domingo, 8 de agosto de 2010

CRÓNICA: Celendín, una ciudad tomada

Por Victor Chávez Velásquez
Cada año, muchos celendinos alejados de nuestra tierra, así como muchos otros visitantes acuden religiosamente durante el mes de julio a celebrar la fiesta patronal de la Virgen del Carmen y de paso al reencuentro familiar, y amical aunque cada vez son menos los que quedan. Este año no podía ser la excepción, a pesar de que cada vez se hace más difícil retornar al terruño. Tengo el privilegio de ser uno de esos pocos que pueden hacerlo en forma casi continua en estos últimos años, aunque hay alguien por allí que me dice que debo de cambiar de destino el próximo año.

La plaza de armas convertida en una vil cantina.

Este año, en particular, me resultó más chocante todo lo que sucede en la ciudad, y esto se puso en evidencia casi en el mismo momento en que empezamos a ascender la cuesta de La Encañada, por las innumerables pintas y pancartas de los candidatos, tanto a las alcaldías o a la región, que ocupan cualquier lugar a lo largo de la carretera rumbo a Celendín. No se salvan ni las piedras ni los árboles. Las hay de los nuevos candidatos, de los que quieren repetir el plato, y de los que ocuparon un cargo público y no cumplieron lo que prometieron en su momento y tratan de hacer que se olvide sus desastrosas gestiones regalando chucherías y hasta platos de comida a los futuros electores, lo cual no estaría mal si ello saliera de sus bolsillos.
En la ciudad misma, cualquier lugar es bueno para colocar inmensos paneles con sus rostros de sonrisa angelical. Ocupan las calles principales, las fachadas de las viviendas y cuanto espacio libre encuentran, no sabemos si con la venia de la autoridad municipal o de los dueños de los predios. En cambio, no se escuchan los planes de gobierno municipal de los candidatos.
Me llamó la atención la gran cantidad de los llamados ‘taxi cholos’, que se disputan los pasajeros y se echan a correr por las calles de la ciudad como si fuese la pista de un autódromo. Pude apreciar que la gran mayoría de conductores de estos vehículos son menores de edad. ¿Contarán estos aparatejos con el SOAT? Al parecer la fiscalización por parte de la policía nacional, así como el control municipal, es mínima, por no decir nula.
El caos reinante se ve magnificado porque muchas de las calles de la ciudad han sido tomadas por los vendedores ambulantes, reubicados por algún "inteligentísimo" burócrata a raíz de la construcción del mercado, lo cual, como era de esperarse, está tomando ya más tiempo del estipulado, con el malestar que esto significa para la población celendína y, por supuesto, con la consiguiente mala imagen que se llevan los turistas y visitantes, quienes, como yo, cámara en mano, empezarán a publicar las vistas de este desorden mayúsculo, porque no se puede tapar el sol con un dedo y menos echar la basurita debajo del petate.
Si creen que esto es lo único, aquí les va otra perla. Muchos locales de consumo de bebidas alcohólicas no han encontrado mejor manera que ampliar sus establecimientos que tomar por asalto las pistas y veredas en la mismísima plaza de armas, a vista y paciencia del señor alcalde que quiere ir a la reelección. ¿Tendrán la autorización del municipio? Esto lleva a que los alrededores de nuestra plaza de armas se haya convertido en una inmensa y maloliente letrina. ¿No es acaso una condición para que funcione un local comercial de expendio de bebidas alcohólicas que, como mínimo, cuente con urinarios dentro del local? Lo cierto es que los baños portátiles instalados en una de las bocacalles de la plaza de armas son insuficientes.
Parafraseando a uno de mis maestros en la facultad —“en el Perú lo provisional se vuelve definitivo”— me digo que quiera Dios y la Virgen que el mercado algún día sea concluído y que la ciudad vuelva a tener sus calles despejadas y deje de ser el inmenso mercado persa en que la han convertido.
Pero no todo está perdido, y permítanme contarles algo que me sucedió el día 29 de julio. Como siempre acudí temprano a la iglesia para estar lo más adelante posible. Mientras los minutos pasaban la iglesia se lleno hasta a tope, de pronto se me acerca una señora y me pide que me arrime para que pueda sentarse. Yo medio en broma y medio en serio le digo: “para escuchar misa hay que madrugar”, y la buena mujer me contesta: “he madrugado y vengo caminando desde la Masma, me agarró por la fila la hora en que tocaron las campanas”. Por supuesto que de inmediato me tuve que disculpar y cederle parte del asiento. Mientras esperábamos el inicio de la misa, pudimos conversar y entre otras cosas me comenta que daba gracias al alcalde pues en su caserío recién contaban con agua potable. A raíz de dicho comentario me digo que no será que estamos satanizando al alcalde de Celendín, o es que éste borra con una mano lo que hace bien con la otra. Qué bueno que se hagan obras de ese tipo. Será menester que en próximos viajes me dedique a caminar más por los caseríos.
Otro hecho me llena de esperanza de que Celendín puede salvarse. Ello será posible gracias a sus jóvenes, como los alumnos de la facultad de Ingeniería Ambiental. Mediante paneles instalados en la feria agropecuaria me dieron una explicación muy bien fundamentada de un viaje a Huacaybamba. ¿Dónde queda eso? Y recordaba lo que me comentaba mi abuela, de que a ese lugar llevaban el ganado y después de un tiempo lo recogían y muchas veces con crías. Decían los alumnos que entre sus metas estaba lograr que esa zona —ubicada en la confluencia del río la Llanga con el Marañón, que contaba con varios pisos ecológicos, en los que se desarrollan especies endémicas entre plantas y animales, y donde hay también algunos restos arqueológicos con clara influencia Chachapoyas— sea declarada área intangible, que pueda ser incluida en el circuito turístico Cajamarca-Celendín-Chachapoyas. Creo que aquí tienen los candidatos una de sus propuestas, a ver si hacen algo.
Otra más. A unos cuantos kilómetros de distancia de Celendín, en la ruta que lleva al distrito de Oxamarca, está el río Sendamal. Un empresario de Sucre se instaló hace un año en la ribera derecha del río y ha logrado construir una piscigranja, en la que está produciendo truchas de la especie arco iris, gracias a lo cual Celendín puede consumir pescado fresco. Aunque el costo es un poco elevado, sería bueno masificar este consumo.
Por último nos gustaría escuchar de los candidatos sus propuestas de trabajo. Por ejemplo, en cuanto a las nuevas urbanizaciones, ¿qué hacer con las aguas servidas? ¿Será necesario retomar el proyecto de las plantas de tratamiento de aguas servidas? Actualmente nos rasgamos las vestiduras hablando de contaminación ambiental, cuando la ciudad vierte todos sus desechos al río Grande. ¿Qué harán para ampliar la capacidad de agua potable, ante el aumento de población? Actualmente ya hay racionamiento de agua potable y esto es un mal síntoma,. ¿Alguien planteará la regulación del transporte en Celendín, la posibilidad de tener un terminal terrestre y no tener a todas las líneas de transporte en torno a la plaza de armas? ¿El serenazgo y la policía municipal alguna vez cumplirán efectivamente con su labor en Celendín y no sean, como hasta ahora, sólo una especie de “anfitriones” de cuanta ceremonia oficial se realiza?
Por último, cualquiera que sea el candidato que gane la elección, ojalá que no se convierta en un alcalde arrogante. Ojalá que sepa escuchar, que no se crea ridiculamente un semidiós y por lo menos dedique un pequeño espacio de su tiempo a atender personalmente a sus electores.

Victor Chávez Velásquez
Arq. C.A.P. 8120


¡SOLANO OYARCE, DEVUELVE LA CALLE QUE LE ROBASTE A CELENDÍN!
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1 comentario:

Anónimo dijo...

El amigo Víctor Velásquez, siempre está preocupado por los graves problemas que afectan -con el mediocre consentimiento de los alcaldes de turno- a nuestra bella ciudad.

Lo que acaba de escribir, nos alerta, una vez más, sobre el apocalipsis que se cierne sobre la ciudad. Él lo acaba de constatar como visitante anual a Celendin.

Gracias, paisano Víctor.Ojalá nos pongamos manos a la obra para detener estos agravios.