lunes, 12 de julio de 2010

PEQUEÑA HISTORIA: Bohemia celendina

Por Jorge A. Chávez Silva, "Charro"

En los primeros años de la década del 60, el damero de Pizarro era el centro neurálgico del país. Todo se encontraba centralizado en Lima, la administración estatal y los negocios principales, arterias como la Colmena, el jirón de la Unión, Carabaya, Camaná, la plaza mayor, la plaza San Martín y todo el centro era un hervidero de gente. Lima no era la monstruosidad que es ahora, por el norte terminaba en Zarumilla, por el sur en Chorrillos y por el oriente en San Luis. En todo el cerco perimétrico había terrenos baldíos.
En el Ministerio de Educación que quedaba en el parque universitario, pululaban miles de maestros de diversas partes del Perú y era fácil encontrar un paisano que venía en pos de alguna influencia para conseguir una plaza de maestro. Además, el mismo parque era el paradero final de los ómnibus de Tepsa que llegaban del norte.
Los celendinos de entonces se reunían para confraternizar, para regar la nostalgia y conocer las novedades de la lejana provincia. No había aún la Asociación Celendina, el local de la avenida Brasil, ni el elefante blanco de Huachipa.
Todavía circulaban los tranvías por las calles de Lima, muy pocos eran los que contaban con un teléfono, pero de algún modo se reunían en algún local del centro, en el “Versalles”, el “Negro negro” “El Zela”, conocidos bares de la plaza San Martín, o en el “Chicharrón” un bar de mucha enjundia, hoy desaparecido, que estaba en la esquina de Carabaya saliendo de las Galerías Boza, en el “Monarca”, un elegante bar en la Av. Guzmán Blanco, en “El Cordano” ,al costado del Palacio de Gobierno, o en una pollería de la cuadra 27 de Petit Thouars en San Isidro, junto al antiguo bar “Superba”.
En esos años era una delicia saborear un pollo a la brasa, lo servían en una canastita artesanal de carrizo sobre papel manteca con sus respectivas salsas, el pollo, generalmente casero, lo mismo que la papa eran de producción nacional y se beneficiaban en el mismo local,. Aún no pasábamos por la vergüenza de importar papas de Canadá. La pollería en cuestión era propiedad de Pacífico Escalante Cachay, en sociedad con Raúl Cortegana Chávez y le habían puesto por nombre, precisamente “Celendín”.
Allí se reunían semanalmente, en el cómodo sótano, en cuyos muros, los hermanos Juan y Humberto Muñoz habían pintado unos grotescos personajes que parecían disfrutar de un festín pantagruélico engullendo pollo a la brasa. Allí estaban a salvo de las miradas de los curiosos, el resto del público utilizaba otros ambientes separados y podían dar rienda suelta a su nostalgia, a los chistes y cascarrillos y a la música.

En esta hermosa fotografía, por la cual no parece haber transcurrido el tiempo, están los bohemios de esa época, entre los cuales figuran nuestro mentor y guía, Manuel Pita Díaz, Práxedes Pereyra, Ezequiel Cueva Mejía, recientemente fallecido, Héctor Miranda Zevallos, Lorenzo Ortiz Cabanillas, hijo del ilustre maestro Pedro Ortiz Montoya, … Pérez Alva, Isidro Montoya, Dionisio Merino Collantes, Manuel Sánchez Aliaga, “Mime”, entonces estudiante de La Cantuta, el Guardia Máximo Silva y Rodolfo Gil Collantes "Gilcoll".

¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDIN!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que me tiene asombrado como shilico, son las fotazos. Cuantos secretos de la vida de celendin y los celendinos estamos descubriendo, Charro.

¡Que bequi¡

Exitos

Anónimo dijo...

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