lunes, 8 de junio de 2009

OPINION: “Asesinados”, “muertos” y "fallecidos"

Por Crispín Piritaño
Celendín
Hemos visto con estupor las columnas y titulares de los diarios, en su mayoría adictos al gobierno de turno, e inclusive a diarios que creíamos objetivos como “Perú 21” y “ La República” utilizar términos discriminatorios para tratar a las víctimas de la masacre de Bagua: Mientras los policías son “asesinados salvajemente”, los nativos caídos son simples "muertos" cuyo número real se desconoce. Algunos políticos hablan pudicamente de estos y los llaman "fallecidos".
Creíamos que estas actitudes habían desaparecido con la caída del régimen corrupto de Fujirata, pero vemos con pena, que la mala semilla, como la cicuta, ha echado raíces y se ha convertido en un modus operandi habitual entre algunos periodistas que postergan la verdad en aras de apetitos personales.
Yendo al fondo del asunto, sabemos que la problemática de los indígenas de la selva es secular. Las diferentes etnias que pueblan la región vivieron postergados por siglos y nadie hizo caso de ellos, hasta que descubrieron que la región era rica en recursos y empezaron a invadir sus territorios, arrinconando cada vez más a los indígenas, desapareciendo su cultura y hasta exterminando a algunas naciones.

Alberto Pizango, lider indígena de AIDESEP

El origen del actual conflicto es el ingreso de empresas multinacionales a la selva rica en oro, maderas, petróleo y gas natural. El gobierno, en su política entreguista, dispuso de estos territorios sin consultar con los nativos, como si éstos no existieran o no tuvieran opinión. Partiendo de esto sacamos una conclusión irrefutable: La lucha de los nativos es justa.
La reacción de los medios oficiales se venía venir: acusar a los que defienden a su territorio como terroristas, delincuentes y subversivos y quejarse de una conspiración extranjera, es, además de irresponsable, un procedimiento fascista, concordante con la democracia del hortelano que predican Alan García, Yehude Simon y Mercedes Cabanillas, los dos últimos improvisados en ministerios para los cuales, evidentemente, no están preparados.
El desastre ocurrido es el resultado de esta improvisación. Se mandó a los policías a la muerte, no hubo planificación, ni estrategia. La dimensión de la tragedia y los afanes de culpar a alguien ha desatado una sicosis de guerra. Las fuerzas armadas que han tomado el control de la zona realizan rastrillajes capturando a todo aquel que tenga rasgos indígenas.
Los diarios hablan de los policías fatalmente caídos y de la crueldad de los indígenas a quienes se presenta poco menos que como caníbales, incluso la prensa amarilla insinúa que menos mal que abandonaron la práctica de reducir las cabezas de sus enemigos. ¿Qué dirá de esto Mario Vargas Llosa con su tesis de la cosmovisión indígena, que esgrimió cuando lo de los mártires de Uchuraccay? Hasta ahora calla en siete idiomas, luegho de su show mediático en Venezuela.
Frente a la avalancha oficialista contra los indígenas, nos preguntamos consternados ¿Quién toma en cuenta la cantidad de nativos muertos que han sido arrojados a los ríos para ocultarlos en las cifras oficiales? ¿Cómo creer en la crueldad de los aborígenes si en su mayoría enfrenta lanzas y piedras a las balas y bombas lacrimógenas arrojadas desde helicópteros por los policías?¿Se está repitiendo la historia de la conquista?
Todos los de abajo, trabajadores, sindicalistas, sabemos como las gasta la policía en materia de represiones y disuasiones. Los maestros hemos sufrido en carne propia la acción de la policía por reclamar nuestros derechos y hemos sido tratados como terroristas y delincuentes. Pero no somos revanchistas, estamos seguros que los responsables son los políticos del APRA y sus acólitos en su afán sempiterno de enfrentarnos entre peruanos.
El Partido Aprista, que tiene la sartén por el mango, actúa exactamente igual que la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro, con la misma intolerancia con que persiguió a los antiguos dirigentes apristas como Alfredo Tello, Jorge Idiáquez, Armando Villanueva y el propio Haya de la Torre, acusados de terroristas y a su doctrina de comunista, persiguiéndolos con intenciones asesinas y con el “jefe” terminando de inquilino en la Embajada de Colombia. Ahora se rasgan las vestiduras en la presunción que Alberto Pizango esté asilado en Bolivia.
En honor a la verdad, seamos justos. Lamentamos la muerte de los policías y de los indígenas caídos, pero tenemos que comprender que en esta guerra entre peruanos, los responsables, irresponsables, siguen cínicamente en sus cargos y Mercedes Cabanillas, que no sabe donde esta parada, se atreve a lanzar bravuconadas llamando cobarde asesino a Pizango en lugar de presentar su renuncia irrevocable por incapaz.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy bien, paisano. Que se vaya cuanto antes la ministra incapaz y búfala bravucona.