jueves, 5 de abril de 2007

HISTORIA: Eloy Arriola Senisse

Celendín, con sus encantos paisajísticos y humanos, siempre se hizo querer por propios y extraños, una prueba de ello es esta evocación de un maestro ejemplar, que sin ser celendino supo adentrarse en el espíritu celendino, entenderlo y emprender juntos una época de cambios para nuestro pueblo que siempre se recuerda con admiración. El colegio mejorado amorosamente del que habla el doctor Arriola fue el antiguo "Javier Prado", el que luego destruyeron las hordas fujimoristas. LA REDACCION

Dulce y necesaria evocación

Por Eloy Arriola Senisse

Reflexiones y recuerdos de un maestro. Dedicadas con especial afecto a la brillante Promoción “Artemio R. Tavera”, del Colegio Nacional de Celendín. Están ya por cumplirse 40 años de aquel momento que me señaló el destino para enrumbar mis pasos hacia Celendín, tierra de ensueño, de hombres y mujeres laboriosos y nobles. Fue un 25 de agosto de 1954.
Soy maestro, y como tal, fui siempre sujeto de órdenes que traté de cumplir explicando que la vida de un buen maestro es, en muchos casos, como la vida de un buen soldado: cumplir con su deber ahí donde la patria demande sus servicios. Principio que, con otros de la misma índole, inculqué en el alma de mis alumnos a lo largo de 50 años de vida profesional. No buscar la prebenda fácil, ni el acomodo barato, sino cumplir con el deber, por más ingrato y duro que fuere, siempre que fuera justo y honesto hacerlo.
A mí me parece, sin embargo, que la isocranía del tiempo ha detenido momentáneamente sus pasos y que una mañana cualquiera volveremos a encontrarnos en el patio de honor del siempre añorado Colegio “Javier Prado”. Entonamos el Himno Nacional. Damos lectura al noticiero escolar, los 300 alumnos y alumnas, en impecable formación escuchan las breves exhortaciones de su Director. Luego, la grave voz del Brigadier General, alumno Camacho, “El Bárbaro”, restalla como un cohete:
-“¡Asusaulas, columna de a uno!”
Desde la fecha inicial hasta mi despedida, han transcurrido apenas quince meses, ni siquiera año y medio.
¿Cuántas obras realizamos juntos en ese breve tiempo? En verdad no las recuerdo, ni quién o quiénes las hicieron. Fueron sin duda ellos, mis alumnos quienes animados de ese élan vital del que hablaba Bergson, pusieron la vida y su ideal en la obra. Pero lo hicieron con pasión, con amorosa pasión y entrega, pensando quizá que el tiempo iba a resultar corto para cumplir con lo previsto. Mucho y bueno se hizo y mucho quedó por hacer. Pero quedó el ejemplo de almas confundidas en un solo quehacer, impregnadas de un ideal común. ¿Cómo olvidarlo? Ahí está todavía el duro cemento de nuestro moderno campo de básquet, fraguado al amoroso calor de las manos del querido maestro Gonzalo, padre de familia y amigo ejemplar. Le dimos luz a la sombra y a la noche, inaugurando un potente grupo electrógeno que alcanzó a la ciudad ¡Y para su instalación no contábamos con presupuesto alguno! No nos ensuciábamos las manos amasando el barro para los adobes; las dignificábamos, honrándolas a base de sudor y esfuerzo, mezclando alegrías y esperanzas.
Así reconstruimos con Javier Tavera y otros el salón de actos, la biblioteca, la caseta para el grupo electrógeno. Alquilábamos películas. ¿Cómo dejar en el olvido los afanes idealistas y vehementes de Javo Tavera, el ímpetu generoso de “Gallito” Tirado, las palomilladas de “Panamo”, las canciones mejicanas de Emilio Moscoso, la proverbial circunspección de los Aliaga, los Camacho, Jorge Silva Merino, Jaime Silva Pereyra, Ibo Sánchez, aparte de la escogida y hermosa legión femenina, las chicas Pereyra, Inga y tantas otras?
¿Cómo olvidar, igualmente, a ese selecto grupo de profesores: Don Artemio, Aureliano Rabanal, Ariche (Arístides) Merino, el padre Quiroz, don Alfonso Peláez, los docentes Rojas, Fernández, Fulvia Sánchez, Carmela Pérez, Ulita Silva?
Vale expresar también, como colofón de estas improvisadas notas, que impulsamos el arte, el periodismo escolar, organizamos el primer Consejo Estudiantil y le dimos sustancial apoyo al deporte, dando preferencia al fútbol, básquetbol, voleibol, atletismo. Realizamos una mini maratón de Huacapampa a Celendín y logramos el campeonato departamental de fútbol. ¿Cómo no estar orgullosos, entonces?
Me honro, pues, de haber sido maestro y, sobre todo, amigo cabal de esta pléyade de hombres y mujeres, buenos a carta cabal, a tiempo completo.
El tiempo resulta corto y avaro el papel para hilvanar ordenadamente mis recuerdos acerca de esta dorada época de mi vida de maestro, en la que más que discípulos encontré hijos espirituales, a quienes sigo queriendo con toda la dimensión de mi espíritu y auténtica devoción de un padre.

(Escrita para la Promoción PARTA 56, en 1994)

miércoles, 4 de abril de 2007

ALBUM: Celendinos auténticos

Inauguramos ahora una sección donde publicaremos las fotos entrañables que nuestros lectores nos vayan alcanzando. Imágenes que nos hablen de nuestros pueblo, de sus hijos más notables (de toda condición, no sólo los privilegiados por la vida), de nuestras calles, de nuestra arquitecura, de nuestros paisajes. LA REDACCION.

En esta primera entrega, en una foto que no sabemos si fue tomada en Lima o en Trujillo, en los años 70, suponemos, podemos ver a un grupo de auténticos y epónimos celendinos, a muchachos cuyas inquietudes comenzaron a florecer a mediados del siglo XX y que revelaron luego grandes talentos. De izquierda a derecha: Sr. Rómulo Medina, el inolvidable Eliseo Tejada Rojas "Casheque", Dr. Manuel Pita Díaz, Ing. Práxedes Pereyra, Sr. Victorino Agustí Merino, Sr. Dionisio Merino Collantes "Cabezón", Sr. Ezequiel Cueva Díaz "Cuevita", Sr. Santiago Pereyra Rabanal "Negro" y otro paisano cuya identidad desconocemos.

Auténticos y epónimos celendinos.

ESTAMPA: Jarabe de piña

Por Jorge A. Chavez S., Charro
No les he contado de aquella vez que casi me convierto en ateo y contumaz descreído de las cosas divinas por culpa de Su Ilustrísima, el señor obispo de Cajamarca. Era apenas un niño, de esos que esperaban los días jueves en que íbamos de paseo a algún bello paraje de la campiña celendina.
Para los escueleros el jueves era sagrado, intocable, como un derecho ganado. Era el día del paseo semanal, esperado con ansia los días precedentes. Tenía que suceder algo catastrófico para que el paseo no se realizara.
Ese miércoles, a la hora de entrada recibimos la mala noticia: el jueves llegaría en visita pastoral, Su Ilustrísima, el obispo de Cajamarca: hecho insólito que, efectivamente, ocurría a la muerte de un obispo.

¡Era el Bidudín que venía de Cajamarca...!

La maestra, católica ferviente, rayana en la cucufatería, muy alegre nos dio la primicia y de inmediato nos enseñó a hacer banderitas bicolores, amarillas y blancas, los colores de ese reino de los cielos que es el Vaticano. Con ellas y acompañados de todos los escolares de veinte kilómetros a la redonda, iríamos a La Feliciana a esperar al insigne visitante.
Ante nuestra justa protesta, la maestra, abundando en detalles sobre la ilustre visita, nos dijo que el santo varón llegaría a eso de las diez de la mañana y que por la tarde, impajaritablemente, nos iríamos de paseo a donde quisiéramos.
-¡Al Guayao, al Guayao!- exclamamos en coro, jubilosos.
Era este lugar el manantial de la riquísima agua que surtía a la ciudad. Una especie de paraíso en que se conjugaba todo: hermosos prados en donde elevar las cometas a nuestras anchas, o disputar reñidos partidos de fútbol Inter-secciones en que se disputaban las famosas copas aguardienteras compradas en la cantina de don Dámaso Carrión.
Había además en aquel edén una arboleda de sauces llorones en donde jugábamos a Tarzán, huicapeándonos en los bejucos, o buscando algún fabuloso tesoro como en las series de aventuras a las que éramos afectos, o a los vaqueros, ocultándonos tras los pedrones para balacearnos sin misericordia y hasta podíamos capturar a los alacranes que se escondían bajo las rocas de la falda del cerro y llevarlos en cajitas de fósforo para hacerlos pelear a muerte en un círculo de fuego de aserrín empapado de kerosene.
*******
Muy temprano le pedí a mi padre la propina semanal. Con dolor de hígado me dio veinte centavos, inestimable tesoro con el que compré dos caramelos de punta envueltos en papeles de colores, de esos que fabricaba el zarco Dolores, para usarlos como chufranes en los caleros de cuatro hermosas berenjenas que conseguí por diez centavos. ¡Una verdadera delicia! ¿Qué muchacho no ha pasado una hermosa tarde de paseo coqueando con los chupetes que encajaban justamente en el orificio que practicábamos en la punta de cada berenjena?
Guardando todo en una talega me encaminé a la escuela con la esperanza que el ilustre visitante llegara temprano a visitar a su grey. Había jurado que si llegaba antes de las once, iba a elevar fervientes preces para que el Santo Padre de Roma emitiera una bula otorgándole el capelo cardenalicio y consecuente ascenso a Primado de la Iglesia Peruana, pues sus méritos lo exigían, ¿qué pastor era más considerado y puntual con su feligresía que Su Ilustrísima?
Cuando llegamos en perfecta formación a La Feliciana, flameando nuestras banderitas, la mayoría de escolares ya se encontraba allí, apostados a ambos lados de la carretera, esperando al buen pastor. Todos se apretujaban buscando mejor ubicación para observar de cerca al reverendo que se nos antojaba un hombre celestial.
El tiempo pasaba irremisiblemente y el Cardenal no llegaba. Dieron las diez y las once. Los muchachos se apiñaban en tremendo desorden. Con mucha preocupación veía peligrar mi paseo al Guayao, a no ser que el Obispo llegara justamente en ese momento.
De repente, con gran ruido de pistones y claxon, hizo su aparición un vehículo por la primera curva. La multitud, creyendo que se trataba del prelado, se ordenó como sea y empezaron las vivas y el vigoroso flamear de banderines en honor a Su Ilustrísima. Pero ¡Oh, desilusión! Al acercarse el vehículo comprobamos que no se trataba del Canónigo.
¡Era el Bidudín que venía de Cajamarca en su camioneta! Ignorante de lo que acontecía y sorprendido por el apoteósico recibimiento que le dispensaba toda la población, no tuvo idea más peregrina que pasar por medio del gentío, con el brazo izquierdo en alto, agradeciendo la ovación.
La turba, exacerbada por el desencanto, prorrumpió en sonoras silbatinas y pifias. Inclusive llovieron algunas piedras encima del vehículo. El Bidudín, sorprendido de los volubles que son las personas, farfulló una exclamación:
-¡Ah, carajo, hace un instante era un héroe y ahora soy un villano!
Y dieron las doce y la una y el Párroco no llegaba. La formación, hecha trizas, yacía al desgaire por toda la plaza. Algunos muchachos se desmayaron y hubo que llevarlos de emergencia a sus domicilios. Desesperado, le pregunté la hora al maestro Próspero, quien, con expresión de Miguel Grau en la derrota, me contestó con voz desfalleciente:
-Son las dos de la tarde.
Al borde del llanto me dije que por culpa del cura, mi paseo se había arruinado. A las tres todos los escolares estaban al borde la inanición. Los maestros tomaron medidas de emergencia: había que emprender la retirada. Un empleado de correos apareció con una cinta blanca perforada de miles de huequitos en donde decía que el sacristán había pospuesto su viaje para el día siguiente.
Desconsolado, retornaba a mi hogar, cuando con dulzura me acordé de mis chupetes y berenjenas. Hurgué en mi talega y comprobé con desencanto que en los apretujones de la turba, las frutas se reventaron y los chupetes se quebraron por la mitad. Decidido a ser un ateo convicto y confeso, llegué a mi casa y con llanto convulso le conté lo sucedido a mamá. Ella, tomado las cosas con resignación, me dijo:
-¡Qué mala suerte, hijito! Toma- en su mano apareció una moneda de diez centavos- anda al zarco Dolores y que te de una copita de jarabe de piña. No hay nada mejor para la mala suerte.

martes, 3 de abril de 2007

CANTACLARO: El río, los hombres y la energía.

Por Constante Vigil
Celendín
Un reciente estudio realizado por expertos ha determinado que el río Marañón, en el tramo que corresponde a las provincias de Celendín y Chachapoyas, es el más adecuado para la construcción de una gran hidroeléctrica que no tendría precedentes en el territorio peruano.
En esa zona el Marañón ofrece extraordinarias condiciones para generar cantidades de energía que pueden oscilar entre los 500 y 3000 megawats (MW); el triple de lo que actualmente produce la Hidroeléctrica Santiago Antúnez de Mayolo del río Mantaro, cuyo promedio es de 613,8 MW. Esto solucionaría el problema de energía de todo el cono norte de nuestro país y brindaría la posibilidad de exportarla a países limítrofes como Ecuador, Colombia y Brasil.

El río Marañón, abajo, al fondo, visto desde Jelig. La bajada de Limón para los celendinos, el Marañón Canyon para estudiosos extranjeros. Pulse la imágen para verla más grande. (Foto © Jorge A. Chávez Silva, Charro)

El río Marañón tiene en la zona una altitud promedio de 850 msnm y discurre por un cañón estrecho de montañas pétreas de 2000 msnm., lo que lo hace ideal para establecer una presa cuyo salto produciría los montos que los expertos han calculado. Además de ello, no causaría problemas de orden ecológico y significaría más bien una enorme fuente de puestos de trabajo no sólo para los habitantes de la zona.
Un proyecto de este orden tiene las ventajas de tener infraestructura vial -que tendría que mejorarse, por supuesto-, un sólido puente colgante en la zona de Chacanto en Balzas, y la existencia in situ de los materiales necesarios para la construcción como rocas, grava, arena, maderas, etc.
De este modo, Celendín ingresaría en la era del progreso porque el lago que se forme, además de sus posibilidades piscícolas, completaría el circuito turístico hacia las ruinas de Kuélap y Chachapoyas y hacia muchos otros lugares atractivos que abundan en la zona.
Los interesados en construirla serían los organismos, peruanos e internacionales, que buscan sustituir la dependencia de los hidrocarburos -que está produciendo el calentamiento global del planeta, como ha sido planteado en el Protocolo de Kyoto a través de la Convención Marco de la ONU sobre cambios Climáticos (UNFCC)-, quienes podrían recomendar al Banco Mundial que financie esta obra de gran envergadura.
En este empeño tienen que entrar a bregar también el gobierno central de la lejana Lima, los gobiernos regionales de Amazonas y Cajamarca, los gobiernos municipales de la zona (AMM).
Esta es una demostración de que nuestras posibilidades de crecimiento no están precisamente condenadas a sufrir la corrupción o desaparición de aguas por efectos de la lixiviación de las mineras, sino en el trato coherente de las aguas de un río que siempre fue una bendición para todos los pueblos de sus riberas y que solucionaría más bien los problemas que estas empresas han causado en los acuíferos de la zona.
Ya lo dijo un escritor ribereño como Ciro Alegría en su cautivante párrafo inicial de “La Serpiente de Oro”: “Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra tiene una bravura de puma acosado. Con ella en torno, no es cosa de andar al descuido”. El río es nuestro y el puma somos nosotros.
En la foto se puede observar, desde Jelig, el ubérrimo valle de Limón y al fondo, emergiendo del cañón pétreo que divide las cordilleras occidental y central, el Río Marañón.

lunes, 2 de abril de 2007

ESTAMPA: Chitóbal llega a la fiesta

Por Jorge A. Chávez Silva, Charro
Entre los deportes que se practican en Celendín hay uno que tiene perfiles propios y muchos cultores. Este deporte es el paracaidismo. No aquél en que uno se tira desde un avión en vuelo, sino el otro, ése que sabemos.

El estilo es el hombre...
En la práctica de este deporte uno se juega la honra y a veces la cabeza. Hace falta una gran dosis de ingenio y desparpajo para no caer en lo vulgar. El que carezca de estos ingredientes, sea hidalgo y espere tranquilo en casa a que la buenaventura o el buen humor de la gente lo invite a una fiesta.
-¿Fiesta? ¿qué fiesta?
Si, amigos. El paracaidismo en Celendín, en la China y en la Cochinchina es el arte de caer en una fiesta a la cual uno, por olvido involuntario del dueño de casa, no ha sido invitado.
La realización de una fiesta, cualquiera sea el motivo: boda, cumpleaños, botaluto, bautizo, landaruto, etc., atrae a una plaga de paracaidistas, que usando diversos métodos y estilos, tratan de participar en la alegría como dé lugar. Para colmo, un paracaidista nunca va solo. Pese a no ser invitado, se da el lujo de ser dispendioso llevando a uno o más amigos.
De este modo la fiesta se ve atiborrada de gente, que se divierte a costa del dueño de casa. Como para toda plaga existe un remedio, también los paracaidistas tienen un antídoto, generalmente un señor maduro, con fama de tener malas pulgas, quien, oficiosamente, se ofrece echar de patitas a la calle a todos los zampones.
-No se preocupe, comadrita, de los paracaidistas me encargo yo- decía don Carlitos Cúneo, golpeándose ufano el pecho.
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Existen diversas maneras de aterrizar en una fiesta:
Hay algunos vergonzantes que, como gallinazos, llegan a las inmediaciones y husmean el ambiente. Asomando la cabeza por sobre los demás tratan de captar la atención de algún conocido para que lo haga entrar, para mala suerte, éste, que baila con una bella señorita, se hace el inglés.
Fracasada esta estrategia, va directo al abordaje introduciéndose poco a poco, a empujones, hasta que ya está con un pie en el salón y acompaña a la música con sonoras palmadas y hasta entona un –“¡Voy a ella ¡”- ruidoso y así continua hasta que algún compadecido le pasa la botella. Bebe con avidez, luego se aventura a bailar y…¡Ya se coló en la fiesta!
Algunos afortunados tienen lindas primas o hermanas, que de cajón están invitadas y por condición de la celosa madre llegan como chaperones. Otros llegan con los instrumentos de la orquesta, acomodan los atriles de los maestros para después confundirse entre los invitados y aún hay otros, más campechanos, llegan con su botella de licor y asumen que no han sido invitados porque:
-“Al cumpleaños y al velorio no se invita, se llega nomás”
Toda esta ralea de paracaidistas, carecen de estilo y, tarde o temprano, caen bajo el ojo avizor del don Carlitos de turno, quien, palmeándolos el hombro, los interpela:
-¿Su tarjeta de invitación, jovencito?
El interpelado, rojo de humillación, tiene que hacer sentido abandono, mascullando maldiciones contra la tacañez del dueño de casa y la impertinencia de don Carlitos que siempre se metía donde no lo llamaban.
Entre todos, en honor a la verdad, el que se lleva la palma por su estilo pleno de ingenio es nuestro amigo Juan Cristóbal, más conocido como “Chito”, dueño de una clase verdaderamente excepcional.
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La gran fiesta celebrada por los setenta abriles de doña Eduviges en que pagaron tributo en masa todos los plumíferos del corral y los roedores del cuyero, estaba en su apogeo. Lindas damas y elegantes caballeros evolucionaban rítmicamente a los sones de la orquesta del maestro César Cruz.
Los paracaidistas que casi llevan a la debacle al baile, fueron literalmente barridos del mapa por la eficacia de Don Carlitos. Los familiares y amigos departían alegremente, los brindis menudeaban y se danzaba al compás de los ritmos de moda: desde el anglosajón rock, hasta las tropicales cumbias, pasando por uno que otro chichazo.
De pronto, abriéndose paso entre los circundantes, aparece en la puerta, algo picado y sonriente, el gran Cristóbal, quién con el aplomo de un tenor, inquiere a voz en cuello:
-¿DONDE ESTÁ MI VIEJA…QUÉ ES DE ESA MI VIEJA?
La tal vieja, la dueña del santo, el pretexto de la farra, extrañamente, estaba arrumada en la cocina como un trasto inservible. Al oírse llamar, se apersona en la sala, llena de sonrojo se adelanta a recibir el cálido y efusivo abrazo de nuestro amigo “Chito”.
-¡AQUÍ ESTA MI VIEJA!- retumba, triunfante, la poderosa voz, y mirando indistintamente a ambos lados, pide:
-¿QUIÉN ME ALCANZA UN VASO PARA BRINDAR CON MI VIEJA?
De inmediato aparecen, como por arte de magia, varias botellas y vasos en sus manos.
-¡A VER, VIEJITA, DIME SALUD! ¡QUE VIVA EL CUMPLEAÑOS, IMBECHILONES!
-¡Qué vivaaaaa!- corean todos con entusiasmo (grandes aplausos)
Llevando del brazo a la anciana, Juan Cristóbal se dirige al maestro de la orquesta, a quien conmina, arrogante:
-¡CRUZ, TÓCAME UNA MARINERA PARA BAILAR CON ESTA MI VIEJA!
El maestro, que había estado afinando sus instrumentos para atacar un ritmo tropical, replicó:
-Un momentito, mi querido Chito… la señorita me ha pedido una cumbia…
Como una tormenta estalla la estentórea voz de Cristóbal:
-¡NADA SEÑOR… NO INTERESA… TÚ ME TOCAS UNA MARINERA Y… P U N T O!
Sin alternativa, el maestro atacó los sones de la “Conch’ e perla” y, en medio de los aplausos del respetable, se ve a nuestro Chito rasqueteando el suelo y blandiendo el pañuelo por arriba y por abajo y …¡dale!...¡echa!... ¡voy a ella, que todavía lo hace!
A continuación vino el huayno y por último el silulo, hasta que por fin, sudoroso y cansado, pero triunfante, nuestro Cristóbal recibe el cariño de los presentes expresado en muchas botellas de cerveza y -¡salú! ¡salú!-, todos brindan con él.
Los dueños de casa lo llaman aparte, lo conducen a la cocina, y le sirven pulido plato de arroz con papa picante y un cuy entero, frito y sonriente encima. ¡Dignísimo homenaje que no ha recibido nadie en la fiesta!
-¡QUE BESTIA, COMIDAZA! ¡REGALAME TU AJI, VIEJITA!- pide con toda confianza, mientras mastica.
Cuando termina con la montaña que le sirvieron, pide un jarro de chicha para matar al ají y luego vuelve a la sala, en donde baila, enamora y se divierte hasta el amanecer. Al despuntar el alba, se reconstruye con un poderoso caldo de cabeza y luego, dos familiares de la santa lo llevan en “guandush” hasta la puerta de su casa.
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El verdadero termómetro del éxito de un paracaidista se mide en los comentarios del día siguiente en que todos los familiares, durante el desayuno-almuerzo, comentan:
-¿Vieron al sinvergüenza del hijo de don Termópilo?, por más que lo botaban, no quería salir el muy conchudo.
En cambio para el estilista Cristóbal:
-¡Qué simpático el joven Cristóbal, hasta lo hizo bailar a la vieja, lo que ni sus hijos se acordaron, carajo! ¿QUIEN SE OLVIDO DE INVITARLO A LA FIESTA?
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domingo, 1 de abril de 2007

DOCUMENTO: El drama celendino

Por considerarlo de actualidad, pese a haberse escrito en 1962, publicamos este desgarrador artículo del gran artista celendino Alfredo Rocha Zegarra en el que da cuenta de la formación del la COOPERATIVA DE PRODUCCION CELENDIN, destinada a solucionar las desventuras de la mujer celendina.
Nosotros, particularmente, creemos en la impronta que nos dejó nuestro “Loco” Alfredo y continuaremos publicando algunos artículos que hemos rescatado, porque sus verdades, por tremendas, nos deben llevar a la acción y al cuidado indesmayable de nuestro pueblo y de su gente. LA REDACCION.

El drama celendino

Por Alfredo Rocha Zegarra
Esta es una tejedora celendina, doblada en incómoda posición al manufacturar diariamente el sombrero de paja toquilla. Este es el drama que el Perú entero desconoce y que tú, celendino alimeñado, olvidas con mucha frecuencia.

Tejedora celendina, de Alfredo Rocha Zegarra (óleo sobre cartón)

Esta humilde obrera tiene que trabajar día y noche un promedio de CIEN HORAS, para ganar al fin de semana treinta soles. Dividiendo esta suma entre el número de horas de trabajo de la obrera celendina sale un promedio de treinta centavos de ganancia por hora de trabajo.
El negociante celendino de sombreros, sórdido como todo comerciante, gana hasta trescientos por ciento al vender el sombrero en sus viajes a otras regiones del Perú. Hay, pues, una infame explotación que debería avergonzarnos a todos los celendinos de la inconciencia de los traficantes del sudor y lágrimas del pobre.
Por tal razón, el 9 de agosto, las tejedoras se reunieron en la casa del jirón Unión 105, con el fin de defenderse organizando un sindicato que ahora tendrá que convertirse en la COOPERATIVA DE PRODUCTOS “CELENDIN”, la misma que tratará de establecer un local en la ciudad de Lima y posteriormente en el Cuzco a fin de vender en forma directa el producto del sombrero celendino del Perú. Mira el cuadro y mueve a tu conciencia y apresúrate a conseguir tal local y ayuda a esta pobre víctima Tú, en Lima, seguramente ganas cien veces más que esta humilde mujer de tu pueblo. El local de Lima venderá tanto en Lima como buscará el argumento de vender al turista que en gran número pasea por la ciudad de Lima.
Se realizarán cursillos de capacitación artística sobre diseño y nueva formas, para mejorar el sombrero, los pintados y menesteres decorativos. No olvides lo que decía Honorato de Balzac: “Donde está una miseria están todas las demás”. Es así que en la pobreza prosperan las enfermedades, porque se come mal y prolifera la corrupción y las malas costumbres. Defendamos nuestro pueblo abandonado por tu limeño centralismo. ¿Qué puede hacer una mujer contra la explotación, cuando esta explotación la organiza su mismo paisano?
Esperamos de tu cultura y buen corazón que al conmoverte, mires la urgencia de socorrer a nuestra gente. Hasta el momento sólo te has preocupado de adornar iglesias, de hacer el ornato de la ciudad, pero no has querido hacer nada por aliviar tanta cuajada miseria de tu pueblo luminoso y bello. No olvides que las iglesias y el ornato pueden esperar, pero el real y crepitante problema de la miseria de nuestro pueblo no puede esperar. Superemos nuestros distanciamientos políticos, reunámonos siempre a planear la forma efectiva de superar tanta angustia y dolor.

CANTACLARO: "Ladran Sancho..."

Por Constante Vigil
Celendín
Gracias al convenio celebrado entre el alcalde Juan de Dios Tello y el presidente de “Sierra Exportadora” ingeniero Gastón Benza Pflucker, el producto de mil tragedias, el sombrero de paja toquilla, por fin tendrá un mercado establecido en Europa y Estados Unidos. Lo bueno del asunto es que los productores tendrán ocasión de tratar directamente con los empresarios, eliminando a los intermediarios que, con más sentido de grupo, siempre impusieron precios y establecieron los altibajos de la oferta y la demanda en desmedro de las tejedoras que fueron explotadas durante toda una vida.
Ha llegado la hora de unirse, de organizarse, de empadronar a las artesanas para unificar criterios de producción y hacer del sombrero un producto de óptima calidad, de personalizar las diversas tareas que deben hacerse para lograr un excelente producto terminado. Sabemos que no sólo es el hecho de tejerlo, hay que rematarlo, enfrenarlo, blanquearlo, engomarlo, etc.
Es importante también conseguir diseñadores que mejoren la apariencia del sombrero. Para el que esto escribe ha sido grato estar en el carnaval de la Asociación Celendina de Lima y en medio de la alegría de la fiesta, ver a muchos paisanos luciendo con orgullo hermosos sombreros de última moda. Debemos tender a eso, a mantenernos en la vanguardia de la moda.
De actuar todos como un solo ente productor y administrador, el costo de los insumos va a disminuir sensiblemente en beneficio de nuestras tejedoras y lógicamente, las ganancias deben redundar en beneficio de todas. Por fin los anhelos de nuestro gran artista Alfredo Rocha se vislumbran como una hermosa realidad que rescate a las eternas víctimas de la postración que sufrieron a lo largo de casi toda la historia de nuestro pueblo.
Otro tanto sucederá con nuestro socorrido chocolate, aquel que en su espuma dibujaba mil arco iris con los declinantes rayos del sol que moría en la colina de San Isidro, aquel bálsamo de las cinco de la tarde, acompañado de su queso y los increíbles bizcochos en una trilogía que fue característica plena de los celendinos.
Los productores y artesanos del chocolate organizados e incentivados por PRODELICA (Proyecto de Desarrollo de La Libertad y Cajamarca) y por la AMM (Asociación de Municipalidades del Marañón) y la Unión Europea, tendrían que explotar las innumeras posibilidades que ofrece el chocolate y configurar un producto de bandera que signifique oportunidades de trabajo para muchos sin contaminar el medio ambiente.
“No sólo de pan vive el hombre” aleccionó Jesús y aplicándolo a nuestro pueblo parafrasearemos que no sólo el oro reluce en Celendín, ni son las mineras las que nos van a sacar del atraso. Existen otros medios más confiables.

HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...