domingo, 23 de septiembre de 2007

HISTORIA: ¡Al fin cayó... el reo!

Por Ulises Marañón
Celendín

En un fallo sin precedentes en la historia, en particular en la latinoamericana, la justicia chilena decidió extraditar al prófugo Alberto Fujimori al Perú. De esta manera, el famoso tropezón premonitorio de su llegada a Chile se ha transformado en una verdadera caída. Ahora ya lo tenemos entre nosotros, en medio del pueblo al que que traicionó y ofendió, en el país al que desangró (junto con los terroristas de Sendero Luminoso) y al que en paralelo expolió, manipuló y hundió en la más espantosa mediocridad, vía su prensa basura y su televisión de retrete. ¡Al fin cayó la rata...! Perdón (uno se contagia)..., ¡el reo! Y no vuelve voluntariamente, ni para, como cínicamente ha declarado, “reencontrarse con su pueblo”, sino traído de las orejas, como se merecía.

¡Al fin cayó la rata...! Perdón..., ¡el reo!
Por primera vez en la historia nuestra un ex presidente es extraditado, y tendrá que rendir cuentas por los delitos cometidos en el ejercicio de su función como primer mandatario, por haber propiciado crímenes de sangre, por haber institucionalizado la corrupción como sistema gubernamental y por haber puesto el país en manos de una mafia de políticos, empresarios, militares y hasta autoridades religiosas (no olvidemos que él es el responsable de la entronización del inefable y nefasto Cipriani).
Ahora Fujimori tendrá que enfrentar cara a cara a los familiares de las víctimas de La Cantuta y Barrios Altos, quienes esperaron y lucharon durante 15 años para que este momento llegara. Los peruanos no debemos olvidar en particular al niño Javier Ríos Rojas , de ocho años, que, en Barrios Altos, fue asesinado cuando rogaba que no matasen a su padre. Ambos fueron ejecutados por un comando de la muerte cuyo accionar había aprobado el reo. El tristemente célebre y autoproclamado “Chinochet” tendrá, por fin, que mirar de frente a sus muchas víctimas, cuyos retratos enarbolan como emblemas sus familiares y las organizaciones sociales que, felizmente, en nuestro país, defienden los derechos humanos.
La justicia chilena lo ha extraditado por siete casos de los doce presentados. Esto no debe, sin embargo, limitar a la justicia peruana para que pueda procesarlo por otros delitos pendientes en nuestro país, ni prejuzgar la potestad soberana de la administración de justicia en el Perú.
No hemos querido pronunciarnos hasta tener la certeza de su presencia en el Perú, lo que tantas veces, y por diversos medios, trató de eludir. Ahora que está recluido, en espera de un juicio, tras el cual esperamos caiga sobre él todo el peso de la Ley, nos congratulamos públicamente. Por una vez, en el Perú, la justicia parece que va a ser justicia.
Ahora si, los actores principales del gobierno peruano más corrupto se encuentran presentes: Alberto Fujimori (a) “Chinochet”, su hermano de sangre Vladimiro Montesinos (a) “El Doc”, Nicolas de Bari Hermoza Ríos (a) “El general victorioso”, los tránsfugas y fallidos congresistas electos en su abortado tercer mandato, las marionetas periodísticas: Wolfenson, Borobio, Vera Abad, Calmell del Solar, Olaya, Correa, D’Ornellas, Cruosillat, Lúcar, etc., etc., y desde luego, los payasos y saltimbanquis como Laura Bozzo, Carlos Álvarez, Raúl Romero, Tulio Loza, etc., etc., sin olvidar sus "gueishas" intelectuales como la Hildebrandt o Macera.
Ahora están de nuevo bajo los reflectores, para el interrogatorio de la Historia. Estamos seguros de que con la llegada del reo, muchos corruptos ocultos estarán temblando porque es probable que salgan a la luz pública otros crímenes, otros latrocinios, multiples casos desconocidos. Tratarán por ello, y por todos medios, de entorpecer la marcha de la justicia, utilizando toda la batería de fuego de que disponen para alargar los dictámenes, para recusar a los jueces designados para el caso: San Martín, Príncipe y Prado, que, a nuestro entender, son magistrados que garantizan un juicio serio e imparcial.
Naturalmente, los incautos y los otros, los “seguidores” de Fujimori, esa gente interesada que se mojó con las "llovidas" del ex presidente -el bribón que renunció por fax a la jefatura de la Nación-, ahora amenazan con tomar las calles y con otras pataletas más. Qué podemos esperar de gente que quiere creer infantilmente que Fujimori no sabía nada de las felonías que cometía Montesinos en el SIN, de los crímenes del Pentagonito y que piensa que no tocó nada en la orgía de millones de dólares que manejó la banda.
El poder judicial tiene ahora la responsabilidad de mostrar al mundo que se trata de un estamento serio y equilibrado, que las sombras del pasado corrupto y cautivo de los designios de Montesinos encarnados en Blanca Nélida Colán Maguiña, quedaron atrás. Los ojos del mundo estarán pendientes de su actuación y deben estar a la altura de esta circunstancia.
Dicho esto, el pueblo espera que todo este “show mediático” en torno al reo no sirva como biombo para ocultar las alzas y demoras en la reconstrucción del sur afectado por el terremoto. Ya estamos cansados de sicosociales y cortinas de humo que generalmente afectan al bolsillo de los más pobres. Que los responsables de hoy aprendan y pongan las barbas en remojo. El pueblo ya no está inerme. La justicia tarda pero siempre llega.
En lo que toca a Celendín, las tan cantadas “obras” prometidas por el hoy reo Fujimori nunca nos llegaron. No hubo carreteras, ni electrificación. Más hubo -y en esto tienen mucho que ver sus cómplices, los ex alcaldes Adolfo Aliaga y Mauro Siles Arteaga- desfiguración y mutilación del perfil arquitectónico y de la personalidad celendina a través de la demolición de monumentos históricos como los locales del Colegio “Coronel Cortegana” y de la Escuela Nº 82. Esto tampoco se lo vamos a perdonar. Que la justicia haga, pues, su trabajo.

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