viernes, 2 de febrero de 2007

ESTAMPA: Los zonzos públicos

El término “zonzo” es una deformación americana del tonto español, pero tiene un matiz significativo diferente; el tonto en España expresa un sentido peyorativo muy preciso, en cambio en nosotros conlleva un trémolo de ternura y tolerancia. Equivale más bien al “bobo” castellano, que es un tonto cuya infelicidad mental va acompañada generalmente de taras físicas e inspira más bien lástima.
Estos personajes son tipos de antigua raigambre hispana, se encuentran en la literatura picaresca y en el folclor. Fueron la materia prima de los “bufones” que el humor negro de los monarcas españoles coleccionaba para solaz de sus almas taciturnas. Nuestra literatura también registra casos de estos tontos públicos, como los llama Manuel Atanasio Fuentes, sino recordemos los casos del “letrao” en “El Mundo es Ancho y ajeno” de Ciro Alegría o de “Braulio”, el personaje misterioso de nuestro escritor Alfonso Peláez Bazán
Aparecen en la Pintura como acompañantes de sus señores en los retratos de corte como es el caso de la célebre Mari Bárbola en el genial cuadro de Velásquez “Las Meninas” y los retratos de “Sebastián, enano de Morra”, “El bobo de Coria” o el “Niño de Vallecas”, que revelan un agudo sentido de la percepción psíquica por parte del pintor. En nuestro pueblo tenemos en Javier Chávez Silva, “Charrito”, un émulo cuyo tema son estos personajes que dan a los pueblos la sal de la vida.
Pero, no se crea que el tonto, zonzo o gafo, como decimos en Celendín, ni aún los bobos de corte, lo son de manera integral; en el zonzo hay mucho de ladino, pues algunos tienen una solapada viveza que medra a costas de los que se creen superiores a ellos:

“A mí me dicen el tonto
el tonto de mi lugar.
Todos para vivir trabajan,
yo vivo sin trabajar".

Canta el romancero español. Y es verdad. En todos los pueblos, nunca falta el “tonto del lugar”como personaje público. Todos tienen derecho a burlarse de él, a vejarlo y a usarlo en pequeños menesteres. Con frecuencia es el limosnero, el cargador, el que arregla algún desperfecto en el hogar. El zonzo es objeto de la burla pública, sobre todo de los muchachos; ¡pero es sagrado! Nadie le negará el alimento ni el techo cuando solicita albergue y comida al caer la noche.
En Celendín, la presencia de zonzos o gafos fue frecuente y muchos han quedado en el recuerdo popular, como el honrado ciego Honorio, nuestro “Lagañoso” Alfonso, el Rafa “Caray caray”, el “Ingeniero Foro”, el “Chilcaconga”, “El cojo de Urquía”, “El coche Carmelo”, “El Cungash”, “El Moto”, y para que no se crea que la gafera es patrimonio masculino también hubieron mujeres como “Doña Tutana”, “La loca Rosa”, “La Efe Borracha” y otras más.
Pero, el más ilustre de todos fue sin duda nuestro “Lagañoso Alfonsí”, sumido en un eterno duelo con la chiquillería de su tiempo, en la disputa por las maletas que traían los pasajeros de la empresa Díaz, que Alfonso quería monopolizar.
Como antes el ciego Honorio, nuestro "Lagañosí, ojos de pomo gomé, patas de pan shimbao”, como le decíamos, a diferencia de los zonzos de muchos lugares, fue, pese a sus limitaciones, un hombre digno, que se ganó el pan con el sudor de su frente. Jamás cometió la bajeza de mendigar, ni la vileza de robar y encarnó durante su tiempo un cierto espíritu del pueblo.
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Ilustración: "El coche Carmelo"
Oleo de Javier Chávez Silva, Charrito

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