sábado, 15 de marzo de 2008

NASHERIAS: ¡Qué tal… lisura!

Por Crispín Piritaño
Celendìn
El 13 de marzo se produjo el desafuero de la congresista aprista Tula Benites, un clamor que era apoyado por el 99,99 % de los peruanos (el 0,01 corresponde a ella misma y a su familia) por los delitos de peculado, colusión y falsedad genérica, al encontrarla responsable de contratar a un empleado fantasma en su despacho. La foto que adjuntamos nos produce un efecto contradictorio. Esa mujer que sonríe y que podría haber sido cualquier trabajadora peruana, cualquier oficinista honesta y laboriosa, resultó siendo una pájara de cuenta.
De esta manera el congreso, de por sí muy desprestigiado, rectificó la vergonzosa decisión de la víspera en que absolvían a Benites del mismo delito por el que condenaron a Elsa Canchaya. Pero no se crea que la bancada aprista hizo un mea culpa, no. Tuvo que mediar una reprimenda del presidente García, quien expreso ante la arremetida de la prensa y la opinión pública: “Es algo atroz, el Perú y la opinión pública ven con alarma que exista cualquier blindaje partidarista”. Nosotros anotamos que este blindaje en cristiano se denomina complicidad. Era increíble que se cumpla aquello de: “a los amigos todo, a los enemigos, la ley”
Lo insólito del caso es que la desaforada congresista, ante una pregunta de la prensa ha respondido que va a continuar metida en política, que lo ocurrido es el resultado de la arremetida mediática y que la verdad se abrirá paso.
Acá cae a pelo la expresión sui géneris del recordado Antonio Llerena Marotti, ex congresista y locutor radial:
-¡Qué tal… lisura!
A propósito del Sr. Llerena, a quien ya no escuchamos y nos preguntamos consternados si habrá hecho abandono físico de este mundo porque ya era de edad avanzada: en un momento tuvo un affaire con la congresista del número 13 en la adiposa nalga, Susy Díaz, quien lo acusaba de acoso sexual, lo que en el caso de don Antonio podría traducirse como ganas de “viejo verde”. La respuesta airada de Llerena Marotti a través de Radio “El Sol” era para la risa. Se refería a ella como “la congresista de las cuatro letras”. Nadie sabía si aludía a su nombre, a la parte donde se estampó el famoso número o al sustantivo que designa al oficiomás antiguo de la humanidad. Era incomparable don Antonio, con esa manera tan suya de decir las cosas. Dios lo tenga en sus manos, aquí, o allá.
Volviendo al asunto de los otorongos, perdón, congresistas, ¿se ha dado el caso de que otorongo coma otorongo? No, otorongo no come otorongo. Otorongo elimina otorongo, obedeciendo al rugido del león.
¿Qué dirán de todo esto los ingenuos trujillanos que votaron por la señora Benites? Indudablemente se sentirán defraudados por las expectativas que se formaron en torno a ella. Y digo ingenuos en tono autocrítico, porque el suscrito también creyó en las diatribas y mentadas de madre que hacía el Sr. Jorge Pollack a través de las ondas de Radio “Libertad” contra la corruptela mayor de la historia encarnada en el régimen del chino rata.
Pollack denostaba a los corruptos y se mostraba decididamente en contra de la triple re-re-elección de Fujimori y me convenció a votar por él. Creí cándidamente que haría oposición en un congreso cada vez más arrodillado. Incluso asistí, banderita en mano, a uno de los mítines que realizó en varios distritos para agradecer su elección y renovar su juramento de fidelidad a sus principios.
¡Vana ilusión! Una semana después de sentarse en su curul, Pollack recibió de parte de Montesinos una oferta que no podía rechazar, y ¡zas!, se pasó a la bancada del oficialismo. Cuando indignado llamé por teléfono a Radio Libertad para preguntar si el segundo apellido del señor Jorge Pollack era Iscariote, dado su origen judío y en vista de su traidora actitud. Ante mi sana curiosidad, insolentemente me colgaron.
Menos mal que poco después ocurrió el destape de Kouri recibiendo ladrillos de dólares en la salita del SIN, que dio al traste con los afanes vitalicios del ahora reo en proceso judicial. No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Aunque los peruanos parecemos tener una resistencia para el castigo pocas veces vista en la historia de la humanidad.

miércoles, 12 de marzo de 2008

ESTUDIANTINA: Escolta del C.N.”Javier Prado” en 1963

Desde que se inició la educación secundaria con la fundación del Colegio Particular “Celendín” hasta los años setenta en que se fundaron colegios en algunos distritos de la provincia, Celendín cumplió con su papel de metrópoli con respecto a su zona de influencia en varios aspectos, especialmente en el campo educativo.

(Foto cortesía del Profesor Wálter Francisco Mori Chávez)

Los alumnos que, en esos años de recesión, podían continuar sus estudios secundarios, lo hacían en los planteles de ese nivel que existían en la ciudad: C.N. “Javier Prado”, C.N. “Nuestra Sra. del Carmen” e I.N.A Nº 38. Confluían por entonces estudiantes de todos los distritos de la provincia y hasta de la zona del Marañón, correspondientes a los departamentos de Amazonas y de La Libertad.

En esta foto que exhibimos de la escolta del “Javier Prado” de 1963, figuran, curiosamente alumnos, de diversos ámbitos de la zona de influencia celendina, están de izquierda a Derecha: Wilder Zamora, Jorge Novoa Abanto, Wálter Mori Chávez, Alvaro Torres Lozano, Zenón Silva Vera y Félix Horna Díaz.

De ellos, Jorge Novoa Abanto y Wálter Mori Chávez son celendinos, Wilder Zamora de Sucre, Alvaro Torres Lozano es de la provincia de Bolívar en La Libertad, Zenón es de Utco y Felix Horna, el popular “Felico”, de José Gálvez.

Como se puede apreciar, Celendín acogía a todos sus hijos sin ninguna pretensión, ni diferencias, simplemente cumplía con su papel de metrópoli.

lunes, 10 de marzo de 2008

NASHERÍAS. ¡Monstruo...!

Por Crispín Piritaño
Celendin
Algunos de los amigos íntimos me conocen con el apelativo de “Monstruo”, los más me dicen “Muñeca de zanahoria” y otros creen que he nacido en Chacra Colorada por mi color, pero soy celendino, a mucha honra.
Eran los dorados días de nuestra adolescencia y debo declarar, en honor a la verdad, que fui uno de esos niños seráficos, nacido en cuna de oro, aunque de eso ahora sólo queden recuerdos nostálgicos.
Mi padre era uno de los pocos que tenían automóvil último modelo. En la lejana provincia no habían muchos que podían darse ese lujo. Y así, con el carro a disposición, aprendí a manejar mejor que él, que era medroso a la hora de tomar el volante, sobre todo cuando de cruzar un puente se trataba. ¡Cuántas veces se quedó atrapado, con las dos ruedas laterales caídas, girando al borde del puente!
Me convertí en un experto y circulaba por las calles como Fangio por las pistas.
Un viernes al mediodía, al salir del colegio, mi padre había viajado a la capital del departamento olvidando las llaves del coche, las cogí de inmediato, saqué el automóvil y enrumbé a la plaza de armas. En una esquina me topé con un amigo, que también salía del colegio con el clásico uniforme comando.
-¡Picho, sube, vamos a dar una vuelta por José Gálvez!
En la plaza de armas nos encontramos con el “Chisco”, otro amigo de nuestra edad.
-¡Vamos a José Gálvez!- lo invité.
Raudos, levantando polvo por la carretera, cruzamos Bellavista y ya casi para llegar al desvío, detuve un momento el vehículo y dije persuasivo:
-¡Mejor vamos a mirar hembritas a Cajamarca!
Nuestro afán de aventuras y el hecho que mis amigos jamás hubieran salido del pueblo nos facilitó las ansias de viajar. Cruzamos las cumbres de Cumullca, pasamos por la Encañada, la Pampa de la Culebra y ya bajando por Puylucana, divisamos la mítica Cajamarca.
Allí tuvimos que transitar por los extramuros de la ciudad por temor a que nos pillara mi padre si circulábamos por el centro.
-¿Qué les parece si de una vez vamos a Trujillo? Mañana estaremos de regreso. Mañana es sábado y no hay clases, van a ver la cara de envidia que ponen los patas cuando les contemos el lunes nuestras aventuras en Cajamarca y Trujillo.
Y allá fuimos, subiendo el Gavilán, bajamos luego rumbo a las tierras calientes de la costa. Mis amigos eran todo ojos devorándolo todo con la avidez del que baja de las alturas en busca del mar. Llegamos a Trujillo al amanecer, dormimos un rato en el carro. Con el poco dinero que pudimos reunir, fuimos al mercado en busca de un buen shámbar recuperador.
Decidí hacer taxi para conseguir algo de dinero para la gasolina y alimentos. Un pasajero nos animó a hacerle una carrera a Lima. Sin pensarlo dos veces cargamos sus bultos y allá fuimos rumbo a la capital.
Lo que nos pagó el tipo apenas alcanzó para llenar el tanque y comer un par de sánguches. En la capital, si pasaban dos mil transeúntes, ninguno era conocido, todos eran ajenos a nuestro drama. Permanecíamos dentro del vehículo, cansados y hambrientos. De pronto ¡Oh, maravilla! Por increíble que parezca, vimos pasar a un paisano, un muchacho que el año pasado todavía estudiaba en el pueblo. Lo silbamos con una clave conocida de Celendín. El amigo volteó extasiado de escuchar un trino nativo en esa selva de cemento. Nos abrazamos efusivamente. El amigo trabajaba en una fábrica, era sábado y para felicidad nuestra, había cobrado su salario semanal. Amenizamos el almuerzo con la narración de nuestras aventuras.
Así estuvimos durante una semana, visitando a los paisanos que salieron de la tierra para no volver. Nos invitaban de buen grado, maravillados de nuestras diabluras.
Mientras tanto mi padre que, estoy seguro echaba más de menos a su automóvil que a mí, andaba desesperado buscándonos, lo mismo que los padres de mis amigos, habían telegrafiado a Cajamarca, Trujillo y Lima. Por un paisano se enteraron que estábamos en la capital.
Nuestra vida aventurera se enriquecía de anécdotas y parecía no tener fin, cuando he aquí que nos distrajimos en el cruce de dos avenidas. No nos dimos cuenta que el semáforo marcaba rojo y ¡Crash! Nos estrellamos con otro automóvil, que para mala suerte mía, resultó ser de un alto jefe de la policía. Mis compañeros de viaje desaparecieron. Uno de ellos jamás regresó al terruño.
Me detuvieron de inmediato junto con el vehículo. Las autoridades se preguntaban extrañados cómo pudimos haber viajado tanto en condición de menores de edad, sin brevete, ni documentos. Llamaron a nuestros padres por teléfono. Al día siguiente, muy temprano, llegó mi padre. Casi le da el patatús al ver su amado automóvil con la máscara destrozada y peor cuando el propietario del otro automóvil le presentó la factura por las reparaciones que había hecho en su vehículo.
Finalmente ingresó a verme, encerrado como estaba en una pequeña celda. Me miró como se mira a un alienígena de piel viscosa, ojos por toda la cabeza y brazos de pulpo. Allí, en el colmo de su furia, me escupió ese calificativo que resumía toda la dimensión de mi actitud:
-¡MONSTRUO!


viernes, 7 de marzo de 2008

ACTUALIDAD: Piden cambio de jefe policial

Fuente: Cajamarcaopina

PARA EVITAR MAS VIOLENCIA EN CELENDIN

Por Carlos Alayza Ch.

Migdonio Torres es cuestionado por su deficiente labor

Al mismo tiempo de rechazar todo acto de violencia, en donde no sólo se atenta contra la vida de las personas sino también se destruye la propiedad privada, la congresista cajamarquina de las filas de Unidad Nacional, Rosa Florián Cedrón, llamó a la calma a los pobladores de la ciudad de Celendín, en donde el pasado martes una enardecida multitud quemó dos vehículos policiales, una motocicleta y pretendió quemar el local policial en protesta por la muerte misteriosa de Luis Enrique Ortiz, un joven que fue detenido por violencia familiar y amaneció muerto en uno de los calabozos de esta dependencia.

Plaza de la Feliciana, horas después de la asonada.

La mencionada parlamentaria dijo a Panorama que esta movilización y protesta ciudadana tiene dos componentes. Por un lado, refirió, está el descontento que existe en la población por la presencia del Mayor PNP Migdonio Torres, de quien se ha solicitado su cambio inmediato por la incapacidad que ha demostrado en la lucha contra la delincuencia, además de haber sido denunciado en el Ministerio del Interior por el alcalde del distrito de Utco por abuso de autoridad.
Pese a ello y después de haber dejado de prestar sus servicios en esa zona nuevamente el comando mayor de la Policía dispuso su retorno lo que generó diversas reacciones “que estoy segura se han hecho más latentes luego de la muerte de un ciudadano, sospechándose que a existido excesos durante su detención, por lo que solicito al General Meza, jefe de la DITERPOL que en forma inmediata se realice una investigación sobre este asunto para deslindar responsabilidades y se haga de manera urgente la rotación del personal policial para evitar que se sigan presentados actos de violencia”, sostuvo Rosa Florián.
De otro lado, en lo que respecta al segundo componente de esta protesta aseveró que existe una desilusión en la población al no sentir la presencia del Estado para atender sus legítimas demandas, como es el caso de la carretera La Encañada- Celendín que hasta el momento viene sufriendo retrasos en su construcción por parte de la UNI y la decisión que se tiene que establecer para que se destine un presupuesto adecuado para la tercera etapa. “Estas razones han motivado un desfogue de la ira de los celendinos, pueblo tranquilo por naturaleza pero viene siendo burlado”; sentenció la congresista cajamarquina. (Tomado de Cajamarcaopina)

miércoles, 5 de marzo de 2008

CANTACLARO: El ataque a la Comisaría...

Por Constante Vigil
Celendín

La tranquilidad de la ciudad de Celendín se vio súbitamente alterada el día 3 de marzo cuando unas dos mil personas, armadas de piedras y palos, atacaron el puesto policial ubicado en el sector de La Feliciana, causando destrozos de consideración en el local, quemando algunos vehículos e incendiando parte del local, así como enseres, archivos y mobiliario de la institución.
La incursión de los pobladores fue tan sorpresiva que los efectivos policiales que se encontraban en ese momento, hombres y mujeres, tuvieron que escapar por los techos y algunos refugiarse en el interior del local para evitar ser linchados por la multitud. El Comisario, mayor Migdonio Torres Aliaga, al parecer no se encontraba en el puesto pues nadie ha dado con su paradero.
Todo empezó la noche del 29 de febrero cuando fue detenido Luis Enrique Ortiz Gonzáles, acusado de haber agredido a su conviviente Carolina Bautista Marín. El sujeto se encontraba en completo estado etílico. Al promediar la media noche el detenido fue encontrado ahorcado en los barrotes de la sala de meditación del referido puesto.
Al parecer se habría auto eliminado utilizando su polo, al que habría convertido en tiras, pues al momento de su captura fue despojado de todo aquello que pudiera causarle lesiones. El médico legista determinó que su muerte se produjo por ese motivo. Sin embargo el resultado de la necropsia arrojó que su muerte se debía a maltratos por parte de los efectivos policiales, hecho que se habría repetido unos tres meses atrás con el saldo de muerte de otro detenido.
La multitud que protesta por los continuos excesos policiales reclama sanción ejemplar para los responsables de estos actos que, en la mayoría de casos, quedan impunes. Al cabo de unas cuatro horas de fuerte presión por parte de los pobladores, el Gobernador de la población, José Eloy Rodríguez, logró persuadir a parte de los manifestantes que se retiraran a sus hogares y esperar el resultado de las investigaciones, dando garantías que se sancionará a los responsables.
Mientras tanto se ha solicitado apoyo de la policía de Cajamarca para pacificar a la población, pues unas mil quinientas personas permanecen en las inmediaciones del lugar, dispuestas en no ceder en sus reclamos.
Este hecho nos trae a la memoria otros sucesos similares ocurridos por abusos de las autoridades que motivaron airadas respuestas por parte de la población. Una situación que contribuye a estos lamentables sucesos es la indiscriminada y excesiva venta de licores adulterados por parte de malos comerciantes que contribuyen de este modo a la degradación de los jóvenes de la provincia y en ello, mucho tiene que ver la dotación policial de Celendín.
¿Hasta cuando nuestras autoridades se comportarán como tales, impidiendo la venta de estos venenos que muestran lamentables situaciones de violencia y degradación en las inmediaciones de estas cantinas y hasta han causado muchas víctimas mortales entre la juventud de nuestra población?
Es claro que el abuso de estos venenos generan situaciones de violencia familiar como en el presente caso, cuyas consecuencias han sido el detonante de todos los lamentables sucesos que no deben volver a repetirse.

martes, 4 de marzo de 2008

AUTOCRITICA Y DEBATE: En pos de la dialéctica

Por Mario Peláez Pérez
Nuevamente abordamos el tema de nuestra (enajenada) conciencia social, y, como hace dos años, lo hacemos en vísperas de la batahola de "Olés" y capotazos. (1)
Soy consciente de que la ocasión no es la mejor para exigir cuentas al espíritu o para confrontar con la historia. En esta fiesta religiosa el protagonismo la tiene una efusiva liturgia, que - pese a todo - No logra empinarse más allá de la medianía.
De ahí que las celebraciones tengan la impronta de más "pagana que cristiana". (2)
Bajo estas condiciones ¿Habrá alguien que sacrifique los molinetes del torero y se disponga a reflexionar el contenido de estas líneas? No suelo fácilmente evidenciar optimismo, pero estoy seguro que habrá jóvenes de espíritu que lo hagan. En cuyo caso ya estaría en marcha el imprescindible debate y una severa autocrítica.
Y como hace dos años escribo estas líneas con el mismo cariño y la misma ironía de tono elegiaco. Y es que nada hay más cabal y transparente en el hermoso infinito que es el ser que la ironía. Ella suele dar la palabra a todos los "habitantes del pensamiento". Definitivamente potencia el dialogo. Cuidado, entonces, con levar y hermanar a la ironía con la soberbia y el sarcasmo, como tampoco con la sátira.
En aquella oportunidad de hace dos años- en carta dirigida a viejos amigos- exponía algunos argumentos sobre el tema. (3) Sostuve como parte del planteamiento (y que hoy ratificamos), que nosotros los celendinos solo degustamos de un sensualismo sin sensibilidad: Del marginar de la historia, de la creación artística y de las grandes pasiones. Quién sabe por eso nuestra euforia y activismo cívico (que no tiene parentesco o raíz común con la práctica social). Se rinden en el ruedo taurino rechoncho de significantes y polifónicos olés: Al principio-en el primer capotazo de la primera tarde-asoma un Ole tímido y nervioso expectante-luego -ya con tilde - se escuchan los olés corajudos y españolísimos, y después solamente olés convictos y confesos shilicos.Y es que para entonces el pundonor del torero y la agonía del toro. Capote y ruedo ya fertilizados con la sangre del "bicho" han erguido al tope nuestra conciencia cívica carmelina.
Así, los chaques, palcos y sobre palcos engolfados crujen; y es que somos ya cautivos de una excitación (elemental) en las ancas del toro ensangrentado. En la barrera (los "estancieros") algo serenos y diferenciados no enajenan en mucho su identidad. Felizmente.

¿Los celendinos tenemos los méritos y logros para tirar "la casa por la ventana"
como lo hacemos año tras año...?

Desde luego que los pueblos tienen todo el derecho a celebrar en grande sus efemérides. Nadie con sensatez seria capaz de apagar las luces del espíritu colectivo, le dice el Quijote a Sancho Panza. Sin embargo las fiestas de los pueblos tienen -NECESARIAMENTE- que estar en relación y proporción a sus logros históricos y creaciones culturales.
¿Nosotros los celendinos -como colectividad- tenemos los méritos y logros para tirar "la casa por la ventana" como lo hacemos año tras año?
No. Definitivamente no. (Obviamente otra consideración tiene Celendín como paisaje, y que sin duda toda sensibilidad exquisita apostaría por Celendín. Hasta se podría jurar que la ciudad de Celendín fue concebida al alba y de cara al primer sol...)
El caso de Celendín es singular. Casi único. Sus carencias espirituales son múltiples. Para empezar Celendín no cuenta con los ingredientes básicos que constituyen la "identidad o mestizaje cultural". No tenemos de "lo andino" prehispánico: el quechua, la tecnología agraria, cerámica, el curanderismo, etc. Tampoco tenemos lo "andino colonial" popular: La riquísima conciencia y experiencia social a propósito de las rebeliones indígenas y mestizas, y hasta del huayco carecemos; aunque generalmente plañidero, resulta contestatario. (4)
¿Entonces en dónde están nuestras raíces?
Hay que rastrearlas Marañón adentro. Desde Moyobanba, Chachapoyas y Rodríguez de Mendoza con quienes Celendín conforma, efectivamente, una inquebrantable unidad geográfica-social. (5). Es en aquellos lares donde se asentaron muchos de las huestes de Gonzalo Pizarro, después de las guerras civiles entre conquistadores; que no solo desconocieron la autoridad de la Corona sino éstos entendieron la "Conquista" en términos de la economía capitalista y del liberalismo, que ya evalúa al hombre no sólo como productor (y para el cielo...) sino también como consumidor (para el mercado)
Al influjo de aquellas presencias e influencias vamos siendo definidos y definiendo una peculiar idiosincrasia "liberal" que luego nos capacita como comerciantes y andariegos, en la talla de Candelario, personaje celendino de la novela "Siempre hay caminos", de Ciro Alegría. Como seguramente mucho antes influyera en la visión del niño Juan Basilio Cortesana.
De otro lado, tampoco pugnamos -y no hay síntomas de querer hacerlo- por desarrollar historia y cultura que llene aquel vacío. Sólo en dos oportunidades nosotros los celendinos (me refiero a los del cercado) acompañamos con dignidad y solidaridad a la historia. La primera en los años cincuenta, a consecuencia de la huelga estudiantil del Colegio "Javier Prado", y la otra por los años setenta cuando estudiantes y artesanos desfilaron conjuntamente con el puño en alto. ¡Con el inmortal puño en alto!
Claro está que el predominio de la pequeña propiedad también ayuda a entender nuestra posición de retaguardia en la historia: e xplica la ausencia de solidaridad frente a las luchas de otros sectores populares del país.
Pero más grave todavía: nosotros los celendinos mantenemos precarias relaciones con la cultura. Por eso no suman los dedos de las manos nuestros intelectuales, artistas, publicaciones y eventos culturales. En cambio si suman millones de soles para cubrir el consumo del "protocolo afectivo" que la ocasión obliga. Sobre todo de los celendinos radicados en otras regiones del país y que retornan llevando consigo los mejores atuendos del mercado costeño y novísimos automóviles como signos inequívocos de su promoción social y de afirmación "cosmopolita". (6)
A esta altura se hace imprescindible preguntarnos: ¿Hay distorsión en ese enfoque? Ó ¿Hay acaso maledicencia en quien tiene lozanamente v ivas sus más nobles raíces en Celendín (mis padres) y que imaginando vivió en Celendín una niñez emocionante y una adolescencia emocional envidiable?. No. Nada de esto. En todo caso limitaciones para profundizar el tema. No obstante, me permito -la distancia física no me avala para más- plantear algunas tareas de partida: bien haríamos en restarle a la corrida de toros algunas energías y soles a fin de comprar una imprenta que nos permita el desarrollo del diálogo, de la creación artística y de algún "Plan Regional", etc.
También hagamos que las fiestas patronales se nutran de buen espíritu. Para ello invirtamos a que viajen a Celendín conjuntos de teatro, de folclore, coros, conferencistas y otros. O sino concretemos conversatorios (¡antes o después de cada tarde de toros!) donde cada uno, celendino o no, cuente sus experiencias, formule sus críticas y reivindicaciones de la problemática nacional o local.
Estemos seguros que lidiar con tales propuesta s (habrá sin duda mejores) nos daría panorama y límites más allá del ruedo taurino. Nos llevaría a poner un pie en la historia y a darle la espalda a la prehistoria. A convertir nuestro tozudo YO celendino ( "Celendín sucursal del cielo", "las shilicas, las más bellas", "blancos de ojos azules", "judíos", "los más inteligentes", etc.), en solidaria conducta social. O lo que es lo mismo nos aparearíamos con la dialéctica. Entonces, nosotros los celendinos, habremos logrado sentar bases de la lealtad generosa con Celendín.
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(1) Este artículo -que me fuera solicitado- debió publicarse en la revista de la Asociación Celendina de Lima que para la ocasión edita. Sin embargo, por factores que no faltan no fue incluido.
(2) Efectivamente, nuestra religiosidad es más de amasijo litúrgico que el resultado de la expresión histórica de la fe teologal. Recordemos que el catolicismo en casi todo el Perú se asentó (violentamente) en la base de las creencias y en las espaldas de los dioses andinos "centrales" y "regionales", y que Celendín no los tuvo. A Celendín el catolicismo llegaría dentro del conjunto del mensaje educativo escolástico teologal-liberal que se impulsa luego de la Independencia. Además en Celendín tampoco funcionó el refuerzo
paternalista-religioso propio de la feudalidad. Por eso nuestra religiosidad se definirá más desde el evento social y festivo que desde los propios sacramentos. Así, el celendino llega a reverenciar y adorar a la Virgen del Carmen, no necesariamente desde el atrio o de las naves de la iglesia, sino desde la "espiritualizada" corrida de toros. No desde una fe teologal sino desde una fe festiva y liberal. Y esto sin duda constituye un punto a favor del potencial desarrollo de nuestra conciencia, independientemente de cuán confesional sea la creencia religiosa de cada celendino.
(3) La publicación "Reflexiones" comentó la carta. Lamentablemente a partir de argumentos que no son los míos. ¡Qué tal impostura! En cambio la revista "El labrador" la publicó tal como correspondía, con el título "Crónica feudal o conciencia para la historia".

(4) ¡Cuidado! No estamos exaltando o reclamando algún indigenismo orgánico, ya retrógrado para los tiempos actuales; tan sólo evidenciamos los hechos. Igual cuando sostenemos que lo "hispánico" (salvo el castellano y la corrida de toros, luego teñida con aires "liberales") tampoco tienen presencia sostenida en Celendín. Ni tapadas, ni balcones, ni feudalismo. Las haciendas, "El Limón", "Jerez" y el propio Llanguat no insuflaron "cultura" gamonal a Celendín.
(5) Sobre el particular recomendamos dos excelentes trabajos,
"Celendín clave del desarrollo regional..." de Tito Zegarra M. y el otro del exrector de la Universidad de Cajamarca, Pablo Sánchez.
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Tengo concluido un trabajo relacionado con la conciencia de la pequeña burguesía en el Perú. En un capítulo analizo precisamente la conciencia del celendino. Que en su mayoría pertenecen a la pequeña burguesía: funcionarios, maestros, comerciantes, estudiantes, artesanos y además pequeños propietarios. Una primera conclusión nos precisa lo singular de nuestra conciencia, aquí tiene que ver la ausencia del gamonalismo y aquella religiosidad especial. Pero también gravita la carencia de raíces andinas pre hispánicas y andina colonial.

sábado, 1 de marzo de 2008

PERSONAJES: EL “Patón” Merino

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Desde que los ingleses trajeron el fútbol a finales del siglo XIX, este deporte se convirtió en una pasión de multitudes, sobre todo en Sudamérica y se practica en donde exista un espacio suficiente en donde pueda rodar la pelota: en los potreros, en las pampas, en las calles, en las pistas… Allí se forjaron las grandes jornadas de triunfo y los sueños de los virtuosos convertidos en ídolos populares. Algunos por su técnica con el balón y otros por el pundonor que demostraron en la cancha.
En esos tiempos de romanticismo se jugaba por amor a la camiseta y no existían los profesionales, que no son otra cosa que mercenarios del fútbol, como vemos en la actualidad: un jugador alinea hoy por un equipo y al año siguiente lo hace por el archirival.

El "Patón" Merino, amo y señor de la “Breña”...

En Celendín, durante las décadas de los treinta y cuarenta, el máximo ídolo de la afición fue Antonio Merino Díaz, el popular “Patón”, capitán de las selecciones de fútbol, amo y señor de la “Breña”, del “Centenario” y de cuanta cancha en donde se tuviera que defender los colores celendinos. Aunaba a su despliegue físico esas ganas de no perder y un potente shot que lo convirtió en terror de los guardametas. No había partido en el que no anotara. Encarnaba el espíritu de su época y se batía como un león cuando se trataba de defender los colores celendinos contra equipos de otros distritos y de la capital del departamento.
En la foto se puede apreciarlo en una pose de desgaire, con ese desparpajo y aplomo con que se desenvolvía en la cancha y en la vida cotidiana. Junto a él, en un contraste que, sin embargo, no resta elegancia a ambos, está don Francisco de Sales Chávez. La foto corresponde al año de 1944 y al parecer la tomó don César Díaz, padre.
Manuel Antonio Merino Díaz perteneció a la Promoción 1941 del entonces Colegio Particular “Celendín” y trabajó como capataz de la carretera. En una aciaga ocasión no estalló la carga de dinamita que habían colocado para volar unos peñascos. Y el capataz fue a ver qué sucedía. Esa tarde trajeron su cuerpo destrozado para recibir cristiana sepultura en el nuevo cementerio inaugurado pocos años antes. La consternación popular fue muy sentida y la multitud que acudió a su sepelio simbolizó el dolor de un pueblo que despedía a uno de sus primeros y auténticos ídolos deportivos.
Del otro personaje que figura en la fotografía, que obtuvimos gracias a la generosidad del profesor Walter Francisco Mori Chávez, diremos que se desempeñó muchos años como Tesorero del Colegio “Javier Prado”. Hombre de empresa, incursionó en la ganadería en el fundo de su propiedad en la pampa grande y luego como industrial instalando en Celendín la fábrica de aguas gaseosas “La Andina” y tuvo la concesión, única en el Perú, de la famosa bebida “Sinalco”, de origen alemán, que fue una especie de símbolo del pueblo, a tal punto que fuera de la provincia se conocía a los celendinos como “sinalcos”.

HISTORIA: Juan Basilio Cortegana, semblanza y documentos

UN HIJO ILUSTRE DE CELENDÍN: JUAN BASILIO CORTEGANA Y VERGARA     Por Nazario Chávez Aliaga El día 12 de noviembre de 1877, en su domicilio ...