martes, 3 de abril de 2007

CANTACLARO: El río, los hombres y la energía.

Por Constante Vigil
Celendín
Un reciente estudio realizado por expertos ha determinado que el río Marañón, en el tramo que corresponde a las provincias de Celendín y Chachapoyas, es el más adecuado para la construcción de una gran hidroeléctrica que no tendría precedentes en el territorio peruano.
En esa zona el Marañón ofrece extraordinarias condiciones para generar cantidades de energía que pueden oscilar entre los 500 y 3000 megawats (MW); el triple de lo que actualmente produce la Hidroeléctrica Santiago Antúnez de Mayolo del río Mantaro, cuyo promedio es de 613,8 MW. Esto solucionaría el problema de energía de todo el cono norte de nuestro país y brindaría la posibilidad de exportarla a países limítrofes como Ecuador, Colombia y Brasil.

El río Marañón, abajo, al fondo, visto desde Jelig. La bajada de Limón para los celendinos, el Marañón Canyon para estudiosos extranjeros. Pulse la imágen para verla más grande. (Foto © Jorge A. Chávez Silva, Charro)

El río Marañón tiene en la zona una altitud promedio de 850 msnm y discurre por un cañón estrecho de montañas pétreas de 2000 msnm., lo que lo hace ideal para establecer una presa cuyo salto produciría los montos que los expertos han calculado. Además de ello, no causaría problemas de orden ecológico y significaría más bien una enorme fuente de puestos de trabajo no sólo para los habitantes de la zona.
Un proyecto de este orden tiene las ventajas de tener infraestructura vial -que tendría que mejorarse, por supuesto-, un sólido puente colgante en la zona de Chacanto en Balzas, y la existencia in situ de los materiales necesarios para la construcción como rocas, grava, arena, maderas, etc.
De este modo, Celendín ingresaría en la era del progreso porque el lago que se forme, además de sus posibilidades piscícolas, completaría el circuito turístico hacia las ruinas de Kuélap y Chachapoyas y hacia muchos otros lugares atractivos que abundan en la zona.
Los interesados en construirla serían los organismos, peruanos e internacionales, que buscan sustituir la dependencia de los hidrocarburos -que está produciendo el calentamiento global del planeta, como ha sido planteado en el Protocolo de Kyoto a través de la Convención Marco de la ONU sobre cambios Climáticos (UNFCC)-, quienes podrían recomendar al Banco Mundial que financie esta obra de gran envergadura.
En este empeño tienen que entrar a bregar también el gobierno central de la lejana Lima, los gobiernos regionales de Amazonas y Cajamarca, los gobiernos municipales de la zona (AMM).
Esta es una demostración de que nuestras posibilidades de crecimiento no están precisamente condenadas a sufrir la corrupción o desaparición de aguas por efectos de la lixiviación de las mineras, sino en el trato coherente de las aguas de un río que siempre fue una bendición para todos los pueblos de sus riberas y que solucionaría más bien los problemas que estas empresas han causado en los acuíferos de la zona.
Ya lo dijo un escritor ribereño como Ciro Alegría en su cautivante párrafo inicial de “La Serpiente de Oro”: “Por donde el Marañón rompe las cordilleras en un voluntarioso afán de avance, la sierra tiene una bravura de puma acosado. Con ella en torno, no es cosa de andar al descuido”. El río es nuestro y el puma somos nosotros.
En la foto se puede observar, desde Jelig, el ubérrimo valle de Limón y al fondo, emergiendo del cañón pétreo que divide las cordilleras occidental y central, el Río Marañón.

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