólo no han usado estos instrumentos para proteger a nuestra ciudad hermosa sino que han contribuido activamente a su destrucción.
Al autorizar la demolición de casonas históricas y al permitir construcciones salvajes, hechas sin estudios ni respeto por el perfil urbanístico del pueblo, estas malas autoridades se han convertido en los principales verdugos del viejo Celendín. Como ha dicho con pluma certera el escritor Alfredo Pita, "en España, a un alcalde que atente contra la imagen urbanística de un pueblo histórico lo meten en la cárcel. En Celendín lo reeligen". Esta es nuestra maldición, la que nos está perdiendo.
Ahora la pregunta tremenda es: ¿incluso las nuevas autoridades ediles, que asumieron el control de la ciudad en las últimas elecciones, están tocadas por el virus de la irresponsabilidad y la corrupción? ¿Incluso ellas van a seguir abonando a la destrucción del pueblo? El edificio que se está levantando al costado de la Municipalidad y que terminará de destruir la armonía de la Plaza de Armas, parece ser un testimonio de que hay más de lo mismo, de que hay que temer lo peor.
¡Pobre Celendín, pobre "Perla del Marañón", asesinada por sus propios hijos, incluso por los que habían jurado protegerla...!
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miércoles, 27 de mayo de 2015

REPRESIÓN: El gobierno militariza la imposición minera


Cajamarca y el Perú
contra la militarización


Solidaridad con la lucha del Valle del Tambo

El régimen minero-militar de Ollanta Humala ha dispuesto el despliegue de las Fuerzas Armadas en gran parte del país, incluyendo no sólo los departamentos de la Macro región Sur, que el 27 y 28 de mayo realizarán un Paro de 48 Horas, sino también en los departamentos de Ayacucho y Cajamarca.

El régimen continúa con su política de terror frente a los pueblos que rechazan los proyectos mineros asentados en cabeceras de cuenca y en valles productivos.

El Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca (FDAC), base de la Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú y el Tawantinsuyu (ANPP-T), ha convocado a movilizaciones en Cajamarca los días 27 y 28 de mayo en solidaridad con los agricultores del Valle Tambo y la población de la provincia de Islay. Por su parte, el Movimiento de Afirmación Social (MAS) también ha anunciado su participación en la jornada de protesta.
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La norma que prepara la represión militarizada:
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lunes, 3 de marzo de 2014

MEMORIA: La impronta de un gran artista y gran ciudadano


Alfredo Rocha,
la pintura, el ajedrez y los reptiles 

Por Jorge A. Chávez Silva

En 1962, Alfredo Rocha Zegarra llegó a Celendín con planes de permanecer una larga temporada en el seno familiar, seguramente tantas veces añorado. Su madre, doña Estefanía, lo recibió como al hijo pródigo y nosotros, los artistas en ciernes que vivíamos en la misma calle Unión, nos alegramos de su regreso como si se tratara de la venida del Mesías tantas veces anunciado. Veíamos en él al maestro que nos podía indicar el camino del arte y empezamos a revolotear en torno a él, tratando de captar su modo de pintar, el mensaje de sus palabras y hasta sus menores gestos. Nos constituimos en el séquito que acompañaba sus paseos por la campiña, solazándonos con los precisos apuntes a la acuarela que hacía de los rincones más bellos de nuestra ciudad.

Alfredo Rocha entre dos de sus pasiones; sus alumnos y el ajedrez.
 
Pocos días después nos enteramos que lo nombraban como director del colegio recién fundado de Sucre, un pueblo que él quería entrañablemente, porque lo sentía suyo y se creía en el legítimo derecho y obligación de rescatarlo culturalmente. Y allá fue, con todo el ímpetu que lo caracterizaba y la experiencia que había acumulado en su largo periplo por el mundo, esperanzado en que su pueblo, como lo llamaba, iba a apreciar su labor y a colaborar en la gran tarea que se había impuesto.
El “Loco Rocha”, como lo llamaban sus amigos y enemigos —aquellos para expresar la admiración que les causaba su tremenda naturaleza y éstos para criticar y oponerse a sus decisiones en pro del Colegio del cual era Director fundador—, no sabía lo que le esperaba. Alfredo, ingenuo como era, no creía en el doblez de los demás, no previó que sus amigos de antaño se habían convertido en pequeños caciques pueblerinos a quienes su grandeza empequeñecía. Acostumbrados, en su miseria moral, a abusar de la gente y a tomar decisiones por los demás, sintieron que la recia personalidad del artista los amenazaba, los reducía a la mínima expresión y empezaron a ponerle zancadillas y a criticar sus acciones tildándolas de “locuras”. Lo incomodaban, lo criticaban y hasta lo agredían con insultos.
En cierta ocasión me pidió que le ayudara a pintar los fondos de unos retratos al lápiz de varios personajes de Sucre, con los cuales iba a presentar una exposición en una de las aulas del colegio, que ya estaba acondicionada para el efecto.
-Charrito, he visto que haces buenas letras; acompáñame mañana a Sucre para que me pongas letreros a los cuadros que voy a exponer –me dijo como una invitación irrenunciable que yo asumí como el espaldarazo que necesitaba para cimentar mi vocación.
Nos encontrábamos por la noche, colocando los cuadros en los muros y de pronto ingresaron tres personajes, uno de los cuales se adelantó para denostarlo e insultarlo por motivos que yo desconocía. Alfredo, impulsivo como era, lo cogió por el cuello y lo atrajo hacía sí como un pelele y le iba a propinar tremendo golpe para despatarrarlo, pero yo, alarmado, exclamé:
-¡No, maestro, suéltelo!
Alfredo reaccionó y deteniendo el puño en el aire, pero sin soltarlo, le dijo:
-¡Carca de m…, no te doy un golpe no más por no ensuciarme la mano!
¡Triste sino el del gran Alfredo Rocha!, mientras en Celendín los jóvenes lo idolatrábamos, en su pueblo no lo querían, hasta que finalmente lograron echarlo de la dirección, confirmando aquello de que nadie es profeta en su tierra.
Desilusionado de su gente, pero no de su vocación de maestro, Alfredo marchó al pueblo de Chalán en donde fue el director fundador del Colegio “Augusto G. Gil”, donde asumió su nuevo destino con la misma pasión que derrochaba en cada acción, como cuando atacaba a los malandrines que se aprovechaban de sus cargos para lucrar a costa del hambre y la salud del pueblo, sin importarle que esta sed de justicia le acarreara poderosos enemigos.
Los míseros caciques y los corruptos no lo iban a dejar en paz, lo perseguirían hasta aniquilarlo porque su presencia era como un divieso en el centro de las nalgas y se aprovecharían de todo con tal de lograr su propósito.
Una de las pasiones del artista era el juego de ajedrez. A donde iba como maestro lo imponía como el juego ideal para los alumnos. Creía firmemente que este deporte-ciencia mejoraba el razonamiento matemático y él mismo competía con sus alumnos. En Sucre impulsó el juego y en Chalán hizo lo mismo, con la dificultad de que en este distrito, por la lejanía a la provincia, no era posible conseguir juegos de piezas. Creativo como era, empezó a moldearlas en arcilla y muchos de los alumnos siguieron su ejemplo. Un grupo de ellos fueron hasta una hondonada lejana en donde había arcilla negra. Mientras comían el fiambre, algo pasó con un alumno, una congestión repentina, un ataque cardíaco o no se sabe qué, lo cierto es que murió.
Esta circunstancia permitió que sus muchos enemigos se abalanzaran sobre el maestro, como buitres, responsabilizándolo del hecho, logrando su propósito de subrogarlo de la dirección del colegio. Desengañado por la fatalidad que parecía perseguirle y por la maldad de sus enemigos marchó a la capital en donde se dedicó a diversos trabajos y proyectos hasta que en 1972, un delincuente pagado por sus enemigos lo aplastó con su vehículo en una de las avenidas de Lima. Execrable crimen, que como siempre ocurre en el Perú, hasta hoy permanece impune.
Años después de su muerte, en un paseo que realicé por el pueblo de Sucre, observé a varios de sus enemigos, estragados por el tiempo y los achaques, sentados en las bancas de la solitaria plaza, buscando el calor del sol matutino como los reptiles lo hacen en las piedras para poder arrastrarse, aplastados por su propia mediocridad e insignificancia y, sobre todo, ajenos a la gloria del gran artista al que persiguieron.
El próximo año el Colegio “San José” de Sucre, que Alfredo Rocha ayudó a crear y del cual fue director fundador, va a cumplir 50 años, medio siglo de forja de juventudes. Sus antiguos alumnos empiezan a revalorar al artista y a ver a su magisterio y su paso por sus vidas como uno de los mejores acontecimientos que le cupo vivir al pueblo.
La fotografía inédita que insertamos ha sido posible gracias a la gentileza de los amigos de Eco Sucrense, quienes están editando un número extraordinario para conmemorar este magno acontecimiento y rescatar la imagen y mensaje del gran maestro.

¡ALFREDO ROCHA NO HA MUERTO, SIGUE VIVO EN LA MEMORIA DE LOS CELENDINOS QUE CREYERON Y CREEN EN ÉL!
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sábado, 30 de noviembre de 2013

DENUNCIA: Promineros intentan romper Rondas en Celendín


PRONUNCIAMIENTO

Las organizaciones e instituciones que integran la Plataforma Interinstitucional Celendina (PIC), nos presentamos ante la opinión pública para manifestar lo siguiente:
1.      Desde hace dos años nuestro pueblo celendino viene luchando sin descanso por la defensa y preservación de nuestras lagunas amenazadas por el proyecto minero Conga de Yanacocha quién en alianza con el actual gobierno intentan imponerlo por la fuerza.
2.      En estos dos largos años de resistencia pacífica el gobierno y la transnacional minera han sembrado la más despiadada violencia nunca antes vista en nuestro pueblo dejando como saldo cuatro personas asesinadas, decenas de heridos; centenares de denunciados, decenas de detenidos; lanzando así mismo sistemáticas campañas de desprestigio en contra de los dirigentes ambientalistas.
3.      En este contexto, las Gloriosas rondas campesinas unitarias,  democráticas y autónomas vienen jugando un rol protagónico en cada comunidad por defender a nuestras lagunas y a nuestro río Marañón del pillaje y la destrucción por parte de los depredadores.
4.      Es en este sentido que las fuerzas oscuras del gobierno representadas por el gobernador Pedro Zamora, aliadas a la minera Yanacocha, al proyecto Odebrecht (Chadin II, que abastecerá de energía al proyecto minero Conga)  en contubernio con la delincuencial gestión del actual alcalde Mauro Siles Arteaga, arremeten contra las Rondas unificadas de nuestra provincia llamando a un seudo congreso rondero este 30 de noviembre con el objetivo de romperlas, dividirlas y paralizarlas, pretendiendo construir una organización paralela, ilegítima, sin base social, usando para ello a testaferros.
5.      Responsabilizamos al gobierno central, a la minera Yanacocha de lo que pueda suceder este próximo sábado 30.
6.      Nos solidarizamos igualmente con los hermanos que fueron detenidos de forma arbitraria por la policía nacional, sin mandato judicial de por medio ni del ministerio público llegando al extremo de detener a menores de edad como Jherson Bustamante Lozano, y César Mejía Sánchez. Así como al joven universitario Eduard Guevara Tello, a Betty Rocha de Quiroz, una reconocida maestra, y al profesor Jaime Lozano.
7.      Pedimos a los organizaciones de Derechos Humanos del Perú y del mundo realizar acciones urgentes para salvaguardar la vida y la libertad de los activistas ambientalistas y al a los ronderos celendinos  hoy en riesgo
8.      Exhortamos a toda la población celendina a movilizarse el día 30 de noviembre a las 8.00 am. Lugar de concentración, la ”Casa del Rondero”

¡VIVA LA RESISTENCIA PACÍFICA! ¡VIVA LA UNIDAD DE LAS RONDAS!
¡NI CONGA NI CHADÍN, LO DICE CELENDÍN!

Plataforma Interinstitucional Celendina

domingo, 27 de octubre de 2013

ECOLOGÍA: China destruye el medio ambiente peruano

Morococha, o cómo se borra a un pueblo del mapa para dar paso a una transnacional.
Después de transformar selvas en lodazales contaminados, de reducir cerros en polvo para sus pilas de lixiviación, ahora las transnacionales quieren borrar del mapa pueblos enteros.

¿Hasta cuándo el pueblo peruano va a permitir eso...?

Cabe mencionar que en este caso, la transnacional involucrada (Chinalco) es china y no parece tener mejor disposiciones con las poblaciones y el medio ambiente que las norte-americanas. Es más, en los medios informados se dice que si China no cuida su propio medio ambiente, pues está organizando hecatombes en su propio territorio, menos va a cuidar el de otros países.
Esto es de no creerse, pero ocurre en el Perú del felón Humala. Ver esto:

https://www.chinadialogue.net/article/show/single/en/5898-Morococha-the-Peruvian-town-the-Chinese-relocated
http://www.theguardian.com/world/2013/mar/26/china-latin-america-resources-concern



 








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HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...