domingo, 22 de noviembre de 2009

ENTREVISTA: De haber ido Alfredo Pita a Cajamarca

Aprovechando la visita a Lima de nuestro amigo y paisano, el escritor Alfredo Pita, CPM II se ha acercado a él para saludarlo y hacerle unas cuantas preguntas sobre diversos temas que interesan a los celendinos en este periodo crucial para nuestra provincia. Sus respuestas, como siempre, muestran que nuestro paisano siempre está atento a nuestra problemática y comprometido con nuestra búsqueda de soluciones (NdlR).

UN ESTADO ENCLENQUE CAUSA LA DESGRACIA DE SU PUEBLO
Entrevista de Jorge A. Chávez Silva

Alfredo, ante todo nuestro saludo, y una inquietud de algunos de nuestros lectores: pese a que figurabas entre los invitados al Encuentro de Narradores que acaba de realizarse en Cajamarca, no asististe, ¿por qué?
La cosa es simple, el coordinador del Encuentro, Santiago Aguilar, me invitó gentilmente a participar. Mi respuesta, en principio, fue positiva y llena de gratitud, pero le pedí que me aclarase algunos aspectos de la invitación. Como estos nunca me llegaron, me consideré "desinvitado" y preferí cumplir con el propósito inicial de mi visita, que era familiar.

¿Sobre qué aspectos de la invitación pedías aclaración?
Ahora no tiene ninguna importancia evocarlos. Pasemos a otra cosa.

Alfredo Pita, entrevistado por nuestro pintor y cronista Jorge A. Chávez Silva, "Charro".

¿Sabias que Minera Yanacocha estaba entre los principales patrocinadores del evento? ¿Tuvo esto que ver con tu decisión de no ir?
No, no lo sabía. Me enteré luego. De haberlo sabido, de todos modos hubiera ido a Cajamarca, donde además de hablar del gran Ciro Alegría hubiera denunciado a la gran minería egoista e irresponsable que en países como el Perú se lleva ingentes riquezas y deja sólo mendrugos, además de fosas antiecológicas de imprevisible futuro.

¿Estás contra la minería en Cajamarca?
Por principio estoy contra la gran minería ultraextractiva y depredadora, un modelo que viene de un pasado histórico que sólo ha dejado sangre, sudor y lágrimas a los pueblos explotados, en tanto que los dueños y accionistas de las compañías explotadoras se bañaban en champagne. Mi memoria generacional me impide olvidarme de la Cerro de Pasco Corporation y de dramas como el de La Oroya. El problema es que el Perú, por una maldición más que por una bendición histórica, es un país lleno de minerales. El caso de Cajamarca es emblemático. Allí nació el Perú contemporáneo, en torno al oro y a su apropiación, con reglas y violencias que hasta ahora se siguen dando. El problema se agrava pues el oro, en Cajamarca, está por todas partes, pero no en vetas ni en el fondo de pozos, sino mezclado con el polvo y las piedras de las montañas. El precio del oro actualmente es tan alto que es barato para las grandes mineras demoler montañas, para luego relavar millones de toneladas de grava con baños quimicos altamente contaminantes (arsénico, mercurio, etc.), en pozas dizque "impermeables", que nadie sabe que males generarán de aquí a 50 años. Al respecto, yo digo: "remember La Oroya"...

El panorama es desolador...
Dicho esto, la actividad minera va a continuar. Lo que tienen que hacer los pueblos es negociar cuando se pueda negociar, y, si no, imponer condiciones justas y equitativas para la explotación de sus recursos. Esto de que las compañías foráneas o criollas, con la complicidad o la pasividad de los gobiernos, se llevan el 98 por ciento de los beneficios y dejan a los pueblos mendrugos, es un viejo modelo que ya no debe tener curso en el mundo de hoy. La época de las colonias y los imperios depredadores ha muerto. Las cosas son más sutiles y horizontales, y los pueblos tienen recursos políticos y legales para defenderse. Hoy por hoy, algunos países latinoamericanos ya imponen condiciones dignas e inéditas a la explotación de sus recursos. Esto es histórico. Es el camino que los otros pueblos seguirán, ineluctablemente. Espero que no seamos los últimos.

Entonces, si comprendo bien, en tu opinión, si no hay equidad y justicia no debe haber explotación...
Exactamente. La equidad y la justicia implican el respeto por los pueblos, algo que en el Perú nunca ha existido. Los mendrugos que son el canon minero y otras gabelas ligeras que la gran minería paga sin pestañear, porque son insignificantes, deben ser transformados en verdaderos acuerdos de asociación para la explotación de los recursos. Yo invito a cualquier defensor de la minería a pasearse una tarde por la calle 47 de Nueva York, la calle de los joyeros y diamanteros y a meditar, ante las rutilantes vitrinas, si es justo que el oro cueste tanto y sea tan suntuoso, allì en esa calle del primer mundo, en tanto que Cajamarca -diez años después del inicio inicuo de la explotación del recurso por la Newmont Mining Corporation y por Buenaventura, con la complicidad de Fujimori y de Montesinos- sigue figurando entre los cuatro departamentos más pobres del Perú. Esto de que el Estado es dueño del subsuelo y decide a quien se lo otorga es otra falacia que debe ser puesta en tela de juicio cuanto antes. Los pueblos deben decidir el futuro de sus recursos y punto. Y su derecho a disponer de un porcentaje consecuente de los beneficios que obtenga la empresa es algo que cae por su propio peso.

En la situación actual, hay una actitud doble por parte del Estado. Lima, el centro, recibe los impuestos y distribuye el canon, y luego se olvida, o se hace la de la vista gorda, con respecto a lo que ocurre en el terreno. En Cajamarca ha habido asesinatos... En otras ocasiones el Estado mata, como en Bagua.
En situaciones así todo puede ocurrir. El gran medida seguimos sufriendo las consecuencias del viejo modelo en el que Lima se gobernaba a sí misma y usufructuaba las riquezas que venían del resto del país, mientras que el interior era gobernado, o controlado, mejor, por señores feudales o por haciendas gigantescas. Ahora los grandes hacendados son las grandes corporaciones que extraen los recursos minerales o las que, desde hace poco, comienzan a concentrar de nuevo la tierra para dedicarla a la producción agroindustrial. En este marco, la compra de autoridades menores en el interior es cosa fácil, y la persecución, o eliminación, de opositores también. Me han llegado noticias de casos ocurridos en Piura, en Cajamarca...

En todos estos años ha habido víctimas
...
Si, hay nombres que pueden ser citados: las víctimas de Choropampa, los torturados de Majaz, la masacre de indígenas en Bagua, la muerte de comuneros como Edmundo Becerra Cotrina, en Cajamarca, el reglaje y hostigamiento al padre Marco Arana. La lista de abusos es larga. El Estado debería tener una actitud menos miope y más responsable y patriótica. Esto le permitiría ser más eficaz. Así, por ejemplo, y este es un aspecto del que se habla poco y que los sectores que se oponen a la minería depredadora ignoran o minimizan: está también el problema de la minería informal, que ocasiona terribles y cuantiosos daños a nuestra naturaleza. Sus actores no son sólo pobres campesinos como algunos los presentan, son a su manera empresas que aspiran a crecer, con vocación capitalista, que se benefician de una lógica globalmente complaciente con todo aquel que quiera invertir y arriesgar para obtener riquezas, aunque sea criminal e ilegalmente, como es el caso. Como no producen drogas, nadie los persigue de verdad. Producen oro y eso basta para enceguecer a algunos. De paso destruyen, ellos también, montañas, ríos y selvas. El problema es que un Estado que no sabe hacerse respetar por la gran minería extranjera y nacional, difícilmente podrá ser respetado por los mineros informales que también quieren su parte del pastel que se llevan las grandes corporaciones. Y llegado el caso, ellos también, como los grandes, saben manejar la coima, a su nivel y según sus conveniencias.

Estamos en las mismas. Como en el pasado, ¡el Estado sigue fallando!
Exactamente, nuestro Estado enclenque es la fuente de las desgracias del Perú. En la Colonia sólo eramos corte virreinal. En la República no pasamos de republiqueta minera, no bananera, y cuando Inglaterra lo consideró conveniente nos despojó de inmensos territorios tras lanzar a Chile a su guerra de rapiña. Ahora bendecimos y creemos en la inversión minera, y nos contentamos con "óbolos" cuando deberíamos haberle impuesto una fuerte tasa a sus beneficios, en esta época de bonanza para algunos minerales. En estas condiciones, cómo pedirles a las corporaciones que respeten a la naturaleza o que no maten campesinos. Nuestro Estado sigue desfasado, mirando a modelos que no debemos seguir, como el colombiano, descuidando dinámicas mucho más sugerentes e históricas, como la del Brasil de Lula, la del Mercosur, u otras. América Latina ya no es ni será el patio de la servidumbre de Estados Unidos, ¿por qué persistir en esa nostalgia de la sumisión? El Estado debería sumar recursos, para usarlos en Educación (la verdadera, no la que dan Alas Peruanas y otras universidades de la misma laya que estafan a la pobre clase media peruana), en salud y en ayuda para el desarrollo sostenible. En suma, para estar en donde debería estar, en el Perú. Lima no es el Perú, por más que ahora haya ido a hacinarse allí un tercio de nuestra población.

Esto no tiene visos de cambiar. La corrupción y las cortinas de humo son amargo pan cotidiano, como en los días de Fujimori. ¡Y hasta se habla de la hija del dictador japonés como futura presidente!
Si no hay un cambio de actitud, la degradación en todos los campos proseguirá. Volviendo a la minería, la extracción abusiva e irresposable por parte de las corporaciones continuará, comprometiendo el futuro de nuestros pueblos y sembrando la desesperanza y el rencor en la población. Pero no sólo eso, tengo entendido que el narcotráfico se extiende por los campos de Celendín, mi tierra, procedente de los territorios amazónicos allende el Marañón. Si en el Perú hubiera las políticas mineras, agropecuarias y turisticas adecuadas, esto no ocurriría. Como en el pasado, el egoismo de los privilegiados y los descuidos del Estado crean las condiciones para que prosperen el resentimiento, el odio y la violencia. Esto es una desgracia.

¿Que opinas de Yanacocha como patrocinadora de eventos culturales en Cajamarca?
Es un intento de dorar la píldora, como cuando regala polos o gorritas para lenificar su expansión hacia el territorio de Celendín. Con todo lo que han sacado en estos diez años, Yanacocha no sólo debería andar financiando encuentros de escritores sino debería haber construido ya toda la red vial que necesita el departamento, además de haber levantado el hospital y el gran colegio secundario que merece cada provincia. Todo esto no le hubiera significado ni un tercio de lo que ya le ha quitado a Cajamarca.

¿Te das un tiempo en tu recargada labora para ingresar a CPM II?
Por supuesto. Estoy orgulloso de que paisanos míos hayan contruido una página periodistica alternativa y crítica que por su calidad es, sin duda, lo mejor que hay en el interior del Perú. Es un sitio virtual y en línea, pero con vocación de hacerse también prensa escrita y multimedia.. Esfuerzos como los de ustedes hacen tambalear mi pesimismo. ¡Felicitaciones!

¿Cómo esta tu labor literaria?
El año que viene romperé mi silencio en cuando a la edición de mis escritos, ya que en estos años no he dejado de escribir. Publicaré un libro con cuentos inéditos y, sobre todo, una novela.

¿Cual es el tema que tratas en la novela?
La violencia. He decidido culminar una serie de capítulos y esbozos que hice a mediados de los años 90 y que se referían a lo que pude ver de la guerra interna. En 1983 estuve como enviado especial de mi periódico en Ayacucho, poco después de Uchuraccay, así que he sido testigo ocular de sucesos y de políticas que dieron el resultado que dieron: ¡70.000 muertos! Es una novela que no la he publicado antes por un prurito injustificable de recato. No te olvides que en la guerra perdí amigos cercanos. Ahora creo que es tiempo de decir algo sobre esos años dolorosos.

¿Para cuando tienes proyectado visitar nuestra tierra, Celendín?
El próximo año. Los judíos dicen, ritualmente: "el próximo año, en Jerusalén". Nosotros decimos: "el próximo año, en Celendín". Iré, y espero que los vándalos que actuan con el apoyo de las autoridades no hayan acabado de destruir la antigua belleza de nuestro pueblo.

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jueves, 19 de noviembre de 2009

URBANISMO: Contra la destrucción de Celendín

La asociación Celendín Pueblo Mágico brega desde hace tres años por detener la avanzada destrucción de nuestra hermosa ciudad, única en la serranía por su urbanistica impecable. Celebramos que una pluma elegante como la de Manuel J. Villanueva haya tomado nuestras banderas y adherido a nuestra lucha, ya desde el año pasado, según podemos ver en el artículo de opinión que podemos leer abajo y que publicó en la edición para La Libertad del diario Correo. Debemos confesar hidalgamente que su nota no la leímos a tiempo. La hemos conocido, como dejamos constancia en nuestra página en Facebook, gracias al empeño de nuestra paisana Heidy Márquez Machuca. Damos las gracias a Manuel J. Villanueva por hacerse cargo de este combate justo, y también a Heidy, quien subraya una gran verdad: La solución está en las manos y los corazones de los celendinos, es cuestión de querer un poquito a nuestro suelo, según dice. El problema, decimos nosotros, es que los que gobiernan hoy a nuestro pueblo no son celendinos de verdad...

Correo, edición de La Libertad, 10 de Junio del 2008

EN DEFENSA DE CELENDÍN
Por Manuel J. Villanueva
LA LIBERTAD | Tenemos noticias un poco negativas, sobre la falta de conservación del centro tradicional de la bella ciudad de Celendín, ubicada en una planicie, que hace de esta ciudad, una de las más planas de toda nuestra serranía. En el transcurso de los últimos 50 años, Celendín se ha visto agredida, en aras de una mal entendida modernidad, por el concreto, cemento y calaminas, que han desdibujado su belleza tradicional.
Además, el pequeño cerro tutelar de San Isidro ha experimentado una notoria degradación por la explotación de una cantera. Es decir, el facilismo, el conformismo y la falta de una visión de conservación, han permitido que esto suceda atentando contra la belleza del entorno celendino. Ahora, muchos nuevos propietarios de casonas tradicionales ubicadas en el mismo centro, están construyendo edificios de más de tres pisos, en un lugar donde debe imperar la tradicional arquitectura que consiste en casas de sólo dos pisos y con sus relucientes balcones. Creemos que estas nuevas construcciones no deben prosperar, en aras de la uniformidad y la belleza de esta ciudad cajamarquina. Por eso muchos celendinos, que viven en otras ciudades, pero añorando nuestra patria chica, exigimos a las autoridades edilicias y regionales de Celendín y Cajamarca para que tomen acciones inmediatas e impidan este tipo de construcciones. Toda ciudad que tiene algo que mostrar a sus visitantes y a sus hijos, tales como Cusco, Arequipa o Trujillo, tienen en su visión de desarrollo urbano, la conservación, de los llamados centros históricos.
Celendín tiene todas las características urbanas que además son peculiares, para desarrollar una política urbanística que conserve las líneas arquitectónicas de la ciudad y propicie además su desarrollo urbano en forma armónica y ordenada. Además, sería muy interesante, que nuevamente se retome el uso de las tejas, para todos los techos de las casas, tal como sucede en el Cusco. Sabemos que en la época de lluvias, las famosas "goteras" son un fastidio para los que habitan las casas celendinas, pero en estos tiempos, se puede perfeccionar la calidad de las tejas y también su colocación en los techos, para garantizar la impermeabilidad de las casas en épocas de lluvias. Ojalá, que también se usen las piedras tanto en las aceras como en las calles, pero en forma más elaborada, para garantizar las exigencias de tránsito humano y vehicular. Todas estas iniciativas tienen que estar acompañadas de un eficiente sistema de drenaje, para evitar aniegos y charcos provocados por la deficiente canalización.
En la actualidad, Celendín puede convertirse en un polo turístico de primer orden, pero para esto tiene que conservar su propia personalidad. También debemos romper el paradigma de la mala entendida modernidad, que tiende a copiar lo que hacen otras ciudades. Es decir, Celendín no debe adaptarse al cemento, fierro y ladrillos, sino más bien que estos materiales se deben adaptar a las exigencias propias de la arquitectura celendina. En este contexto, son las autoridades y la población celendina, tanto los que viven en nuestra patria chica, como todos los que vivimos fuera de ese ámbito, los que estamos llamados a defender nuestro legado tradicional representado por la belleza de las casas tradicionales de Celendín.
Estamos todavía a tiempo para conservar a nuestro pueblo, que es la herencia de nuestros mayores que tuvieron la sabiduría de asentarse en una hermosa planicie, cerca al río Marañón, llamado con mucha propiedad la serpiente de oro por el célebre escritor, Ciro Alegría, que volvió a nacer en Celendín, según el relato de otro gran intelectual celendino, Alfonso Peláez Bazán.
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miércoles, 18 de noviembre de 2009

CRONICA: Mis amigos sucreños

Por Jorge Horna Chávez
Siempre utilizábamos el sustantivo gentilicio sucreños para indicar el lugar de procedencia de quienes han nacido en Sucre (Huauco). Hoy ese vocablo es sustituido cada vez con más frecuencia por sucrenses; razones morfológicas seguramente así lo determinan.
También, “La sucreñita” fue el nombre de la refrescante y sabrosa agua gaseosa fabricada en Sucre. Sucreñita, hermosa eufonía que refleja la limpidez del agua de los manantiales del río La Quintilla, que eran la materia prima.
Los centro educativos (escuelas primaria y colegios secundarios) de Celendín ciudad eran los espacios naturales donde confluían algunos alumnos de los otros distritos de la provincia. Y en aquellos añorados tiempos se iban cultivando amistades.
En la década del 60 tuve la ocasión de conocer a algunos compañeros de Sucre que estudiaban en el colegio “Javier Prado”. Eleodoro Aliaga era un aplicado y destacado estudiante. Pero fue con Ramiro Rodríguez Rojas con quien entablamos una cercana amistad; con él conversábamos temas diversos, desde los científicos hasta los filosóficos que inquietaban nuestro anhelo de saber. Ramiro ocupó siempre los primeros puestos en su rendimiento escolar.
Gutemberg Aliaga también estudió algunos años en el colegio, vivía a 50 metros de mi domicilio, no tuve la oportunidad de cultivar sostenida amistad, siempre nos saludábamos pasajeramente.
En el Instituto Pedagógico de Celendín, donde cimenté mi instrucción superior, tuve como condiscípulos a Milton Odilón Sánchez; en el crepúsculo de las tardes, después de la jornada de estudios solíamos encontrarnos en el taller de zapatería de don Pablo Correa. Nuestra conversación era animada con anécdotas y ocurrencias populares. Nos habíamos enterado que Milton era músico, pero nunca aceptó demostrarnos su innata habilidad. Su padre, don “Pepe”, era un respetable y bonachón hombre de trabajo: fotógrafo, conocedor además de algunas técnicas médicas.
Con Uriel Aliaga Marín estudiamos los cuatro años en las aulas para conseguir nuestro título de profesores de educación primaria. El zarco Uriel, aunque un poco retraído, me brindó su amistad, pues qué le quedaba, hacíamos juntos el largo recorrido de ida y vuelta al Instituto ubicado en Chacapampa. Recuerdo que una noche sin luz eléctrica, en una de las esquinas de la calle Junín cantamos a dos voces “Rayito de luna”. Uriel era un gran silbador, ese arte rupestre que horada los resquicios del alma colmando las horas de dicha o de nostalgia.
Desde aquel tiempo han transcurrido 40 años. He tomado noticias de que Ramiro Rodríguez es ingeniero que se formó en la UNI; Milton Odilón llegó a jubilarse como profesor de Lengua y Literatura, al igual que Gutemberg. Uriel Aliaga trabaja aún en el colegio “San José” de su tierra, es experto intérprete de flauta.
En el año 2007 en Lima conocí por intermedio de Jorge Chávez, “El Charro”, a José Luis Aliaga Pereira, director fundador de Fuscán, cuyo primer número apareció en junio de 2007, y ya van 13. José Luis persiste en el cultivo de la palabra escrita y ha decidido estar siempre atento a los problemas sociales de la patria. Un buen amigo sucreño, huauqueño.

Lima, 17 de noviembre de 2009.

viernes, 13 de noviembre de 2009

LETRAS: Alfredo Pita no asistió a Encuentro de Narradores

Algunos lectores de nuestra edición impresa, Fuscán, se extrañan de la presencia del escritor celendino Alfredo Pita en el Encuentro de Narradores que acaba de realizarse en la ciudad de Cajamarca, en vista de que entre los promotores del evento estaba la controvertida empresa minera Yanacocha.
Al respecto debemos precisar que Alfredo Pita NO ASISTIÓ a dicho encuentro.
Una cosa es que haya sido invitado -y que los organizadores se hayan apresurado a ponerlo en el programa antes de que él tome la decisión final- y otra que realmente haya estado presente en el evento.
Por la razón aludida, y otras, el escritor no hizo el viaje a Cajamarca.
CPM ha entrevistado a Alfredo Pita y de la conversación se desprende que en un principio no sabía que la Minera Yanacocha estaba entre los patrocinadores del encuentro. Al enterarse de ello, se ratificó en su decisión de no asistir.
Nuestra página publicará próximamente una breve entrevista en la que Alfredo nos habla de este y otros temas (Jorge A. Chávez Silva).
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miércoles, 11 de noviembre de 2009

NUESTROS PUEBLOS: Sucre y Celendín

Con el propósito de contribuir al develamiento de nuestra historia local, publicamos un artículo que narra los apetitos personales y de grupo tras una falsa práctica política. Encontramos en él, talvez, el meollo de las discrepancias y rencores entre dos pueblos hermanos: Celendín y Sucre, que fueron originados y alimentados por el caudillismo de hombres que lo único que ostentaban era su poder económico. Nuestra crítica va a aquellos sucrenses y celendinos que desde antaño y aun en la actualidad, buscan el distanciamiento y rencillas en el conglomerado social.
Es hora de dilucidar nuestras diferencias, enjuiciar y cuestionar los apetitos mezquinos y las bajezas de algunos de nuestros antepasados y mirar el porvenir con alturada conciencia que nos conduzca a la unidad (Jorge Horna Chávez).

CRÓNICA HABLADA
Por Einar Pereira *

(Informativo Independiente Órbita No. 364. Lima enero de 2001)

Mediante artimañas vedadas, politiqueros de lengua puntillosa se habían adueñado de pomposos escaños en la casona ruidosa de aquel Parlamento Nacional; mamaron tetilla de lobezna más allá del hartazgo. Ocurrió en la década farragosa de los años treinta. En ese tiempo, las libertades democráticas fueron acribilladas cual mansas palomas y el destino de hombres y pueblos se acuñó a balazo limpio.
En noches despobladas, salteadores de caminos sometían a los postillones del correo a tiro de gatillo, y luego de acuchillar las valijas metían mano a las ánforas. Con desparpajo, reemplazaban las Cédulas válidas por otras de su conveniencia. El truculento oficio de matarifes, les permitió estropear el río de la opinión ciudadana y desviarlo a un molino donde los sueños eran triturados y sólo sabían ver con ojos ajenos.
Fue costumbre que el honorable membrete de Diputado Nacional se obtuviera teniendo veinte bandoleros a sueldo, media docena de mozas malas, barricadas de buen aguardiente, mucho dinerillo, y halagos para sobornar a funcionarios palaciegos.

Plaza del Huauco en 1937 (Foto Archivo Magda Aliaga Bardales)

Cuando los notables de Celendín se enteraron que Clodomiro Chávez –hijo dilecto de Huauco-, había resultado electo como diputado (pese a impugnaciones bien documentadas y remitidas a Lima) y, aquel muy suelto de huesos comunicó traer en portafolio la representación de la provincia, se armó grande escándalo. Los celendinos de cuño, sintiéronse tan mortificados que no sólo babearon de ira sino que además se les escaldaron los huevos.
Mucho peor aún, cuando aquel hombre iba a llegar al pueblo de un día para otro; en cabildo abierto que taimadamente había amañado el Alcalde, sería declarado “Huésped ilustre”. Compinche avezado y compadre contumaz, el burgomaestre había tramado fastuoso recibimiento al careado legislador: embanderamiento de la ciudad, banda de músicos, veintiún camaretazos, cuetería a cielo limpio, repique de campanas, desfile escolar, champañadas, bautizo de doce ahijados, pelea de gallos, y tijerazo final para inaugurar el pilón de la plaza Alameda, cuyo chorro gordo dizque traería agua limpiecita de Molinopampa.

Plaza de armas de Celendín en 1938 (Foto Archivo Javier Chávez Silva)

A las diez de la mañana del día domingo de un año impar, Clodomiro Chávez entró a Celendín lleno de júbilo. Había bajado la cuesta de San Cayetano montado sobre jamelgo jalqueño que llevaba pellón de carnero, cabestro repujado en plata fina, y crines trenzados con cintillos viruteros. Llegó custodiado por treinta hombres que como él, iban a caballo; dada su traza semejaban montoneros: poncho nogal, bufanda oscura, ojos cuervinos, fuetecillo de piel de venado, escarpines empolvados, estriberas de caja egipcia, revolver enfundado , guerrillera de noventa municiones, hedor a cañazo. Y se metieron ruidosos a la calle Comercio dando balazos al aire.
Los que iban a caballo pronto se dieron cuenta que la ciudad estaba desierta. Ni una sola alma ante sus ojos impávidos. Sólo la purísima luz chorreando desde los tejados ocres y las sombras de los hilos del telégrafo. Sombras inmóviles, calladas, muertas. Puertas azules de grandes aldabones, cerradas. Al comienzo, Clodomiro ni siquiera pestañeó; luego frunció el seño y pensó: “La multitud me aguarda en la plaza mayor, y allí me brindará honores y reconocimiento”.
Mas no fue así. Según iban avanzando por la calle ancha y los cascos de los caballos hacían castañuelear el empedrado, súbitamente se abrieron los balcones y asomaron matronas y damitas bellísimas que fingieron lanzar flores, volcaban sobre la cabalgata bacinicas llenas de fétida orina. Cuando Clodomiro llegó a la plaza daba pena, estaba ensopado y olía a zorrino. Ni acá ni allá había nadie. Salvo la “loca” Aurora que coja, tuerta y desarrapada, aplaudía porque si; y tres perros vagos que perseguían a la cachorrita del Alcalde, pues andaba en celo. Fue cuando apareció la turba enfurecida por las bocacalles que dan al río Chico y Chacapampa, armada de piedras y palos. El hombre agasajado, no tuvo tiempo de apearse del caballo, muy pendejo y a medio trote, volvió con los suyos por donde había venido. Él y sus montoneros se refugiaron en el Huauco; y bebieron toda la noche y todo el día con desenfrenada amargura.
Al poco tiempo, la férula “chavista” asestó duras reprimendas. El primero en sucumbir fue Humberto Pereira Pinedo, Director del Centro Escolar 81. El Comisionado del Ministerio de Educación lo trasladó a Sorochuco. El “Piño” no se sometió a la arbitrariedad, con otros hombres vejados emprendieron el camino a Lima. Y sólo volvieron después de muchos aguaceros, cuando Clodomiro Chávez era una oscura leyenda. Entonces la Virgen del Carmen volvió a sonreír, y hubo fuegos artificiales en la noche celendina.

(*) Einar Pereira Salas. Nació en la ciudad de Cajamarca; publicó la novela Celendín tablero de ajedrez el año 2004. Falleció el 2007 en Lima. Fue hijo del escritor y periodista celendino Manuel Pereira Chávez, "Perseo".

lunes, 9 de noviembre de 2009

DEPORTES: Campeonato de Voleibol ”Ligia Emperatriz Tavera Chávez”

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Creemos que nunca estuvieron más acertados los animadores del VII Campeonato de Voleibol Cajamarquino, que organiza la Asociación Celendina de Lima, que cuando decidieron bautizarlo con el nombre de "Ligia Emperatriz Tavera Chávez", pues la homenajeada fue una verdadera dama que dio mucho por Celendín en todo aspecto, inclusive en el deportivo. Nuestra querida "Perita", reina de nuestra juventud, estuvo activa en su apoyo al voleibol hasta su sensible deceso. En este homenaje emotivo y más que merecido estuvo su familia en pleno. Nosotros saludamos también su memoria.
Estuvimos ayer en la inauguración, que estuvo presidida por otra soberana, Su Majestad Silvia I, reina del deporte cajamarquino 2009, otra bella celendina con razones de peso para el título, pues es una descendiente de la familia Inga del Cuadro, que ha dodo mujeres de reconocida belleza a nuestro Celendín.
El campeonato, que cuenta con la participación entusiasta de siete provincias, se desarrolla paralelamente al XXXI Campeonato Cajamarquino de Fulbito, en el cual nuestra provincia está liderando en la categoría de mayores y mediando la tabla en la categoría de menores.
Es encomiable la organización de este campeonato, que revitaliza a este certamen que en años anteriores estaba decayendo peligrosamente, al punto que, según tenemos conocimiento, la provincia que lo organizó el año pasado tuvo una pérdida de S/. 8 000,00
Al respecto conversamos con el Ingeniero Julio Díaz Medina, presidente de la Comisión Organizadora del Campeonato, quien nos manifestó su satisfacción por el gran aforo de público que dominicalmente se da cita en el Centro Recreacional de la PNP de San Germán, a espectar los reñidos encuentros de un certamen que en el plano deportivo está en buen nivel.
La gente que asiste lo hace con su familia, ahora que se ha integrado el voleibol, se divierte y se deleita con los sabrosos potajes de la culinaria shilica, preparados especialmente por expertas que colaboran con mucho amor por Celendín. Aparte está la venta de cerveza, lo que significa un importante rubro de recaudación.
Esto significa, nos recalca Julio Díaz, que estamos en la perspectiva de reunir al menos la cantidad de 30 000,00 soles, libres de polvo y paja, cantidad significativa que permitirá hacer algunas obras en beneficio de la Asociación Celendina de Lima.
Atento a la crítica que hiciéramos en entradas anteriores sobre la presentación de la Señorial Danza de Diablos de Cajabamba en la inauguración, el ingeniero nos manifestó que para subsanar esta situación traerá a la original DANZA GUAYABINA de Celendín para el 6 de diciembre. Somos hinchas de esta danza, que tiene expresión musical y coreografía propias, y creemos que su llegada a Lima es realmente un acierto, pues esta danza celendina es la más representativa del departamento, como lo ha demostrado en muchas presentaciones a nivel nacional. Así que ya lo saben, celendinos y cajamarquinos, el 6 de diciembre todos a ver y a aplaudir a nuestra Guayabina.
Saludamos este éxito que demuestra, sin falsas modestias, la capacidad organizativa de los celendinos, que de esta manera le dan un nuevo impulso a este campeonato, importante por la intención integradora que siempre tuvo para los cajamarquinos en general. Los shilicos de paso demuestran cómo se debe hacer estas cosas.
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sábado, 7 de noviembre de 2009

PINTURA: Nuestro "Charro" en Facebook

La asociación CPM avisa a los aficionados a la buena pintura que nuestro paisano y gran artista Jorge Antonio Chávez Silva, "Charro", ha colocado en su página de Facebook tres álbumes con muestras de su obra. Una visita que a muchos emocionará además de que los llenará de nostalgia.
En el album Calles y Paisajes, la leyenda reza: Las calles y el entorno de Celendin han sido y son marco privilegiado de la vida, en general difìcil, de nuestros paisanos, lo que ha siempre ha inspirado a los artistas del pueblo.
Los inscritos en Facebook que quieran visitar esta exposición virtual deben buscar la página de Jorge Antonio Chávez Silva. Los no inscritos deberán hacerlo antes.
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viernes, 6 de noviembre de 2009

PEQUEÑA HISTORIA: El Barrio de San Cayetano

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
El barrio de San Cayetano, junto con El Cumbe y el Rosario son los barrios más tradicionales de Celendín. En estos barrios nacían las fiestas y el Carnaval y las jaranas que se armaban por esos lares quedaron para la historia.
San Cayetano era un barrio de sastres, carniceros, talabarteros, tejedores, músicos y coheteros, el barrió de los Silva, Gómez, Solís, Cachay y de los Vargas. Se dice que fue la familia Solís la que introdujo la manufactura de sombreros en Celendín a través de una sonada historia de amor que unió a una celendina con un joven ecuatoriano que finalmente se casó con ella. El ecuatoriano enseñó el arte de hacer el sombrero que tanta fama y desventuras trajo a Celendín.

Los hijos del doctor Horacio Cachay Díaz, primer director deñ Hospital del Niño, en Lima, ante la antigua y original capilla de San Cayetano (Foto cortesía de la familia Pita)

De allí bajaban los juegos pirotécnicos para las vísperas de la Virgen del Carmen, al son de la Banda Municipal que dirigía el maestro Galarreta. Y es que allí vivía don Mario Gómez, el pirotécnico del pueblo, a quien todos conocían como “Don Mario cuetero”. Era un tipo enorme con el rostro renegrido como un minero, producto de su contacto con la pólvora y la cera negra que usaba para encerar del cañamo con que amarraba los carrizos y lucía además, como galardones propios de su oficio, varios dedos mutilados.
Allí vivió don Juanito Vargas, célebre violinista que hizo las delicias de nuestros antepasados, animando las jaranas, culpables de tantos romances y matrimonios. Lo conocí casi ciego, acompañado siempre de algún amigo que hacía de lazarillo, camino a alguna fiesta en donde sus valses, polcas y pasillos le ponían esa sal a las antiguas jaranas tan elogiadas por los celendinos de antaño.
Era un barrio de calles tortuosas, al que había que llegar atravesando dos puentes precarios y peligrosos: el del Jr. Dos de Mayo que a cada momento se caía y el de Ayacucho que escondía la amenaza de cualquier despistado que diera un paso en falso en la oscuridad se diera un chapuzón inopinado en la poza de abajo el puente.
Subiendo una pequeña cuesta se llegaba a la plazuela de San Cayetano, que era una pampa con su pequeña capilla en el encuentro de las calles Dos de Mayo y Ayacucho, en donde se ubicaba el único pilón del barrio. Allí nacían los chismes, dimes y diretes de todo el vecindario, alimentados por la ironía y enjundia de los sastres del barrio que a esa hora salían a prender su plancha.
Fue el barrio del maestro Saúl Silva, conocido y celebrado por su éxito con el bello sexo y por la sapiencia sarcástica de sus asertos en materia de política y de gobierno del pueblo. Justamente de él recuerdo haber visto una caricatura del artista Garrido. Estaba plasmado en el cuadro el barrio con don Saúl en su puerta dándole una propina a su hijo el ñato, mientras se distraía mirando las hermosas piernas de una profesora que vivía en las inmediaciones. Caricatura idiosincrásica, sin duda, que transuntaba el espíritu del barrio. Esta obra de arte, como tantas, se perdió en los vericuetos del olvido.
Allí vivieron Los Silva, dueños de hermosos caballos de paso, como don Geonías, que heredó la afición a sus hijos. Don Geonías, protagonizaba duelos de ingenio cotidianos con su vecino, el maestro Saúl. Y allí vivió sus años de gloria mi tío Gonzalo Araujo, “El Picarito”, famoso por sus hazañas e historias de bohemia.
La foto que acompaña a esta crónica corresponde a los años cincuenta y los niños que posan en la pampa son los descendientes del Dr. Horacio Cachay Díaz, que vivían en Argentina. En ella se ve la antigua capilla con sus dos campanarios y con las cornisas características de la arquitectura celendina de entonces. En el pequeño recinto interior, en un modesto altar de factura anónima, estaba la efigie del patrón del barrio: San Cayetano.
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miércoles, 4 de noviembre de 2009

PEQUEÑA HISTORIA: Los verdaderos hinchas

Por Jorge A. Chávez Silva, “Charro”
Soy hincha de la “U” desde que mi padre me llevaba de la mano a escuchar los partidos en una tienda de la Calle del Comercio en donde había una radio. En la década del cincuenta se podían contar con la mano las personas que tenían un receptor. Por eso, cada que había fútbol, algún discurso político u otro acontecimiento importante, la gente se agolpaba en las tiendas para escuchar.
Coleccionaba las fotos del equipo que obteníamos en suerte de un tipo que vendía barritas de caramelo en la escuela con un cupón envuelto para canjear por la foto de nuestra artista favorita, de los jugadores o del equipo completo. Los nombres de Lolo Fernández, Terry, la “Lora” Gutiérrez, Jacinto Villalba, me eran familiares.

La Trinchera Norte, una mala copia de las barras bravas argentinas.

Las primeras veces que vine a Lima fui como un hincha más a la tribuna Norte o a Oriente donde se ubicaban los parciales de la “garra crema”. Íbamos con nuestras tablitas unidas con una bisagra para hacer el clásico redoble de ¡Y dale “U”, clap, clap, clap, clan. No existía la “Trinchera Norte” ni ninguno otro alias para las barras. La barra de cada equipo tenía su propia ubicación dentro del estadio, Sur para Alianza, un extremo de Oriente para Cristal, otro para el Muni, etc.
Pese a los desastres que hubo en esos años, ir al estadio era una de las grandes distracciones que brindaba la capital. Muchos iban con sus familias. Era como pasar un día de campo, en el estadio se podía comer bien, barato y con toda comodidad.
Dejé de asistir desde aquella vez que en un clásico “U”-Alianza, estaba como siempre ubicado en la tribuna alentando a mi equipo cuando de repente sentí un garrotazo en la cabeza que casi me descalabra. Chorreante de sangre, me pregunté ¿Qué pasó? No me había percatado de mi cercanía a la tribuna Sur, los rivales tradicionales habían abierto un forado en la malla de separación e ingresaron a mansalva a agredir a quienes solo alentábamos a nuestros equipos.
Entonces, como mala copia de las taras del fútbol argentino, aparecieron las barras bravas, con nombres que incitaban a la violencia: “Trinchera Norte”, “Comando Sur”, “Extremo Celeste”. Esta nueva ralea de hinchas no iba a aplaudir y alentar a sus ídolos, iban a desparramar violencia en las tribunas, exacerbados por el alcohol y las drogas que consumían a vista y paciencia de la policía.
Desde entonces el fútbol se convirtió en un peligro potencial. Las broncas entre barras, los daños a la propiedad ajena, los robos, violaciones, saqueos y hasta asesinatos fueron el pan de cada día, mientras que, pésimos periodistas y diarios deportivos amarillos se encargaban de magnificarlos en primeras planas. Surgieron seudo periodistas que se metían en la vida privada de los futbolistas y dirigentes, buscando el lado oscuro de sus vidas para exacerbar la grita de estos malos hinchas.
Pero lo sucedido en la última semana rebasa todos los límites: la muerte de María Paola Vargas, una joven contadora, inocente de todo lo malo que acontece en el fútbol, que sólo cosecha violencia mas no resultados positivos, solo derrotas y frustraciones, constituye un hecho que jamás debe suceder.
Ante tanta barbarie nos preguntamos indignados ¿Quiénes son los culpables? Indudablemente los que figuran en la lista:
-Los malos dirigentes que propiciaron la aparición de estas barras, otorgándoles entradas gratis, pasajes cuando el equipo juega en el interior y otras gollerías.
-La prensa amarilla que magnifica lo malo como ejemplo.
-La policía que se limita a escoltar a las barras bravas permitiendo sus desmanes.
Estos siniestros personajes que cometen toda suerte de tropelías escudándose en los colores de un equipo no son hinchas, son mercenarios. Tan iguales como las lloronas que describe Palma, que competían para ver quién hablaba más lisuras por dinero. Estos mal llamados hinchas compiten en quién comete más desmanes por lo mismo.
Los verdaderos hinchas fuimos los que pagamos nuestro dinero para alentar a nuestra “U”, para gozar con sus triunfos y sufrir con sus derrotas sin exigir nada a cambio.
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martes, 3 de noviembre de 2009

CANTACLARO: El asalto de los ambulantes

Por Constante Vigil

Celendín

A diario asistimos al desorden generalizado que significa la ubicación, dispuesta por el municipio, de los comerciantes del Mercado modelo de Celendín en las calles Junín y en casi la totalidad de la plazuela “Juan Basilio Cortegana” con la consiguiente molestia de los ciudadanos que viven en esas arterias.
Lo peor de todo es que, aprovechando la coyuntura, se han sumado al grupo gran cantidad de informales que reclaman su sitio para vender en esas calles que han tomado por asalto. Si uno, como cualquier hijo de vecino se pasea por estos lugares o pretende comprar algo, verá el desorden, la acumulación de basura, la falta de higiene y la consiguiente contaminación a que están expuestos los alimentos que se exhiben en las calles.
Nos da la impresión que este plan estaba orquestado desde hace tiempo, como una maniobra para propiciar la reelección del actual alcalde provincial. La culminación de una obra que ha demorado muchos años siempre surte efecto, pese al desatino que significa haber enviado a los comerciantes a las calles en lugar de ubicarlos temporalmente en otros lugares más apropiados.
Pero en el trasfondo de esta medida, que muchos califican de necesaria, porque ¿Cuándo se va a terminar de construir el mercado? Existe una duda: Si es que la alcaldía cuenta con los fondos necesarios para culminar la obra. Si no es así, estamos fritos, porque tendremos ambulantes para rato en las calles. Al respecto no hay una versión oficial de parte de la alcaldía.
Conversando por las calles se nota el malestar que esta medida produce entre los habitantes de Junín y La Alameda. Evidentemente, a nadie le gusta que vengan a interrumpir el libre tránsito en la puerta de su casa, a que le impidan salir de noche por temor a los robos y otras molestias por el estilo, además de la suciedad y el consiguiente mal olor.
A principios de año todos estaban felices porque se emprendieron obras de mejoramiento de estas calles con el parchado y remozado de las pistas que se encontraban en pésimo estado. Ahora todos se preguntan ¿Acaso parcharon la calle para traer a los ambulante allí? No estamos contra el derecho al trabajo de nadie, pero si creemos que la autoridad debió pensar bien el asunto, y que la convivencia pacífica se basa en el respeto a los derechos de los demás.
Celendín siempre sufrió del mal de las obras dejadas a medio construir, como es el caso del mercado modelo. Han tenido que pasar cuarenta años para que se acuerden de terminarlo. Pero creemos que se debió planificar bien sobre este particular.
En todo este trámite de ubicaciones y disputas por los lugares, existen unos grandes perdedores, por supuesto que son los más humildes, porque el hilo siempre se rompe por el más delgado: las campesinas que vienen a vender sus productos los fines de semana ¿Acaso alguien se acordó de ellas?
Finalmente, de ser cierta la versión de que el municipio no cuenta con los recursos suficientes para terminar la obra, estaríamos entrando en una curva peligrosa de problemas recurrentes en la historia de Celendín: las obras inconclusas, como ocurrió en los casos de la irrigación, de la carretera a Cajamarca, etc. Total, una raya más al tigre…