miércoles, 14 de marzo de 2007

CANTACLARO: Los "apaccados" y Troya

Por Constante Vigil
Celendín

Cuando los amigos de APACC, convertidos en halconovoceros de la Newmont Minning (alias Yanacocha, alias Minas Conga), desarrollaban su periplo en busca de clientelaje a favor de la minera y nos vendían el paraíso en que se iba a convertir Celendín cuando ésta empezase a operar, uno de los participantes, que a nuestro juicio pecaba de ingenuo, les preguntó sobre los motivos que los animaban a tantas molestias.
Los "apaccados", un poco incómodos, trataron de evadir la pregunta, pero ante la insistencia del curioso participante, explicaron, no sin sonrojarse, que tenían una vocación "altruista" por el progreso de Celendín.
Hoy, que en Celendín hay una nueva autoridad edilicia, y ya no está más la permeabilidad de Mauro Arteaga, y frente al descrédito provocado por los continuos atropellos y perjuicios de Yanacocha, la Newmont ha optado por retirarse de la escena, o, al menos, por ponerse a buen recaudo hasta que la borrasca amaine.
Con ella también se han ido sus gonfaloneros, al punto que algunos los extrañan. Hasta hay un suelto que aparece en Internet (Shiliko’s) que clama por la presencia de Minas Conga y APACC.
La historia está llena de lecciones de las que debemos aprender. Recuérdese el fingido retiro de los griegos, dejando un gran caballo de madera frente a las puertas de la dorada Troya.
¿Es posible que los gringos se retiren aduciendo que la existencia de mineral no compensa las inversiones que harían? Seamos sensatos y tengamos por seguro que los "amigos" gringos, como el ave rapaz que figura en su escudo, no sueltan la presa engarfiada así no más por así.
Si nos atenemos al informe de la propia APACC (CODE 2005) las reservas de Conga son de unos 8,7 millones de onzas de oro y 2226 millones de libras de cobre.
Esto es lo que la minera admite, mas ¿cuántas son estas cifras? Nosotros, de nuestro lado, tenemos la seguridad de que no han declarado ni el 20 % de la riqueza real. De otro modo, ¿cómo explicar la cuantiosa inversión que ya han hecho bajo de rubro de “exploración”?
Los celendinos no debemos pecar de ingenuos y caer en la trampa de la minera bajando los brazos, celebrando triunfos que no se han dado, o, lo que sería peor, reclamando que la minera vuelva y nos imponga sus condiciones.
Mantengámonos vigilantes, porque lo más seguro es que la fiera sólo haya retrocedido para tomar impulso, para darnos el zarpazo letal. Su triunfo sería devastador y apocalíptico para el Celendín del futuro, el que queremos dejar a nuestros hijos.
Que Dios nos coja confesados y que la Virgen del Carmen nos ampare con su manto.

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