jueves, 15 de febrero de 2007

SOCIEDAD: Sombrero nuestro de cada día

¿Qué celendino no conoce, hasta la saciedad, el drama que envuelve la vida de la mujer celendina pobre, que trenza la paja toquilla día a día, noche tras noche, para procurarse unas cuantas monedas cada que entrega, al acabar la semana, "un sombrerito" al vampiresco intermediario de esta industria?
Todos lo conocemos, pero pocos se han dedicado a la solución de este tremendo drama social; uno de ellos fue el pintor Alfredo Rocha Zegarra quien, poco antes de su muerte agrupó a un gran número de tejedoras para formar la que pudo haber sido una floreciente y redentora Cooperativa. Lamentablemente este intento acabó a poco de nacer porque hubo intereses creados que maniobraron en la sombra para que este romántico, pero sobre todo honrado proyecto abortara.

Heroicas mujeres celendinas. En sus miradas está la explotación que han sufrido toda su vida.

Desde entonces nada se ha hecho para solucionar este oprobio que pesa sobre nuestras desvalidas mujeres proletarias, pese a que muchos celendinos esclarecidos descollaron en el quehacer político administrativo del país y aún más, algunos brillaron en el firmamento mundial por su carga intelectual, pero nadie acometió con franqueza y decisión esta tragedia que desdice de la valía de los celendinos nacidos en tierra de Juan Basilio Cortegana.
Esta palma debemos recogerla todos: la redención de la víctima es una tarea que nos atañe a todos. No está bien que permitamos que el frío intermediario se capitalice con el producto de esta manufactura casera que no tiene tipificación, pero cuyos elementos concurrentes son muchos y es además abierta para el mercado ajeno nacional y extranjero.
La fabricación de sombreros se realiza sin intervención del estado, invirtiéndose el producto de la primera venta en las necesidades propias de las manufactureras. El estado debe extender su acción protectora de esta industria legislando y subsidiando en su favor; con la formación de seguros y otros beneficios sociales; mucho más ahora que escuchamos proclamar diariamente al presidente que “se acabaron los tiempos de exclusión”.


"Cinco soles le doy, señora..." (oleo de Jorge Chávez Silva, Charro)

Debemos propiciar la formación de una Cooperativa, con planificación que evite las vivezas de la oferta y demanda, con la conquista de mercados donde se pueda colocar el producto en condiciones ventajosas para la manufacturera: mejorando la técnica de fabricación y protegiendo a la industria de los contrabandos operados desde tierras ecuatorianas con productos similares.
Tenemos que catalizar las bondades de nuestra industria; es fácil advertir que nuestro sombrero en comparación con los que se producen en el departamento, dígase Chota, Bambamarca es de mejor calidad y elegancia; solamente tenemos que modernizar los modelos para que sean atractivos y salgan en el mercado. No olvidemos que el estar actualizados en la moda del momento es vital para cualquier industria.
Ha llegado la hora de pensar seriamente en la solución de este problema regional que encarna la miseria de nuestras silenciosas tejedoras, que suspiran amargamente en el fango de su pobreza, teniendo muchas veces en brazos al fruto de sus entrañas que llora pidiendo que comer; y allí, el sombrero en fabricación, remojado de rato en rato por la clásica “tusa”, a la luz tenue de un lamparín puesto sobre la horma acompañando a esta huérfana en sus noches de desdicha.
¿Hasta cuando, mujer celendina, sufrirás resignada la amargura de tu vida?
¿Cuándo será cercenada de un tajo la alimaña de tu miseria?

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