domingo, 16 de enero de 2011

OPINIóN: Paseo nocturno por Ciudad de M

Por Franz Sánchez Cueva
9 y 45 de la noche, cuatro vándalos se dirigen hasta el viejo árbol deshojado y maltrecho de la Plaza de Armas, el mismo al que atacó un terrible hongo que terminó por desahuciarlo. Se suben a la copa, algunos se descuelgan de las ramas, parecen orangutanes con “blin blin” y pantalones urban fighters. El abusado árbol parece exigir que lo despojen de tales parásitos. Gritan, chillan, lanzan groserías entre ellos. Los mayores pasan con suma cautela rodeando al grupo de desadaptados, para no interferir con sus delincuenciales actos.
En la esquina, al borde de la Plaza de Armas, dos mujeres policías de tránsito hablan con exagerada elocuencia a través de sus celulares, al tiempo que las moto-taxis irrumpen con giros violentos dentro de la zona rígida. Los acompaña un estruendoso vibrar de parlantes que abofetea los oídos de transeúntes asustados que despejan el camino, al ritmo del dembow de algún reggaetón obsceno.

Las construcciones "modernas" que desfiguran a Celendín.

10 en punto de la noche, las mismas moto-taxis han tomado por asalto el ombligo de la ciudad. Sus ebrios conductores protagonizan monólogos asquerosos que resbalan lisuras sobre el mármol empapado de licor barato.
11 de la noche, son muchos y pocos a la vez. Desde lo alto de San Cayetano con pendiente a Colpacucho, la nueva ciudad arrastra sus pasos dando tumbos sin poder encontrar su camino.
A la medianoche, el profesor que se demoró en una reunión de docentes, exhala un suspiro de alivio al cruzar la avenida Túpac Amaru. Solamente le robaron la billetera y el celular, pero no lo despojaron de la vida.
La nueva ciudad vomita las noches de exceso, de juerga interminable que reúne a grupos de diferentes sectores sociales, y que los aparta al mismo tiempo.
La nueva ciudad que asesinó al pueblo anciano, por viejo y cobarde, parece andar sobre una locomotora con rieles que desembocan en el barranco. El tiempo no corre igual, las horas son distintas, el reloj del ayuntamiento fue vencido por el propio tiempo, únicamente marca el meridiano y nada más. El viernes comienza el miércoles, el lunes no existe porque la “cruda” no lo quiere así.
Los bares atienden más tiempo que las boticas. Las casas se desploman, los contrabandistas se frotan las manos, mientras que los capos de la “cosa nostra” le robaron el crédito a Pepe Comesana, luego que convertidos en geómetras diseñan la nueva ciudad a su antojo.
La nueva ciudad se ha convertido en una tierra prometida sospechosa, que más se parece a Sodoma y Gomorra, que a su propia imagen que aún flota como un espejismo. Las jovencitas ofrecen sexo abierto al mejor postor con billetera gruesa o camioneta a la mano, amparadas bajo la tutela de la dichosa open mind.
La nueva ciudad sirve a muchos, y estos muchos se sirven de ella. El desorden es la máxima autoridad. Los alcaldes no existen, ocupados como parecen estar, no en defender la ciudad y la provincia sino en acomodar el recto en el tieso sillón de gobierno que puede provocar hemorroides malignas.
La nueva ciudad alborotada, apesta. Huele a heces por todo sitio, por las esquinas, por sus calles, por sus aceras invadidas. Apesta y provoca aquello que Sartre llamó “La náusea”. Pero también duele, al costado del pecho, en el músculo más traidor de todos, que nos quiere convencer de que todo esto es una ilusión, de que forma parte de una composición literaria.
El diástole y sístole golpea los sesos, exigiendo que abandonemos nuestra condición de cadáver, lo que ya nos gustaría. Estamos vivos, pero deambulando como zombies, dentro de una ciudad que hace mucho ya no es de nosotros, sino de "ellos", de los "vivos", de los "vivazos".
Esto es lo que queda de la herencia y de la querencia. Una ciudad impresentable, que no se puede recomendar a nadie, por temor a quedar mal con uno mismo y con los demás. Una ciudad convertida en jungla de cemento fresco. Una ciudad que no es mía ni tuya, que ya no es de nadie decente, porque todo esto pertence ahora al billete mal habido.
Una ciudad de M… Quiero decir… de Muchos, que no significa de todos. De muchos forajidos y lambiscones, de muchos felipillos y traidores, que la han entregado como pobre prostituta al afán de mineras y narcos. Una ciudad con boleto reservado al desbarajuste y al caos, sin identidad ni rumbo fijo. Sucursal del cielo, y, en realidad, entrada del averno.
¿Dónde están los hombres de ayer?, que los necesitamos para mañana. ¿Por qué se fueron todos?, ¿por qué no se quedaron aquí?, a sufrir el dolor de ver perecer a un vetusto pueblo, que agonizaba desde hace mucho, que enmudeció antes de pedir auxilio. Que cerró los ojos antes de ver lo que ahora vemos. Que exhaló su aliento apolillado en nuestras narices mientras respirábamos por la boca. Un pueblo que era un sueño, del que no cobramos nada, y del que hoy pagamos todo.
Desde mi luto interno dibujo una sonrisa de burla dedicada a aquellos pelmazos que se jactaban de un ilusorio linaje europeo y nunca entendieron realmente lo que implicaba ser celendino. Pobres diablos. Podrido infierno.
Ha muerto del todo la ciudad verdadera. La fecha, la hora, ya no interesa. Nadie oficializó su deceso, únicamente un menesteroso escribidor se atreve a certificar su fallecimiento. Al tiempo que los demás celebran la Natividad de la nueva ciudad, que desde el embrión estaba concebida como villana, que se fecundó de un espermatozoide de cianuro y un ovulo de PBC, dentro de un vientre de alquiler, pagado por politiqueros venales y comerciantes ambiciosos, por la raza maldita de subhumanos que en lugar de corazón tienen una bolsa con 30 monedas, su precio.

¡QEPD Celendín!

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

6 comentarios:

Alfredo dijo...

Un aplauso, bravo. Matarán a la ciudad, pero no matarán la capacidad de los celendinos talentosos y valientes para denunciar a los asesinos de la historia y de los sueños.
Un gran abrazo.

Anónimo dijo...

"Crónica de una muerte anunciada"... y dónde están los celendino?... esperemos que tu fructífera pluma los haga reaccionar.

Anónimo dijo...

Interesante Franz Sanchez, muy emotiva y en cierta parte cierta la forma de apreciar al actual Celendin, es cierto ha cambiado la tierra Nostra, quedan pocos Shilicos Netos, de sangre y corazon, pero quedan y aun ss descendientes, no nos pongamos tristes ni tampoco negativos ante esta realidad, esto sucede en todo el Peru, en toda provinci pasa esto cambia, en cierto modo cambia, pero tratemos de ver algo bueno, tratemos de ser optimistas ante esta realidad momentanea, que cambiara aun mas, quedamos shilicos, todavia, y siempre queda nuestra escencia de Celendinos para transmitir a los demas, para demostrar que podemos ser mejores, que podemos cambiar esta minuscula y superflua disquerealidad actual, depende de nosotros rescatemos y seamos optimistas, como hijos de Celendin sigamos haciendo algo mejor por Celendin,nuestro pueblo tiene hijos grandes y de renombre, y hagamos flamear nuestra bandera de Celendinos, les animo a seguir promoviendo y haciendo algo por nUestro Gran Celendin que siempre ser Celendin, y los malechores del pueblo ya pagaran por su malapaga, por ser malagradecidos con Celendin, el tiempo cura todo, sigamos dando buen prestigio a Celendin, en cuanta gran mediada podamos.
David

Anónimo dijo...

elocuente testimonio y viva imagen del desfigurado celendin en tu nota....y pensar que son celendinos los que por su pensamiento "moderno" estan destrozando su cultura, su pasado y su futuro con construcciones baratas sin ningun criterio ar...quitectónico y urbanistico la fealdad sub-urbanamarginal llegó a apoderarse de nuestro celendin querido sin el menor respeto por la arquitectura señorial y propia de nuestro celendin,¿donde estan esos balcones?, ¿donde estan esas tejas rojizas medio marrones?donde estan esas casas pintadas solo de blanco puro?¿donde estan esos lindos puentes romanticos que atrvezaban los dos rios de la ciudad?...¿por que les apestó eso al extremo de tapiarlos para que no se vean?....
atte: victor antonio vargas diaz

Dj Radio dijo...

ASí es amigo David. De acuerdo contigo, podemos hacer mucho en bien de este nuevo Celendín. Pero nos espera mucho trabajo.
A veces las estampas se recargan de verdades y duelen mucho, uno como escitor libera sus demonios, pero con la única finalidad de hacer recapacitar al lector, de un tirón.
Luego de la sacudida les recomiendo este video para que sigan amando nuestro Celendín...

Ayudanos a no perder nuestras costumbres
http://www.youtube.com/watch?v=u5SjlhU81Ak

Anónimo dijo...

muy buena pluma

"a media que pasan los años uno deja de dar malos ejemplos y empieza a dar buenos consejos".....