martes, 20 de febrero de 2007

CANTACLARO: Lágrimas de felipillo

Por Constante Vigil
Celendín

Evidentemente, el felipillo Marcos Valdez Cadenillas, menos mal "past" presidente de la cámara de comercio de Cajamarca, suda la camiseta de Yanacocha y trata de justificar el sueldazo que recibe de la Newmont para sembrar el desconcierto en la población cajamarquina en su papel de pájaro de mal agüero.
Lo que no dice Valdez es que Yanacocha se va de Cajamarca (si es que alguna vez se va...), no porque los ecologistas rabiosos, enemigos del “progreso”, o los campesinos, víctimas de la contaminación, o los trabajadores, que reclaman sus derechos, la hostiguen, sino porque el oro, como todo en la vida, se agota. De otro modo jamás se iría.
Se iría la mina porque ya no tendría más oro que explotar; esto ocurre en cualquier lugar del mundo en donde hay explotación minera; jamás se quedan por sentimentalismo o porque el pueblo les gustó. Simplemente van a donde puedan obtener el lucro a que les obligan su codicia y sus ambiciones. No importa lo que dejan atrás. Se va la minera y los que verdaderamente van a sufrir no son los taxistas, hoteleros, copiadores y todos aquellos que causan la condolencia hipócrita de Valdez, porque siempre han tenido trabajo como impulsores del turismo en una ciudad histórica como Cajamarca. Los que van a sufrir realmente son los dueños de cantinas, prostíbulos, los dueños de services y los gacetilleros patibularios como él. ¿Qué publicación o diario serio contrataría a Marcos Valdez, que escribe con los pies?
Es lógico que el valor de las propiedades disminuirá por el estado de contaminación en que quedarán después del método de lixiviación con cianuro que utilizó la Newmont en su explotación de Yanacocha. ¿Ha pensado el Sr. Valdez que los que verdaderamente sufrirán serán los agricultores? Ellos se verán mermados en su producción y la poca que obtendrán no podrán venderla, porque ¿quién quiere consumir productos contaminados?
Históricamente, y Mariátegui lo analiza con propiedad en sus “7 Ensayos”, los gobernantes del Perú, lejos de cimentar una economía de desarrollo industrial basado en la existencia de sus ingentes recursos, optaron por el fácil expediente de ser productor de materia prima, que otros países, tecnológicamente más desarrollados, vinieran a explotar a cambio de enriquecer a unos cuantos.
Basta echar una mirada a la historia para darnos cuenta de que este tipo de economía extractiva, del oro y la plata durante la colonia, del guano y el salitre a inicios de la república, del caucho en las primeras décadas del S. XX y nuevamente del oro y el petróleo en la actualidad, jamás significaron cambios de progreso integral para la nación y solamente enriquecieron a una oligarquía que es la que detenta el poder desde entonces.
La bonanza de los trabajadores de Yanacocha a quienes alude Valdez, no alcanza ni siquiera al 3 % de la población total de Cajamarca y seguimos siendo uno de los departamentos más pobres del Perú, conjuntamente con otros que, curiosamente, tienen recursos mineros.
El temor de que Yanacocha no pueda expandir sus tentáculos hacia las provincias vecinas en donde la existencia de oro está probada, es que, dentro de nuestra "estupidez" -como dice el felipillo llorón- nos hemos dado cuenta que el accionar de Yanacocha en Cajamarca, es, precisamente, el espejo de lo que no queremos para nuestros pueblos.

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